"LOS DOS CORAZONES TIENEN DESIGNIOS DE
MISERICORDIA PARA NOSOTROS"
Madre Adela Galindo,
Fundadora SCTJM
Solo
para uso privado -©
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Contexto histórico
En 1914 se inicia la GRAN GUERRA, que se llamó así, porque nunca antes
había sucedido algo semejante en la historia de la humanidad. El año
1917 marca el nacimiento del ateísmo porque fue el establecimiento del
primer régimen ateo en el mundo. La revolución contra Dios en su fase
primaria y fundamental, fruto de esta guerra, que hoy llamamos primera
guerra mundial, fue la secularización de los poderes del mundo.
En medio de este ambiente de tensión y como respuesta a la oración que
el 5 de mayo de 1917, el Papa Benedicto XV hiciese a la Virgen para que
ella terminara la guerra, solo ocho días después, el 13 de mayo acontece
un evento que ha transformado la historia de la Iglesia y del mundo
siglo XX: la Santísima Virgen se aparece en Fátima Portugal. Esta
intervención del Corazón de Cristo en nuestra historia contemporánea a
través del Corazón de su Madre, ha sido uno de los signos mas claros,
como nos decía S.S. Benedicto XVI el pasado 11 de mayo, recordando este
evento: “De que Dios no es indiferente ante las vicisitudes humanas,
sino que penetra en ellas realizando sus “caminos”, es decir, sus
“designios” y sus “obras” eficaces”.
Fátima
En 1917 en un remoto pueblecito de la península Ibérica, en Fátima
Portugal a tres pastorcitos de una sencilla aldea se les aparece la
Santísima Virgen, con un mensaje que tendría repercusiones
transcendentales para la historia del siglo XX y para la vida de la
Iglesia. Un mensaje de suma urgencia para la humanidad. La
humanidad sumergida en la guerra, en gran crisis de fe, y la Iglesia en
vías de iniciar lo que hoy podemos llamar el calvario del siglo XX,
recibió de la Santísima Virgen un llamado a la conversión, a la
reparación, al ofrecimiento y a la consagración a los Corazones de Jesús
y María, como el gran remedio para batallar los grandes males de la
época, para reparar y consolar a los Dos Corazones y para atraer sobre
el mundo y nuestro momento histórico de gran crisis de amor, su
triunfo... El reinado del amor.
Precisamente en el mismo lugar de las apariciones de Nuestra Señora, en
1982 S.S. Juan Pablo II nos dijo: “el contenido de la llamada de
Nuestra Señora de Fátima está tan profundamente enraizado en el
evangelio y en la tradición, y contiene una verdad y un llamado tan
fundamental en su contexto, que la Iglesia misma se siente urgida por
este mensaje. Este llamado fue hecho al inicio del siglo XX y
consecuentemente tiene una implicación directa y particular para este
siglo y al que se iniciará, para estas generaciones. Por eso todo el
mensaje que el cielo ha dado en este lugar, debe ser escuchado”.
El Mensaje que el Corazón Inmaculado de María traería al mundo, fue
precedido por el ángel guardián de Portugal en el año 1916 quien
preparó a los niños para comprender la seriedad del momento y la
grandeza de la elección recibida, para que pudiesen responder con
responsabilidad al llamado de ser “artífices” del drama de la
historia que ante sus pequeñas vidas se desenvolvería. ¿Quien diría que
niños tan pequeños podrían, a tal grado, impactar la historia?
Todo corazón abierto con humildad y disponible con generosidad a los
designios del Corazón de Dios es la sede sobre la que se construyen las
grandes obras de amor y salvación que Él va haciendo surgir en la
historia para el bien de la humanidad. Solo se necesita un corazón
dispuesto a la voluntad de Dios, para que El pueda entrar en la historia
y efectuar poderosamente su salvación. ¿Quien mejor que la Virgen
Santísima sabe de esta profunda realidad?
Su Corazón fue el que acogió el designio del Corazón de Dios de hacerse
hombre y venir al mundo a salvarlo. Ella es la que ha abierto su corazón
de par en par al Corazón de Cristo, por eso la encarnación inaugura la
nueva alianza, la íntima relación del Corazón de Jesús con el Corazón de
María, relación de corazones cuyo fruto fue la redención de toda la
humanidad. El Fiat del Corazón de María “He aquí la esclava del Señor”
es la perfecta respuesta de amor, al Fiat del Corazón del Dios hecho
hombre: “el cual siendo de condición divina, se despojó de sí mismo,
obedeciendo hasta la muerte en cruz” (Filipenses 2,6-8) para salvarnos.
El “fiat”del corazón humano es la única condición necesaria para que
Dios pueda realizar grandes obras en cada momento histórico y para que
se haga realidad la promesa que la Virgen nos hiciera en el Magnificat:
“Su misericordia llega de generación en generación”. (Lucas 2, 50)
Leer los signos de los tiempos
Precisamente, para poder dar un fiat a los designios del Corazón de
Dios, a cada generación le corresponde saber identificar los signos de
luz y los signos de sombras que se manifiestan en su tiempo, como nos
decía el Santo Padre en la carta Tertio Millennio Adveniente # 17:
“debemos buscar todo lo que da testimonio no solo de lo que el hombre
hace, sino también de la intervención de Dios en las vicisitudes
humanas”. Esto se llama leer los signos de los tiempos que como el
Concilio Vaticano II nos enseña: son los indicios significativos, claros
y evidentes de la presencia y de la acción del Espíritu de Dios en la
historia. Gaudium Et Spes # 4: “Corresponde a la Iglesia el deber
permanente de escrutar a fondo los signos de los tiempos e
interpretarlos a la luz del evangelio, de forma que de manera acomodada
a cada generación pueda responder a los perennes interrogantes de los
hombres”
Por lo tanto, cada generación tiene la responsabilidad de descubrir que
movimiento está gestando el Espíritu Santo para:
1) Construir el reino de Dios en el curso de la historia.
2) Contrarrestar las fuerzas oscuras que se ciernen sobre el
horizonte de la humanidad.
3) Alcanzar el corazón de los hombres de ese momento histórico y
revelarles el amor salvífico de Cristo.
4) Fortalecer a la Iglesia con hombres y mujeres que se disponen
a ser testigos luminosos en medio de la oscuridad del mundo.
Por lo tanto, la advertencia que Jesús nos dirige en Mateo 16; 3-4, debe
hoy resonar fuertemente en nuestros corazones: “Sabéis interpretar el
aspecto del cielo y no podéis interpretar los signos de los tiempos”. La
Iglesia del inicio del Tercer Milenio, debe hacer memoria de la
manifestación del Espíritu en su generación para comprender cual es su
misión particular en este momento histórico. Mediante un retorno a la
memoria, se adquiere una conciencia mas viva de la propia identidad
(S.S. Juan Pablo II, Memoria e Identidad).
Nuestra era que sabe explorar el espacio, los planetas, el fondo del mar
y los misterios de la ciencia, debe detenerse a profundizar en los
designios de Dios sobre nuestra historia, que acontecimientos y hechos
han caracterizado nuestra época y para dar una respuesta adecuada y
responsable. Es necesario, nos invitó Juan Pablo II en Tertio Millennio
Adveniente: “A que estimen y profundicen los signos de esperanza
presentes en este último fin de siglo, a pesar de las sombras que con
frecuencia los esconden a nuestros ojos”.
Las sombras del siglo XX
Evaluación hecha por S.S. Juan Pablo II, al inicio del Tercer Milenio
ante el cuerpo diplomático en la Santa Sede:
“Mientras pensamos en el siglo que ha terminado, se impone una
consideración a este respecto: pasará a la historia como el siglo que ha
visto las mayores conquistas de la ciencia y de la técnica, pero también
como el siglo en el que la vida humana ha sido menospreciada de la
manera más brutal: las crueles guerras, los totalitarismos, leyes que
han legalizado el aborto y la eutanasia, modelos culturales que han
diseminado la ideología del consumismo y del hedonismo a cualquier
precio. Siglo de gran crisis moral, porque ha abandonado los valores
éticos”. Podríamos decir que el siglo XX se ha caracterizado por una
crisis de amor.
El hombre ha trastornado los equilibrios de la creación y se ha olvidado
que es responsable de sus hermanos, y no cuida del entorno que el
Creador le ha puesto en sus manos. “En este inicio de milenio, salvemos
al hombre que en esta era ha caído gravemente en la tentación mas
peligrosa del corazón de los hombres, creerse que pueden llegar a ser
dueños de la naturaleza y de la historia.”
Nuestra generación construyó tres grandes ídolos:
1. La felicidad a cualquier precio.
2. La riqueza material como único valor
3. La ciencia como la única explicación de la realidad.
Estos ídolos solo podrán ser derrumbados con una profunda conversión del
corazón. Ante esta realidad histórica fruto de la libertad del hombre y
de la acción diabólica, el Papa Benedicto XVI, como Vicario de Cristo,
nos ha recordado que: “La historia, de hecho, no está en manos de
potencias oscuras, del azar o de opciones humanas. Ante el
desencadenamiento de energías malvadas, ante la irrupción vehemente de
Satanás, ante tantos azotes y males, se eleva el Señor, árbitro supremo
de las vicisitudes de la historia”. Precisamente esta es la razón, nos
dijo el Cardenal Tarcisio Bertone por la cual al inicio del Tercer
Milenio, Juan Pablo II tomó la decisión de hacer pública la tercera
parte del “secreto” de Fátima, revelando así que el capítulo de la
historia del siglo XX, que fue marcada por la trágica voluntad humana de
poder y de iniquidad, está ante todo impregnada del amor misericordioso
del Corazón de Dios y del Corazón de la Virgen.
Corazones que desde el inicio del siglo pasado, han revelado un designio
de misericordia a nuestra generación. Designio que comienza a
manifestarse al mundo en el verano de 1916, cuando el ángel en Portugal
dice a los pastorcitos:”¿Qué hacéis? ¡Orad! ¡Rezad mucho! Los
Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de
misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y
sacrificios”.
En este segundo mensaje, el ángel reclama a los niños el hecho que no se
han tomado con seriedad la urgencia del mensaje; luego les manifiesta la
elección de los Dos Corazones sobre sus vidas: Ellos tienen designios
que cumplir en la humanidad a través de su fiat, de su libre y generosa
cooperación, por lo tanto debían ser responsables pues mucho dependía de
ellos. El ángel les hacía comprender, que el amor es siempre
responsable. La persona humana, dice Juan Pablo II, es un actor en el
drama del mundo, en el cual escribe la verdadera historia, la historia
del amor o de su negación.
Designios de misericordia
En el drama del mundo del siglo XX, Jacinta, Francisco y Lucía, jugarían
un papel crucial. Las palabras del ángel: “De todo lo que puedan
ofrezcan un sacrificio”, fue la regla de vida para estos
pastorcitos. Las palabras de la Virgen, “no ofendan mas a Dios que ya
está muy ofendido” traspasaron el corazón de Francisco quien se ofreció
como víctima de reparación y consolación al Corazón Eucarístico de
Jesús”... cuantas horas ante el Santísimo, para acompañarlo y reparar
por el abandono de los hombres de nuestra época.
Jacinta, quien movida por un profundo amor a los pecadores, a quienes
había visto ir al infierno porque nadie oraba y se sacrificaba por
ellos, se ofrece como víctima por los pecadores, para poner con su vida
y su sacrificio, como ella misma lo dijo: “una tapa que impidiera que
los pecadores entraran en el infierno”.
Jacinta, vio a un Papa sufriente y se ofreció por él.... Un Papa,
que lloraba y se cubría el rostro con sus manos....Un Papa, herido... un
Papa por el que ella ofreció su vida, aunque no lo conocía, ni siquiera
había nacido. Que poder, tiene el ofrecimiento de una niña para cambiar
de tal forma la historia, que en 1981, el 13 de mayo, a las 17:17, Juan
Pablo II a quien un asesino profesional disparaba con precisión para
matar y a pocos pasos de distancia, dijera con certeza: “una mano
disparó y una mano materna guió la trayectoria de la bala”,
permitiendo al “Papa agonizante” que se detuviera “a las puertas de la
muerte” (1994). Por ello, el 13 de mayo del 2000, con gran emoción S.S.
Juan Pablo II exclamó en Fátima durante la homilía de la Misa de
beatificación de los dos pastorcitos: ¡Gracias, Jacinta, por salvarme la
vida! El Papa es testigo que al final el Inmaculado Corazón triunfa “el
corazón materno de María es mas fuerte que el proyectil asesino”, y,
por eso quiso que la bala que un día traspasó su cuerpo fuese engarzada
en la corona de la Virgen en Fátima en Cova de Iría.
En esa misma ocasión, el Santo Padre a través del Cardenal Sodano,
secretario de Estado, quiso revelar al mundo el esperado tercer secreto
y que el Papa que caminaba tembloroso entre cadáveres y en una
generación en ruinas era el mismo Juan Pablo II. Sin embargo, lo mas
poderoso de la revelación de este secreto no fueron tanto sus signos,
sino mas bien su mensaje, como nos explicó el Cardenal Ratzinger, ahora
Benedicto XVI: “la llamada a la conversión y a la penitencia es
central y a la vez, manifiesta claramente que la historia no se
desenvuelve con un determinismo sin escapatoria, como si todo estuviera
escrito sin poder ser alterado, sino que sigue siendo una historia de
libertad: donde la oración y la penitencia pueden cambiar eventos
proféticos”.
“Todo el secreto es un dramático llamado a la libertad del hombre; una
llamada a cambiarse a sí mismo y por lo tanto, cambiar el curso de la
historia; esto es precisamente lo que este secreto tiene de
similitud con el Apocalipsis. Si el Papa fue protegido de la muerte el
13 de mayo de 1981, es una señal como la historia puede ser cambiada por
la oración” (Cardenal Ratzinger, en “Dios y el mundo” 2002) La historia
puede cambiar si corazones generosos se disponen a cumplir los designios
de misericordia de los Dos Corazones!
San Maximiliano
En el mismo año que Jacinta, Francisco y Lucía, respondían “si queremos”
a la pregunta de la Señora del cielo: “¿Queréis ofreceros a Dios para
soportar todos los sufrimientos que El quisiera enviaros como reparación
de los pecados con que El es ofendido y de suplicas por la conversión de
los pecadores? "Tendréis, pues, mucho que sufrir, pero la gracia de Dios
os fortalecerá", había un joven polaco seminarista en Roma, quien daba
su fiat a la Inmaculada para trabajar ardientemente en el mundo por el
reinado del Corazón de Jesús. San Maximiliano funda el 16 de octubre de
1917, tres días después del gran milagro del sol, la Milicia de la
Inmaculada: “Tenemos que ganar el mundo entero y cada alma, ahora y
en el futuro, hasta el final de los tiempos, para la Inmaculada, y a
través de Ella para el Sagrado Corazón de Jesús”.
San Maximiliano, comprende que esta conquista de corazones por el reino
de los Dos Corazones, no se dará sin una gran batalla. Pues como nos
dice Juan Pablo II en la encíclica Madre del Redentor #11, “la
victoria del Hijo de la mujer no sucederá sin una dura lucha que
penetrará toda la historia humana. María está situada en el centro mismo
de aquella lucha que acompaña la historia de la humanidad en la tierra y
la historia misma de la salvación.”
San Maximiliano, con mirada profética comprende los signos de los
tiempos de su tiempo y dice un poco antes que estallase la segunda
guerra mundial: “los tiempos modernos están dominados por Satanás y
esto incrementará en el futuro. El conflicto con el infierno no puede
ser abrazado por los hombres, ni siquiera por el mas inteligente. Solo
la Inmaculada tiene la promesa hecha por Dios de la victoria sobre
Satanás”. Estas palabras fueron una profecía cumplida en la vida de
San Maximiliano, quien solo unos años mas tardes de decir estas
palabras, confrontaría el horror de ver la ciudad de la Inmaculada
despojada por los nazis y quien en medio de un campo de concentración,
se levantaría como un gran testigo del triunfo del amor y del reino de
los Dos Corazones, cuando al dar un paso al frente, entregaba su vida
para salvar a otro. Muchos sobrevivientes de aquel lugar de horror y
muerte, dijeron: “después de ese acto del padre Maximiliano, nada fue
igual en Autzwich, hasta los doctores nazis escondían a los enfermos,
para salvarles”. Murió como vivió: todo por el reino del Sagrado Corazón
a través de la Inmaculada.. “para esto, decía, vivo, trabajo y sufro...
y con la ayuda de la Inmaculada, moriré por ello.” El gran caballero de
la Virgen, también cambió la historia.
Santa María Faustina
Solo dos años después que en Polonia se inicia la ciudad de la
Inmaculada como signo visible del reino del Corazón de María, y a una
corta distancia en la misma nación, una joven religiosa, Santa Faustina
Kowalska, recibía para el mundo sumergido en las tinieblas de los años
previos a la segunda guerra mundial, la revelación del Corazón
Misericordioso de Jesús. A través de Ella, Cristo dijo al mundo y a
nuestra historia que el mal nunca consigue la victoria definitiva. Que
la vida prevalece sobre la muerte y el amor triunfa sobre el odio. Que
si el pecado parecía ser el tema de esta generación, la misericordia es
su respuesta. Pues su misericordia llega de generación en generación.
“La miseria humana no es un obstáculo para Mi misericordia. Hija mía,
escribe que cuanto más grande es la miseria de las almas tanto más
grande es el derecho que tiene a Mi Misericordia e invita a todas las
almas a confiar en el inconcebible abismo de Mi Misericordia”. (Diario #
1182)"La humanidad no encontrará ni paz ni tranquilidad hasta que no
se vuelva con confianza a Mi Divina Misericordia". (Diario # 300).
Santa Faustina se ofrece igual que los niños de Fátima, por los
pecadores, especialmente por los que habían perdido la esperanza en la
misericordia del Corazón de Dios. En su misión de ofrecimiento incluso
llegó a experimentar en su cuerpo, el dolor y las consecuencias de los
abortos que se realizaban en Polonia ilegalmente en altas horas de la
noche, convirtiéndose de esta forma en alma víctima por la vida.
“La Secretaria de la Misericordia” del Corazón de Cristo, trasmite un
mensaje que transformó y transforma la historia de nuestra generación.
Nuestro mundo tan moderno, tan rico de ciencia, de técnica y de
descubrimientos, al final no es capaz de dar un sentido a la propia
existencia. Se encuentra dividido en su interior, movido por el odio,
por la guerra y la muerte, y tiene que volver a encontrar la fuerza y
las razones para poder vivir y esperar. Y los cristianos creemos y
afirmamos que estas razones y esta fuerza sólo se encuentran en el
Corazón de Dios. Por tanto, el mundo de hoy que experimenta y
experimentará su propia pobreza tiene necesidad más que nunca de un
anuncio de gracia y de misericordia que solo Dios puede ofrecer...Un
misterio gratuito de amor de Dios por la humanidad. El único amor en el
cual el hombre puede descansar.
“En los designios de la Providencia nada es pura coincidencia”,
decía S.S. Juan Pablo II:
Un niño Polaco, que llegaría a ser el Padre Maximiliano había recibido
dos coronas por parte de la Virgen, una roja y una blanca; una religiosa
polaca, recibía el don insondable de contemplar dos rayos rojo y blanco,
la Sangre y el Agua que fluían del Corazón de Jesús, y unos años mas
tarde, Polonia, daba a la Iglesia y al mundo, a un Papa cuyo vestido
blanco fue manchado de sangre un 13 de mayo en la plaza de San Pedro.
Polonia así cumplía la profecía dada por el Corazón de Jesús a Santa
Faustina: “Amo a Polonia en modo particular y si obedeciera a mi
voluntad la enalteceré en poder y santidad. De ella saldrá la chispa que
preparará al mundo para segunda venida” (Diario # 1732). Polonia y
Fátima... dos grandes torrentes confluían en un solo océano, el océano
de infinita misericordia del Corazón de Jesús.
Juan Pablo II: El Papa de los Dos Corazones que cumple sus designios
de misericorida.
Testigo de las grandes batallas del siglo XX ha sido, con razón ya
llamado el Grande: “la enalteceré (Polonia) en poder y santidad”: ¡Juan
Pablo II el Grande! Desde temprana edad, además de sus sufrimientos
personales, vivió las dramáticas y heroicas vicisitudes de su país,
Polonia. En las últimas décadas fue también protagonista, primero como
sacerdote, después como obispo y finalmente como Papa, de muchos
episodios de la historia de Europa y del mundo entero. Todo esto, según
él mismo confirmó, le llevó a madurar en su comprensión de las formas en
que el mal quiere influenciar la historia: En su libro “Memoria e
identidad” escribe: “La historia de la humanidad es un trama de la
coexistencia entre el bien y el mal. En nuestros tiempos el mal ha
crecido desmesuradamente a tal grado que ha alcanzado proporciones
gigantescas. Un mal que ha utilizado las estructuras estatales, para
llevar a cabo sus designios, un mal erigido en sistema.”
Pero a la vez, El Papa sí logró penetrar con aguda mirada los males de
este tiempo, también logró descubrir con confianza de corazón, que como
nos dice San Pablo en Romanos 5,20: “donde abundó el pecado sobreabundó
la gracia”. En una entrevista, le preguntaron en que se fundamentaba su
confianza ante la oscuridad de estos tiempos: “En el poder del amor
del Corazón misericordioso de Cristo, pues estoy convencido que al
final, es el único que sale y saldrá victorioso y que la fuerza materna
que prepara esos triunfos, es el Corazón Inmaculado de María”. Por
esto nos dijo en su libro Cruzando el Umbral de la Esperanza: “la
victoria si llega, será alcanzada por María. Cristo vencerá por medio de
Ella, porque El quiere que las victorias de la Iglesia en el mundo
contemporáneo y en el mundo del futuro estén unidas a Ella.”
Sí, Juan Pablo II vivía convencido de esta verdad, pues era testigo, que
de muchas y diferentes formas, desde las realidades de su propia nación
hasta la caída del comunismo soviético, que María participa de forma
maternalmente poderosa en la victoria del Corazón de Cristo sobre el
mundo y que el medio seguro para activar esta mediación materna, es a
través de la consagración a su Corazón. El gran mariólogo Stephano
D'Fiores: "Si los últimos Papas han hablado favorablemente sobre
la Consagración Mariana, Juan Pablo II la ha hecho una de las
características claves de su Pontificado. Para Juan Pablo II, la
consagración Mariana, es un punto elemental en su programa de vida
espiritual y pastoral"
Y como no hacerlo, si tanto él como todos nosotros somos testigos, de lo
que la Virgen ha hecho en la historia de nuestras vidas, naciones y
familias para hacer que el Reino de su Hijo prevalezca sobre las
amenazas del mal? No hemos visto como el acto de consagración del mundo
al Inmaculado Corazón en 1984, derrumbó “milagrosamente, sin una gota de
sangre” el sistema totalitarista y ateo del comunismo ruso que había
traído los mayores mártires a la Iglesia del siglo XX?. Lo que muy pocos
saben es que mientras el Papa pronunciaba el acto de consagración en
comunión con todos los obispos, el Obispo Hnilica, entraba de
forma clandestina al Kremlin, y allí, en el corazón del comunismo
internacional, centro de una potencia política, militar e ideológica,
que quería construir un nuevo mundo, una sociedad sin Dios, escondido,
celebró la Santa Misa, quizás la primera en 70 años, y rezó la oración
de consagración que al mismo tiempo el Papa recitaba desde la plaza de
San Pedro. Al concluir el Obispo percibió claramente que los Corazones
de Jesús y María comenzaban a reinar en ese lugar. Se sonrió al leer
en un gran cartel: “el comunismo vencerá y dominará el mundo
entero”. Le queda poco dijo el Obispo a su acompañante... Los Dos
Corazones triunfarán en Rusia, porque el amor misericordioso de Jesús
vence el pecado, el odio, la violencia y el mal! Y así fue. Porque la
esencia de la misericordia es revelar que el amor es mas fuerte que la
muerte. “El poder de esta consagración por siempre abarca a todos
los hombres, pueblos y naciones y supera todo el mal que el espíritu de las
tinieblas es capaz de sembrar en el corazón del hombre y de su historia
y que de hecho ha sembrado en nuestro tiempo.” (Palabras de la oración
de consagración de 1984).
En el Santuario del amor misericordioso en Italia, Juan Pablo II en
Noviembre de 1981: “Desde el comienzo de mi ministerio petrino,
consideré que el mensaje de la misericordia del Corazón de Cristo, era
mi misión particular. La Providencia divina me lo ha asignado en la
situación del hombre de hoy, de la Iglesia y del mundo. Podría decir que
precisamente esta situación crítica me asigna al mismo tiempo la
responsabilidad de ser mensajero del Corazón misericordioso, siendo esto
mi tarea ante Dios y los hombres. Lo lograré si la Madre de Dios, me
ayuda a cumplirla”.
Su tarea ante Dios y los hombres! Tarea muy bien hecha. Murió como
vivió, pues nos dice San Pablo en Romanos 14: “nadie vive para si, ni
nadie muere para si, si vivimos para el Señor vivimos y si morimos para
el Señor morimos”. Su vida fue generosamente entregada para ser
testigo luminoso del amor del Corazón misericordioso de Cristo y del
amor materno de María. Esa fue su tarea que cumplió tan bien, aún en su
muerte, la cual se da un primer sábado de mes en la víspera de la fiesta
de la Divina Misericordia. Fue testigo no solo con sus palabras, sino
que hasta con sus gestos. ¡Que gesto mas elocuente nos dejó antes de
morir! Muere entre los Dos Corazones, por los que El dio la vida, gota a
gota, para promover su reinado en el mundo, para dar testimonio de que
el amor de estos Corazones es más fuerte que todo el mal de nuestra
historia, de nuestra generación. “Solo el amor crea, solo el amor
triunfa”, nos enseñaba San Maximiliano Kolbe, porque “solo el amor
tiene una potencia invencible”, estas palabras fueron la razón
porque una ola de amor cubría a Roma y al mundo entero, después de su
muerte, en su funeral. “Hemos visto que el sufrimiento por amor quema y
consume el mal con la llama del amor y obtiene también del pecado un
multiforme florecimiento de bien".
Un testamento para nuestra generación
Estas palabras son el mayor testamento que nos han dejado los grandes
testigos y profetas del siglo XX. Ahora nos toca a nosotros construir la
historia del siglo XXI, la historia de nuestra generación...Donde crece
el mal, el cristiano tiene la gran oportunidad de combatirlo con el
bien, y un bien que puede llegar a grados heroicos. Porque el mal se
vence con el bien, pero no sin muchos sacrificios y a veces hasta dando
la vida.
El mal, nos explicó Juan Pablo II en su último libro, publicado solo dos
meses antes de su muerte, es siempre la ausencia de un bien que en un
determinado momento se debía dar, que en una determinada generación se
debió ejercer, que corazones debían generosamente entregar, pero nunca
es ausencia absoluta del bien. Es un gran reto, hermanos, porque el mal,
crece donde hay ausencia de bien. Y a la vez, en una gran esperanza,
saber que si cooperamos con el bien, el mal va siendo arrancado de la
historia. ¡Que gran responsabilidad!
Hoy las palabras del ángel de Portugal a los niños, resuenan como un eco
en nuestros corazones.. ¿Que hacen? Los Corazones de Jesús y María
tienen designios de misericordia sobre ustedes. ”Fátima continúa siendo
actual. En el libro Cruzando el Umbral de la Esperanza, S.S. Juan Pablo
II, nos dice: “Las palabras de Fátima parecen acercarse, al fin del
siglo, a su cumplimiento”. ¿Que hacen? ¿Que hacemos?.
"Esta generación tiene la misión de llevar el Evangelio a la
humanidad del futuro. Vosotros sois los testigos de Cristo en el nuevo
milenio. Sed muy conscientes de ello y responded con pronta fidelidad a
esta urgente llamada. La Iglesia cuenta con vosotros. “no tengan
miedo de ser los santos y apóstoles del Tercer Milenio.” (S.S.
Juan Pablo II, 21 de noviembre de 2000)
Hermanos, las puertas de este nuevo milenio están abiertas... Hay que
entrar y cruzar el umbral y ponernos en camino. Un camino en el que el
amor del Corazón de Jesús y de María, va adelante y nos indica como
recorrerlo. Una historia se escribe. Todos debemos escribirla con
nuestra vida de santidad personal y colectiva. Hoy igual que ayer y
mañana, esta generación tiene una responsabilidad ante Dios y ante los
hombres. Tantos, se han dispuesto como los Beatos Jacinta y Francisco,
como Sor Lucía, como San Maximiliano, Santa Faustina, como S.S. Juan
Pablo II, a cumplir con la entrega generosa de su propia vida, los
designios de misericordia de los Dos Corazones. Otros han cerrado el
corazón a esos designios, por eso en una poesía decía el Santo Padre
(Juan Pablo II): “La división de las generaciones pasa entre los que no
han pagado bastante y los que tuvieron que pagar mas de la cuenta” y
nosotros de que lado estamos?
La época moderna se ha caracterizado por ser una era de revoluciones, de
cambios drásticos, rápidos y profundos. Desafortunadamente estas
revoluciones han sido buscando el hombre alejarse de Dios y por eso sus
efectos han sido funestos. Han querido poner al hombre sobre Dios.
Revolución “iluminación”, primacía de la razón.
Revolución “francesa” primacía de los derechos del hombre.
Revolución comunista, primacía del estado.
Revolución industrial, primacía del trabajo.
Revolución científica, primacía de la ciencia.
Revolución sexual, primacía del placer.
Yo les invito a que el siglo XXI, sea un siglo de revolución, de un
cambio drástico y profundo, que este siglo pase a la historia como el de
la revolución del amor, cuya primacía es el corazón, sede del
amor cuya fuente es el Corazón de Cristo y cuyo reflejo mas perfecto es
el Corazón de María. “El hombre del año 2000 tiene necesidad del Corazón
de Cristo para conocer a Dios y para conocerse a si mismo; tiene
necesidad de Él para construir la civilización del amor”(S.S. Juan Pablo
II, 1999).
La Hermana Lucía dijo al Cardenal Meisner, el 13 de mayo del 2002: “la
Virgen de Fátima tiene mucho que hacer todavía, hasta que triunfen los
Sagrados Corazones de Jesús y María en nuestro mundo”.
Por ello, recemos junto con San Maximiliano Kolbe, estas palabras de su
oración de consagración. “Haz que en tus manos purísimas y
misericordiosas me convierta en instrumento útil para introducir y
aumentar tu gloria en tantas almas tibias e indiferentes, y de este
modo, aumentar en cuanto sea posible el bienaventurado Reino del Sagrado
Corazón de Jesús.”
Comprendamos la seriedad del momento y la grandeza de la elección
recibida, para que pudiésemos responder con responsabilidad.
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