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EL ADVIENTO DE
MARIA
Madre Adela Galindo,
Fundadora SCTJM
Solo
para uso privado -©
ADVIENTO
es tiempo de espera, tiempo en que aguardamos la manifestación de un
gran acontecimiento: el nacimiento de Nuestro Salvador. Tiempo de
espera gozosa y expectante ya que lo que esperamos es la llegada de
nuestra Salvación. Es un tiempo importante y solemne, es tiempo
favorable, día de salvación, de la paz y de la reconciliación, el
tiempo del que estuvieron esperando y ansiando los patriarcas y
profetas y que fue tiempo de tantos suspiros, el tiempo que Simeón
vio lleno de alegría, que la Iglesia celebra solemnemente y que
también nosotros debemos vivir en todo momento con fervor, alabando
y dando gracias al Padre Eterno por la misericordia que en este
misterio nos ha manifestado. Por eso escuchamos la exclamación del
profeta Simeón al tener ante sus ojos al Salvador tan esperado:
"Ahora Señor según tu promesa puedes dejar a tu siervo irse en paz,
porque mis ojos han visto a tu salvación, la que has preparado ante
todos los pueblos. Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu
pueblo Israel" (Luc 2: 29)
Adviento es el tiempo, que vivió la profetisa Ana, también en el
templo, en oración y ayunos. Por ello, hablaba del niño a los que
esperaban la redención de Jerusalén. Adviento es el tiempo de espera
y preparación para las manifestaciones de Dios. Siempre las
manifestaciones del Señor requerirán de nuestra parte una especial
preparación. Todo período anterior a una manifestación de Dios debe
considerarse un adviento y vivirse como tal. Esperar sin preparar el
corazón para el evento que se espera, es desaprovechar el tiempo de
gracia que el Señor ha determinado para la humanidad.
Adviento: Poner la Mirada en el misterio de
la Encarnación
En el Evangelio de San Lucas, cuando el Señor anuncia el año de
gracia, dice que "todos los hombres fijaron su mirada en El":en
medio de las grandes oscuridades del mundo, aparece su luz. "La
palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, en ella estaba la
vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las
tinieblas y las tinieblas no pudieron apagarla" (Sn. Jn. 1).
La historia de la salvación tiene en Cristo su punto culminante y su
significado supremo. Él es el Alfa y el Omega, el principio y el
fin. Todo fue creado por Él y para Él, y todo se mantiene en Él. Es
el Señor de la historia y del tiempo. En Él, el Padre ha dicho la
palabra definitiva sobre el hombre y la historia. (Tertio Millennio
Adveniente # 5). El es el mismo, ayer, hoy
y siempre.
La encarnación es la revelación de Dios hecho hombre en el seno de
María Santísima por obra del Espíritu Santo. Viene al mundo a través
de Ella, prepara con una gracia excelentísima, única y singular, a
Aquella que sería su Madre, su portadora, el canal privilegiado y la
asociada por excelencia en la obra de redención.
Dios intervino en la humanidad a través de la mediación materna de
María. Siempre será así. Es a través de Ella que viene el Redentor
al mundo. Es Ella quien lo trae y presenta al mundo.
Por eso, no podemos fijar la mirada en la Encarnación del Verbo, sin
contemplar necesariamente a la Virgen Santísima.
Ella es instrumento singularísimo en la Encarnación. Por su fiat
Dios se hace hombre en Ella. San Bernardo dijo: "nunca la historia
del hombre dependió tanto, como entonces, del consentimiento de la
criatura humana".
En este tiempo de Adviento, en que fijamos la mirada en la
Encarnación del Verbo, para prepararnos mejor a su manifestación,
debemos contemplar a María, Aquella elegida para estar unida a este
gran misterio.
"La alegría de la Encarnación no sería completa si la mirada no se
dirigiese a Aquélla que, obedeciendo totalmente al Padre, engendró
para nosotros en la carne al Hijo de Dios. Llamada a ser la Madre de
Dios, María vivió plenamente su maternidad desde el día de la
concepción virginal, culminándola en el Calvario a los pies de la
Cruz".
Ella nos conduce a contemplar el Misterio de la Encarnación, pues es
partícipe como nadie.
Ella nos dirige como la Estrella que guía con seguridad sus pasos al
encuentro del Señor (Tertio Millennio Adveniente
# 59). Ella la elegida para traer al Verbo, vive el Adviento,
la espera del Salvador, nos enseña a abrir de par en par el Corazón
al Redentor, como tanto nos ha pedido el Siervo de Dios Juan Pablo
II. Como se espera con corazón abierto al Redentor. No podemos vivir
plenamente el Adviento sin dirigir la mirada al primero y al
personaje que lo vive. Ella es el corazón que ha sido preparado por
Dios para esperar, para abrir el camino al Salvador.
El Adviento de María
El Señor quiso preparar el corazón de los justos del Antiguo
Testamento con las condiciones necesarias para recibir al Mesías.
Entre más estuvieran llenos de fe y confianza en las promesas
recibidas, mas llenos de esperanza por verlas realizadas y mas
ardieran de amor por el Redentor, mas listos estaban para recibir la
abundancia de gracias que el Salvador traería al mundo. A medida que
pasaba el tiempo, Dios iba preparando con mayor intensidad a su
pueblo, derramando gracias, hablando, despertando mas el anhelo de
ver al Salvador y levantando hombres y mujeres que prefiguraban a
quienes estarían en relación directa con el Salvador en su venida.
¿Quien es la que ha esperado en perfección la venida del
Salvador? La Virgen Santísima.
Toda esta preparación de Dios a su pueblo alcanza su culmen en la
Santísima Virgen María, la escogida para ser la Madre del Redentor.
Ella fue preparada por el Señor de manera única y extraordinaria,
haciéndola Inmaculada. Tanto le importa a Dios preparar nuestros
corazones para recibir las manifestaciones de su presencia y todas
las gracias que Él desea darnos, que vemos lo que hizo con la
Santísima Virgen María.
Ella, fue concebida inmaculada, sin mancha de pecado, sin tendencias
pecaminosas, sin deseos desordenados, su corazón totalmente puro,
espera, ansía y añora solo a Dios. Toda esa acción milagrosa del
Espíritu Santo en ella tuvo un propósito, prepararla para llevar en
su seno al Salvador del mundo. Eso es lo que requiere ser la Madre
del Salvador.
Si entre mas fe en las promesas, mas esperanza en verlas realizadas
y mas ardiente amor hacia el Salvador hacía a un corazón mas capaz
de recibir al Señor, imagínense la intensidad de la fe, la esperanza
y la caridad que residían en el corazón de María que lo hizo capaz
de concebir en su seno al Hijo de Dios.
El Adviento de la Virgen María está marcado por las tres grandes
virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad.
LA FE DE LA VIRGEN MARIA:
La Fe es la virtud por la cual creemos firmemente en las verdades que
Dios ha revelado. "La fe es la garantía de los bienes que se esperan,
la certeza de las realidades que no se ven" (Heb. 11,1).
La fe es una virtud infusa o sea dada por Dios directamente en el
alma. Pero hay que alimentarla y hacerla madurar a través de nuestros
actos de obediencia y confianza. Creer nunca ha sido fácil, ya que
siempre implica una renuncia a las medidas propias para aceptar la
medida de Dios, que es infinitamente superior a las nuestras.
La Virgen Santísima, tuvo una fe ejemplar. No ha existido criatura
alguna que se pueda comparar a la fe de Nuestra Madre, ya que su vida
requirió de su corazón una fe heroica capaz de poder responder en
plenitud al misterio al cual se le llamó y en el cual siempre viviría.
Según el Evangelista San Lucas, la Virgen María se mueve
exclusivamente en el ámbito de la fe.
La fe de María en la Anunciación:
Desde el saludo: "Ave, llena de gracia, el Señor está contigo" (Lc.
1,18), requiere fe pues el ángel le presentaba toda una identidad de
la que ella no estaba consciente. Es por eso que leemos que María se
turbó ante aquellas palabras. La razón es porque el ángel la invita a
darse cuenta de lo privilegiada que había sido por Dios y de lo
sublime que era la elección de Dios hacia ella. Solo la fe le permite
aceptarse por lo que el ángel le dice que es en el plan de Dios: La
llena de gracia. La fe de María la lleva a aceptar con humildad el
misterio de su propio ser, ya que ella es situada en un lugar singular
para una criatura humana.
Fe para creer que su Hijo, sería llamado
hijo del Altísimo. El Dios hecho hombre, la Palabra encarnada.
La pregunta de María: "¿y cómo será esto
pues no conozco varón?" no es una duda, o falta de fe, sino como
muchos padres de la Iglesia concuerdan en decir, María aparentemente
había hecho un voto de virginidad y aunque estaba desposada con José
de hecho no intentaba romper su voto. Y es por eso la pregunta, pues
ella debía oír de Dios
como se daría esta concepción siendo ella virgen, ya que humanamente
su maternidad era imposible. Pero es precisamente este camino de la
imposibilidad el que Dios elige para demostrar que en realidad para
Dios todo es posible.
La fe se convierte para María en la única medida para abrazar no solo
su propio misterio, sino el de su mismo hijo: un puro don que Dios le
ha dado no para su gozo o su exaltación, sino para el bien de todos.
Las palabras con que la Virgen María da su asentimiento: "Hágase en mi
según su palabra", nos revelan la consciente aceptación de su función,
ante el desafío de una realidad y de un conjunto de acontecimientos
que están mas allá de la medida de la
inteligencia, y los pensamientos humanos. Y esta respuesta solo la
pudo dar un corazón lleno de fe.
"He aquí la esclava del Señor" esta es una profunda confesión de
humildad y obediencia, pero sobre todo de confianza total en la
palabra de Dios que, precisamente porque no encontrara el mas mínimo
obstáculo o una sombra de vacilación en el corazón de María, se
convertirá de manera absoluta en palabra creadora. ("la Palabra se
hizo carne"). Ella creía tanto en la Palabra de Dios, que se hizo
carne en su seno virginal. Si tuvieran fe como grano de mostaza, nos
dijo el Señor, dirían a las montañas muévete y
se moverían. Que clase de fe la de María Santísima que alcanzó ese
inexplicable milagro: una concepción virginal....
San Agustín: "Ella concibió primero en su corazón (por la fe) y después
en su vientre".
María escucha plenamente, acoge y medita dentro de su corazón, para
dar fruto. Esta palabra, que requiere fe, disponibilidad, humildad,
prontitud, es aceptada tal como se deben acoger las cosas de Dios. En
María debemos reconocer las palabras de Jesús: "Bienaventurados los
que escuchan la palabra de Dios y la cumplen" (Luc. 11,27) Por lo
tanto, la maternidad de María no es solo ni principalmente un proceso
biológico. Es ante todo el fruto de la adhesión amorosa y atenta a la
palabra de Dios.
Cuando María dijo: "Hágase en mi según su
Palabra", dio su consentimiento no solo a recibir al Niño, sino un sí
a todo lo que conllevaba el ser la Madre del Salvador. Este
consentimiento de María pone de relieve la calidad excepcional de su
acto de fe. Fe: es ante todo conversión, o sea, entrar en el horizonte
de Dios, en la mente de Dios, en los pensamientos de Dios y de sus
obras.
En el Cántico del Magníficat: Isabel dice a la Virgen María:
"Bienaventurada por haber creído que se cumplirá lo que te fue
anunciado de parte del Señor" (Lc. 2:45), e inmediatamente después
María responde a ese reconocimiento de su fe, con el cántico del
Magníficat, que considero es un canto de fe profunda, que fluye de un
corazón auténticamente humilde. Pues la fe solo nace en un corazón
humilde y sencillo.
"Miró con bondad la humillación de su sierva"
-Solo reconociéndose nada es que puede apreciar y a la vez
necesitar fe para creer en las maravillas que Dios había hecho y haría
con ella.
"En adelante me felicitaran todas las
generaciones" -Fe de que la vida plena en Dios
da frutos abundantes.
"El poderoso ha hecho grandes cosas en mi"
-Fe de que Dios interviene en la vida de
sus hijos.
"Su misericordia se extiende de generación en
generación sobre aquellos que le temen". Y empieza a describir lo que
por fe sabe que Dios hará con su pueblo.
En el nacimiento de
Jesús
Todos los demás acontecimientos de la vida de María Santísima pueden
comprenderse tan solo a la luz de la fe, que le hace palpar el sentido
de las cosas y el signo de la presencia de Dios incluso en donde,
humanamente, podía parecer que no había ningún sentido o que Dios se
había ocultado de alguna manera.
Pensemos en la extrema pobreza....¿no era también una prueba para la
fe de María, a quien el ángel había anunciado el nacimiento del
Mesías, un Mesías Rey tan pobre que ni siquiera tenia casa propia y
que recibía tan solo el homenaje de unos humildes pastores? ¿ En que
consistía entonces ese reino que había mencionado el ángel? ¿No se
habría engañado ella al interpretar esas palabras?
Las apariencias parecerían desmentir su fe; pero es por eso que "María
guardaba todas las cosas en su corazón", porque quería a través de la
fe descubrir la profundidad de las cosas y llegar incluso a creer con
mas intensidad. Este guardar todas las cosas en su corazón, era una
búsqueda honesta del sentido de los acontecimientos que ella se empeña
en explorar porque esta segura de que Dios no puede haberla engañado
ni puede dejarla desamparada.
María, peregrina en la fe según el Vaticano II
En el documento conciliar LUMEN GENTIUM capitulo VII, la Iglesia nos habla
acerca de la fe de María Santísima.
1) Itinerario de Fe: Siguiendo a María a través de las diversas etapas
de su itinerario terreno, se pone de manifiesto su constante y radical
confianza en Dios.
-A pesar de que esto es fruto de la gracia, es
al mismo tiempo obra de la colaboración propia de María con el plan de
Dios. Los padres de la Iglesia nos enseñan que María no fue un
instrumento pasivo en manos de Dios, sino que cooperó en la obra
salvación del hombre con fe y obediencia libres.
San Ireneo: "creyendo y obedeciendo se hizo causa de salvación para si
misma y para todo el genero humano".
"Lo atado por la incredulidad de Eva lo desató María mediante su fe.
El nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de
María" (Lumen Gentium # 56)
-"Así avanzó también la Santísima Virgen en la
peregrinación de la fe y mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta
la cruz, junto a la cual, no sin un designio divino, se mantuvo en
pie, sufriendo profundamente con su unigénito y asociándose
con entrañas maternales a su sacrificio, consintiendo amorosamente en
la inmolación de la víctima que ella misma
había engendrado" (Lumen Gentium # 58)
2) La fe de María es modelo para la Iglesia: pues igual que María, la
Iglesia tiene su propio itinerario, y es la fe la que guiara a la
Iglesia por todos los instantes de su vida. ¿No fue acaso la fe de
María la que pidió a su Hijo el milagro en Caná, a través del cual,
los discípulos creyeron?
La fe de María fue la mas perfecta: las verdades sublimes le fueron
presentadas y ella las acepto con prontitud y con constancia. Ella fue
llamada a tener una fe difícil. Pues si es verdad que Dios
hizo en ella "cosas grandes" (Lc. 1:49), no debemos olvidar que
esto requirió que ella estuviera a la altura de esa dura tarea que se
le fue confiada. Y la dificultad de su fe se refiere tanto a su
maternidad divina y virginal, como a la capacidad de vivir y convivir
permanentemente con el misterio de la persona de su Hijo y su plan de
redención.
María creyó:
-Con prontitud: No dudo ni un instante. "hágase
en mi según su voluntad".
-Con constancia: en las tantas pruebas y
tribulaciones de su vida, su fe fue siempre fuerte y generosa. Como
una roca en el medio del mar que las tormentas no pueden mover.
La esperanza
de María:
"Bienaventurado el que espera en Yahveh" (Sal
33,9).
"Bienaventurado aquel cuya esperanza es Yahveh,
su Dios" (Sal 146,5).
La esperanza es una virtud teologal nacida de la fe; la espera es una
actitud vital nacida de la esperanza y del amor. "Esperar en"... es
tener esperanza; "esperar o aguardar a".. es anhelar al que es objeto
de nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor.
Por esto es que nadie espera si no cree: "Aguardando la bienaventurada
esperanza" (Tito 2,13)
La esperanza se funda en un atributo de Dios; su bondad y su fidelidad
a las promesas; la espera se refiere a un encuentro personal con el
amado.
María esperó, en primer lugar, que, con la
gracia de Dios, podía ser esposa virgen. Estaba ya desposada con San
José y se mantenía firme en su propósito de no
conocer varón. El Espíritu Santo, que la iluminó
para mostrarle el camino de la vida consagrada a Dios, la fortaleció
para confiar que pudrían unirse en su vida el ser verdadera esposa y
el mantenerse siempre virgen. Y no fue defraudada en su esperanza: el
mismo espíritu que a ella la guía por el camino de pureza inmaculada
sembró en el corazón de San José, el varón justo, un amor tan casto
que hizo posible un matrimonio virginal.
Cuando el ángel le revela los designios de Dios acerca de su
maternidad por obra del ES, y no efecto de unión con ningún varón,
María espera también, contra toda esperanza natural, que sin
intervención humana se depositase en su seno la semilla de la vida, la
encarnación del Verbo.
María advierte la angustia y la duda de su esposo San José al conocer
de su embarazo. Ella pudo sencillamente manifestar a José el misterio
que a Ella se le había revelado, con lo cual sus angustias
hubieran desaparecido; pero ella prefería esperar en el plan
perfecto de Dios y repetir como en el salmo 74: "Alzate, Oh Dios, y
defiende tu causa". Por eso María callaba, oraba y esperaba en Dios. Y
por su espera, un ángel se le aparece en sueños a José y le revela que
María concibió por obra del ES y que el fruto de sus entrañas
virginales seria el Salvador del mundo, el Emmanuel, el Mesías.
Esperando a Dios
Ya antes de que el arcángel la visitara en Nazaret,
María esperaba como fiel israelita, con fe
mesiánica, la venida del Redentor. Si las Escrituras nos dicen que
Simeón "esperaba la consolación de Israel" y que José de Arimatea
"esperaba el reino de Dios", podemos imaginarnos como María (la
inmaculada) esperaba tan ardientemente al Mesías. Lo esperaba con
tanta fuerza y anhelo que mereció ser la escogida para tenerle en su
seno, siendo así la mas "bendita entre las mujeres".
Desde el momento que María dio su consentimiento al anuncio del ángel,
Ella espera ver con sus propios ojos la plenitud de la promesa hecha
por el ángel. Lleva en su corazón la expectación de tener a Dios hecho
hombre en sus entrañas, su hijo ya presente dentro de ella. Es este
precisamente el misterio del Adviento...esperar con alegría y añoranza
la revelación del hijo de Dios. Es María quien inicia el Adviento, y
es de Ella de quien la Iglesia aprende a esperar, a permanecer en ese
estado de expectación. La Iglesia aprende de María Santísima a vivir
el adviento.
A partir de aquel momento de la anunciación empezó en María una nueva
espera. Ya estaba llena de Dios por dentro; pero quería estarlo
también por fuera. Ya tenía al Verbo encarnado
en su seno, pero quería tenerlo también en sus brazos y en su regazo.
Ya le notaba en sus entrañas, pero ansiaba verle con sus ojos, oírle
con sus oídos, besarle con sus labios, abrazarle con sus brazos,
amamantarle con sus pechos.
Por eso María le esperaba con tan firme esperanza. Y a medida que se
acercaba el día y la hora, aumentaba en María, el ansia y el deseo de
la llegada del Mesías. Ni los mas arrebatadores anhelos de los
místicos, cuando en su noche oscura esperan que el Señor se les
revele, se puede comparar al anhelo de la espera de María en la noche
de Belén.
Con un ardor inmensamente mas encendido, con una esperanza sin
comparación mas firme, con un anhelo infinitamente mas vehemente, con
un ansia indeciblemente mas sosegada, espero María la hora del
alumbramiento.
"Los fieles, considerando el amor inefable con que la Virgen madre
espero a su Hijo, están invitados a tomarla como modelo y a prepararse
a salir al encuentro del Salvador que viene, velando en oración y
cantando su alabanza" (misal romano prefacio de Adviento)
Caridad:
Pero la espera de María no era egoísta, no se basaba en la expectación
simplemente de su hijo, sino del Mesías, el Salvador del mundo, quien
venia por amor a los hombres a salvarlos. Es por esto que desde el
principio hasta el final, María tendrá siempre una disposición
interior de caridad y pobreza: nunca poseyendo al hijo sino entregándolo.
Por lo tanto, en su espera por el hijo que nacerá, ella esta conciente
que vendrá para el mundo y no para que ella lo posea. Es por eso que
vemos en las Escrituras que María, lo coloca en el pesebre y lo
acuesta, en ves de estrecharlo para si.
La espera de María, el adviento de María, es también una
preparación al sufrimiento, una preparación: para el rechazo, el
establo, la pobreza, el martirio de los niños, la huida a Egipto sin
saber cuando regresarían, para la perdida de Jesús en el templo hasta
encontrarlo, para la separación a la hora de entrar en su vida
publica, para recorrer al lado de su hijo el camino de la cruz, para
esperar la Resurrección, para separarse de el en su Ascensión y
esperar por el momento en que se reunieran en el cielo.
Toda esta esperanza de María la prepara para oír a Simeón quien le
anunció que, por su unión a la misión redentora
de Cristo, ella participaría de sus persecuciones, hasta el punto de
que "una espada traspasaría su alma" (Luc. 2,35).
Ella no se atemorizó ante esta profecía, puso en Dios su esperanza y,
cuando llegaron las horas sombrías de Egipto, de Jerusalén y del
Calvario, sostenida por la gracia del Señor, vio siempre que era
verdad que Dios no desampara a los que esperan en El.
Y esta fe y esperanza de María que fluyen tan abundantemente de su
caridad, la preparan para la gran noche del alumbramiento, la noche de
Navidad, cuando el hijo de Dios y de María, nace en un establo de
Belén en medio de vicisitudes, negaciones, rechazo, pobreza.....Su
espera, su fe, su caridad, la hacen descubrir en esa noche fría y
entre animales, la gran noche de la gloria de Dios, donde el Mesías
nace para traer a los hombres la salvación.
Vamos a ver en Lucas 2,1,19, como sucede esta noche tan esperada por
María, la noche en que daría a luz al redentor.
Narración:
"Salieron de Nazaret a Belén para responder a un
censo ordenado por el emperador romano Cesar
Augusto.
No encontraron sitio de alojamiento. Se quedaron en un establo.
Dio a luz a su hijo primogénito. Le
envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre".
Explicación:
Fe: creer que detrás de la aparente orden del
emperador estaba el designio de Dios. Pues María sabia que nada sucede
sin que Dios lo permita. Había en este evento un designio mayor.
No es fácil para una mujer a punto de dar a luz el tener que hacer un
viaje de esta magnitud. Era ir a pie o en burro. María nunca se queja
de las vicisitudes del momento.
Cuando José y María buscaban albergue en alguna casa de Belén...Todos
le cerraron las puertas y María tuvo que dar a luz en un establo.
¡Imagínense!...cuantas personas que no abrieron
las puertas de su casa a María perdieron la gracia, la bendición de
que Jesús naciera en sus hogares.
El aceptar a María Santísima era aceptar a Jesús. Abrir la puerta a María Santísima, significaba abrirle la puerta a Jesús...porque la Misión de
María es darnos a Jesús, es dar a luz a Jesús en nuestros corazones.
Imagínense, sobre este tema que nos puede decir la Virgen Santísima si
San Pablo nos dice en Galatas 4:19 'hijos míos, por quienes sufro dolores
de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros". ¡Como debe sufrir
Ella!
El establo era un sitio para animales, quizás para los limosneros, y
pensar que un establo sucio y de mal olor fue donde el Rey de Reyes
nació. Me pregunto que habrá sentido la Virgen. Yo estoy casi
segura que en todo el camino ella iba
orando, pidiéndole al Padre Celestial que
proveyera por un lugar para ellos y para que el Mesías, el Hijo de
Dios pudiera nacer. La fe de María le hacia ver que la puerta que Dios
Padre abriera era la que en su plan perfecto debía ser: y el regalo de
providencia de Dios fue un establo. !Feliz la que ha creído que de
cualquier manera se cumplirían las promesas del Señor! María no tiene
expectaciones propias, Ella espera en el Señor. María es la perfecta
solidaria para con aquellos que viven en espera de la providencia de
Dios"
En Belén experimentó
María lo que es ser pobre y carente de fortuna con todas sus
consecuencias: por casa tuvo una cueva; por cuna para su Hijo Divino,
un pesebre; por tibio ambiente de hogar, el
frío tajante de la noche; por compañía, según la tradición, dos
animales de establo. Por eso la Navidad es un evento de pobreza y para
los pobres de espíritu y de materia. Debemos vivir la
Navidad no solo celebrarla. Vivirla es encarnar en nosotros lo
que paso en ese evento. Es por eso que la Navidad debe ser mas que
nunca un momento de abrir nuestros corazones y nuestras casas
a los necesitados.
Tuvo su hijo y lo colocó en el pesebre. El
primer impulso de una madre es estrechar a su hijo hacia si. María lo
pone en el pesebre. Este es su papel, dar a su hijo al mundo,
colocarlo en el pesebre frío de los corazones
humanos. Eso es lo que Ella ha hecho desde el nacimiento de Jesús,
entregarnos a su hijo.
Los pañales: cuidados
propios de una madre. Jesús dependía de su madre en todo. Ella lo
alimento, lo limpió, lo cuidó,
lo envolvió. La gran pregunta:
Si Dios Padre entregó a su
Hijo al cuidado de María, si Dios hecho hombre, depende de
María y de sus cuidados maternales, ¿como es
posible que nosotros no busquemos a esta Madre, para que lo que Ella
hizo en y por Jesús, lo haga hoy en nosotros?.
¿Por que nos cuesta
tanto depender de María, si Jesús dependía de Ella?
Los Pastores: (son los sencillos los que ven primero a Dios)
A ellos se les anunció que el salvador ya había
llegado.
La señal sería: un niño
envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
(Este acto tan insignificante realizado por María, se convierte en la
señal por la que identificarían a Jesús, esto nos enseña
que todo lo que María hace es para hacernos mas fácil el encuentro con
Cristo. Ella nos prepara el camino, para que podamos mas rápidamente
reconocer al Salvador).
Veamos también como al Salvador se le encuentra en lo pequeño.
Encontraron al niño al lado de María. Siempre
la madre junto a su hijo. Donde esta María ahí esta Jesús y donde esta
Jesús ahí María.
"María está tan unida a Cristo que sería
mas fácil separar la luz de el mismo sol, el calor del fuego, los
santos de Dios pero no a María de su Hijo querido." (San Luis María Grignión
de Monfort)
"No hay lugar donde nosotros, criaturas débiles, encontremos a Jesús
mas cercano a nuestra debilidad, que hecho niño en los brazos de Su
Madre " (San Luis María Grignión de Monfort)
San Antonio -Doctor de la Iglesia . Ser doctor
de la Iglesia significa que su doctrina debe ser aceptada por todos
los fieles y ensenada en toda la Iglesia. El dijo: "OH mi adorado
Jesús, ¿donde debo buscarte?,
¿donde te encontraría?,
¿donde vives y descansas? Y el mismo se
responde: en María.
ORACIÓN DE JUAN PABLO II
Ruega por nosotros, Madre de la Iglesia.
Virgen del Adviento,
esperanza nuestra, de Jesús la aurora,
del cielo la puerta.
Madre de los hombres, de la mar estrella,
llévanos a Cristo, danos sus promesas.
Eres, Virgen Madre, la de gracia llena,
del Señor la esclava, del mundo la Reina.
Alza nuestros ojos, hacia tu belleza,
¡Amen!