Visión Beatífica

(Etim.: Latín: "beatificus", que imparte gran felicidad)
Padre Jordi Rivero

El conocimiento inmediato de Dios que gozan en el cielo los espíritus angélicos y las almas de los justos. Es visión intuitiva, cara a cara, de la divina esencia, sin mediación de criatura, de modo inmediato y desnudo, clara y patentemente.


Los ángeles en el cielo poseen la visión beatífica.

 

Dios creó a Adán y Eva inmaculados para que fueran padres santos de una descendencia santa; para que ellos y su descendencia gozaran eternamente de la visión beatífica de Dios. Adán y Eva gozaban de la visión beatífica en el jardín, pero la perdieron al caer en pecado [Gen. 3:13].  Jesús gozó siempre de la visión beatífica en su naturaleza humana aun cuando estaba en su vida mortal en la tierra.  Por los méritos de Cristo, los que van al cielo reciben el don de la Visión Beatífica. Esta comienza en el momento que el alma entra en el cielo, aun antes del juicio final, y continúa hasta la eternidad.  

 

Se le llama "visión" por analogía con la visión natural, para distinguir este conocimiento de Dios del que la mente humana puede adquirir en la tierra. 

 

Se llama "beatífica" porque por esta visión los que están en el cielo son bienaventurados y participan de la felicidad de Dios. Al contemplar a Dios cara a cara, la inteligencia creada encuentra la felicidad perfecta.  

De la visión beatífica de Dios y de los novísimos 
[De la Constitución Benedictus Deus, 29 de enero de 1336]

 D-530 Por esta constitución que ha de valer para siempre, por autoridad apostólica definimos que, según la común ordenación de Dios, las almas de todos los santos que salieron de este mundo antes de la pasión de nuestro Señor Jesucristo, así como las de los santos Apóstoles, mártires, confesores, vírgenes, y de los otros fieles muertos después de recibir el bautismo de Cristo, en los que no había nada que purgar al salir de este mundos ni habrá cuando salgan igualmente en lo futuro, o si entonces lo hubo o habrá luego algo purgable en ellos, cuando después de su muerte se hubieren purgado; y que las almas de los niños renacidos por el mismo bautismo de Cristo o de los que han de ser bautizados, cuando hubieren sido bautizados, que mueren antes del uso del libre albedrío, inmediatamente después de su muerte o de la dicha purgación los que necesitaron de ella, aun antes de la reasunción de sus cuerpos y del juicio universal, después de la ascensión del Salvador Señor nuestro Jesucristo al cielo, estuvieron, están y estarán en el cielo, en el reino de los cielos y paraíso celeste con Cristo, agregadas a la compañía de los santos Ángeles, y después de la muerte y pasión de nuestro Señor Jesucristo vieron y ven la divina esencia con visión intuitiva y también cara a cara, sin mediación de criatura alguna que tenga razón de objeto visto, sino por mostrárselas la divina esencia de modo inmediato y desnudo, clara y patentemente, y que viéndola así gozan de la misma divina esencia y que, por tal visión y fruición, las almas de los que salieron de este mundo son verdaderamente bienaventuradas y tienen vida y descanso eterno, y también las de aquellos que después saldrán de este mundo, verán la misma divina esencia y gozarán de ella antes del juicio universal; y que esta visión de la divina esencia y la fruición de ella suprime en ellos los actos de fe y esperanza, en cuanto la fe y la esperanza son propias virtudes teológicas; y que una vez hubiere sido o será iniciada esta visión intuitiva y cara a cara y la fruición en ellos, la misma visión y fruición es continua sin intermisión alguna de dicha visión y fruición, y se continuará hasta el juicio final y desde entonces hasta la eternidad.

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