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Etim: "El padre es excelso" o "El ama al padre"

La historia de Abraham se encuentra en el primer libro de la Biblia, el Libro del Génesis.

Patriarca arameo a quien Dios invita a salir de su tierra, familia y cultura (Gén 12). Su obediencia lo convierte en padre del pueblo hebreo y de los creyentes (Gén 12-16). El Génesis destaca su fidelidad cuando Dios le pide que sacrifique a su único hijo y él obedece a pesar de la dificultad de la orden que no comprende, por lo que la tradición lo llama "amigo de Dios" (Gén 22; Is 41, 8; Gàl 3, 6-29; St 2,23).

El patriarca es el modelo de una humanidad nueva, obediente, fiel a Dios y capaz de transmitir la bendición que Dios da a la humanidad, por lo que también se le llama "justo" (Gén 15, 6; Rom 4, 3; Gàl 3, 6; St 2, 23).

Es reconocido como padre por todas las religiones monoteístas: judíos, cristianos, musulmanes.

Vivía en la ciudad de Ur, cerca de los ríos Tigris y Eufrates, cuando Dios le pidió el sacrificio de alejarse de su tierra, que era muy fértil, y de su hermosa ciudad e irse a un país desconocido y desértico, lejos de familiares y amigos. Abraham aceptó este sacrificio, y Dios en pago le prometió que sus descendientes poseerían por siempre aquel país. Abraham deseaba tener un hijo que prolongara su familia, y Dios permitió que su esposa fuera estéril y que a la edad de 90 años Abraham todavía no lograra tener el hijo que tanto deseaba. Sin embargo Nuestro Señor le prometió que su descendencia sería tan numerosa como las arenas del mar y Abraham creyó a esta promesa de Dios, y esta fe le fue apreciada y recompensada.

Dios se le aparece en forma de viajero peregrino (acompañado de dos ángeles disfrazados también) y Abraham los atiende maravillosamente bien. Dios le promete que dentro de un año tendrá un hijo. Sara la esposa, que está oyendo detrás de una cortina, se ríe de esta promesa, porque le parece imposible ya que ellos dos son muy viejos. Dios manda que al niño le pongan por nombre "Isaac", que significa "el hijo de la sonrisa".

Y cuando el jovencito tiene 12 años, Dios pide a Abraham que vaya a un monte y le ofrezca el hijo en sacrificio. Abraham acepta esto que le cuesta muchísimo y cuando ya va a matar a Isaac, un ángel le detiene la mano y oye una voz del cielo que le dice: "He visto cuán grande es tu generosidad. Ahora te prometo que tu descendencia nunca se acabará en el mundo". Y luego ve un venado enredado entre unas matas de espinas y lo ofrece en sacrificio a Dios.

Abraham fue padre de Isaac, del cual nacieron Esaú y Jacob. Los hijos de Jacob se llaman los doce Patriarcas, de los cuales se formó el pueblo de Israel.

Dios le cambió el nombre de Abrán, que significa "padre", por el nombre de "Abraham", que significa: padre de muchos pueblos. La Biblia alaba a Abraham porque creyó contra toda esperanza y porque nunca dudó de que Dios sí cumple lo que promete, aunque parezca imposible.

+ El Catecismo de la Iglesia Católica se refiere al ejemplo de Abraham, como Padre de todos los creyentes en la primera parte, Primera sección, Capítulo III, La respuesta del hombre a Dios. (números 144-147)

I La obediencia de la fe

144 Obedecer (ob-audire) en la fe es someterse libremente a la palabra escuchada, porque su verdad está garantizada por Dios, la Verdad misma. De esta obediencia, Abraham es el modelo que nos propone la Sagrada Escritura. La Virgen María es la realización más perfecta de la misma. Abraham, «padre de todos los creyentes»

145 La carta a los Hebreos, en el gran elogio de la fe de los antepasados, insiste particularmente en la fe de Abraham: «Por la fe, Abraham obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba» (Hb 11,8; cf. Gn 12,1-4). Por la fe, vivió como extranjero y peregrino en la Tierra prometida (cf. Gn 23,4). Por la fe, a Sara se le otorgó el concebir al hijo de la promesa. Por la fe, finalmente, Abraham ofreció a su hijo único en sacrificio (cf. Hb 11,17).

146 Abraham realiza así la definición de la fe dada por la carta a los Hebreos: «La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven» (Hb 11,1). «Creyó Abraham en Dios y le fue reputado como justicia» (Rm 4,3; cf. Gn 15,6). Y por eso, fortalecido por su fe , Abraham fue hecho «padre de todos los creyentes» (Rm 4,11.18; cf. Gn 15, 5).

147 El Antiguo Testamento es rico en testimonios acerca de esta fe. La carta a los Hebreos proclama el elogio de la fe ejemplar por la que los antiguos «fueron alabados» (Hb 11, 2.39). Sin embargo, «Dios tenía ya dispuesto algo mejor»: la gracia de creer en su Hijo Jesús, «el que inicia y consuma la fe» (Hb 11,40; 12,2).

Los restos de Abraham se encuentran actualmente en la cueva de Macpela. En Hebrón es uno de los lugares más sagrados de la Tierra de Israel. Se trata del enterramiento que Abraham compró para su familia tras la muerte de Sara (Génesis. 23:8-17). Posteriormente, Isaac e Ismael enterraron allí también a Abraham (Génesis, 25:9), y más adelante fue el lugar donde reposaron los restos de todos los patriarcas.

El edificio que se eleva sobre la tumba es realmente sorprendente por sus dimensiones, su complejidad y su antigüedad. Lo rodean unas enormes murallas construidas por Herodes el Grande hace 2000 años, mientras que su interior combina la arquitectura medieval, la decoración árabe de siglos posteriores y las sinagogas fundadas tras el restablecimiento de la comunidad judía después de la Guerra de los Seis Días de 1967.

En un rincón de la sala más grande, donde aparecen marcadas las tumbas de Isaac y Rebeca en forma de casa, encontramos una cúpula sobre una pequeña abertura hacia la verdadera cueva de Macpela. Otra sala más pequeña contiene las sepulturas de Abraham y Sara, y al otro lado del claustro se encuentran las de Jacob y Lía.

Ver video de la tumba de los patriarcas>>>

 

 

 

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