
CANONIZACIÓN
Proceso de la Iglesia para
declarar que alguien es santo.
Ver también:
-página sobre los
santos
-Como
procede una causa de mártires -Conferencia episcopal española
Cómo se canoniza un santo
Los santos,
hasta el siglo V eran aclamados después de su muerte a "vox populi" (aclamación popular). Para
evitar abusos, a partir del siglo V, los obispos tomaron responsabilidad por la declaración de santidad en su
diócesis. Ellos confirmaban la aclamación popular y asignaban al santo un día de fiesta, generalmente el aniversario de su
muerte.
En 993, Ulric de Ausburg fue declarado santo en la primera canonización
aprobada directamente por un papa (Papa Juan XV). Gregorio IX formalizó el proceso y en 1234 las canonizaciones se reservaron solo al Papa. En el año 1588 el Papa Sixto V
puso el proceso en manos de la Congregación para las Causas de los Santos y del Santo
Padre.
No existe un cómputo preciso de quienes han sido proclamados santos
desde los primeros siglos. En 1988, para celebrar su IV centenario, la Congregación para
las Causas de los Santos publicó el primer "Index ac status Causarum". Este
libro y los suplementos que le siguieron, escritos enteramente en latín, están
considerados como el índice definitivo de todas las causas que han sido presentadas ante
la congregación desde su institución.
Desde que fue elegido en 1978 hasta julio del 1997 el Papa Juan Pablo II
había proclamado 278 santos. Entre ellos se cuentan 245 mártires y 33 confesores. Ha
proclamado además en ese período 770 beatos, de los que 579 eran mártires y 191
confesores.
¿Por qué la Iglesia canoniza?
La Constitución Divinus Redemptoris Magister (25-1-1983) dice
que, "Desde tiempos inmemorables la Sede Apostólica propone a la
imitación, veneración y a la invocación a algunos cristianos que
sobresalieron por el fulgor de sus virtudes."
Estos hombres y mujeres son propuestos para ser:
Imitados: los beatos y santos son propuestos como
modelos para ser imitados; Francisco y Jacinta, portadores del mensaje que
fluye de sus vidas pueden servir de ejemplo para todos.
Venerados: los beatos pueden recibir culto público en
su patria, con imágenes en el altar y fiestas de conmemoración; los santos
en la Iglesia universal.
Para ser invocados: la Iglesia reconoce que los dos
niños pueden ser intermediarios junto a Dios en favor de quien les invoque.
Todos los santos y beatos de la Iglesia realizaron una
misión común: llevar a la perfección la "vida cristiana".
Perfección a la cual todos estamos llamados por el mismo Señor cuando nos
dijo: "Sed perfectos como Mi Padre es perfecto"(Mt 5:48). Vemos
como a lo largo de la historia de la Iglesia, miles de hombres y mujeres, niños
y ancianos se han lanzado a la conquista de esta gracia y nosotros en nuestros
días somos dichosos al tener tan "gran nube de testigos" que son
ejemplo seguro que podemos seguir en nuestro caminar hacia la perfección.
Hay tres pasos en el proceso oficial de la causa de los santos:
Venerable. Con el título de venerable se reconoce que un fallecido
vivió virtudes heroicas.
Beato. Se reconoce por el proceso llamado de "beatificación". Además de los atributos personales de
caridad y virtudes heroicas, se requiere un milagro obtenido a través de la intercesión
del Siervo/a de Dios y verificado después de su muerte. El milagro requerido debe ser
probado a través de una instrucción canónica especial, que incluye tanto el parecer de
un comité de médicos (algunos de ellos no son creyentes) y de teólogos. El
milagro no es requerido si la persona ha sido reconocida mártir. Los beatos son venerados
públicamente por la iglesia local.
Santo. Con la canonización, al beato le corresponde el título de
santo. Para la canonización hace falta otro milagro atribuido a la intercesión del beato
y ocurrido después de su beatificación. Las modalidades de verificación del milagro son
iguales a las seguidas en la beatificación. El Papa puede obviar estos requisitos. El
martirio no requiere habitualmente un milagro. La canonización compromete la
infalibilidad pontificia.
Mediante la canonización se concede el culto público en la Iglesia
universal. Se le asigna un día de fiesta y se le pueden dedicar iglesias y santuarios.
La legislación actual supone la necesidad de
algún milagro, tanto para la beatificación como para la canonización.
-Padre Jordi Rivero