EL PROYECTO GENOMA HUMANO, Dramáticos interrogantes
El Papa alerta ante el peligro de que se convierta en instrumento de purificación de la raza

«Siento el deber de expresar aquí mi preocupación por la instauración de un clima cultural que favorece la deriva del diagnóstico prenatal y que lo conduce hacia una dirección que deja de ser la terapéutica, orientada a promover una mejor acogida de la vida del que va a nacer, para convertirse en una auténtica discriminación contra quienes no resultan sanos en el examen prenatal». Juan Pablo II

CIUDAD DEL VATICANO, 24 feb. 98 (ZENIT).- La ciencia está comenzando a explorar un mundo hasta ahora desconocido que podría cambiar para siempre el futuro de la humanidad. El proyecto genoma humano, que pretende hacer el mapa de los genes humanos, podría evitar muchas de las enfermedades hereditarias o convertirse en un instrumento de selección eugenésica más eficaz que los programas nazis de purificación de la raza.

 Para analizar los interrogantes éticos que plantea este programa internacional científico que surgió en Estados Unidos en 1990, la Academia Pontificia para la Vida ha decidido consagrar su IV Asamblea General, que se celebra del 23 al 25 de febrero, al tema «Genoma humano: personalidad humana y sociedad del futuro».

 Juan Pablo II ha querido intervenir en las sesiones de trabajo de los académicos para ilustrar la posición de la Iglesia sobre el proyecto de investigación más ambicioso que está realizando la humanidad en estos momentos. «En el maravilloso recorrido que la mente humana realiza para conocer el universo --reconoció el Santo Padre-- la etapa que se registra en estos años en el ámbito de la genética es particularmente sugestiva, pues está llevando al hombre a descubrir los secretos más íntimos de su corporeidad». En este sentido, aseguró, «el genoma humano es como el último continente que ahora es explorado».

 La Iglesia estimula la investigación científica

 El Papa no se muestra contrario a estos progresos científicos, al contrario, considera que «estas conquistas revelan cada vez más la grandeza del Creador, pues permiten al hombre constatar el orden presente en la creación y apreciar las maravillas de su cuerpo, además de su inteligencia».

 Sin embargo, la Iglesia advierte ante la gran tentación: «En la época moderna, existe la tendencia a buscar el saber no tanto para admirar y contemplar, sino más bien para aumentar el poder sobre las cosas. Saber y poder se entrelazan cada vez más en una lógica que puede convertirse en una prisión para el mismo hombre». Las consecuencias de esta mentalidad podrían ser dramáticas: «En el caso del conocimiento del genoma humano, esta lógica podría llevar a intervenir sobre la estructura interna de la vida del hombre con la perspectiva de someter, seleccionar y manipular el cuerpo y, en definitiva, a la persona y a las generaciones futuras».

 Como consecuencia de estas premisas, el pontífice concluye: «Por tanto, no es lícito realizar intervenciones sobre el genoma que no estén orientadas al bien de la persona, entendida como unidad de cuerpo y de espíritu. Al mismo tiempo, tampoco es lícito discriminar a los sujetos humanos basándose en eventuales defectos genéticos descubiertos antes o después del nacimiento».

 Las nuevas técnicas eugenésicas

 En esta última frase, el obispo de Roma puso el dedo en la llaga. Los grandes descubrimientos genéticos, en su aplicación médica concreta, están sirviendo por el momento para descubrir enfermedades de los niños que todavía no han nacido. Dado que la posibilidad de intervención es todavía muy reducida para evitar estas enfermedades, el aborto se convierte en la única solución.

 Las palabras del Papa estaban preñadas de carga emotiva: «Siento el deber de expresar aquí mi preocupación por la instauración de un clima cultural que favorece la deriva del diagnóstico prenatal y que lo conduce hacia una dirección que deja de ser la terapéutica, orientada a promover una mejor acogida de la vida del que va a nacer, para convertirse en una auténtica discriminación contra quienes no resultan sanos en el examen prenatal».

 El Santo Padre es consciente de las dificultades que presenta la situación actual, pues la escasez de posibilidades para intervenir sobre el feto y evitar enfermedades graves plantea «graves problemas éticos a las familias, que tienen necesidad de ser apoyadas en la acogida de la vida que nace incluso cuando experimenta algún defecto o deformación».

 Nos encontramos, según Juan Pablo II, ante un nuevo sistema de purificación de la raza «que provoca la supresión de embriones y fetos que experimentan cualquier tipo de enfermedad». Quienes toman estas decisiones alegan que es mejor acabar con una vida que no goza de todos los estándares de salud. La Iglesia, por el contrario, afirma que la dignidad y el carácter sagrado del hombre no dependen de su salud: un niño con síndrome de Down o ciego tiene tanto derecho a vivir como el bebé más sano.

 El derecho humano más elemental

 Por este motivo, el sucesor de Pedro pide que la Convención y las Declaraciones Internacionales sobre la tutela del genoma humano que está terminando de redactar en estos momentos la UNESCO tutelen a todos los seres humanos, desde el primer momento de la concepción, sin discriminaciones debidas «a las imperfecciones genéticas o a los defectos físicos que afectan a los diferentes períodos del desarrollo del ser humano». En este año, en que la ONU celebra los cincuenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Santa Sede pedirá que se refuercen «los baluartes jurídicos ante las inmensas posibilidades de diagnostico discutidas por el proyecto de realización del mapa del genoma humano».

 Por último, el Papa pidió que «las organizaciones científicas internacionales garanticen que las deseadas ventajas de la investigación genética sean puestas a disposición de los países en vías de desarrollo». De lo contrario, la brecha entre los países ricos y los países pobres se hará tremendamente más profunda, pues buena parte de la humanidad quedaría excluida de uno de los avances médicos más importantes de la historia.

 ZE980224-1 Zenit

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