CONCIENCIA

"Si hay alguna verdad que la conciencia trae a casa es esta: que somos personalmente responsables por lo que hacemos, que no tenemos ningún medio para mudar nuestra responsabilidad, y que el abandono del deber implica castigo" -Cardenal Newman1


“A veces las opciones que se imponen son dolorosas y pueden exigir el sacrificio de posiciones profesionales consolidadas o la renuncia a perspectivas legítimas de avance en la carrera” (Juan Pablo II, enc. Evangelium vitae n. 74, 25-03-95)

Catecismo de la Iglesia católica: "la conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la calidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho. En todo lo que dice y hace, el hombre está obligado a seguir fielmente lo que sabe que es justo y recto" (n. 1778).  

Benedicto XVI
20 Marzo, 07:
"Esta definición (arriba) pone de manifiesto que la conciencia moral, para poder guiar rectamente la conducta humana, ante todo debe basarse en el sólido fundamento de la verdad, es decir, debe estar iluminada para reconocer el verdadero valor de las acciones y la consistencia de los criterios de valoración, de forma que sepa distinguir el bien del mal, incluso donde el ambiente social, el pluralismo cultural y los intereses superpuestos no ayuden a ello.

La formación de una conciencia verdadera, por estar fundada en la verdad, y recta, por estar decidida a seguir sus dictámenes, sin contradicciones, sin traiciones y sin componendas, es hoy una empresa difícil y delicada, pero imprescindible. Y es una empresa, por desgracia, obstaculizada por diversos factores. Ante todo, en la actual fase de la secularización llamada post-moderna y marcada por formas discutibles de tolerancia, no sólo aumenta el rechazo de la tradición cristiana, sino que se desconfía incluso de la capacidad de la razón para percibir la verdad, y a las personas se las aleja del gusto de la reflexión.

Según algunos, incluso la conciencia individual, para ser libre, debería renunciar tanto a las referencias a las tradiciones como a las que se fundamentan en la razón. De esta forma la conciencia, que es acto de la razón orientado a la verdad de las cosas, deja de ser luz y se convierte en un simple telón de fondo sobre el que la sociedad de los medios de comunicación lanza las imágenes y los impulsos más contradictorios.

Es preciso volver a educar en el deseo del conocimiento de la verdad auténtica, en la defensa de la propia libertad de elección ante los comportamientos de masa y ante las seducciones de la propaganda, para alimentar la pasión de la belleza moral y de la claridad de la conciencia. Esta delicada tarea corresponde a los padres de familia y a los educadores que los apoyan; y también es una tarea de la comunidad cristiana con respecto a sus fieles.

Por lo que atañe a la conciencia cristiana, a su crecimiento y a su alimento, no podemos contentarnos con un fugaz contacto con las principales verdades de fe en la infancia; es necesario también un camino que acompañe las diversas etapas de la vida, abriendo la mente y el corazón a acoger los deberes fundamentales en los que se basa la existencia tanto del individuo como de la comunidad.

Sólo así será posible ayudar a los jóvenes a comprender los valores de la vida, del amor, del matrimonio y de la familia. Sólo así se podrá hacer que aprecien la belleza y la santidad del amor, la alegría y la responsabilidad de ser padres y colaboradores de Dios para dar la vida. Si falta una formación continua y cualificada, resulta aún más problemática la capacidad de juicio en los problemas planteados por la biomedicina en materia de sexualidad, de vida naciente, de procreación, así como en el modo de tratar y curar a los enfermos y de atender a las clases débiles de la sociedad.

Ciertamente, es necesario hablar de los criterios morales que conciernen a estos temas con profesionales, médicos y juristas, para comprometerlos a elaborar un juicio competente de conciencia y, si fuera el caso, también una valiente objeción de conciencia, pero en un nivel más básico existe esa misma urgencia para las familias y las comunidades parroquiales, en el proceso de formación de la juventud y de los adultos.

Bajo este aspecto, junto con la formación cristiana, que tiene como finalidad el conocimiento de la persona de Cristo, de su palabra y de los sacramentos, en el itinerario de fe de los niños y de los adolescentes es necesario promover coherentemente los valores morales relacionados con la corporeidad, la sexualidad, el amor humano, la procreación, el respeto a la vida en todos los momentos, denunciando a la vez, con motivos válidos y precisos, los comportamientos contrarios a estos valores primarios. En este campo específico, la labor de los sacerdotes deberá ser oportunamente apoyada por el compromiso de educadores laicos, incluyendo especialistas, dedicados a la tarea de orientar las realidades eclesiales con su ciencia iluminada por la fe.

"El hombre tiene una ley inscrita por Dios en su corazón —nos enseñó el concilio Vaticano II—, en cuya obediencia está la dignidad humana y según la cual será juzgado" (Gaudium et spes, 16). El Concilio dio sabias orientaciones para que "los fieles aprendan a distinguir cuidadosamente entre los derechos y deberes que tienen como miembros de la Iglesia y los que les corresponden como miembros de la sociedad humana" y "se esfuercen por integrarlos en buena armonía, recordando que en cualquier cuestión temporal han de guiarse por la conciencia cristiana, pues ninguna actividad humana, ni siquiera en los asuntos temporales, puede sustraerse a la soberanía de Dios" (Lumen gentium, 36).

Por esta razón, el Concilio exhorta a los laicos creyentes a acoger "lo que los sagrados pastores, representantes de Cristo, decidan como maestros y jefes en la Iglesia"; y, por otra parte, recomienda "que los pastores reconozcan y promuevan la dignidad y la responsabilidad de los laicos en la Iglesia, se sirvan de buena gana de sus prudentes consejos" y concluye que "de este trato familiar entre los laicos y los pastores se pueden esperar muchos bienes para la Iglesia" (ib., 37)

 

Ver también:
"Conciencia" en el Catecismo
Examen de conciencia
Encíclica "Fe y Razón"
Distinguir el bien y el mal
Decidir en conciencia -Un sacerdote opta por el campo de concentración.
Conciencia en "Veritatis Esplendor"
Concience and morality, Bishop Myers
Conscience + objectionable procedures

La conciencia es el juicio del intelecto que decide, según los principios de la fe y la razón, si una acción es buena o mala. La conciencia es un acto del intelecto y no de los sentimientos, ni siquiera de la voluntad. Una acción es buena o mala según se conforme a principios objetivos a los que la mente debe someterse, no porque la persona subjetivamente sienta la inclinación a someterse ni porque su voluntad quiera.

La conciencia es un acto específico de la mente, aplicando su conocimiento a una situación moral concreta. La mente depende de los principios que conoce para decidir. Estos principios se conocen o por la luz de la razón natural o por la fe divina. La conciencia no produce estos principios; los acepta. La conciencia ni determina los principios ni los juzga; Dios los ha inscrito en su corazón para que los utilice como premisa para saber si algo debe hacerse (o debería haberse hecho) porque es bueno, o debería omitirse porque es malo. También los no creyentes han recibido de Dios una conciencia por la razón natural y son responsables de actuar según sus luces.

Las conclusiones de la conciencia también aplican a situaciones en que la mente decide que algo es permisible o preferible pero no obligatorio.     

“En lo más profundo de su conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal... El hombre tiene una ley inscrita por Dios en su corazón... La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella” (GS 16).

«La verdadera renovación del hombre y de la sociedad se realiza siempre mediante la renovación de las conciencias. Sólo el cambio de las estructuras sociales, de las económicas y políticas –si bien importante– puede sin embargo demostrarse una ocasión desaprovechada, si detrás de él no hay hombres de conciencia. Son ellos los que hacen que el conjunto de la vida social se forme en definitiva según las reglas de aquella ley, que no ha sido el hombre quien se la ha dado, que él descubre “en lo íntimo de la conciencia, a cuya voz debe obedecer”». Juan Pablo II, 1998

Un ejemplo de lo que es actuar sin conciencia.
En el libro 'Yo fui guardaespaldas de Hitler', Rochus Misch relata su testimonio:
“Hitler era un monstruo pero yo no me di cuenta porque a mí me trató bien, hice mi trabajo sin escuchar, sin hablar e incluso sin entender”.

LA CONCIENCIA Y LA LEY DE DIOS
Según las enseñanzas del Papa J. Pablo II y los documentos del Vaticano II
WB01441_.gif (243 bytes)1. ¿Cómo podemos saber cual es el plan de Dios para nosotros?
"Muy profundamente dentro de su conciencia el hombre descubre una ley que el no se ha impuesto a si mismo, pero que necesita obedecer. Su voz, que siempre lo llama al amor y a hacer lo que es bueno y evitar el mal, le dice por dentro en el momento preciso: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene en su corazón una ley escrita por Dios. Su dignidad yace en observar esta ley, y por ella será juzgado"
(Constitución Pastoral sobre la Iglesia del Mundo Moderno #16
 

WB01441_.gif (243 bytes) 2. ¿Qué es la conciencia?

"La conciencia es alguien, no algo en realidad, es el sitio donde el hombre es iluminado por una luz que no viene a el de su razonamiento creado y siempre falible, sino de la Sabiduría misma de la Palabra de quien creo todas las cosas"
(Nov. 1988, al Segundo Congreso Internacional sobre Teología Moral, L'Obsservatore Romano, Dic. 19-26, 1988)

WB01441_.gif (243 bytes) 3. ¿Qué significa formar la conciencia?

"Solamente una conciencia desarrollada cabalmente corresponde a la dignidad humana- una conciencia que busca la verdad, e iluminada por ella, decide. Por lo tanto, la dignidad humana requiere, que una persona oriente su conciencia de acuerdo con el orden de la ley establecida por el Creador. En asuntos de conciencia ella debe consultar la verdad revelada en Cristo, e incluir la enseñanza reveladora de la Iglesia."
(Sep. 88, a los obispos Austriacos en Salzburgo, L'Obsservatore Romano, Sept. 5, 1988)

WB01441_.gif (243 bytes) 4. ¿Tengo yo deber de formar mi conciencia?

"La formación de la conciencia propia es un deber fundamental. La razón es muy simple: Nuestra conciencia puede errar. Y cuando el error prevalece sobre ella se convierte en la causa del daño mas grande para la persona humana..."
(Agosto. 1983, audiencia general, L'Obsservatore Romano, Agosto 22-29,1983)

WB01441_.gif (243 bytes) 5. ¿Cuál es la mejor manera de formar mi conciencia?

"Es a través de la Iglesia como la conciencia moral de una persona crece y madura; la Iglesia la ayuda a evitar el `ir y venir con cada viento doctrinal, por la astucia de los hombres'. La Iglesia en realidad es el `pilar y defensa de la verdad' (1 Ti 3:15). La fidelidad al magisterio de la Iglesia por lo tanto, evita que la conciencia moral se desvíe de la verdad sobre el bien del hombre."
(Agosto, 1983, audiencia general, L'Obsservatore Romano, Agosto. 22-29, 1983)

WB01441_.gif (243 bytes) 6. ¿Cómo afectará mi conciencia la indiferencia a la verdad?

"...el peregrinaje hacia una conciencia moral madura no puede ni siquiera comenzar, si el espíritu no esta libre de una enfermedad mortal muy difundida hoy en día: la indiferencia a la verdad... "Si un ser humano es indiferente a la verdad...ni siquiera pensará en el desarrollo de su conciencia y terminará tarde o temprano confundiendo la fidelidad a su conciencia con la adherencia a cualquier opinión personal de la mayoría". 
(Agosto. 1983, audiencia general, L'Obsservatore Romano, Agosto 22-29,1983)

WB01441_.gif (243 bytes) 7. ¿No es acaso suficiente seguir mi propia conciencia?

"No es suficiente, por lo tanto, decirle al hombre: `Sigue siempre tu conciencia'. Es necesario añadir inmediatamente y siempre: Pregúntate a ti mismo si tu  conciencia te está diciendo la verdad o algo falso, y busca incansablemente la verdad'. Si no hiciéramos esta clarificación necesaria, el hombre se arriesgaría a encontrar en su conciencia una fuerza que es destructora de su verdadera humanidad, en vez del lugar santo donde Dios le revela a el su verdadero bien".
(Agosto. 1983, audiencia general, L'Obsservatore Romano, Agosto 22-29,1983)

FALSA CONCIENCIA:  El juicio de la mente cuando decide erróneamente que algo es legal cuando en realidad es ilegal, o vice versa.  El error puede estar en los falsos principios usados o porque la mente fue obscurecida o confundida en su razonamiento.


WB01441_.gif (243 bytes) 8. ¿Qué pasa si mi conciencia está en conflicto con la enseñanza moral de la Iglesia?  ¿No estoy acaso obligado a seguir mi propia conciencia?
 
"Puesto que Cristo el Señor creo el Magisterio de la Iglesia para iluminar la conciencia, apelar a esa conciencia precisamente para rebatir la verdad de lo que enseña el Magisterio, implica un rechazo del concepto Católico tanto del Magisterio como de la conciencia moral"
(Nov. 1988, al Segundo Congreso Internacional sobre Teología Moral, L'Obsservatore Romano, Dic. 19-26, 1988)

WB01441_.gif (243 bytes) 9.  ¿No puedo acaso saber lo que es correcto simplemente leyendo la Biblia?
 
"Pero la tarea de interpretar auténticamente la Palabra de Dios, ya sea escrita o transmitida de unos a otros, ha sido asignada exclusivamente al oficio de enseñanza viviente de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el
nombre de Cristo Jesús."
(Constitución Dogmática sobre Revelación Divina)

WB01441_.gif (243 bytes) 10. ¿No es posible acaso ver la enseñanza de la iglesia en el campo de normas morales como simplemente una opinión entre otras?
 
"No se puede ver la intervención de la Iglesia en este campo como el equivalente de una opinión entre otras.... (porque) ella disfruta del carisma veritas certum (donde de la verdad certera)."
(Abril 1986, al Primer Congreso Internacional sobre Teología Moral, L'Obsservatore Romano, Abril 28, 1986)

WB01441_.gif (243 bytes) 11. ¿Puedo seguir a un teólogo que alega estar de acuerdo con la fe de la Iglesia aunque este en desacuerdo con el Magisterio de la Iglesia en lo que concierne a la moral?
 
"Apelar a una `fe de la Iglesia' para oponerse al Magisterio de la Iglesia sobre la moral, equivale a negar el concepto Católico de Revelación." 
(Abril 1986, al Primer Congreso Internacional sobre Teología Moral, L'Obsservatore Romano, Abril 28, 1986)

WB01441_.gif (243 bytes) 12. ¿Cuáles son algunas de las señales de que mi conciencia no tiene buena formación?
 
"No se puede decir que los fieles se hayan embarcado en una búsqueda diligente de la verdad, si ellos no toman en cuenta lo que el Magisterio enseña, o si al ponerlo al mismo nivel que cualquier otra fuente de conocimiento, uno se convierte en juez, o si ante la duda, uno sigue su propia opinión o aquella de los teólogos, prefiriéndolas a la enseñanza segura del Magisterio". 
(Nov. 1988, al Segundo Congreso Internacional sobre Teología Moral, L'Obsservatore Romano, Dic. 19-26, 1988)

WB01441_.gif (243 bytes) 13. ¿Es que no puedo acaso considerar que actúo de buena fe si vivo algunas de las enseñanzas morales de la Iglesia y no otras?
 
"Se reporta a veces que un gran numero de Católicos hoy en día no se adhieren a la enseñanza de la Iglesia sobre ciertos tópicos, notoriamente aquellos que conciernen a la moralidad conyugal y sexual, el divorcio y el segundo matrimonio. Se dice que algunos no aceptan la posición clara de la Iglesia sobre el aborto. Se ha notado que hay una tendencia por parte de algunos Católicos, a ser selectivos en su adherencia a las enseñanzas morales de la Iglesia.  Algunos han dicho que estar en desacuerdo con el Magisterio de la Iglesia es totalmente compatible con ser un `buen Católico' y no presenta obstáculo alguno en cuanto a recibir los sacramentos. Este es un grave error que desafía el oficio de enseñanza de los obispos de los Estados Unidos y de los demás lugares."
(Sept. 1987, discurso ante los Obispos Estadounidenses en Los Ángeles, L'Obsservatore Romano, Sept. 28, 1987)

WB01441_.gif (243 bytes) 14. ¡Pero las exigencias morales de la Iglesia parecen a veces muy difíciles de vivir!
 
"Debemos también recordar constantemente que la enseñanza de la Iglesia de Cristo, como Cristo mismo, es una señal de contradicción.' Nunca ha sido fácil aceptar la enseñanza del Evangelio en su totalidad, y nunca lo será. 
La Iglesia esta comprometida, tanto en la fe como en la moralidad, a hacer su enseñanza tan clara y comprensible como sea posible, presentándola en todo su atractivo de  verdad divina. Y sin embargo el desafío del Evangelio permanece inherente en el mensaje cristiano transmitido a cada generación."
(Sept. 1987, discurso ante los Obispos Estadounidenses en Los Ángeles, L'Obsservatore Romano, Sept. 28, 1987)

WB01441_.gif (243 bytes) 15. ¿No es cierto acaso que lo que enseña la Iglesia sobre la moralidad limita la libertad humana? 
 
"La verdad no limita la libertad. Al contrario, la libertad esta unida a la verdad"
(Oct.,1988, ad limina a los Obispos Estadounidenses de la de la región de Nueva York. L'Obsservatore Romano, Oct., 24 1988).


Editado por Madre Adela Galindo, fundadora SCTJM

1- If there is any truth brought home to us by conscience, it is this, that we are personally responsible for what we do, that we have no means of shifting our responsibility, and that dereliction of duty involves punishment."
Cardinal Newman


LA CONCIENCIA, LUZ DEL ALMA
Adaptado de la obra del Padre Francisco Carvajal

Jesús compara la función de la conciencia a la del ojo en nuestra vida.

Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo está iluminado; pero si tu ojo está enfermo, también tu cuerpo queda en tinieblas. Mira, pues, no sea que la luz que hay en ti sea tinieblas -Lc 11, 34-35.
Cuando el ojo está sano se ven las cosas tal como son, sin deformaciones. Un ojo enfermo no ve o deforma la realidad, engaña al propio sujeto, y la persona puede llegar a pensar que los sucesos y las personas son como ella los ve con sus ojos enfermos.

Cuando alguien sufre un error en los asuntos de la vida diaria, por haber hecho una falsa estimación de los datos, ocasiona perjuicio y molestias, que a veces pueden ser de escasa importancia. Cuando en el error se ve comprometida la vida eterna, la trascendencia no tiene límites.

La conciencia se puede deformar por no haber puesto los medios para alcanzar la ciencia debida acerca de la fe, o bien por una mala voluntad dominada por la soberbia, la sensualidad, la pereza... Cuando el Señor se queja de que los judíos no reciben su mensaje, afirma la voluntariedad de su decisión -no quieren creer Cf. Lc 13, 34; Jn 10, 38. y no pone la causa en una dificultad involuntaria: ésta es más bien consecuencia de su libre negativa: ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis sufrir mi doctrina -Jn 8, 43.

Las pasiones y la falta de sinceridad con uno mismo pueden llegar a cegar el entendimiento para justificar los malos hábitos que no se quieren abandonar. No hay entonces buena voluntad, el corazón se endurece y se adormece la conciencia, porque ya no señala la dirección verdadera, la que lleva a Dios; es como una brújula rota que desorienta a la propia persona, y frecuentemente a otras muchas. “El hombre que tiene el corazón endurecido y la conciencia deformada, aunque pueda tener la plenitud de las fuerzas y de las capacidades físicas, es un enfermo espiritual y es preciso hacer cualquier cosa para devolverle la salud del alma”   -JUAN PABLO II

La luz que hay en nosotros no brota de nuestro interior, de la propia subjetividad, sino de Jesucristo.
Yo soy -ha dicho Él- la luz del mundo; el que me sigue no anda en tinieblas -Jn 8, 12.

Su luz esclarece nuestras conciencias; más aún, nos puede convertir en luz que ilumine la vida de los demás: vosotros sois la luz del mundo -Mt 5, 14. Nos pone el Señor en el mundo a todos los cristianos para que señalemos con la luz de Cristo el camino a los demás. Lo haremos con nuestra palabra y, particularmente, a través de nuestro comportamiento en los deberes profesionales, familiares y sociales.

Debemos tener clara conciencia para aplicarla en todo ambiente. Si hemos cometido un error, pedir perdón, corregirlo, y reparar si hubiese lugar a ello.
Cada uno en su vocación:
-La madre de familia que tiene como tarea santificadora su hogar, deberá preguntarse en su oración si es ejemplar en sus deberes para con Dios, si vive la sobriedad, si domina su malhumor, si dedica el tiempo necesario a los hijos y a la casa...
-El empresario debe considerar con frecuencia si pone todos los medios necesarios para conocer la doctrina social de la Iglesia, y si se empeña en llevarla a la práctica en sus negocios, en el mundo de su empresa, si paga los salarios justos...

Todos debemos formar la conciencia
Doctrina (ciencia moral) y vida (ejercitar las virtudes) son realidades de una conciencia bien formada.
Cuando por ignorancia más o menos culpable se desconoce la doctrina o cuando, conociendo ésta, no se lleva a la práctica, se hace imposible llevar una vida cristiana y avanzar en el camino de la santidad.

Guía espiritual
En ocasiones, ante situaciones menos claras que se presentan en nuestra profesión deberemos considerarlas delante de Dios, y cuando sea necesario recabar el consejo oportuno de aquellas personas que pueden esclarecer nuestra conciencia, y luego llevar a la práctica las decisiones que hayamos tomado, con responsabilidad personal. Nadie nos puede sustituir ni podemos delegar esta responsabilidad.

En el examen general y particular de conciencia aprendemos a ser sinceros con nosotros mismos, llamando a nuestros errores, flaquezas y faltas de generosidad por su nombre, sin enmascararlos con falsas justificaciones o tópicos del ambiente. La conciencia que no quiere reconocer sus faltas deja al hombre a merced de su propio capricho.

Una meta clara
Para el caminante que verdaderamente desea llegar a su destino lo importante es tener claro el camino. Agradece las señales claras, aunque alguna vez indiquen un sendero un poco más estrecho y dificultoso, y huirá de los caminos que, aunque sean anchos y cómodos de andar, no conducen a ninguna parte... o llevan a un precipicio.
La Iglesia nos proporciona los medios, pero no nos exime del esfuerzo de aprovecharlos con responsabilidad.

En nuestra oración de hoy podemos preguntarnos:
¿Dedico a mi formación espiritual el tiempo necesario, o me dejo absorber con frecuencia por las demás cosas que llenan el día?
¿Tengo un plan de lecturas, visto en la dirección espiritual, que me ayude a progresar en mi formación espiritual de acuerdo con mi edad y cultura?
¿Soy fiel a las indicaciones del Magisterio de la Iglesia, sabiendo que en él encuentro la luz de la verdad ante opiniones contradictorias en materia de fe, de enseñanzas sociales, etcétera, con las que frecuentemente me encuentro?  ¿Procuro conocerlo y darlo a conocer? ¿Lo acato con docilidad y piedad?
¿Rectifico frecuentemente la intención ofreciendo las obras a Dios, teniendo en cuenta que los hombres tendemos a buscar el aplauso, la vanidad, la alabanza en lo que hacemos, y que por ahí entra muchas veces la deformación en la conciencia?
Necesitamos luz y claridad para nosotros y para quienes están a nuestro lado. Es muy grande nuestra responsabilidad. El cristiano está puesto por Dios como antorcha que ilumina a otros en su caminar hacia Dios. Debemos formarnos “de cara a esa avalancha de gente que se nos vendrá encima, con la pregunta precisa y exigente: -"bueno, ¿qué hay que hacer?"“ J. ESCRIVA DE BALAGUER, Surco, n. 221.

Los hijos, los parientes, los colegas, los amigos se fijan en nuestro comportamiento y hemos de llevarlos a Dios. Y para que el guía de ciegos no sea también ciego Cfr. Mt 15, 14 no basta saber como de oídas, por referencias; para llevar a nuestros parientes y amigos a Dios no basta un conocimiento vago y superficial del camino; es necesario andarlo... Esto es: tener trato con el Señor, ir conociendo cada vez con más profundidad su doctrina, tener una lucha concreta contra nuestros defectos. En una palabra: ir por delante en la lucha interior y en el ejemplo. Ser ejemplares en la profesión, en la familia... “Quien tiene la misión de decir cosas grandes -dice San Gregorio Magno-, está obligado igualmente a practicarlas” SAN GREGORIO MAGNO, Regla pastoral, 2, 3.. Y sólo si las practica será eficaz lo que diga.

Jesucristo, cuando quiso enseñar a los discípulos cómo habían de practicar el espíritu de servicio unos con otros, se ciñó él mismo una toalla y les lavó los pies Cfr. Jn 13, 15. Eso debemos hacer nosotros: dar a conocer a Cristo siendo ejemplares en los quehaceres diarios, convertir en vida la doctrina del Señor.

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