CONVERSION
(Etim. Del Latín clásico converto,
conversio, cambiar).
Conversión es la vuelta al Padre del que se había alejado por el pecado. También se
aplica a los que descubren y entran en la Iglesia Católica.
Ver también:
Testimonios de
Conversos
Sacramento de la
Penitencia |
vida de los santos
son importantes testimonios de conversión.
Convertíos con sinceridad,
san Francisco de
Paula
Convertirse a Cristo, hacerse cristiano quiere decir recibir
un corazón de carne, un corazón sensible a la pasión y al
sufrimiento de los demás. -Benedicto XVI. Viernes
Santo 2007
La conversión es cambio
de vida fruto de un encuentro con Jesucristo que nos lleva a ver la vida centrada en El y
ordenada en la moral. La conversión es una gracia de Dios otorgada por los méritos de la
redención de Cristo que murió en la cruz para reconciliarnos con el Padre. La
conversión es esencial para ser discípulos de Cristo y salvarnos.
Ya que todos somos pecadores, todos necesitamos continua conversión.
No lo dejes para mañana...
San Agustín
retaba a los paganos que retrasaban su conversión con
semejantes palabras: ‘Si ya lo has pensado, si ya lo tienes
decidido, ¿a qué esperar? Hoy es el día, ahora mismo; no dejes
para mañana lo que puedas hacer hoy’. Dejarlo para luego es
exponerse a dar marcha atrás; no todos los días estás decidido,
no a toda hora estás preparado para este paso’.
Pero no daban el paso, por temor a un cambio demasiado brusco;
y, al verlos indecisos y afirmando que lo harían cualquier día,
arremetía con una lógica de espada filosa: ‘Si ahora no te
animas, ¿por qué dices y crees que lo harás algún día? No estés
tan seguro, te costará más que hoy; quizás no tengas ya deseos
del cambio; las fuerzas contrarias volverán a la carga’. ¿Por
qué dices que alguna vez lo harás?, ¿tendrás oportunidad?,
¿seguirás con vida mañana?, ¿te dará Dios la gracia de la
conversión? Teme a Cristo que pasa y no vuelve.
Al demonio le encanta ilusionar a la gente y engañarla con la
conversión de mañana; a Dios le gustan las cosas hoy y ahora:
Hoy es el día de la conversión. “Hoy, si escucháis su voz, no
endurezcáis el corazón”.
Ver testimonio de
San Expedito
Conversión
Benedicto XVI, 21 Feb, 2007
la Cuaresma es una oportunidad para «volver a
ser» cristianos, a través de un proceso constante de
cambio interior y de avance en el conocimiento y en el amor de
Cristo. La conversión no tiene lugar nunca una vez para
siempre, sino que es un proceso, un camino interior de toda
nuestra vida. Ciertamente este itinerario de conversión
evangélica no puede limitarse a un período particular del año:
es un camino de todos los días, que tiene que abarcar toda la
existencia, cada día de nuestra vida.
Desde este punto de vista, para cada cristiano y para todas las
comunidades eclesiales, la Cuaresma es la estación espiritual
propicia para entrenarse con mayor tenacidad en la búsqueda de
Dios, abriendo el corazón a Cristo.
San Agustín dijo en una ocasión que nuestra vida es un ejercicio
único del deseo de acercarnos a Dios, de ser capaces de dejar
entrar a Dios en nuestro ser. «Toda la vida del cristiano
fervoroso –dice– es un santo deseo». Si esto es así, en Cuaresma
se nos invita aún más a arrancar «de nuestros deseos las raíces
de la vanidad» para educar el corazón en el deseo, es decir, en
el amor de Dios. «Dios –dice san Agustín– es todo lo que
deseamos» (Cf. «Tract. in Iohn.», 4). Y esperamos que realmente
comencemos a desear a Dios, y de este modo desear la verdadera
vida, el amor mismo y la verdad.
Es particularmente oportuna la exhortación de Jesús, referida
por el evangelista Marcos: «Convertíos y creed en la Buena
Nueva» (Cf. Marcos 1, 15). El deseo sincero de Dios nos lleva a
rechazar el mal y a realizar el bien. Esta conversión del
corazón es ante todo un don gratuito de Dios, que nos ha creado
para sí y en Jesucristo nos ha redimido: nuestra felicidad
consiste en permanecer en Él (Cf. Juan 15, 3). Por este motivo,
Él mismo previene con su gracia nuestro deseo y acompaña
nuestros esfuerzos de conversión.
Pero, ¿qué es en realidad convertirse?
Convertirse quiere
decir buscar a Dios, caminar con Dios, seguir dócilmente las
enseñanzas de su Hijo, Jesucristo; convertirse no es un esfuerzo
para realizarse uno mismo, porque el ser humano no es el
arquitecto del propio destino. Nosotros no nos hemos hecho a
nosotros mismos. Por ello, la autorrealización es una
contradicción y es demasiado poco para nosotros. Tenemos un
destino más alto. Podríamos decir que la conversión consiste
precisamente en no considerarse «creadores» de sí mismos,
descubriendo de este modo la verdad, porque no somos autores de
nosotros mismos.
Conversión consiste en aceptar libremente y con amor que
dependemos totalmente de Dios, nuestro verdadero Creador,
que dependemos del amor. Esto no es dependencia, sino libertad.
Convertirse significa, por tanto, no perseguir el éxito
personal, que es algo que pasa, sino, abandonando toda seguridad
humana, seguir con sencillez y confianza al Señor para que Jesús
se convierta para cada uno, como le gustaba decir a la beata
Teresa de Calcuta, en «mi todo en todo». Quien se deja
conquistar por él no tiene miedo de perder la propia vida,
porque en la Cruz Él nos amó y se entregó por nosotros. Y
precisamente, al perder por amor nuestra vida, la volvemos a
encontrar.
La conversión es la
respuesta más eficaz al mal
S.S. Benedicto XVI, 11 de Marzo
«Cristo invita a responder al mal ante todo con un serio examen
de conciencia y con el compromiso de purificar la propia vida»
«En definitiva: la conversión vence al mal en su raíz, que es el
pecado, aunque no siempre pueda evitar sus consecuencias».
«Hacer penitencia y corregir la propia conducta no es simple
moralismo, sino el camino más eficaz para mejorarnos tanto a
nosotros mismos como a la sociedad»
«es mejor encender una cerilla que maldecir la oscuridad».