2264 El amor a sí mismo constituye un principio fundamental de la moralidad. Es, por
tanto, legítimo hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es
culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe
mortal: Si para defenderse se ejerce una violencia mayor que la necesaria, se trataría de
una acción ilícita. Pero si se rechaza la violencia en forma mesurada, la acción sería
lícita... y no es necesario para la salvación que se omita este acto de protección
mesurada a fin de evitar matar al otro, pues es mayor la obligación que se tiene de velar
por la propia vida que por la de otro.
2265 La legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave, para
el que es responsable de la vida de otro, del bien común de la familia o de la sociedad.
2266 La preservación del bien común de la sociedad exige colocar al agresor en estado
de no poder causar perjuicio. Por este motivo la enseñanza tradicional de la Iglesia ha
reconocido el justo fundamento del derecho y deber de la legítima autoridad pública para
aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito, sin excluir, en casos de extrema
gravedad, el recurso a la pena de muerte. Por motivos análogos quienes poseen la
autoridad tienen el derecho de rechazar por medio de las armas a los agresores de la
sociedad que tienen a su cargo. Las penas tienen como primer efecto el de compensar
el desorden introducido por la falta. Cuando la pena es aceptada voluntariamente por el
culpable, tiene un valor de expiación. La pena tiene como efecto, además, preservar el
orden público y la seguridad de las personas. Finalmente, tiene también un valor
medicinal, puesto que debe, en la medida de lo posible, contribuir a la enmienda del
culpable.
2267 Si los medios incruentos bastan para defender las vidas humanas contra el agresor
y para proteger de él el orden público y la seguridad de las personas, en tal caso la
autoridad se limitará a emplear sólo esos medios, porque ellos corresponden mejor a las
condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona
humana.
Principios éticos de
toda operación armada
Cardenal Cormac Murphy O'Connor,
arzobispo de Westminster, 23 de
septiembre, 2001.
«Los instrumentos de gobierno y derecho internacional, y especialmente
las Naciones Unidas, deberían implicarse estrechamente en acordar la
respuesta adecuada a esta atrocidad (el ataque
terrorista del 11de sept), de manera que toda la comunidad
internacional no se divida».
«Desde un punto de vista cristiano, los recursos legales no deben
reducirse a la consideración de la represalia y el castigo. Deben
orientarse hacia los últimos fines de la justicia, la reconciliación y
la curación».
«A la luz de este principio, la acción militar debe ser el último
recurso, cuando todas las otras medidas políticas, legales y
diplomáticas han sido agotadas».
Tres principios que deben ser tenidos en cuenta
para justificar la guerra como último recursos.
1-«El primer principio es el de la
proporcionalidad. Este principio no tiene nada que ver con el "ojo
por ojo". Más bien se refiere a si la respuesta logra la efectiva
neutralización del mal o desencadena incluso males mayores. Es una
condición clave hoy a la luz del poder destructivo del moderno
armamento y el carácter elusivo de los grupos terroristas».
2-«El segundo principio se refiere a la
distinción entre los culpables y los inocentes. Los autores
inmediatos ya están muertos. La búsqueda
crucial y esencial ahora es la de las personas o grupos que planearon
y autorizaron los atentados y de otros grupos terroristas. Pero los
civiles inocentes no deben estar en el objetivo por las acciones de
gobiernos terroristas o despóticos».
3-«Un tercer principio consiste en analizar
si la acción militar logrará, de hecho, su propósito.
Una total y sostenida "guerra contra el terrorismo" corre el
peligro de una interminable escalada y perpetuación del conflicto, y
la multiplicación de los enemigos en las futuras generaciones».
En
referencia a las reacciones contra el terrorismo del 11 de septiembre:
«Es alentador el que muchos distinguidos líderes políticos y
comentaristas hayan advertido que las represalias contra gente
inocente son intolerables».
«Querría hacer un llamamiento a los cristianos a que permanezcan
fieles al gran mandamiento de amor a Dios y al prójimo».