Información recopilada por SCTJM

"Saltó de alegría el niño en su seno" (Lc 1, 41)

La alegría es uno de los frutos del Espíritu Santo. Aparece entre los numerados en el capítulo 5 de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas:

"Por el contrario, el fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia". (Gal 5, 22)

La palabra "alegría" aparece 269 veces en la Biblia. 206 veces en el Antiguo Testamento y 63 en el Nuevo Testamento. Todo el Evangelio es invitación a la alegría, es "Buena Noticia" Dios se hace uno de nosotros.

En la Anunciación-Encarnación, el ángel invita a María a vivir la alegría mesiánica: "Alégrate, llena de gracia..." (Lc 1, 28). María se llena de gozo en el Señor pues el Mesías nacerá de Ella por obra del Espíritu Santo. El cántico del Magníficat es una hermosa expresión de alegría humilde, limpia, transparente, profunda. María exulta de gozo "en Dios mi salvador porque ha hecho en mí grandes maravillas" (Lc 1, 47.49). Cuando María y José presentan al niño en el templo, tanto el anciano Simeón como Ana se gozan en el Espíritu ante la presencia del Reconciliador (Lc 2, 29-38).

La alegría es fruto de la presencia de Dios que llena el corazón de la persona por eso debe de ser una de las características de la vida del cristiano al saber que Dios no está lejos, sino cercano; que no es indiferente, sino compasivo; que no es ajeno, sino un Padre misericordioso que nos sigue con cariño en el respeto de nuestra libertad: este es motivo de una alegría profunda que las cambiantes vicisitudes cotidianas no pueden arañar. ¿Cómo no estar alegres si Dios es nuestro Padre y nos ama?!

La alegría plena y verdadera es para el cristiano la plena comunión con Cristo resucitado. El quiere esa comunión con nosotros. Si la queremos nosotros también con todo el corazón, seremos felices y estaremos alegres.

La alegría auténtica nadie nos la puede quitar. Es la alegría de los mártires y de todos los santos. Si vivimos en el Espíritu tenemos ya, anticipadamente, los primeros frutos de la felicidad del cielo, aun en medio de las tribulaciones. El cristiano tiene pruebas y sufrimientos en este mundo. Sufre también porque es solidario con el sufrimiento de otros. Pero ese dolor no puede quitarle el gozo profundo de saber que Cristo ha triunfado. Cristo venció el pecado y la muerte. Ha resucitado y nosotros resucitaremos con El. Para los que están en Cristo, las pruebas son purificación. Somos podados para después dar mas frutos. Dice Jesús:

Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. (Jn 15,2).
También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. (Jn 16, 22)

La promesa del Señor a los Apóstoles se cumplió. El libro de los Hechos de los apóstoles nos relata como la alegría era una de las características que llamaba poderosamente la atención a quienes vivían cerca de las primeras comunidades cristianas. La alegría era característica de sus celebraciones (Hech 2, 46)

Ellos marcharon de la presencia del Sanedrín contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el Nombre de Jesús..
( Hechos 5,41)
Queridos, no os extrañéis del fuego que ha prendido en medio de vosotros para probaros, como si os sucediera algo extraño, sino alegraos en la medida en que participáis en los sufrimientos de Cristo, para que también os alegréis alborozados en la revelación de su gloria. (I Pedro 4,12-13)

El cristiano no se alegra por tener poderes especiales que lo hagan superior a los demás. Se alegra mas bien de saberse miembro de la familia de Dios:

Pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos. (Lc 10:20)

Los bienes materiales, la salud y la fama no pueden hacernos felices. Muchos se alegran por un momento al recibir estas cosas porque creen que les hará felices. Pensemos en quién se saca la lotería. Pero pronto esa alegría se esfuma. Si no tienen a Dios en el centro de sus vidas pronto queda solo una atadura, una adicción a las mismas cosas en que pensábamos encontrar alegría. La alegría del encuentro con Dios, si perseveramos en la fe, durará para siempre. La tristeza nace del corazón vacío. La peor tristeza es estar lejos de Dios. Cada uno da lo que tiene, sea alegría o tristeza La alegría no es solo algo agradable de tener. Es necesaria para avanzar en la vida espiritual.

Dice Santo Tomás: “todo el que quiere progresar en la vida espiritual necesita tener alegría” -Comentario a la Carta a los Filipenses, 4, 1.

San Pablo vincula la alegría con la práctica del amor al prójimo y la oración:

Mirad que nadie devuelva a otro mal por mal, antes bien, procurad siempre el bien mutuo y el de todos. Estad siempre alegres. Orad constantemente. -I Tesalonicenses 5,15
Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. -Filipenses 4,4

Todos estamos llamados al apostolado, al anuncio del Evangelio en primera persona, según nuestras capacidades y posibilidades. Como ya hemos visto, el Evangelio es un mensaje de alegría. El mismo Señor Jesús es el Evangelio, la Noticia Feliz que colma nuestras existencias. Por ello nuestra acción apostólica debe estar informada por la alegría. Un anuncio apagado, triste, sin vida ni entusiasmo, desvirtúa la esencia del mensaje cristiano. Todo nuestro apostolado debe brotar de la alegría profunda que nace del corazón convertido y entregado al servicio del Señor y de su Plan de reconciliación.

San Pablo nos invita a ser apóstoles «a tiempo y a destiempo». De ahí que nuestra vida cotidiana también es ocasión de testimoniar la grandeza y plenitud de la vocación cristiana. Viviendo la alegría en todas las esferas de nuestra vida, nos convertimos en verdaderas antorchas vivas capaces de llevar la luz de la esperanza a un mundo enfermo y agonizante por falta de la verdadera luz.

Cuando María visita a Isabel, lo hace movida por el amor y el servicio. Un acto para Ella trabajoso como viajar para ayudar a su pariente encinta se convierte en un magnífico testimonio de alegría cristiana. Isabel experimenta de tal modo la alegría que ve en María y percibe la magnitud de la presencia de aquella que es portadora de Vida, que se ve impulsada por el Espíritu a llamarla «feliz», porque «ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor».

Citas bíblicas para meditar:

* Motivos de la alegría cristiana: Dt 16,14-15; Dt 26,11; 1Sam 2,1-2; Sal 5,12-13; Sal 16(15),7-11; Jer 15,16; Lc 2,10-11; Lc 10,20; Lc 15,6-7; Lc 15,32.

* La alegría es signo del cristiano: Sal 33(32),1; Hch 5,41; 1Tes 5,16-18.

* Dinámica del dolor-alegría: Jn 16,22; Rom 5,3-5; 2Cor 1,3-5; Col 1,24; 2Tim 1,11-12; Heb 10,32-36; Heb 12,1-4; Stgo 1,2-4; Stgo 1,12; 1Pe 1,6-7; 1Pe 3,13-14; 1Pe 4,12-14; Ap 7,14-17.

* Características de la alegría cristiana: Jn 16,22.

* María, modelo de alegría en el Señor: Zac 9,9; Lc 1,28; Lc 1,45-47.

Enlaces de interés:

* Exhortación Apostólica GAUDETE IN DOMINO de su Santidad Pablo VI sobre la alegría Crsitiana.

* Videos: La alegría del Papa (Juan pablo II)

 

 

Google
 

SCTJM
Regreso a la página principal
www.corazones.org


Esta página es obra de Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María
Copyright © 2013 SCTJM