Pelagio y pelagianismo
355-425

Padre Jordi Rivero

Pelagio es el iniciador del pelagianismo, una serie de herejías que surgieron en el siglo V.

Fue condenado en el Concilio de Cartago y Mileve, en 416, confirmado el año siguiente por el Papa Inocente I. Pelagio engañó al próximo papa, Zozimo, quien al principio lo exoneró, pero pronto (418) el papa se retractó.

Herejías de Pelagio:

1: Adán hubiese muerto aunque no hubiese pecado.

2: El pecado de Adán dañó solo a el. Sus descendientes solo recibieron mal ejemplo.

3: Los niños antes del bautismo están en la misma condición que estuvo Adán antes de la caida.

4: La humanidad no muere por el pecado de Adán ni resucita en el último día por la redención de Cristo.

5: El pecado de Adán solo le afectó a el y no a su descendencia. Por lo tanto los hijos de Adán nacen libre de culpa.

6: La ley del Antiguo Testamento ofrece la misma oportunidad de salvación que el Evangelio.


San Agustín (De peccat. orig., XXIV) testifica que Pelagio vivió en Roma “por largo tiempo”. Fue allí donde comenzó a propagar sus ideas, durante el reinado del papa Atanasio (399-401). Repudió la enseñanza de San Agustín sobre la necesidad de la gracia para permanecer casto, argumentando que ponía en peligro el libre albedrío.

El pelagianismo que mas tarde se desarrolló negó totalmente el orden sobrenatural y la necesidad de la gracia para la salvación. La salvación depende solo de las obras que siguen el ejemplo de Jesús.

Pelagio escribió en Roma varias obras: De fide Trinitatis libri III, ahora perdida, la cual fue elogiada por Gennadio como "indispensable materia de lectura para los estudiantes"; Eclogarum ex divinis Scripturis liber unus, que es la principal colección de pasajes de la Biblia basada en el Testimoniorum libri III de Cipriano y Commentarii in epistolas S. Pauli. En la última negó el estado primitivo del hombre en el paraíso y el pecado original; insistió en la naturalidad de la concupiscencia y la muerte del cuerpo, y vinculó la existencia y universalidad actual del pecado al mal ejemplo dado por Adán al cometer el primer pecado.

Pelagio interpretaba la Biblia basándose en ideas principalmente en la filosofía estóica y otras antiguas filosofías paganas. Consideró que la fuerza moral de la voluntad humana (liberum arbitrium), cuando está fortalecida por el ascetismo, es suficiente en sí misma para desear y conseguir la virtud. Por lo tanto, consideró que el valor de la redención de Cristo está limitado principalmente a la formación (doctrina) y al ejemplo (exemplum), que servían de contrapeso frente al mal ejemplo de Adán. Por lo tanto, la naturaleza, según Pelagio, es capaz de someter el pecado y ganar la vida eterna sin la ayuda de la gracia. Según Pelagio, somos lavados de nuestros pecados por justificación mediante la sola fe, pero este perdón (gratia remissionis) no implica una renovación interior del alma.

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