
FIESTA
DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARIA
Sábado de la 3ª semana de Pentecostés (Día siguiente al
Sagrado Corazón de Jesús)

Ver también:
Corazón de María
Fátima
En 1942,
en plena II Guerra Mundial, el Papa Pío XII consagró el mundo al Corazón
Inmaculado de María. Ya
San
Juan Eudes, en el siglo XVII, había difundido esta devoción.
Del texto de la consagración de Pío XII:
"Ante tu trono nos postramos suplicantes, seguros de alcanzar
misericordia, de recibir gracias y el auxilio oportuno... Obtén paz y
libertad completa a la Iglesia santa de Dios; detén el diluvio del
neopaganismo; fomenta en los fieles el amor a la pureza, la práctica de
la vida cristiana y del celo apostólico, para que los que sirven a Dios
aumenten en mérito y número"
En
la Fiesta del Inmaculado Corazón de María
La Iglesia nos muestra el
Inmaculado Corazón de María, nuestra madre, porque es el camino mas
rápido y seguro para llegar a Jesús. Los Corazones de Jesús y de María
son inseparables. Por eso sus fiestas son contiguas. En María todo nos
lleva a Jesús.
Venerar el Inmaculado Corazón de María es venerar
a la mujer que esta llena del Espíritu Santo, llena de gracia, y siempre
pura para Dios. Su corazón femenino siempre está lleno de amor por sus
hijos.
Por eso se representa rodeado de blancas rosas.
Veneramos el corazón que guarda todas las cosas de Dios en su
Corazón y que nos ayuda a sanar y consagrar a Dios
nuestro propio corazón.
CAUSA DE NUESTRA ALEGRÍA PORQUE HACE BROTAR LAS SEMILLAS COMO UN JARDIN
Reflexión de Jesús Marti
Ballester
1. "María guardaba todas estas cosas en su corazón" (Lc 2,51). El
Corazón de María dio su sangre y su vida a Jesús Niño, pues la
generación de Jesús se realizó por obra del Espíritu Santo, pasó por las
fases de la concepción, la gestación y el parto como la de todos los
niños. La maternidad de María no se limitó al proceso biológico de la
generación, sino que contribuyó al crecimiento y desarrollo de su hijo,
y como la educación es una prolongación de la procreación, el Corazón de
María educó el corazón de su Niño, y le enseñó a comer, a hablar, a
rezar, a leer y a comportarse en sociedad. Ella es Theotokos porque
engendró y dio a luz al Hijo de Dios, y porque lo acompañó en su
crecimiento humano. Jesús es Dios, pero como hombre tenía necesidad de
educadores, pues vino al mundo en una condición humana totalmente
semejante a la nuestra, excepto en el pecado (Hb 4,15). Y como todo ser
humano, el crecimiento de Jesús, requirió la acción educativa de sus
padres. El evangelio de san Lucas, particularmente atento al período de
la infancia, narra que Jesús en Nazaret estaba sujeto a José y a María (Lc
2,51).
2. Los dones especiales de María, la hacían apta para desempeñar la
misión de madre y educadora. En las circunstancias de cada día, Jesús
podía encontrar en ella un modelo para seguir e imitar, y un ejemplo de
amor a Dios y a los hermanos. Desempeñando la función de padre, José
cooperó con su esposa para que la casa de Nazaret fuera un ambiente
favorable al crecimiento y a la maduración personal del Salvador. Al
enseñarle el trabajo de carpintero, José insertó a Jesús en el mundo del
trabajo y en la vida social. María, junto con José, introdujo a Jesús en
los ritos y prescripciones de Moisés, en la oración al Dios de la
alianza con el rezo de los salmos y en la historia del pueblo de Israel.
De ella y de José aprendió Jesús a frecuentar la sinagoga y a realizar
la peregrinación anual a Jerusalén por la Pascua. María encontró en la
psicología humana de Jesús un terreno muy fértil. Ella garantizó las
condiciones favorables para que se pudieran realizar los dinamismos y
los valores esenciales del crecimiento del hijo. Como Jesús no hubiera
pecado María le dio una orientación siempre positiva, sin necesidad de
corregir y sólo ayudar a Jesús a crecer «en sabiduría, en edad y en
gracia» (Lc 2, 52) y a formarse para su misión. María y José son modelos
de todos los educadores. Su experiencia educadora es un punto de
referencia seguro para los padres cristianos, que están llamados, en
condiciones cada vez más complejas y difíciles, a ponerse al servicio
del desarrollo integral de sus hijos, para que lleven una vida digna del
hombre y que corresponda al proyecto de Dios (Juan Pablo II).
3. Aunque fue su madre quien introdujo a Jesús en la cultura y en las
tradiciones del pueblo de Israel, será él quien le revele su plena
conciencia de ser el Hijo de Dios, enviado a irradiar la verdad en el
mundo, siguiendo la voluntad del Padre. De maestra de su Hijo, María se
convirtió en humilde discípula del divino Maestro, engendrado por ella.
Jesús empleó los años más floridos de su vida, educando a su Madre en la
fe. Lo trascendental que resulta y fecundo gastar largos años en la
formación de un santo. Tres años de vida itinerante y treinta años de
vida de familia. La mejor discípula del Señor, fue formada por el mismo
Señor, su Hijo. ¡Qué tierra más fértil la suya para recibir sus
enseñanzas! Ella fue la única que dio el ciento por uno de cosecha.
"¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron! -Más
dichosos los que oyen la Palabra de Dios y la practican" (Lc 11,27).
4. Según Santo Tomás, cuando damos culto al Corazón Inmaculado de María
honramos a la persona misma de la Santísima Virgen. "Proprie honor
exhibetur toti rei subsistenti” (Sum Theol 3ª q 5 a.1). Cuando se venera
un órgano del cuerpo el culto se dirige a la persona, pues sólo ella es
capaz de recibirlo. El amor al Corazón de Maria va dirigido a la persona
de la Virgen, significada en el Corazón. Una persona puede recibir honor
por distintos motivos, por su poder, autoridad, ciencia, o virtud. La
Virgen es venerada en la fiesta de la Inmaculada, de la Visitación, de
la Maternidad, o de la Asunción con cultos distintos, porque los motivos
son distintos. El culto a su Corazón Inmaculado es distinto por el
motivo, que es su amor.
5. Todas las culturas han visto simbolizado el amor en el corazón. En el
de María, honramos la vida moral de la Virgen: Sus pensamientos y
afectos, sus virtudes y méritos, su santidad y toda su grandeza y
hermosura; su amor a Dios y a su Hijo Jesús y a los hombres, redimidos
por su sangre. Al honrar al Corazón Inmaculado de María lo abarcamos
todo, pues él fué templo de la Trinidad, remanso de paz, tierra de
esperanza, cáliz de amargura, de pena, de dolor y de gozo.
6. En cada época histórica ha predominado una devoción. En el sig!o I,
la Theotocos, la Maternidad divina, como réplica a la herejía de
Nestorio. En el siglo XIII, la devoción del Rosario. En el XIX, la
Asunción y la Inmaculada. A mediados de ese mismo siglo comenzó a
extenderse la devoción al Inmaculado Corazón de María, que ya antes
había tenido sus adalides, como San Bernardino de Sena y San Juan de
Avila; y en el siglo XVII, San Juan Eudes. San Antonio María Claret,
fundó la Congregación de los Misioneros del Inmaculado Corazón de María
Inmaculado de María. Y en el siglo XX, alcanza su cenit con dos hechos
trascendentales: las apariciones de la Virgen en Fátima y la
consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María, hecha por Pío XII
el año 1942 y repetida más tarde por Juan Pablo II, en unión con todos
los Obispos de la Iglesia, como ella misma había pedido. En Fátima la
Virgen manifestó a los niños que Jesús quiere establecer en el mundo la
devoción a su Inmaculado Corazón como medio para asegurar la salvación
de muchas almas y para conservar o devolver la paz al mundo. La Beata
Jacinta Marto, le dijo a Lucía: "Ya me falta poco para ir al cielo. Tú
te quedarás aquí, para establecer la devoción al Corazón Inmaculado de
Maria". También se lo dirá después la Virgen. El año 1942, después de la
consagración de varias diócesis en el mundo realizada por sus
respectivos obispos, Pío XII hizo la oficial de toda la Iglesia. De este
modo la devoción al Inmaculado Corazón de María se vió eficacísimamente
confirmada y afianzada. Y después Pablo VI y, sobre todo, Juan Pablo II,
que se declara milagro de María: “Santo Padre, -le dijeron en Brasil-:
Agradecemos a Dios, sus trece años de pontificado”. Y contestó, tres
años de pontificado y diez de milagro. El ha sido el Pontífice que ha
acertado a cumplir plenamente el deseo de la Virgen, cuyos resultados se
han visto con el derrumbamiento del marxismo y la conversión de Rusia.
7. Cuando en el siglo XVIII el mundo se enfriaba por el indiferentismo
religioso de doctrinas ateas, se manifiesta Cristo a Santa Margarita
María de Alacoque en Paray le Monial, y la constituye promotora del
culto al Corazón de Jesús, y cuando en el siglo XX, el mundo se va a ver
envuelto por amenazas de guerras, divisiones y odios, herencia nefasta
del materialismo y del marxismo, pide la Virgen a los niños de Fátima,
que extiendan la devoción al Inmaculado Corazón de Maria. Como remedio a
los males actuales, la misma Virgen nos ofrece su Corazón Inmaculado,
que es ternura y dulzura, pero también exigencia de oración, sacrificio,
penitencia, generosidad y entrega. No basta el culto; hay que imitar sus
virtudes.
7. En los seres racionales existe una sinergia, un lazo invisible, pero
de irresistible fortaleza, que nos une con Dios, con los hombres y con
las criaturas: el corazón. El Corazón de María, expresa el corazón
físico que latía en el pecho de María, que entregó la sangre más pura y
noble para formar la Humanidad de Cristo, y en el que resonaron todos
los dolores y alegrías sufridos a su lado; y el corazón espiritual,
símbolo del amor más santo y tierno, más generoso y eficaz, que la
hicieron corredentora, con el cúmulo de capacidades y virtudes que
adornan la persona excelsa de la Madre de Dios.
8. El Corazón es la raíz de su santidad eximia, y el resumen de todas
sus grandezas, porque todos sus Misterios se resumen en el amor. Dios,
que creó el mundo para el hombre, se reservó en él un jardín donde fuera
amado, comprendido, mimado, el huerto cerrado del Cantar de lo Cantares.
Su Santuario, su obra primorosa y singular. Su Corazón y su alma son
templo, posesión y objeto de las delicias del Señor. Sólo su corazón
pudo ser el altar donde se inmoló, desde el primer instante, el Cordero
inmaculado. Según San Bernardo, Maria "fuit ante sancta quam nata":
nació antes a la vida de la gracia que a la de este mundo...No hay un
Corazón más puro, inmaculado y santo que el de María. Como el sol
reverbera sobre el fango de la tierra, su Corazón brilló sobre las
miserias del mundo sin ser contaminado por ellas. Es la Mujer vestida
del sol del Apocalipsis (12,1).
9. La plenitud de la gracia que recibió María repercutió en su Corazón
en el que no existió la más leve desviación en sus sentimientos y
afectos. Su humildad, su fe, su esperanza, su compasión y su caridad,
hicieron de su Corazón el trono del amor y el tabernáculo de la
misericordia. El Corazón de María es el de la Hija más grata del Padre.
El Corazón de la Madre que con mayor dulzura y ternura haya amado a su
Hijo. El Corazón de la Esposa donde el Espiritu realizó la más grande de
sus maravillas, concibió por obra del Espíritu Santo.
10. Para los hombres, el Corazón de María es también un corazón humano,
muy humano. Es el corazón de la Madre: Todos los hombres hemos sido
engendrados en el Corazón Inmaculado de Maria: "Mujer, he ahí a tu hijo"
(Jn 19,26. San Juan nos representaba a todos. Poque amó mucho mereció
ser Madre de Dios y atrajo el Verbo a la tierra; con sufrimiento y con
dolor, ha merecido ser Madre nuestra. El amor a su Hjo y a sus hijos es
tan entrañable y tierno, que guarda en su corazón las acciones más
insignificantes de sus hijos, de quienes su Hijo Jesús es Hermano Mayor.
11. Dios ha querido conceder sus gracias a los hombres por el Corazón
Inmaculado de María. Es el cuello del Cuerpo Místico por donde
descienden las gracias de la Cabeza. Sus hijos predilectos son los
santos. Ella goza viéndoles interceder por sus hermanos menores, y goza
viendo que las gracias que le piden llegan a nosotros a través de Ella.
Por su Corazón pasa todo cuanto ennoblece y dignifica al mundo: las
gracias de conversión, la paz de las conciencias, las santas
aspiraciones, el heroismo de los santos, los rayos más luminosos que
señalan al mundollos caminos de salvación. Como la imaginación,
abandonada a sí misma es la loca de la casa, el corazón dejado a la
deriva, sin educar, es la perdición de toda nuestra persona, María nos
enseña a amar con ardor, pero con gran pureza. El amor a Dios, a
nosotros mismos y a nuestros hermanos halla el modelo humano más
perfecto en el Corazón Inmaculado de Maria.
12. Si María fuera sólo Madre de la Iglesia como comunidad, y no Madre
de cada uno de los miembros, sólo se preocuparía del bien de la Iglesia.
Pero cada cristiano carecería de seguridad. Sería como un general que
ama mucho a su ejército, pero no vacila en sacrificar a todos los
soldados para salvar a la nación; y de intimidad, porque en una multitud
tan grande, ¿cómo puede cada uno acercarse a Ella? El soldado no tiene
fácil acceso al general; ni el ciudadano al rey. María no sería nuestra
Madre, sino nuestra Reina, o nuestro general, distante de nuestras
pequeñas preocupaciones.
13. Si una madre de diez hijos los amara sólo en grupo, y no se
preocupara de cada uno en particular; si preparara comida, camas,
descanso, trabajo, recreo para el grupo, no sería madre de familia, sino
administradora de un colegio o de un cuartel, donde la revisión médica y
la vacuna colectiva se hace para todos una vez al año. La madre de
familia, lleva al médico a cada hijo siempre que lo necesita o se queja:
no tiene un día al año de revisión ni de vacuna para todos. Con la
Virgen María no estamos en un cuartel, ni en un colegio, sino en una
familia, y bien pequeña: "No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre
se ha complacido en daros el Reino" (Lc. 12,32).
14. A María le sobra corazón para atendernos a todos como si fuéramos
únicos: Dios le dio Corazón de Madre para que con él amara a todos y
cada uno de los hombres, los de hoy y todos los de ayer y de mañana.
Nosotros somos como la última floración, como el benjamín, al que
prodiga sus cuidados.
15. Toda madre tiene amor particular a cada hijo y más al más desvalido,
al subnormal, al extraviado. El Corazón de María nuestra Madre, ama a
cada hombre con el mismo amor con que ama a toda la Iglesia. Ninguna
madre cuando tiene el primer hijo restringe su amor, reservándolo para
los que vengan. Da todo su amor al primero y al segundo, sin quitar nada
al primero, y sin ahorrar nada para el tercero. Cuida de todos, y de
cada uno como si no tuviera otro. Sólo saboreando el amor singular de su
Corazón a cada uno, se puede gustar la delicia de sentirse amados por
Ella, y se dialogará con ella y se intimará con Ella y se gozará en
Ella. Para llegar a su intimidad, que es importantísimo para nuestra
vida interior, es preciso tener firme fe en ese amor particular.
16. Todos estos conceptos brotan del "Totus tuus" de Juan Pablo II, que
en su Encíclica "Redemptoris Mater", ha escrito: "Se descubre aquí el
valor real de las palabras dichas por Jesús a su madre cuando estaba en
la Cruz: «Mujer, ahí tienes a tu hijo», y al discípulo: «Ahí tienes a tu
madre» (Jn 19,26). Estas palabras determinan el lugar de María en la
vida de los discípulos de Cristo y expresan su nueva maternidad como
Madre del Redentor: la maternidad espiritual, nacida de lo profundo del
misterio pascual del Redentor del mundo.... Es esencial a la maternidad
la referencia a la persona. La maternidad determina siempre una relación
única e irrepetible entre dos personas: la de la madre con el hijo y la
del hijo con la madre. Aun cuando una misma mujer sea madre de muchos
hijos, su relación personal con cada uno de ellos caracteriza la
maternidad en su misma esencia. En efecto, cada hijo es engendrado de un
modo único e irrepetible, y esto vale tanto para la madre como para el
hijo. Cada hijo es rodeado del mismo modo por aquel amor materno, sobre
el que se basa su formación y maduración en la humanidad. Se puede
afirmar que la maternidad «en el orden de la gracia» mantiene la
analogía con cuanto «en el orden de la naturaleza» caracteriza la unión
de la madre con el hijo. En esta luz se hace más comprensible el hecho
de que, en el testamento de Cristo en el Calvario, la nueva maternidad
de su madre haya sido expresada en singular, refiriéndose a un hombre:
«Ahí tienes a tu hijo». Se puede decir, además, que en estas mismas
palabras está indicando plenamente el motivo de la dimensión mariana de
la vida de los discípulos de Cristo; no sólo de Juan, que en aquel
instante se encontraba a los pies de la Cruz en compañía de la Madre de
su Maestro, sino de todo discípulo de Cristo, de todo cristiano. El
Redentor confía su madre al discípulo y, al mismo tiempo, se la da como
madre. La maternidad de Maria, que se convierte en herencia del hombre,
es un don: un don que Cristo mismo hace personalmente a cada hombre. El
Redentor confia María a Juan en la medida que confía Juan a
María"…Entregándose filialmente a Maria, el cristiano, como el apóstol
Juan, «acoge entre sus cosas propias» a la Madre de Cristo y la
introduce en todo el espacio de su vida interior, es decir, en su «yo»
humano y cristiano: «la acogió en su casa. Así el cristiano trata de
entrar en el radio de acción de aquella «caridad materna», con la que la
Madre del Redentor «cuida de los hermanos de su Hijo», «a cuya
generación y educación coopera» según la medida del don, propia de cada
uno por la virtud del Espíritu de Cristo. Así se manifiesta también
aquella maternidad según el espíritu, que ha llegado a ser la función de
Maria a los pies de la Cruz y en el Cenáculo. Esta relación filial, esta
entrega de un hijo a la Madre, no sólo tiene su comienzo en Cristo, sino
que se puede decir que definitivamente se orienta hacia El. Se puede
afirmar que Maria sigue repitiendo a todos las mismas palabras que dijo
en Caná de Galilea: «Haced lo que él os diga.En efecto es El, Cristo, e1
Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 4,6); es El a quien el Padre ha dado al
mundo, para que el hombre «no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn
3,16)… Para todo cristiano y todo hombre, María es la primera que «ha
creído», y precisamente con esta fe suya de esposa y de madre quiere
actuar sobre todos los que se entregan a ella como hijos. Y es sabido
que cuanto más perseveran los hijos en esta actitud y avanzan en la
misma, tanto más María les acerca a la «inescrutable riqueza de Cristo (Ef
3,8). Con acierto, la capital de Ecuador, que está viviendo esta semana
el momento más importante de este Jubileo del año 2000 con la
celebración del Congreso Eucarístico Mariano, ha escogido el lema
«Jesucristo, pan de vida para el mundo, por María». Porque sus hijos
reconocen cada vez mejor la dignidad del hombre en toda su plenitud, y
el sentido definitivo de su vocación, porque «Cristo manifiesta
plenamente el hombre al propio hombre» (L.G.).
17. Durante el Concilio, Pablo VI proclamó solemnemente que «Maria es
Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de
los fieles como de los pastores» Más tarde, el año 1968, en el Credo del
Pueblo de Dios, ratificó esta afirmación de forma más comprometida:
"Creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia,
continúa en el cielo su misión maternal para con los miembros de Cristo,
cooperando al nacimiento y al desarrollo de la vida divina en las almas
de los redimidos. El Concilio ha subrayado que la verdad sobre la
Santísima Virgen, Madre de Cristo constituye un medio eficaz para la
profundización de la verdad sobre la Iglesia… Por consiguiente, María
acoge, con su nueva maternidad en el Espíritu, a todos y a cada uno en
la Iglesia, acoge también a todos y a cada uno por medio de la Iglesia.
En este sentido, Maria, Madre de la Iglesia, es también su modelo. En
efecto, la Iglesia -como desea y pide Pablo VI- «encuentra en María, la
más auténtica forma de la perfecta imitación de Cristo».
18. El egoísmo afecta a todo amor creado, incluido el de las madres, con
ser el más puro. Sólo el amor de la Virgen María no tuvo jamás mezcla de
egoísmo. El amor de su Corazón es virginal, sin mezcla de egoísmo, amor
puro. Amándonos con amor virginal, sabemos que no se busca a sí misma:
sólo busca nuestro bien. Incluso nuestra correspodencia de amor a Ella,
no la quiere por bien suyo, aunque en ella se goce como madre, sino por
bien nuestro, para poder lograr nuestra transformación en Dios. El amor
particular que nos tiene engendra nuestra intimidad con Ella, y el
abandono en su Corazón. Con el mismo amor con que ama a su Jesús. Al
amar a Dios lo ha hecho"Emmanuel", "Dios con nosotros" y al amarnos a
nosotros, nos identifica con El.
19. El amor de los padres resulta con frecuencia ineficaz para proteger
y defender a sus hijos, que no pueden impedir que enfermen, sufran
accidentes, mueran. Hacen por ellos lo que pueden, pero pueden muy poco.
Pero como María nos ama con su Corazón de Madre de Dios, su eficacia es
absoluta, porque tiene en sus manos la omnipotencia divina, no por ser
madre nuestra, sino por ser Madre de Dios.
20. En una familia de cinco hijos uno infinitamente rico y poderoso y
los otros cuatro pobres, la madre no consentirá que el rico no socorrra
a sus hermanos pobres. María no podrá consentir que su Hijo Jesús le
impida usar de su infinita riqueza y poder para socorrernos a nosotros.
Esto no va a ocurrir nunca, pues ha sido Jesús quien la ha hecho nuestra
madre, y administradora de su Corazón de Jesús y jamás pondrá límites al
uso que su Corazón haga de sus tesoros infinitos.
21. Si el Padre hubiera concedido al Corazón de María algo a condición
de que no fuera también nuestro, ella lo hubiera impedido: Si me haces
su madre no me des nada que yo no pueda compartir con ellos. Al darnos
el Corazón de su Madre y nuestra Madre, ha hecho nuestros todos los
dones y riquezas que puso en su Corazón: su predestinación si la
queremos, el cariño con que la envuelve, y los regalos con que Dios la
recrea. No se puede amar a la Madre, si no se ama a sus hijos, ni se
puede dar gusto a la madre, si se abandona a sus hijos.
22. Si a un niño pequeño le diéramos una joya preciosa, la perdería. Por
eso se la damos a su madre, para que la conserve. Por eso Dios no ha
querido darnos sus dones directamente, porque ya tiene experiencia de lo
que pasó con Adán, y se los ha confiado a María, que nunca los perderá.
Estando en sus manos son nuestros. Ella nos los conserva. Su Corazón es
nuestra seguridad, nuestro tesoro inviolable. Todo lo suyo es nuestro,
Ella lo quiere para nosotros. Toda la inocencia de María, su pureza, su
santidad, su humildad, su amor a Dios y a los, porque Ella es nuestra.
(San Juan de la Cruz. Dichos de luz y amor, 26). Y como son nuestros los
podemos ofrecer a Dios, sobre todo cuando no tenemos nada que ofrecerle.
Entonces es cuando le ofrecemos más y la conquistamos más, porque somos
más pobres, como su Hijo, recibió el óbolo de la viuda.
23. Su Corazón hace suyos nuestros pecados y dolores, como los hizo
suyos Jesús en su pasión y en la Eucaristía. Nuestros pecados, dolores y
aflicciones. Los pecados: «Este es el Cordero de Dios, que toma sobre
sí, ahora los pecados del mundo"; los dolores y sufrimientos: «Saulo,
Saulo, ¿por qué me persigues?» (Act. 9,4): al perseguir Saulo a los
cristianos, Cristo mismo se sintió perseguido. Como en la Eucaristía
Jesús sufre viendo nuestras carencias que reactivan su pasión; y goza
inefablemente, cuando nos ve a su lado, el Corazón de María, las
considera suyas como se identificó con los sufrimientos Jesús como
Corredentora, sufriendo todos nuestros dolores y pecados, y recibiendo
hoy el consuelo de nuestra gratitud e intimidad . Siempre y en cada
momento compadece con nosotros. Cuando pecamos, vuelve a sentirse como
avergonzada y pecadora. Por eso Jesús nos perdona tan fácilmente, para
quitarle a su Madre la humillación de nuestros pecados, que la oprime
porque somos sus hijos. Igual que el Padre nos perdona para quitar a su
Hijo el oprobio que en la Eucaristía siente de nuestros pecados porque
los hace suyos, y al quitárnoslos se los quita a El. Sin la Eucaristía
sería muy difícil nuestro perdón, a pesar de la pasión de Cristo, que
quedaría demasiado lejos, y es ahora cuando necesitamos que El haga suyo
lo nuestro.
24. Porque el Corazón de María hace suyos ahora nuestros pecados, y
siente con nosotros todas nuestras aflicciones, dolores y penas, no
debemos desconfiar ni desesperar. Ella es refugio de pecadores. Y cuando
después del pecado nos echamos en sus brazos, Ella nos anima diciendo:
Me siento Yo manchada; mas como mi Hijo quiere verme totalmente limpia,
os limpiará a vosotros para que todos estemos limpios.
25. El Corazón de María es nuestro consuelo. No nos acompaña en el
sufrimiento por pura fórmula. Llora con nosotros, sufre con nosotros
nuestro mismo dolor, está con nosotros, tratando de que superemos la
depresión de vernos solos y abandonados en el sufrimiento y en el dolor,
especialmente en esta época de angustia, vacío y ansiedad. Siempre nos
queda su Corazón, sus brazos acogedores maternales que llevan nuestra
misma carga, haciéndola ligera. Y Jesús, amando a su Madre, para hacer
ligera la carga de Ella, la lleva con Ella y con nosotros, y nos dice:
"Venid a Mí todos los que estáis cargados y agobiados, y yo os aliviaré,
porque mi yugo es suave, y mi carga ligera" (Mt. 11,28). Si aprendemos a
ir a Jesús por María, hallaremos fortaleza y hasta verdadera delicia en
el sufrimiento y en el dolor. La compañía que nos hacen los que nos aman
es externa y desde fuera: son incapaces de llegar al nivel de nuestro
dolor. El Corazón de María siente en nosotros y con nosotros todas
nuestras angustias y dolores, porque conoce ahora, y siente en su carne,
lo que estamos pasando. Y si su Corazón prefiere sufrir con nosotros ese
dolor antes que quitárnoslo, es porque ve que es necesario que pasarlo.
Cuántos bienes deben seguirse de estos sufrimientos, humillaciones,
anonadamiento y aislamiento, olvidos, desprecios, dolores físicos y
morales, y hasta los mismos pecados que nos humillan y confunden, cuando
el Corazón de María, pudiéndolos evitar, prefiere hacerlos suyos, y
sufrirlos en nosotros y con nosotros. Si lo tenemos presente veremos la
luminosidad de la cruz, y entenderemos lo que nos dice San Pablo: "Dios,
a los que decidió salvar, determinó hacerlos conformes a la imagen de su
Hijo" (Rom. 8,29), y "seremos conglorificados con El, si padecemos con
El"(Rom. 8,17). Entonces comprendemos los deseos ardientes que los
santos tuvieron de sufrir, y no nos extrañará oír a Santa Teresa: "O
padecer o morir".
26. La ilusión mayor de una madre es que su pequeño llegue a adulto y se
haga fuerte como su padre: «Sed perfectos como vuestro Padre Celestial
es perfecto» (Mt. 5,48). Ese es el deseo del Corazón de María: que
lleguemos a la perfección del Padre Celestial, copiando a su Jesús, que
agota la perfección del Padre, pues es esplendor de su gloria e imagen
desu substancia. Esa es la clave para entender el empeño del Corazón de
María en dejarnos sufrir.
27. Es muy provechoso que reflexionemos y meditemos las verdades eternas
y desentrañemos con nuestro esfuerzo el valor y la riqueza de las
virtudes y la maldad de los pecados y su fealdad y la belleza del amor
pero, como obra nuestra, tengo para mí, que esta reflexión y actividad
se queda a mitad camino, como diría San Juan de la Cruz, "con ella se
hace poca hacienda". Reflexionando vemos, pero ya decía el clásico: "Video
meliora, proboque, deteriora sequor". "Veo lo mejor y lo apruebo, pero
sigo lo peor". Y San Pablo: "No hago el bien que quiero, sino el mal que
no quiero" (Rm 7,19). Lo vemos, pero nos faltan fuerzas para hacer la
verdad y lo mejor. Son las fuerzas que Dios nos ofrece por manos del
Corazón de María, por eso lo más lógico y eficaz de razón y de fe, es
llevar a la Eucaristía los problemas y en presencia y compañía del
Corazón de María, derramar nuestro corazón, problemas y tentaciones para
que como por ósmosis y en otra dimensión de nuestro ser, transformen
nuestra vida, sin saber cómo y sin poderlo explicar.
"Entréme donde no supe,
y quedéme no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.
Yo no supe dónde entraba,
Pero cuando allí me ví,
Grandes cosas entendí;
No diré lo que sentí,
Pero me quedé no sabiendo,
Toda ciencia trascendiendo"
(San Juan de la Cruz).
28. "¡Oh Dios, tú que has preparado en el Corazón de María, una digna
morada al Espíritu Santo, haz que por la intercesión de su Corazón y su
compañía e intimidad, lleguemos a ser templos de su gloria". Amen.
JESUS MARTI BALLESTER
jmarti@ciberia.es