
Incompatibilidad no es razón
«si los americanos pueden divorciarse por
incompatibilidad de caracteres no puedo concebir por qué no se
divorcian todos. He conocido muchos matrimonios felices, pero
nunca a uno compatible. Pues un hombre y una mujer, como tales,
son incompatibles» -Chesterton
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Divorcio
Etim. Latín,divortium; de
divertere, separar, echar a un lado
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Definición de
divorcio
| Divorcio en el Catecismo
Benedicto
XVI sobre los divorciados vueltos a casar
Juan Pablo II a los divorciados
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Recepción de la
Eucaristía por los divorciados y vueltos a casar
Divorciados y casados de nuevo, en Familiaris Consortio
-enseña las normas vigentes.
Para los hijos de divorciados -YouTube
Matrimonio
Program to avoid a divorce
Divorcio es la separación legal de los esposos. La mayoría de los países permiten el
divorcio civil y lo regulan en algún grado por medio de la ley civil.
Muchas iglesias cristianas interpretan el divorcio civil como el fin del matrimonio y
permiten un segundo matrimonio. La Iglesia Católica no acepta que el divorcio civil
nulifique el matrimonio. No puede disolver los vínculos matrimoniales ya que estos
proceden de Dios. "Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre".
La Iglesia reconoce que en algunas circunstancias muy graves es necesaria la
separación y la protección de quién corra peligro de ser maltratado. No por ello se
disuelven los vínculos matrimoniales.
La Iglesia puede conceder la
nulidad
matrimonial cuando el matrimonio, desde el principio, careció de un elemento
esencial para su validez. Si el matrimonio ha sido anulado ambos pueden quedar libres para
casarse. El Tribunal puede, sin embargo, establecer condiciones o negar el
matrimonio eclesiástico si considera que existen impedimentos para ello.
El
Catecismo
presenta el divorcio entre las ofensas contra la dignidad del Matrimonio, en
la sección del Sexto
Mandamiento:
2382 El Señor Jesús insiste en la intención original del Creador que
quería un matrimonio indisoluble,[128] y deroga la tolerancia que se había introducido
en la ley antigua.[129] 1614
Entre bautizados católicos, "el matrimonio rato y consumado no puede ser disuelto
por ningún poder humano ni por ninguna causa fuera de la muerte".[130]
2383 La separación de los esposos con permanencia del vínculo 1649 matrimonial puede
ser legítima en ciertos casos previstos por el Derecho Canónico.[131]
Si el divorcio civil representa la única manera posible de asegurar ciertos derechos
legítimos, el cuidado de los hijos o la defensa del patrimonio, puede ser tolerado sin
constituir una falta moral.
2384 El divorcio es una ofensa grave a la ley natural. Pretende romper 1650 el
contrato, aceptado libremente por los esposos, de vivir juntos hasta la muerte. El
divorcio atenta contra la Alianza de salvación de la cual el matrimonio sacramental es un
signo. El hecho de contraer una nueva unión, aunque reconocida por la ley civil, aumenta
la gravedad de la ruptura: el cónyuge casado de nuevo se halla entonces en situación de
adulterio público y permanente:
Si el marido, tras haberse separado de su mujer, se une a otra mujer, es adúltero,
porque hace cometer un adulterio a esta mujer; y la mujer que habita con él es adúltera,
porque ha atraído a sí al marido de otra.[132]
2385 El divorcio adquiere también su carácter inmoral a causa del desorden que
introduce en la célula familiar y en la sociedad. Este desorden entraña daños graves:
para el cónyuge, que se ve abandonado; para los hijos, traumatizados por la separación
de los padres, y a menudo viviendo en tensión a causa de sus padres; por su efecto
contagioso, que hace de él una verdadera plaga social.
2386 Puede ocurrir que uno de los cónyuges sea la víctima inocente del divorcio
dictado en conformidad con la ley civil; entonces no contradice el precepto moral. Existe
una diferencia considerable entre el cónyuge que se ha esforzado con sinceridad por ser
fiel al sacramento del Matrimonio y se ve injustamente abandonado y el que, por una falta
grave de su parte, 1640 destruye un matrimonio canónicamente válido.[133]
La
Iglesia debe acoger con amor a los divorciados vueltos a casar
y ayudarles a vivir el
sufrimiento provocado por no acceder a la comunión
Benedicto XVI, 25 Julio, 2005
Sabemos
todos que éste es un problema particularmente doloroso para las personas que
viven en situaciones en las que son excluidas de la comunión eucarística y
naturalmente para los sacerdotes que quieren ayudar a estas personas a amar
a la Iglesia, a querer a Cristo. Esto plantea un problema.
Ninguno de nosotros tiene una receta, en parte porque las situaciones son
siempre diferentes. Diría que es particularmente dolorosa la situación de
los que se casaron por la Iglesia, pero no eran realmente creyentes y lo
hicieron por tradición, y luego, encontrándose en una nueva boda no válida
se convierten, encuentran la fe y se sienten excluidos por el sacramento.
Éste realmente es un sufrimiento grande y cuando era prefecto de la
Congregación para la Doctrina de la Fe invité a muchas Conferencias
episcopales y especialistas a estudiar este problema: un sacramento
celebrado sin fe. No me atrevo a decir si realmente se pueda encontrar aquí
un motivo de invalidez porque en el sacramento faltó una dimensión
fundamental. Personalmente yo lo pensé, pero con las discusiones que hemos
tenido he comprendido que el problema es muy difícil y que tiene que todavía
hay que profundizar en él. Ahora bien, dada la situación de sufrimiento de
estas personas, es necesario profundizar en ello.
No me atrevo a dar ahora una respuesta, en cualquier caso me parecen muy
importantes dos aspectos. El primero: aunque no puedan recibir la comunión
sacramental no están excluidos del amor de la Iglesia y del amor de Cristo.
Una Eucaristía sin la comunión sacramental inmediata ciertamente no es
completa, falta algo esencial. Sin embargo también es verdad que participar
en la Eucaristía sin comunión eucarística no es igual a nada, implica estar
siempre implicados en el misterio de la Cruz y de la resurrección de Cristo.
Siempre es participación en el gran sacramento en su dimensión espiritual y
pneumática; también en su dimensión eclesial, aunque no estrictamente
sacramental.
Y puesto que es el Sacramento de la Pasión de Cristo, el Cristo doliente
abraza de modo particular a estas personas y se comunica con ellas de otro
modo, pueden sentirse así abrazadas por el Señor crucificado que cae a
tierra y muere y sufre por ellos, con ellos.
Hace falta, pues, dar a entender que aunque desafortunadamente falta una
dimensión fundamental, no están excluidos del gran misterio de la
Eucaristía, del amor de Cristo aquí presente. Esto me parece importante,
como es importante que el párroco y la comunidad parroquial hagan
experimentar a estas personas que, por una parte, tenemos que respetar el
carácter indivisible del sacramento y, por otra parte, que queremos a estas
personas que también sufren por nosotros. Y tenemos que sufrir con ellos,
porque dan un testimonio importante, porque sabemos que en el momento en que
se cede por amor se comete una falta contra el mismo sacramento y entonces
la indisolubilidad aparece cada vez menos verdadera.
Conocemos no sólo el problema de las comunidades protestantes sino también
de las Iglesias ortodoxas que son presentadas a menudo como modelo en el
cual se tiene la posibilidad de volverse a casar. Pero sólo la primera boda
es sacramental: también ellos reconocen que los otros no son sacramento, son
matrimonios en modo reducido, redimensionados en una situación penitencial:
en cierto sentido pueden ir a la comunión pero sabiendo que ésta es
concedida «en economía» --como dicen-- por un acto de misericordia que, sin
embargo, no quita el hecho de que su boda no es un sacramento.
Otro punto que afecta a las Iglesias orientales sobre estos matrimonios es
que han concedido la posibilidad de divorcio con gran ligereza y, por lo
tanto, el principio de la indisolubilidad, verdadera sacramentalidad del
matrimonio, queda gravemente herido.
Por una parte, pues, están el bien de la comunidad y el bien del sacramento
que tenemos que respetar y por la otra el sufrimiento de las personas a las
que tenemos que ayudar.
El segundo punto que tenemos que enseñar y también hacer creíble para
nuestra misma vida es que el sufrimiento, forma parte necesariamente de
nuestra vida en muchas formas. Y éste es un sufrimiento noble, diría yo. De
nuevo hace falta hacer entender que el placer no lo es todo.
El cristianismo nos da alegría, como el amor da alegría. Pero el amor
también es siempre renuncia a sí mismo. El mismo Dios nos ha dado la fórmula
de qué es amor: quien se pierde a sí mismo se encuentra; quien asegura su
vida se pierde.
Siempre es un éxodo y por lo tanto también un sufrimiento. El gozo verdadero
es una cosa diferente del placer, la alegría crece, madura siempre con el
sufrimiento en comunión con la Cruz de Cristo. Sólo aquí nace el gozo
verdadero de la fe, de la que tampoco están excluidos si aprenden a aceptar
su sufrimiento en comunión con el de Cristo.
Edición diaria de «L’Osservatore Romano» en italiano, traducida por Zenit.
Juan Pablo II se
manifiesta cercano a los divorciados
20-I-2003
Los divorciados,
al igual que todo bautizado, están llamados a participar en la vida
cristiana, respetando las reglas de la Iglesia.
"Deseo repetir mi proximidad espiritual a todas las
personas separadas, divorciadas y divorciadas casadas de nuevo, que como
bautizadas, están llamadas, en el respeto de las reglas de la Iglesia, a
participar en la vida cristiana".
El
papar hizo un repaso de
la exhortación apostólica postsinodal
«Familiaris consortio».
Ver # 84.
La exhortación pide que "la
Iglesia rece por ellos, los anime, se presente como madre misericordiosa y
así los sostenga en la fe y en la esperanza".
Reafirmó además «la
praxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se
casan otra vez". "Si se
admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a
error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la
indisolubilidad del matrimonio"
"La reconciliación en el sacramento de la penitencia
--que les abriría el camino al sacramento eucarístico-- puede darse
únicamente a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la Alianza y
de la fidelidad a Cristo, están sinceramente dispuestos a una forma de vida
que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio",
sigue diciendo el documento.
"Esto lleva consigo concretamente que cuando el
hombre y la mujer, por motivos serios, --como, por ejemplo, la educación de
los hijos-- no pueden cumplir la obligación de la separación, asumen el
compromiso de vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos
propios de los esposos",
Familiaris Consortio prohíbe "efectuar ceremonias de
cualquier tipo para los divorciados que vuelven a casarse"... pues
estas celebraciones... "podrían dar la impresión de que se celebran nuevas
nupcias sacramentalmente válidas y como consecuencia inducirían a error
sobre la indisolubilidad del matrimonio válidamente contraído".


DE NUESTRO
CORREO
MI ESPOSO
SE QUIERE DIVORCIAR
No se que hacer para preservar mi matrimonio. Mi esposo quiere el
divorcio. Yo estoy dispuesta a hacer todo por enmendar mis errores. El
sacerdote de mi parroquia me dice que le niegue el divorcio.
RESPUESTA
Vuestro matrimonio fue unido para siempre por Dios cuando ustedes se
entregaron el uno al otro con juramento de amor y fidelidad. Usted hace
bien en desear corregir cualquier falta suya que pueda afectar el
matrimonio. Si hay entre ustedes separación que no haya sido por falta
suya. Creo que el consejo de su sacerdote es correcto. Usted no acepte
el divorcio a no ser que sea necesario para prevenir una grave
injusticia. Ej. amenaza de violencia. No escuche consejos que parecen
bien intencionados pero reflejan la mentalidad popular. Lamentablemente
esta se ha metido en muchos católicos.
Recuerde que el divorcio es un decreto civil que regula la separación de
cuerpos y bienes PERO no disuelve el vínculo matrimonial ante Dios.
Tampoco la Iglesia puede separar lo que Dios ha unido. Ver "anulación".
Usted está
sufriendo una gran cruz. JESUS NO LE FALTARA. Una su cruz a la de EL.
Entréguele todo a Jesús pase lo que pase. Es muy importante que se una a
la Iglesia, que participe en un apostolado donde se
forme en la fe, tenga una vida orientada al servicio y al mismo tiempo
tenga apoyo. Cuide que esta participación no desplace la convivencia con
su esposo sino que le ayude a llevarlo virtuosamente. De esta manera
usted descubrirá el TESORO MAS VALIOSO. Jesús reinará en su vida
y tendrá paz a pesar de todo.
Ore mucho
por su esposo.
P. Jordi Rivero

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