EL
CORAZÓN DE JESÚS,
HORNO ARDIENTE DE CARIDAD
Madre Adela Galindo, Fundadora SCTJM
Solo
para uso privado -©
“Dios es amor”. Exclama con ardor el apóstol San
Juan en su primera carta v.8. San Juan, el mas joven de los
discípulos del Señor, denominado el apóstol del
amor, fue el último en morir. Según crecía en edad, su enseñanza fue
cada vez mas sencilla, hablaba solo del amor de Dios. Según una
tradición, uno de sus discípulos le preguntó:
¿Porque no hablas de otra cosa? Y el respondió: “porque no hay otra
cosa mas importante de que hablar.”
Aunque el cristianismo es complejo,
conteniendo misterios y verdades que a veces a la mente
humana le cuesta penetrar, es a la vez muy sencillo: al final de todo
análisis se encuentra el amor de Dios y a lo único
que esas verdades nos deben llevar es a amar a Dios. El amor de Dios
es la causa última de todo lo que existe, la causa última de todo
lo que ocurre, la causa última de nuestra existencia. Todo lo que
Dios ha creado lo ha hecho por amor, nos ha creado por amor.....
sostiene todo en existencia por amor... nos busca después que nos
hemos alejado de El, por amor... desarrolla todo un plan de salvación
por amor....se encarna por amor... nos perdona y salva por amor...
sufre pasión y muerte por amor, y sigue siendo el Amor que anda en
búsqueda del corazón humano para restaurarnos, derramar sus gracias y
su misericordia, para elevarnos a la dignidad de hijos, de Dios... El
busca nuestro corazón porque nos ama. “He buscado el amor de mi
alma.. Me levantaré y recorreré la ciudad...buscaré el amor de mi
alma” (Cant 3)
SS Juan Pablo II en Tertio Milenio Adviente nos dice: “en Jesucristo Dios no solo habla al
hombre, sino que lo busca. La Encarnación del Hijo testimonia que Dios
busca al hombre. Es una búsqueda que nace de lo mas íntimo de Dios y
tiene su punto culminante en la Encarnación del Verbo. Si Dios busca
al hombre, creado a su imagen y semejanza, lo hace porque lo ama
eternamente en el Verbo, y en Cristo lo quiere elevar a la dignidad de
hijo adoptivo. Dios busca al hombre movido por su corazón de Padre.
¿Por qué lo busca? Porque el hombre se ha alejado de El. El hombre se
ha dejado extraviar por el enemigo de Dios. Buscando al hombre a
través del Hijo, Dios quiere inducirlo a abandonar los caminos del
mal, en los que tiende a adentrarse cada vez mas. Hacerle abandonar el
mal quiere decir derrotar el mal extendido por la historia humana.
Derrotar el mal: esto es la Redención”.
Dios crea a Adán y Eva por puro amor. Ellos rompieron su relación de
amor con Dios, al dejarse llevar por la invitación del demonio:
quieren ser como Dios, rebelarse a su relación de hijos, romper por
desconfianza sus lazos de amor con Dios. Pero, desde la caída del
hombre, Dios busca restablecer su relación... desea atraerlo de nuevo
a su Corazón de Padre... les promete un salvador. Así se inicia la
búsqueda de Dios por nuestros corazones, se inician las alianzas o
restauraciones de la relación de Dios con la humanidad.... Así
comienza la gran aventura de amor que culminaría con la manifestación
visible del amor en la Cruz.
1. Dios busca a la humanidad en la persona de Noé. Una humanidad
corrompida, merece el castigo del diluvio. Una familia fiel que
responde al llamado de Dios es protegida del desastre... A través de
esa familia continuarían las generaciones.... Dios se promete nunca
mas aniquilar a toda la humanidad con un diluvio. Su Corazón
misericordioso opta por proteger.
2. Dios busca a la humanidad a través de Abraham. Hace una alianza
personal que pasará a sus descendiente. Dios quiere reunir a la
humanidad dispersa en la confusión de la torre de Babel. Quiere
formarse un pueblo, una familia, que le sea fiel, que vivan en
santidad, que escuchen su revelación. Promete a Abraham una fecundidad
sin medida, y dará a su descendencia la tierra de Canaán en
posesión. Su Corazón amante opta por bendecir.
3. Dios busca a la humanidad a través de Moisés: Libera al pueblo de
la esclavitud. El Señor manifiesta su amor
haciendo tantos milagros, y el pueblo no es agradecido. A pesar de
todo, Dios quiere hacer con ellos, un pueblo que diga “si” a sus
mandatos. Un pueblo que le conozca y le ame, que sirva al Dios
verdadero. Quiere darles la ley, el medio concreto de vivir esa
relación de amor. Quiere grabar en ellos la Ley y que esta ley penetre
toda la vida religiosa y moral del pueblo. Su Corazón opta por revelar
el camino seguro de llegar a El.
Podríamos pasar la vida entera, meditando en todas las manifestaciones
del amor de Dios a través de la historia de la salvación. Y a pesar de
tanto amor de Dios hacia los hombres... El pueblo (Israel) en muchas
ocasiones, fue la esposa infiel, que nos habla el profeta Oseas,
separando su corazón del Señor, enfriándose
en el amor y sirviendo a otros dioses. Dios no se conforma con esto...
Y por eso vemos a través de los profetas, las constantes llamadas a
volver a El con todo el corazón.
Dios que es Padre, no se conforma con haber perdido a la humanidad en
las garras del demonio. No se conforma porque nos ama, porque somos
sus hijos, hechos a su imagen y semejanza. El sufre profundamente por
nuestra rebeldía e infidelidad, sufre porque nos ama... pero su amor
es infinito, perfecto y misericordioso, y por eso, nos busca
atrayéndonos a su amor.
Oseas 11: “Cuando Israel era niño yo le amé y
de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto mas los llamaba mas se alejaban de
mi. Yo enseñé a Efraím a caminar, tomándole por
los brazos, pero ellos no reconocieron que yo cuidaba de ellos. Con
cuerdas humanas los atraía y con lazos de amor, pero se han negado a
convertirse”. Pero ¿como voy a dejarte Efraím, como voy a entregarte,
Israel? No daré curso al ardor de mi cólera, porque soy Dios”.
¡Cuanto amor! Toda la historia de la salvación
se trata de descubrir a Dios amando a los hombres.. Les ama
perdonando, hablando a través de los profetas, haciendo alianzas,
corrigiendo, liberando, protegiendo, revelándoles
su voluntad, manifestando su providencia y sus milagros. Lo hizo de
tantas formas, pero la muestra mayor de su amor fue la Encarnación, la
Segunda Persona de la Trinidad que se hace hombre. Aquel que movido
por su Corazón lleno de amor, buscaba al hombre.... se encarna para
redimir y transformar con su amor, sus palabras, obras y sacrificio,
el corazón endurecido de la humanidad. Se encarna para buscar el
Corazón del hombre, con su propio corazón. La encarnación y la
redención es precisamente eso: entrar en una alianza, de corazón a
corazón, porque Dios es amante del Corazón humano. Busca el corazón
del hombre. “Nada me da tanta delicia como el corazón del hombre, del
cual muchas veces soy privado. Yo tengo todas las cosas en abundancia,
sin embargo, cuanto se me priva del amor del corazón del hombre”
(Jesús a
Sta. Gertrudis).
Dios no solo nos ama, sino que ha querido, revelarnos claramente su
amor, ha querido que viéramos, palpáramos, comprendiéramos hasta donde
llega su amor. Por eso la tarea mas importante de nuestras vidas es
conocer el amor de Dios que se nos ha sido manifestado en el Corazón
del Hijo, en su vida, sus palabras, sus actos, su pasión, su muerte y
su resurrección. Nuestra misión en la vida es conocer
a Dios, conociéndole amarle y amándole vivir
todo lo que es su designio de amor para nosotros.
Esa revelación del misterio del amor de Dios, la vemos claramente, en
el amor de la Encarnación, en el amor que nos ha tenido el Hijo. Juan
3, 16 “porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su único Hijo”. 1
Juan 4, 9 “en esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que
Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de el.
10: “en esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a
Dios, sino en que El nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación
por nuestros pecado”.
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Is 49: “en las palmas de mis manos te llevo grabada”.... Jesús no
solo quiso llevar grabados nuestros nombres en las llagas de sus
manos, sino que permite que se le haga una llaga en el Corazón
para guardarnos en ella...
Para nosotros el emblema del amor es el Corazón de Jesús, Corazón
del Dios hecho hombre, por eso el Corazón de
Jesús es el lugar de encuentro entre
los dos amores, el del cielo y el de la tierra. Todo amor debe
medirse, compararse al del Corazón de Jesús |
Ya que el amor de su Corazón es lo que hizo que se encarnara para
salvarnos, su misión debía ser culminada con su Corazón. Es por eso
que el sello de su sacrificio redentor fue el traspaso de su
Corazón.... Graba en la llaga de su Corazón nuestros nombres. Is 49:
“en las palmas de mis manos te llevo grabada”.... Jesús no solo quiso
llevar grabados nuestros nombres en las llagas de sus manos, sino que
permite que se le haga una llaga en el Corazón para guardarnos en
ella. El Corazón de Jesús es
horno ardiente de amor, El Corazón de Jesús es
santuario de amor. Si contemplamos ese Corazón divino, veremos que
todo en él es caridad. Jésus dijo a la Beata
Angela de Foligno: “mira bien mi Corazón, hay algo en él que no sea
amor? Podríamos decir que en el Corazón de Jesús hay también dolor,
misericordia, hay espinas, hay cruz, hay lanza, hay pureza, humildad,
mansedumbre, etc... Hay todo eso, porque brotan del amor. El amor es
la explicación de todo lo que hay en este Corazón divino. Es el abismo
de todas las virtudes, porque es el horno encendido de la caridad.
En el Corazón de Jesús todo lo que hay es amor. ¡Y
que amor! Es un amor hasta el extremo...es un amor de cruz y de
sacrificio, de olvido de sí para alcanzarnos la vida eterna.
¡Como palidece el símbolo de
amor en el mundo comparado al símbolo
cristiano del amor que es el Corazón de Jesús!
Para nosotros el emblema del amor es el Corazón de Jesús, Corazón del
Dios hecho hombre, por eso el Corazón de Jesús
es el lugar de encuentro entre los dos amores, el del cielo y el de la
tierra. Todo amor debe medirse, compararse al del Corazón de Jesús
para saber cuan auténtico es.
El Corazón de Jesús arde de
amor
Generalmente, cuando el Señor ha revelado
su Corazón, lo manifiesta rodeado de Fuego: “El divino corazón se me
representó como en un trono de fuego y de llamas, echando rayos por
todas partes, mas resplandecientes que el sol” (Sta.
Margarita); “me queman las llamas de la
misericordia y mi amor, las quiero derramar a las almas” (Santa
Faustina). ¿Por
qué el fuego? Porque Jesús arde de amor por la
humanidad. Su amor es tan apasionado que se describe en
el Cantar de los Cantares,
8: "es fuerte el amor como la muerte,
implacable como seól la pasión. Saetas de fuego sus saetas, una llama
de Yahveh". Su amor es un amor que lo
consume.... y este es el amor al Eterno Padre y
el amor a los hombres. Es un amor apasionado por la humanidad que le
lleva a entregarse hasta el extremo por la salvación de los hombres.
Su amor es un horno inextinguible. Recordemos el Exodo 3: cuando a
Moisés se le apareció el Señor en forma de
llama de fuego en medio de una zarza. Vió que la zarza ardía pero no
se consumía. Igual es el amor de Cristo: nos revela su Corazón
ardiendo en fuego, pero un fuego que no cesa sino que al contrario,
crece en intensidad a la medida que mas necesitamos de su perdón y de
misericordia.
El horno ardiente, ilumina las tinieblas de la noche y calienta los
cuerpos en el frío. El amor de Cristo posee algo de la naturaleza del
fuego, arde y quema para iluminar la oscuridad de nuestros corazones y
calentar la frialdad de nuestros egoísmos. Arde y quema, para consumir
las impurezas de nuestros corazones, para arrancar las piedras, las
durezas y darnos un corazón nuevo semejante al suyo.
A Sta. Margarita el Señor le quitó su corazón y lo depositó en
el suyo. Nos dice la santa que cuando su corazón tocó las llamas del
amor del Corazón de Jesús, inmediatamente fue consumido por ese fuego... le parecía
que era como un pequeño átomo que desaparecía en la inmensidad del
amor de Cristo. Así, debe
ocurrir con nosotros. Entreguemos nuestros
corazones a Jesús, dejemos que nos consuma, nos purifique, nos sumerja
en su gran misericordia, nos limpie y nos de entonces, un corazón
puro, tierno, amoroso... un corazón que sabe de amor y por lo tanto
también de sacrificio.
"¡He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, que no ha
escatimado en nada, hasta quedar agotado y consumido para
testimoniarles mi amor!" (Jesús a Sta. Margarita). Pío IX en el decreto
de Beatificación de St. Margarita dijo: “El Corazón de Jesús está lleno de
una inmensa caridad... que está inflamado de amor por el género
humano... y debemos venerarle como la sede de la divina caridad”. El
Papa quiso con sus palabras enfatizar el mensaje que le diera Jesús a Sta. Margarita: “Mi corazón esta tan apasionado de amor por los
hombres, que no pudiendo contener ya dentro de si las llamaradas de su
ardiente caridad, hace falta que las difunda por tu mediación” Su
Corazón es fuente de Salvación. El amor salva. Por eso,
¡que engaño es
la falsa visión de amor y misericordia que ha penetrado las mentes y
los corazones de muchos incluso en la Iglesia. Misericordia
y amor
no es dejar a los demás hundidos en el pecado, es entregar la vida,
para que sean liberados de el.
El Corazón de Jesús es signo de salvación para la humanidad.
San
Bernardo: “¡Oh Señor Jesús!, Vuestro Corazón fue herido en la cruz, a
fin de que de esta herida visible a nuestra vista, podamos ver la
herida invisible de vuestro corazón”. Jn
19,34: “Uno de los
soldados le traspasó el costado con una lanza y al instante salió
sangre y agua”. Al ser traspasado el costado
de Jesús se dio cumplimiento a la profecía
de Zacarías:
mirarán al que traspasaron (Zac 12,10)
derramará espíritu de gracia y oración (Zac 12,10)
se abrirá una fuente abierta para todos (Zac 13,1)
De la fuente
abierta fluyen Sangre y Agua: De su Corazón traspasado brotó
sangre y agua. Por eso, en la imagen de la
Divina
Misericordia, el Señor
se revela con dos rayos, uno rojo y otro transparente.
Sangre: representa su sacrificio, el precio que pagó por salvar a la
humanidad. En todos los pueblos y
principalmente entre los judíos, la sangre de las víctimas era
esparcida para la expiación y reparación de los pecados. Su Sangre
procede de su Corazón, no solo físicamente sino que espiritualmente.
San Pablo nos dice que la Sangre de Cristo nos compró. Jesús ofreció
toda su sangre (hasta la última gota) para nuestra salvación. Se
entregó enteramente como holocausto por nuestros pecados. Su sangre
fue pacificadora. De valor infinito, que sobrepasaba todas las deudas de todos los
hombres. Fue como un tesoro universal, donde todos los pecadores pudieron
desde que brotó de su Corazón tomar de ella, como una fuente, y así
adquirir la vida de la gracia. Nos purifica nuestras manchas y nos abre las puertas del cielo.
Agua: el don del Espíritu obtenido por su Corazón para todos. El
Espíritu Santo viene a purificar los corazones. “Jesús puesto en pié gritó: Si alguno tiene sed, venga a mí” Jn 7,37-39.
En esta ocasión Jesús se presenta como la fuente de agua
viva. Así como El había invitado a los cansados y agobiados a
encontrar descanso (Cf. Mt 11,28) aquí invita a los que estén sedientos y
creen en él, a beber del agua viva que “brotará de su seno”.
En el Antiguo Testamento se anuncian los tiempos mesiánicos con un derramamiento
del Espíritu Santo simbolizado en el signo del agua. El E.S. sería el don que
actualizaría la salvación que el Mesías alcanzaría para todos los
hombres. El profeta Ez en 47,1-12, describe una corriente que brota
del interior del Templo, y por donde pasa trae sanación, fertilidad y
abundancia de vida. El profeta Zacarías anuncia una
fuente de agua que se abrirá trayendo liberación de las impurezas e
idolatrías.
A la Samaritana, Cristo, le ofrece un agua que solo El podía dar.
Agua viva que se convertiría en torrente de vida y santidad en el
interior del creyente (Cf.Jn 4). En la
Fiesta
de las Tiendas pedían lluvia. Jesús proclama que solo en El
encuentra el hombre el agua de una vida nueva. Agua que brota de su
seno o sea de su Corazón. En el significado de estos dos
elementos, La Sangre y el Agua, descubrimos que el centro de la Redención
del hombre está en el corazón de Jesús.
La llaga: representa la puerta abierta del Reino de los Cielos. El
Reino estaba cerrado para nosotros y Cristo lo abre con su sacrificio
redentor. Por esa puerta, fluye el amor de Dios para la humanidad, por
esa puerta debe entrar la humanidad a la Casa del Padre. "La real
puerta por la que bulle el amor de Dios hacia nosotros es la del
Corazón de su Hijo, traspasado en la cruz. En ella es donde se
encuentra la puerta santa, la puerta jubilar. Dichoso aquel que,
habiendo descubierto esta fuente de amor, no sabe separarse nunca de
ella. Dichoso aquel que, bebiendo de esta fuente de amor, ve su sed
acrecentarse en el mismo instante en el que ella lo colma". (Cardenal Etchegaray, presidente de comité para el Jubileo del 2000).Su amor es
la razón de la rendención: Mi Corazón está colmado de amor y
misericordia para las almas, especialmente para lo pobres pecadores.
Oh, si pudieran comprender que para ellas ha brotado Sangre y Agua
como de una fuente desbordante de misericordia y salvación (A
Santa Faustina)
San Juan, el Apóstol que nos narra el traspaso del Corazón de Jesús, considera esto
como el Signo visible de la salvación. A esta
fuente de redención debemos dirigirnos para alcanzar la salvación.
El Santo Padre, en su carta
Tertio Milenio Adviente
y en Fátima, nos dirigió la mirada hacia el Corazón de Cristo y nos
dijo que entrando en el Corazón de Cristo, regresamos a esa fuente
abierta de salvación y entramos así en la Casa del Padre.
El Reino de Dios
¡Cuanto nos ama el Corazón de Jesús! Toda la predicación de Jesús se
resume en el pasaje de Mc 1,15: “el tiempo se ha cumplido y el reino
de Dios está entre vosotros” . Cristo quiere manifestar lo que es el
Reino de Dios. El reino es la preocupación básica del Corazón de
Jesús, porque el Reino de Dios está en el corazón. Es el reino del
amor. Jesús quiere que todos participen del Reino, invita a los
hombres, pero también deja claro que para entrar es necesario la
conversión de corazón que consiste en una nueva actitud hacia Dios
como Padre, una nueva actitud hacia los hombres como hermanos; una
nueva actitud hacia las cosas del mundo. O sea, un cambio total de las
inclinaciones interiores del corazón.
Jesús obra para manifestar el reino: perdona a los pecadores, sana a
los enfermos, exorcisa a los endemoniados, enseña la verdad, recibe a
los que son despreciados, toma autoridad sobre el mal, hace milagros
por compasión, perdona a los enemigos, sufre por nosotros... Todas
esas manifestaciones nos revelan el amor de su Corazón. Su Corazón
es el Reino de Dios. El no actúa simplemente como un agente del Reino,
sino como la realización del mismo. Por eso,
cuando se abre su Corazón con el traspaso de una lanza,
se abre la puerta del Reino celestial para nosotros.
El Reino de amor de Jesús no tiene precedencia, es
el amor de Dios que se hace hombre. Por eso es que su amor trasciende
nuestras capacidades y nuestra limitación. ¡Jamás podremos entender
cuanto nos ama!. (la Virgen María ha dicho en una aparición reciente: si
supieran cuanto los amo, llorarían de alegría) La fuerza que movía a
Cristo en todas sus palabras, acciones y hasta el sacrificio
es el
amor. Cuantas veces me he preguntado: ¿Que te movía Jesús a levantarte
en tus caídas con el peso de la cruz, si lo que venía era la
crucifixión? Siempre recibo la misma respuesta: ¡Mi amor por los
hombres!
Características del amor del Corazón de Jesús:
El ideal del amor se realiza en el Corazón de Jesús. Fuera de ahí todo
amor es imperfecto. El amor humano está lleno de deficiencias: es
efímero, vacilante, egoísta, estéril.... Pero en el Corazón
de Jesús, el amor es lo
que debe ser:
1. Fiel:
El Corazón de toda la Historia de
la Salvación es la revelación del amor
fiel de Yahveh. Es decir, el corazón de la alianza de Dios con los
hombres, es el amor fiel y eterno de Dios. El salmista canta:
Porque es eterno su amor (Salmo 107,1); dad gracias a Yahveh, porque
es bueno, porque es eterno su amor . (Salmo 136).
Esta fidelidad de su amor fue muchas veces mal interpretada ya sea
para sofocar el amor o para abusar de el. Para el legalismo judaico,
era difícil pasar a descubrir el amor en la ley. Para otros, la
fidelidad de ese amor, les llevaba a olvidarse que habían exigencias
necesarias para no ofender ese amor.
La misión de Jesús, es revelar de forma plena y definitiva la
profundidad del amor de Dios. En Cristo, Dios Padre se comprometió
para siempre a amarnos, no solo a Israel, sino a toda la humanidad.
Este carácter difinitivo del amor de Dios por los hombres se reveló
en el hecho mismo de la Encarnación: Jesús es el heraldo del amor del
Padre; Jesús es la Encarnación del amor del Padre. El Corazón de
Jesús, símbolo visible del amor del Padre. Este amor, está plenamente
revelado en el hecho que se hizo hombre para salvarnos. En su vida, su
compasión, su rectitud en la verdad, su enseñanza, sus milagros....
Pero sobretodo, en su pasión y muerte.
Jesús vino como el Buen Pastor, el novio, el que sana. Nadie tiene
mayor amor, que el que da la vida por sus amigos (Jn 15,13).
Romanos 8: ¿quien nos separará del amor de Cristo? La tribulación,
la enfermedad, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, la
espada, los peligros?
-este amor no solo es eterno, sino que se manifiesta y se experimenta
en todas las realidades de nuestra vida.
2. Universal:
El amor de Jesús es radicalmente nuevo
porque trasciende las limitaciones y restricciones que estrechaban
la idea del amor en el Antiguo Testamento
La ley prescribe:
"Ama a tu prójimo como a ti mismo"
Lev 19,18. En el Antiguo
Testamento se pensaba que el
amor se daba solamente a los miembros del mismo
pueblo y de la misma fe. Cristo rompe las barreras de esa hermandad restringida,
causando con ello una gran revolución de amor:
salvación universal, filiación universal, hermandad universal y amor
universal.
La revolucionaria noción del prójimo
revelada por Jesús aparece
en muchos pasajes, por ejemplo en la Parábola del
Buen Samaritano (Cf. Lc. 10,29-37).
En Mt. 5,43-48
aún los enemigos no están excluidos:
"Pues yo os digo: amad a
vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen, para que seáis
hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y
buenos, y llover sobre justos e injustos¨
La universalidad del amor del Padre se revela claramente y se
convierte en la norma de nuestro amor.
3. Compasivo y Misericordioso:
Es un amor misericordioso que perdona,
que olvida; un amor que desciende hasta las profundidades, hasta los
abismos, para levantar al caído, al que está hundido.
El Corazón de Jesús es la manifestación suprema de la infinita
bondad, pues la bondad es el amor gratuito.
En el Antiguo Testamento
se manifestaba la piedad
confesando odio por los pecadores.
Jesús hizo lo contrario: vino a llamar no a los justos sino a los
pecadores (Mc 2,17) a los enfermos, no a lo que
estaban sanos. Pecadores somos todos y enfermos estamos todos. Vino a revelarnos la
necesidad que todos tenemos de salvación.
Jesús es el buen pastor que va tras la oveja perdida. El buen samaritano
que sana a la humanidad sufriente.
Sanó a muchas personas, liberó a los oprimidos por espíritus
malignos, multiplicó panes y peces para los hambrientos y cansados,
sacó lo mejor de los corazones endurecidos; cambió el agua en vino,
resucitó muertos, habla con las mujeres... Tenía compasión por la
miseria humana en todos sus aspectos. Se conmovía ante el dolor
humano. Perdonó pecados, comía con publicanos y pecadores (Cf. Mc 2,15-16).
Libró a la mujer acusada de
adulterio de ser apedreada y le da la gracia
para no volver a
pecar (CF. Jn 8,3-11).
Los amigos de Jesús son personas como María Magdalena, Mateo y Zaqueo, y hasta llamó a Judas su amigo, y pidió perdón por aquellos
que le crucificaban.
La idea de perdonar a los pecadores es central en el ministerio de
Jesús. Pedro se percata de ello y pregunta: ¿Señor cuantas veces
tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete
veces siete? Pedro estaba contando, pero Jesús no, y le contesta: No
te digo siete veces, sino hasta setenta veces siete.” Jesús no vino
como juez, sino como salvador (Cf. Jn 3,17).
Jesús es el Cordero de Dios que
quita los pecados del mundo. (Jn 1,29). Derramó su sangre por la
remisión de los pecados. (Mt 26,28).
El Corazón de Jesús es el signo de la nueva alianza: el nuevo
corazón, lleno de amor misericordioso en acción.
4. Amor de abnegación:
Es un amor abnegadísimo, un amor que todo lo sufre
por la fuerza de su abnegación; un amor tan
delicado, tan tierno que ni el de las madres se compara (Cf.Is 59).
Toda la vida de Jesús fue una revelación de su amor al Padre y a la
humanidad, pero durante las últimas 24 horas de su vida, este amor se
manifestó en plenitud.
Hemos de prestar atención a dos lugares: El cenáculo y el calvario. San Juan nos dice en el cap. 13:
"habiendo amado a los suyos que
estaban en el mundo, los amó hasta el extremo".
Antes de darnos el nuevo mandamiento del amor en palabras quiso
dárnoslo con Su
propio ejemplo, con su propio
sufrimiento, para dejar bien clara la
naturaleza del amor
que El nos enseña. Por eso puede mandarnos a amar como
El nos ha amado. Por
eso, se arrodilla y lava los pies de sus discípulos. El
amor que El nos enseña es:
1. Amor que sirve
2. Amor que se demuestra en los sacrificios de cada día
3. Amor que se olvida de si para entregarse a los demás.
Después de servir humildemente instituye la Eucaristía: el Sacramento del Amor. Signo
visible de su entrega. Entrega su Cuerpo y su Sangre. Se entrega todo por amor.
Se quedará con nosotros de una forma real. Nos dará su propio cuerpo como alimento,
todo entregado para
nuestra salvación. Es entonces que nos dice:
"Os doy un mandamiento nuevo que os améis los unos a los
otros como yo os he amado", “Como el Padre
me amó yo les he amado" Jn 15,9.
Jesús nos
manda a amar
"como yo
os he amado", es decir,
no a
nuestra medida y concepto sino con el mismo amor sacrificial y con la misma entrega abnegada
de Su Corazón. Por esto nos dice San Juan en su Primera carta:
"quien permanece en
el amor permanece en Dios y Dios en El" (1 Jn 4,16).
Además de los dos grandes dones que son la Eucaristía y el mandamiento
del amor, Jesús nos dió en estas últimas horas cruciales:
Su amistad:
"ya no os llamo siervos sino amigos"
(Jn 15, 14-15).
Sus
últimos avisos sobre un mundo sin amor: Jn 16, 1-4.
Nos promete la presencia Trinidad en nuestros corazones
(Cf. Jn 14,23)
Nos promete que el Espíritu Santo nos guiará
hacia la verdad completa. (Cf. Jn 14,26; 15,26; 16,15).
Jesús en la oración sacerdotal:
Pide al Padre que nos consagre en la Verdad y
que nos de vida eterna; que nos haga perfectamente uno en la mente, corazón y para
testimonio del amor de Dios
En la Cruz:
Desposeido de todo, solo lleno de amor por la humanidad,
nos da su amor expresado en palabras cortas pero llenas de abnegación:
Perdona a los que le crucifican; nos da a su Madre para ser nuestra
madre; da esperanza al ladrón; cumple la voluntad del Padre:
entrega su espíritu.
Finalmente:
Permite que traspasen Su Corazón
para que brote sangre y agua.
Aquel que no tenía donde recostar su cabeza... muere sin encontrar
descanso. Muere amando, porque vivió amando. Ese es el Amor del
Corazón de Jesús, un amor apasionado y ardiente como no se había visto
jamás en la tierra. Ese el Corazón de Jesús, horno ardiente de
caridad.
El Corazón de Jesús, remedio de los males de nuestro tiempo.
Santa
Gertrudis, en una experiencia mística, le preguntó a San Juan por
que, si el se había recostado en
el pecho de Jesús en la última cena, no había escrito sobre las
profundidades de Su Sagrado Corazón. San Juan le respondió: “Mi
ministerio en ese tiempo en que la Iglesia se formaba consistía en
hablar únicamente sobre el Eterno Hijo del Padre...... pero en los
últimos tiempos, se les está reservada la gracia de oír la voz
elocuente del Corazón de Jesús. A esta voz, el mundo, cansado por los años, renovará su juventud, se levantará de su letargo y una vez más,
será inflamado en la llama del amor divino” Nos dice el Señor a través
de Santa Gertrudis que la renovación del mundo, cuando se encontrara
cansado, aletargado, sin fuego en su corazón, vendría a través de
escuchar los latidos del Corazón de Jesús: latidos de amor.
“Cristo ofrece su divino y humano Corazón, fuente de reconciliación y
principio de nueva vida en el Espíritu Santo, a todas los hombres y
mujeres de hoy que están sumergidos en un mundo secularizado en el
cual corren el peligro de perder el centro de la gravedad de sus
vidas” (JPII, Jun 28, 1998)
Vivimos en un mundo que se ha alejado de Dios, y por lo tanto,
ha
perdido el centro de su gravedad. Todo está alterado: la fe, la
relación con Dios, la moral, la vida familiar, las identidades del
hombre y la mujer, los valores sobre la vida....etc.
Jesús es remedio para:
1. La falta de fe: El
Apóstol Santo Tomás ve el Corazón del Señor
que le invita a poner su dedo en la llega del costado y exclama
con un grito de fe
ardiente: ¡Señor mío y Dios mío!
2. La falta de Unidad: Su amor atrae a cada criatura hacia si y hace que
aquellos que creen en El tengan un solo corazón y una sola mente.
3. La falta de paz: Su Corazón es signo de la reconciliación, la cual es
la base de la paz. En Su Corazón se encuentran todos los hombres, en
su debilidad, en su miseria y a la vez en su grandeza de hijos.
Solo de su Corazón fluye la paz. Cuando se aparece a los
apóstoles,
muestra la llaga de su Corazón y dice: la paz sea con ustedes. La paz
es fruto del amor de su Corazón.
4. El temor: “Cada uno puede contemplar este Cuadro del Corazón
misericordioso de Jesús de donde irradian las gracias, y escuchar en
lo más íntimo de su alma lo que oyó la beata Sor Faustina:
"No tengas
miedo de nada. Yo estoy contigo.” Y así podemos contestar con
seguridad... “Jesús confío en ti”. Este diálogo del Corazón de Cristo
con el corazón humano se basa en el amor, pues “en el amor no hay
temor, escribe San Juan- sino que “el amor perfecto expulsa el temor”
(1 Jn 14,18).
5. La frialdad del mundo: La frialdad es fruto del egoísmo. “Al crecer cada
vez más la iniquidad, la caridad de la mayoría se enfriará. Por eso es
necesario en estos tiempos, acercarnos a la llama ardiente de amor y
caridad del Corazón de Jesús. El amor de Cristo no se extingue ni se
deteriora jamás. Su Amor es eterno,
El único amor capaz de transformar
el corazón del hombre y renovar el mundo,
El único amor capaz de hacer que se
enciendan de amor los corazones humanos.
“La devoción a mi Corazón es
mi último esfuerzo para calentar a un mundo frío" (a Sta. Margarita)
Al egoísmo de nuestra época, a sus tendencias
sensuales, a su
indiferencia religiosa, se le opone el culto mas delicado, mas puro,
mas desinteresado, mas tierno y compasivo: el culto al Sagrado
Corazón.
6. Un mundo necesitado de amor: "Dios nos hizo para si (nos creó por
amor, para amar y ser amados) y nuestros corazones jamás descansarán,
sino descansan en El" (Cf. San Agustín). El amor es el motor de nuestra existencia.
La plenitud y madurez de nuestra humanidad se
alcanza a la medida que experimentamos el amor de Dios
y nos sabemos y
sentimos amados por El y somos capaces de amar a los demás.
El corazón humano siempre tendrá hambre y sed de amor
pues para eso fue creado por Dios. Hasta que no
vivamos en el amor nuestros corazones
estarán privados de su mayor anhelo. Solo hay auténtico
desarrollo humano a la medida que el ser humano
ama. Es un grave error
pensar que alcanzamos la realización fuera del amor. El egoísmo nos
roba la dignidad y nos deja en un estado de inmadurez. Nuestra dignidad está en
ser hijos
de Dios y por lo tanto en vivir por amor, en amor y para amar.
1 Juan
3,1: "Mirad que amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de
Dios, pues !lo somos!"
7. Un mundo racionalista: Un mundo que rechaza lo sobrenatural,
que niega la
divinidad de Jesucristo, la autoridad de la Iglesia y como
consecuencia proclama la indiferencia en materia de fe y religión, la
independencia de pensamiento y la autonomía para decidir el bien y el
mal.
Pero al contemplar el Corazón de Jesús, vemos:
-El Corazón de Dios hecho hombre para entrar en relación directa con
la humanidad.
-El Corazón traspasado de donde nace la Iglesia, revestida de fuerza
divina, que tiene en sí la vida de las
almas y de las sociedades. Papa Pío IX: "El divino
Corazón de Nuestro Señor es el remedio destinado a salvar al mundo".
Al espíritu de orgullo, el Sagrado Corazón opone
Su humildad;
Al
espíritu de independencia, el Sagrado Corazón opone su obediencia;
Al
espíritu de débil que sirve a
los valores del mundo, el Sagrado Corazón
opone su firmeza.
El Corazón de Jesús, siendo el horno ardiente de
caridad, la fuente de la salvación, la fuente abundante de gracia y
salvación.... es nuestra esperanza. ¡La esperanza de la humanidad!
Hermanos, levantemos muy en alto y sobre toda la humanidad el Corazón
de Jesús, por el cual la humanidad es
redimida y transformada. Que todos entremos a través de la llaga del
Costado, a vivir dentro del Corazón de Cristo, y así, consumidos por
el fuego de su amor, lleguemos un día a arder de tanto amor que
incendiemos el mundo, tan necesitado hoy en día de una nueva
civilización, una nueva cultura de amor.