
INTERNET
Presentamos 3 documentos:
ÉTICA EN INTERNET
IGLESIA E INTERNET
El Papa sobre el Internet y la evangelización
Enero 2002
Pontificio
Consejo para las Comunicaciones Sociales
ÉTICA EN INTERNET
I. Introducción
II. Sobre Internet
III. Algunas cuestiones preocupantes
IV. Recomendaciones y conclusión
INTRODUCCIÓN
1. « El cambio que hoy se ha producido en las comunicaciones supone,
más que una simple revolución técnica, la completa transformación de
aquello a través de lo cual la humanidad capta el mundo que le rodea y
que la percepción verifica y expresa. El constante ofrecimiento de
imágenes e ideas así como su rápida transmisión, realizada de un
continente a otro, tienen consecuencias, positivas y negativas al
mismo tiempo, sobre el desarrollo psicológico, moral y social de las
personas, la estructura y el funcionamiento de las sociedades, el
intercambio de una cultura con otra, la percepción y la transmisión de
los valores, las ideas del mundo, las ideologías y las convicciones
religiosas ».1
La verdad de estas palabras ha llegado a ser cada vez más evidente
durante la última década. No se requiere ahora un gran esfuerzo de
imaginación para concebir la tierra como un globo interconectado en el
que bullen las transmisiones electrónicas, un planeta que se
intercomunica cobijado en el silencio del espacio. La cuestión ética
consiste en saber si esto está contribuyendo al auténtico desarrollo
humano y ayudando a las personas y a los pueblos a ser fieles a su
destino trascendente.
Y, desde luego, en muchos aspectos la respuesta es « sí ». Los nuevos
medios de comunicación son poderosos instrumentos para la educación y
el enriquecimiento cultural, para la actividad comercial y la
participación política, para el diálogo y la comprensión
intercultural; y, como subrayamos en el documento adjunto a éste,2
también sirven a la causa de la religión. A pesar de ello, esta
medalla tiene su reverso: los medios de comunicación, que pueden
usarse para el bien de las personas y las comunidades, también pueden
usarse para explotarlas, manipularlas, dominarlas y corromperlas.
2. Internet es el último y, en muchos aspectos, el más poderoso de una
serie de medios de comunicación —telégrafo, teléfono, radio y
televisión— que durante el último siglo y medio ha eliminado
progresivamente el tiempo y el espacio como obstáculos para la
comunicación entre un gran número de personas.
Tiene enormes consecuencias para las personas, para las
naciones y para el mundo.
En este documento deseamos exponer el punto de vista católico sobre
Internet, como un punto de partida para la participación de la Iglesia
en el diálogo con otros sectores de la sociedad, especialmente otros
grupos religiosos, con respecto al desarrollo y al uso de este
admirable instrumento tecnológico. Actualmente hay muchas iniciativas
buenas en Internet, con la promesa de otras muchas más, pero también
se puede hacer mucho mal con su uso incorrecto. Que el uso sea
correcto o incorrecto depende en gran medida de la elección. Para
realizar esta elección, la Iglesia aporta dos elementos de gran
importancia: su compromiso en favor de la dignidad de la persona
humana y su larga tradición de sabiduría moral.3
3. Como sucede con otros medios de comunicación, la persona y la
comunidad de personas son el centro de la valoración ética de
Internet. Con respecto al mensaje comunicado, al proceso de
comunicación y a las cuestiones estructurales y sistemáticas de la
comunicación, « el principio ético fundamental es el siguiente: la
persona humana y la comunidad humana son el fin y la medida del uso de
los medios de comunicación social; la comunicación debería realizarse
de persona a persona, con vistas al desarrollo integral de las mismas
».4
El bien común —« el conjunto de aquellas condiciones de la vida social
que permiten a los grupos y cada uno de sus miembros conseguir más
plena y fácilmente su propia perfección » 5— proporciona un segundo
principio básico para la valoración ética de las comunicaciones
sociales.Se ha de comprender en su totalidad, como un conjunto de las
metas plausibles, por las que los miembros de una comunidad se
comprometen juntos, y para cuya realización y sostén la comunidad
existe. El bien de las personas depende del bien común de sus
comunidades.
La virtud que dispone a la gente a proteger y promover el bien común
es la solidaridad. No se trata de un sentimiento « superficial por los
males de tantas personas », sino de « una determinación firme y
perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de
todos y cada uno, porque todos somos verdaderamente responsables de
todos ».6 Especialmente hoy, la solidaridad tiene una clara y fuerte
dimensión internacional; es correcto hablar del bien común
internacional, y es obligatorio trabajar por él.
4. El bien común internacional, la virtud de la solidaridad, la
revolución en los medios de comunicación social, la tecnología de la
información e Internet son importantes para el proceso de
globalización.
En gran parte, las nuevas tecnologías conducen y sostienen la
globalización, creando una situación en la que « el comercio y las
comunicaciones ya no están limitados por las fronteras ».7 Esto tiene
consecuencias muy importantes.La globalización puede acrecentar la
riqueza y fomentar el desarrollo; ofrece ventajas como la « eficiencia
y el incremento de la producción, (...) la unidad de los pueblos, y un
mejor servicio a la familia humana ».8 Pero hasta ahora estos
beneficios no se han distribuido equitativamente. Algunas personas,
empresas comerciales y países han incrementado enormemente su riqueza,
mientras que otros se han quedado rezagados.
Naciones enteras ya han sido excluidas de este proceso y se les ha
negado un lugar en el nuevo mundo que se está formando. « La
globalización, que ha transformado profundamente los sistemas
económicos, creando posibilidades de crecimiento inesperadas, ha hecho
también que muchos se hayan quedado al borde del camino: el desempleo
en los países más desarrollados y la miseria en gran parte de los
países del hemisferio sur siguen manteniendo a millones de mujeres y
hombres al margen del progreso y del bienestar ».9
No está claro que incluso las sociedades que han entrado en el proceso
de globalización lo hayan hecho por una elección plenamente libre e
informada. En realidad, « muchas personas, especialmente las más
pobres, la viven como una imposición, más que como un proceso en el
que pueden participar activamente ».10
En muchas partes del mundo, la globalización está produciendo un
rápido y amplio cambio social. No es unicamente un proceso económico,
sino cultural, con aspectos positivos y negativos a la vez.« Los que
están sometidos a él, a menudo ven la globalización como un torrente
destructor que amenaza las normas sociales que los han protegido y los
puntos de referencia culturales que les han dado una orientación en la
vida. (...) Los cambios en la tecnología y en las relaciones laborales
se están produciendo demasiado rápidamente para que las culturas
puedan responder ».11
5. Una de las principales consecuencias del desconcierto de los
últimos años ha sido que el poder ha pasado de los estados nacionales
a las corporaciones transnacionales. Es importante impulsar y ayudar a
estas corporaciones a usar su poder para el bien de la humanidad; y
éste supone la necesidad de mayor comunicación y diálogo entre ellas y
los organismos implicados, como la Iglesia.
Un compromiso decidido de practicar la solidaridad al servicio del
bien común, dentro de las naciones y entre ellas, debería informar y
guiar nuestro uso de la nueva tecnología de la información y de
Internet. Esta tecnología puede ser un medio
para resolver problemas humanos, promover el desarrollo integral de
las personas y crear un mundo regido por la justicia, la paz y el
amor. En la actualidad, mucho más que cuando
la instrucción pastoral sobre las comunicaciones sociales Communio et
progressio lo señaló hace más de treinta años, los medios de
comunicación tienen la capacidad de hacer de cualquier persona, en
cualquier lugar que se encuentre, un compañero « en los asuntos y
dificultades que afectan a la humanidad entera ».12
Se trata de una visión sorprendente. Pero Internet puede ayudar a que
se haga realidad —para las personas, los grupos, las naciones y la
raza humana— sólo si se usa a la luz de claros y sólidos principios
éticos, especialmente la virtud de la solidaridad. Actuar así
representará una ventaja para todos, porque « hoy lo sabemos mejor que
ayer: no estaremos nunca felices y en paz los unos sin los otros; y
mucho menos los unos contra los otros ».13 Esto será una expresión de
la espiritualidad de comunión, que es « capacidad para ver ante todo
lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como
regalo de Dios », así como capacidad para « saber “dar espacio” al
hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (cf. Ga 6, 2) y
rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos acechan ».14
6. La difusión de Internet también plantea otras muchas cuestiones
éticas concernientes a asuntos como la privacidad, la seguridad y
confidencialidad de los datos, el derecho y la ley de propiedad
intelectual, la pornografía, los sitios cargados de odio, la
propagación de rumores y difamaciones disfrazados de noticias, y
muchos más. Nos vamos a referir brevemente a
algunas de ellos más adelante, aun reconociendo que requieren un
análisis y una discusión continuos de todas las partes implicadas.
No consideramos Internet fundamentalmente como una fuente de
problemas, sino, más bien, como una fuente de beneficios para la raza
humana. Pero estos beneficios sólo se lograrán plenamente si se
resuelven los problemas que le son propios.
II
SOBRE INTERNET
7. Internet tiene un conjunto de características impresionantes.
Es instantáneo, inmediato, mundial, descentralizado,
interactivo, capaz de extender ilimitadamente sus contenidos y su
alcance, flexible y adaptable en grado notable.
Es igualitario, en el sentido de que cualquiera, con el equipo
necesario y modestos conocimientos técnicos, puede ser una presencia
activa en el ciberespacio, anunciar su mensaje al mundo y pedir ser
oído. Permite a las personas permanecer en el anonimato, desempeñar un
papel, fantasear y también entrar en contacto con otros y compartir.
Según los gustos del usuario, se presta igualmente a una participación
activa o a una absorción pasiva en « un mundo narcisista y aislado,
con efectos casi narcóticos ».15 Puede emplearse para romper el
aislamiento de personas y grupos o, al contrario, para profundizarlo.
8. La configuración tecnológica que implica Internet tiene una
importante relación con sus aspectos éticos: la gente ha tendido a
usarlo según como se había proyectado, y a proyectarlo para adaptar
este tipo de uso. De hecho, este « nuevo » sistema se remonta a la
década de 1960, los años de la guerra fría; fue concebido para
frustrar un ataque nuclear, creando una red descentralizada de
ordenadores que almacenaban datos vitales. La descentralización fue la
clave del esquema, puesto que de este modo —ese fue el razonamiento—,
la pérdida de uno o incluso muchos ordenadores no causaría la pérdida
de los datos.
Una visión idealista del libre intercambio de información e ideas ha
ejercido un loable influjo en el desarrollo de Internet. Con todo, su
configuración descentralizada y el proyecto igualmente descentralizado
del World Wide Web de finales de la década de 1980 demostraron que
coincidía muy bien con la mentalidad opuesta a cualquier tentativa de
reglamentación por la responsabilidad pública. Así, surgió un
individualismo exagerado con respecto a Internet. Aquí, como se ha
dicho, había un nuevo reino, la maravillosa tierra del ciberespacio,
donde cualquier tipo de expresión estaba permitida y la única ley era
la completa libertad de hacer cada uno lo que le pareciera. Por
supuesto, esto significaba que la única comunidad cuyos derechos e
intereses se debían reconocer verdaderamente en el ciberespacio era la
comunidad de los partidarios de una libertad sin límites. Este modo de
pensar sigue influyendo en algunos círculos, fundado en conocidos
argumentos de libertad a ultranza que se usan también para defender la
pornografía y la violencia en los medios de comunicación en general.16
Aunque los individualistas radicales y los empresarios constituyen
obviamente dos grupos muy diferentes, hay una convergencia de
intereses entre quienes buscan que Internet se convierta en un lugar
apto para cualquier tipo de expresión, sin importar si es vil y
destructiva, y quienes quieren que sea un vehículo de actividad sin
trabas según un modelo neoliberal que « considera las ganancias y las
leyes del mercado como parámetros absolutos, en detrimento de la
dignidad y del respeto de las personas y los pueblos ».17
9. La explosión de la tecnología de la información ha incrementado la
capacidad de comunicación de algunas personas y grupos favorecidos
durante mucho tiempo. Internet puede servir
a la gente en su ejercicio responsable de la libertad y la democracia,
ampliar la gama de opciones realizables en diversas esferas de la
vida, ensanchar los horizontes educativos y culturales, superar las
divisiones y promover el desarrollo humano de múltiples modos. « El
libre aluvión de imágenes y palabras a escala mundial no sólo está
transformando las relaciones entre los pueblos a nivel político y
económico, sino también la misma comprensión del mundo. Este fenómeno
ofrece múltiples potencialidades, en otro tiempo impensables ».18
Cuando se basa en valores compartidos arraigados en la naturaleza de
la persona, el diálogo intercultural facilitado por Internet y demás
medios de comunicación social puede ser « un instrumento privilegiado
para construir la civilización del amor ».19
Pero esto no es todo. « Paradójicamente, las fuerzas que podrían
conducir a una mejor comunicación pueden llevar también a un mayor
egocentrismo y a una mayor alienación ».20 Internet puede unir a la
gente, pero también puede separar, con sospechas mutuas, a las
personas y a los grupos divididos por ideologías, políticas,
posesiones, raza, etnia, diferencias intergeneracionales e incluso
religión. Ya se ha usado de modo agresivo, casi como un arma de
guerra, y la gente habla del peligro del «ciberterrorismo». Sería
tristemente irónico que este instrumento de comunicación, con un
potencial tan grande para unir a las personas, volviera a sus orígenes
de la guerra fría y se convirtiera en un escenario de conflictos
internacionales.
III
ALGUNAS CUESTIONES PREOCUPANTES
10. Cuanto se ha dicho hasta ahora entraña una serie de preocupaciones
sobre Internet.
Una de las más importantes se refiere a lo que hoy se denomina «
brecha digital », una forma de discriminación que separa a los ricos
de los pobres, tanto dentro de las naciones como entre ellas, sobre la
base del acceso o no a la nueva tecnología de la información.
En este sentido, es una versión actual de la antigua brecha
entre « ricos en información » y « pobres en información ».
La expresión « brecha digital » destaca el hecho de que tanto las
personas como los grupos y las naciones deben tener acceso a las
nuevas tecnologías para participar en los beneficios prometidos por la
globalización y el desarrollo, y no quedarse rezagados ulteriormente.
Es necesario « que la brecha entre los beneficiarios de los nuevos
medios de información y expresión, y los que hasta ahora no han tenido
acceso a ellos, no se convierta en otra persistente fuente de
desigualdad y discriminación ».21 Hay que encontrar modos de lograr
que Internet sea accesible a los grupos menos favorecidos, sea
directamente, sea al menos conectándose con medios tradicionales de
bajo coste. El ciberespacio debe ser un recurso de información
completa y servicios accesibles a todos, y en una amplia gama de
lenguas. Las instituciones públicas tienen la responsabilidad especial
de establecer y mantener sitios de este tipo.
Mientras se perfila la nueva economía global, la Iglesia se preocupa
de que « este proceso sea de la humanidad entera, y no sólo de una
élite rica que controla la ciencia, la tecnología, la comunicación y
los recursos del planeta », es decir, la Iglesia desea « una
globalización que esté al servicio de toda la persona y de todas las
personas ».22
A este respecto, es preciso tener presente que las causas y
consecuencias de la brecha no son únicamente económicas, sino también
técnicas, sociales y culturales. Así, por ejemplo, otra brecha de
Internet va en perjuicio de las mujeres y también esta brecha se debe
eliminar.
11. Nos preocupan en especial los efectos en la cultura de lo que está
sucediendo en la actualidad. Las nuevas tecnologías de la información
e Internet, precisamente como instrumentos poderosos del proceso de
globalización, transmiten y ayudan a inculcar un conjunto de valores
culturales —modos de pensar sobre las relaciones sociales, la familia,
la religión y la condición humana—, cuya novedad y fascinación pueden
cuestionar y destruir las culturas tradicionales.
El diálogo y el enriquecimiento intercultural son sin duda alguna muy
deseables. En efecto, « el diálogo entre las culturas resulta hoy
particularmente necesario si se considera el impacto de las nuevas
tecnologías de la comunicación en la vida de las personas y de los
pueblos ».23 Pero esto ha de ser un camino de doble sentido. Las
culturas tienen mucho que aprender unas de otras y la imposición a
escala mundial de puntos de vista y valores de una cultura a otra no
significa diálogo, sino imperialismo cultural.
La dominación cultural es un problema particularmente serio cuando la
cultura dominante transmite falsos valores, enemigos del verdadero
bien de las personas y grupos. Tal como están las cosas, Internet,
junto con los otros medios de comunicación social, está transmitiendo
mensajes cargados de valores de la cultura secular occidental a
pueblos y sociedades en muchos casos mal preparados para valorarlos y
confrontarlos. Esto causa serios problemas, por ejemplo, en el ámbito
del matrimonio y la vida familiar, que están experimentando « una
crisis generalizada y radical » 24 en muchas partes del mundo.
La sensibilidad cultural y el respeto a los valores y creencias de los
demás son indispensables en tales circunstancias. El diálogo
intercultural, que « protege la diversidad de culturas como
expresiones históricas diversas y valiosas de la unidad originaria de
la familia humana (...) y salvaguarda la comprensión y comunión
recíprocas »,25 es necesario para construir y mantener el sentido de
solidaridad internacional.
12. La cuestión de la libertad de expresión en Internet es igualmente
compleja y suscita otras preocupaciones.
Apoyamos enérgicamente la libertad de expresión y el libre intercambio
de ideas. La libertad de buscar y conocer la verdad es un derecho
humano fundamental,26 y la libertad de expresión es una piedra angular
de la democracia. « El hombre, salvados el orden moral y el bien
común, puede buscar libremente la verdad, declarar y divulgar su
opinión (...) y, finalmente, informarse verazmente sobre los
conocimientos públicos ».27 Y la opinión pública, « una expresión
esencial de la naturaleza humana organizada en sociedad » exige
absolutamente « la libertad de expresar ideas y actitudes ».28
A la luz de estas exigencias del bien común, deploramos las tentativas
de las autoridades públicas de bloquear el acceso a la información —en
Internet o en otros medios de comunicación social—, considerándola
amenazadora o molesta, manipular al público con la propaganda y la
desinformación, o impedir la legítima libertad de expresión y opinión.
A este respecto, los regímenes autoritarios son con mucho los peores
transgresores; pero el problema también existe en las democracias
liberales, donde, a menudo, el acceso a los medios de comunicación
para la expresión política depende de la riqueza, y los políticos y
sus consejeros no respetan la verdad y la lealtad, calumniando a los
opositores y reduciendo las cuestiones a dimensiones insignificantes.
13. En este nuevo entorno, el periodismo está sufriendo profundos
cambios. La combinación de nuevas tecnologías y globalización « ha
aumentado la capacidad de los medios de comunicación social, pero
también ha acrecentado su exposición a las presiones ideológicas y
comerciales »,29 y esto vale también para el periodismo.
Internet es un instrumento muy eficaz para trasmitir rápidamente
noticias e información a la gente. Pero la competitividad económica y
la índole del periodismo de Internet de funcionar las veinticuatro
horas del día también han contribuido al sensacionalismo y a la
circulación de rumores, a una mezcla de noticias, publicidad y
espectáculo, y a una aparente disminución de los reportajes y
comentarios serios. El periodismo honrado es esencial para el bien
común de las naciones y de la comunidad internacional. Los problemas
que se pueden apreciar actualmente en la práctica del periodismo en
Internet demandan una rápida solución de parte de los mismos
periodistas.
La enorme cantidad de información que conlleva Internet, en gran parte
poco evaluada en cuanto a precisión e
importancia, es un problema para muchos. Pero nos preocupa que la
gente pueda usar la capacidad de la tecnología de almacenar
información simplemente para levantar barreras electrónicas contra las
ideas desconocidas. Esto no sería un desarrollo positivo en un mundo
pluralista donde la gente necesita crecer en la comprensión mutua.
Aunque los usuarios de Internet tienen el deber de hacer selección y
tener autodisciplina, eso no se ha de llevar hasta el extremo de
levantar un muro que los aísle de los demás. Las consecuencias del
medio para el desarrollo psicológico y la salud requieren igualmente
un estudio continuo, incluyendo la posibilidad de que la inmersión
prolongada en el mundo virtual del ciberespacio pueda perjudicar a
algunos. La tecnología proporciona muchas ventajas a la gente al
permitirle « reunir informaciones y servicios elaborados
exclusivamente para ella », pero también « plantea una cuestión
inevitable: el público del futuro) podría
convertirse en una vasta y fragmentada red de personas aisladas ...
que interactúan con datos y no directamente unos con otros?)Qué sería
de la solidaridad, o qué sería del amor, en un mundo como ese? ».30
14. Además de estas cuestiones, que guardan relación con la libertad
de expresión, la integridad y precisión de las noticias, el
intercambio de ideas e información, hay otra preocupación que nace de
la mentalidad liberal en exceso. La ideología de libertad radical es
errónea y nociva, al menos para legitimar la libre expresión al
servicio de la verdad. El error reside en la exaltación de la libertad
« hasta el extremo de considerarla como un absoluto, que sería la
fuente de los valores. (...) De este modo, ha desaparecido la
necesaria exigencia de verdad en aras de un criterio de sinceridad, de
autenticidad, de ‘acuerdo con uno mismo' ».31 En esta forma de
pensamiento no hay cabida para la auténtica comunidad, el bien común y
la solidaridad.
IV
RECOMENDACIONES Y CONCLUSIÓN
15. Como hemos visto, el valor de la solidaridad es la medida del
servicio que Internet presta al bien común. El bien común proporciona
el contexto para considerar la cuestión ética: « Los medios de
comunicación social se usan para el bien o para el mal? ».32
Muchas personas y grupos comparten la responsabilidad en esta materia;
por ejemplo, las corporaciones transnacionales de las que hablamos
antes. Todos los usuarios de Internet deben usarlo de un modo maduro y
disciplinado, con propósitos moralmente buenos; y los padres deberían
guiar y supervisar el uso que hacen de él sus hijos.33 Las escuelas y
otras instituciones y programas educativos para niños y adultos
deberían proporcionar formación con vistas al uso inteligente de
Internet como parte de una educación completa en los medios de
comunicación que no sólo incluye la capacitación técnica —primeras
nociones de ordenador y otros conocimientos—, sino también la
adquisición de una capacidad para evaluar de modo informado y sagaz
los contenidos. Aquellos cuyas decisiones y acciones contribuyen a
forjar la estructura y los contenidos de Internet tienen un deber
especialmente grave de practicar la solidaridad al servicio del bien
común.
16. Debería evitarse la censura previa de los gobiernos; « la censura
(...) sólo se debería usar en los casos realmente extremos ».34 Pero
Internet, al igual que otros medios de comunicación, no está exento de
leyes razonables que se opongan a las palabras de odio, a la
difamación, al fraude, a la pornografía infantil a la pornografía en
general, y a otras desviaciones. La conducta delictiva en otros
contextos es también conducta delictiva en el ciberespacio, y las
autoridades civiles tienen el deber y el derecho de hacer cumplir las
leyes. Hacen falta también nuevas leyes para afrontar delitos
especiales en Internet, como la difusión de virus de ordenadores, el
robo de datos personales almacenados en discos duros, y otros
similares.
La reglamentación de Internet es deseable, y en principio la
autorregulación es lo mejor. « La solución de los problemas nacidos de
esta comercialización y de esta privatización no reglamentadas no
siempre reside en un control del Estado sobre los medios de
comunicación, sino en una reglamentación más avanzada, conforme a las
normas del servicio público, así como en una responsabilidad pública
mayor ».35 La implementación de códigos éticos puede ser muy útil, con
tal de que tengan propósitos serios e impliquen a los representantes
del público en su formulación y aplicación, y que, además de dar
estímulos positivos a los comunicadores responsables, apliquen penas
adecuadas por las violaciones, incluida la censura pública.36 A veces
las circunstancias pueden exigir la intervención del Estado, por
ejemplo creando para los medios de comunicación equipos de asesores
que representen a todos los sectores de opinión de la comunidad.37
17. El carácter transnacional de Internet, su peculiaridad de tender
puentes sobre las fronteras y su papel en la globalización exigen la
cooperación internacional con vistas a la formación de criterios y al
establecimiento de mecanismos para promover y proteger el bien común
internacional.38 En cuanto a la tecnología de los medios de
comunicación, como en referencia a muchas otras, « urge la equidad en
el ámbito internacional ».39 Hace falta una acción decidida, tanto en
el sector privado como en el público, para subsanar y, si es posible,
eliminar la brecha digital.
Muchas cuestiones difíciles con respecto a Internet requieren el
consenso internacional: por ejemplo, cómo garantizar la privacidad de
las personas y los grupos que observan la ley, sin impedir que se
aplique la ley y permitiendo que el personal de seguridad vigile sobre
delincuentes y terroristas; cómo proteger el derecho de propiedad
intelectual sin limitar el acceso de la gente a material de dominio
público, y cómo definir el concepto mismo de « dominio público »—;
cómo establecer y mantener amplios depósitos de información en
Internet plenamente accesibles a todos sus usuarios en las diversas
lenguas; cómo proteger los derechos de la mujer con respecto al acceso
a Internet y otros aspectos de las nuevas tecnologías de la
información. En particular, la cuestión de cómo superar la brecha
digital entre ricos y pobres en información requiere una atención
seria y urgente, en sus aspectos técnicos, educativos y culturales.
Existe hoy « un mayor sentido de solidaridad internacional » que
ofrece en particular al sistema de las Naciones Unidas « una
oportunidad única para contribuir a la globalización de la
solidaridad, sirviendo de lugar de encuentro para los Estados y para
la sociedad civil, y de punto de convergencia de los diversos
intereses y necesidades. (...) La cooperación entre los organismos
internacionales y las organizaciones no gubernamentales contribuirá a
garantizar que los intereses de los Estados, por más legítimos que
sean, y de los diversos grupos que existen dentro de ellos, no sean
invocados o defendidos en perjuicio de los intereses o de los derechos
de otros pueblos, especialmente de los menos prósperos ».40 A este
respecto, esperamos que la Cumbre mundial de la sociedad de la
información, cuya celebración está prevista para el año 2003, dé una
contribución positiva a la discusión sobre estos asuntos.
18. Como hemos dicho antes, un documento —adjunto a éste— titulado La
Iglesia e Internet habla específicamente sobre el uso de Internet por
parte de la Iglesia y sobre el papel de Internet en la vida de la
Iglesia. Aquí sólo deseamos subrayar que la Iglesia católica,
juntamente con otras organizaciones religiosas, debería tener una
presencia visible y activa en Internet, y ser interlocutora en el
diálogo público sobre su desarrollo. « La Iglesia no pretende dictar
estas decisiones y estas elecciones, sino que trata de proporcionar
una verdadera ayuda, indicando los criterios éticos y morales
aplicables a este campo, criterios que se encontrarán en los valores a
la vez humanos y cristianos ».41
Internet puede dar una contribución muy valiosa a la vida humana.
Puede fomentar la prosperidad y la paz, el crecimiento intelectual y
estético, y la comprensión mutua entre los pueblos y las naciones a
escala mundial.
También puede ayudar a hombres y mujeres en su continua búsqueda de
autocomprensión. En todas las épocas, incluida la nuestra, la gente se
formula las mismas preguntas fundamentales: «¿Quién soy? ¿De dónde
vengo y a dónde voy? ¿Por qué existe el mal?¿Qué hay después de esta
vida? ».42 La Iglesia no puede imponer sus respuestas, pero puede y
debe proclamar al mundo las 0respuestas que posee; y hoy, como
siempre, ofrece la única respuesta totalmente satisfactoria a los
interrogantes más profundos de la vida: Jesucristo, que « manifiesta
plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su
vocación ».43 Como el mundo contemporáneo, el mundo de los medios de
comunicación, incluyendo Internet, ha sido conducido por Cristo, de
manera incipiente pero verdadera, dentro de los límites del reino de
Dios y puesto al servicio de la palabra de salvación. Sin embargo, «
la espera de una tierra nueva no debe debilitar, sino más bien avivar
la preocupación de cultivar esta tierra, donde crece aquel cuerpo de
la nueva familia humana, que puede ofrecer ya un cierto esbozo del
siglo nuevo ».44
Ciudad del Vaticano, 22 de febrero 2002, Fiesta de la Cátedra de San
Pedro Apóstol.
John P. Foley
Presidente
Pierfranco Pastore
Secretario
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(1) Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, instrucción
pastoral Aetatis novae sobre las comunicaciones sociales, con ocasión
del vigésimo aniversario de la Communio et progressio, n. 4.
(2) Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, La Iglesia e
Internet.
(3) Cf. Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, Ética en
las comunicaciones sociales, n. 5.
(4) Ib., n. 21.
(5) Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, n. 26; cf. Catecismo de la
Iglesia Católica, n. 1906.
(6) Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, n. 38.
(7) Juan Pablo II, Discurso a la Academia Pontificia de Ciencias
Sociales, n. 2, 27 de abril de 2001.
(8) Juan Pablo II, Exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in
America, n. 20.
(9) Juan Pablo II, Discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la
Santa Sede, n. 3, 10 de enero de 2000.
(10) Juan Pablo II, Discurso a la Academia Pontificia de Ciencias
Sociales, n. 2.
(11) Ib., n. 3.
(12) Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, Instrucción
pastoral sobre las comunicaciones sociales Communio et progressio, n.
19.
(13) Discurso al Cuerpo Diplomático, n. 4.
(14) Juan Pablo II, Carta apostólica Novo millennio ineunte, n. 43.
(15) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 2.
(16) Cf. Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales,
Pornografía y Violencia en las Comunicaciones Sociales: una Respuesta
Pastoral, n. 20.
(17) Ecclesia in America, n. 56.
(18) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXIV Jornada Mundial de la Paz de
2001, n. 11.
(19) Ib., n. 16.
(20) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXIII Jornada Mundial de las
Comunicaciones Sociales, n. 4, 24 de enero de 1999.
(21) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXI Jornada Mundial de las
Comunicaciones Sociales, 1997.
(22) Juan Pablo II, Discurso a la Academia Pontificia de Ciencias
Sociales, n. 5.
(23) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXIV Jornada Mundial de la Paz,
n. 11.
(24) Juan Pablo II, Carta apostólica Novo millennio ineunte, n. 47.
(25) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXIV Jornada Mundial de la Paz,
n. 10.
(26) Cf. Juan Pablo II, Centesimus annus, n. 47.
(27) Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, n. 59.
(28) Communio et progressio, nn. 25 y 26.
(29) Juan Pablo II, Discurso en el Jubileo de los Periodistas, n. 2, 4
de junio de 2000.
(30) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 29.
(31) Juan Pablo II, Veritatis splendor, n. 32.
(32) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 1.
(33) Cf. Juan Pablo II, Exhortación apostólica postsinodal Familiaris
Consortio, n. 76.
(34) Communio et progressio, n. 86.
(35) Aetatis novae, n. 5.
(36) Cf. Communio et progressio, n. 79.
(37) Ib.
(38) Cf. Juan Pablo II, Discurso a la Academia Pontificia de Ciencias
Sociales, n. 2.
(39) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 22.
(40) Juan Pablo II, Discurso al Secretario General y al Comité
Administrativo de Coordinación de la ONU, nn. 2 y 3, 7 de abril de
2000.
(41) Aetatis novae, n. 12.
(42) Juan Pablo II, Carta encíclica Fides et ratio, n. 1.
(43) Gaudium et spes, n. 22.
(44) Ib., n. 39.
Pontificio
Consejo para las Comunicaciones Sociales
LA
IGLESIA E INTERNET
I. Introducción
II. Oportunidades y desafíos
III. Recomendaciones y conclusión
--------------------------------------------------------------------------------
I
INTRODUCCIÓN
1. El interés de la Iglesia por Internet es una expresión particular
de su antiguo interés por los medios de comunicación social.
Considerándolos como un resultado del proceso histórico científico por
el que la humanidad « avanza cada vez más en el descubrimiento de los
recursos y de los valores encerrados en todo lo creado »,1 la Iglesia
ha declarado a menudo su convicción de que los medios de comunicación
son, como dice el Vaticano II, « maravillosos inventos de la técnica
»,2 que ya hacen mucho para afrontar las necesidades humanas y pueden
hacer aún mucho más.
Así, la Iglesia ha tenido un enfoque fundamentalmente positivo de los
medios de comunicación.3 Los documentos del Consejo Pontificio para
las Comunicaciones Sociales, aun condenando abusos serios, se han
preocupado por aclarar que « una actitud de pura restricción o de
censura por parte de la Iglesia (...) ni es suficiente ni apropiada
».4
Citando la carta encíclica Miranda prorsus del Papa Pío XII, del año
1957, la instrucción pastoral sobre los Medios de Comunicación Social
Communio et progressio, publicada en 1971, subrayó este punto: « La
Iglesia los ve como ‘dones de Dios', ya que, según designio de la
divina Providencia, unen fraternalmente a los hombres para que
colaboren así con su voluntad salvífica ».5 Esta sigue siendo nuestra
opinión, y es la misma opinión que tenemos de Internet.
2. Desde el punto de vista de la Iglesia, la historia de la
comunicación humana es como un largo viaje, que lleva a la humanidad «
desde el orgulloso proyecto de Babel y la caída en la confusión e
incomprensión mutua que produjo (cf. Gn 11, 1-9), hasta Pentecostés y
el don de lenguas: una restauración de la comunicación, centrada en
Jesús, bajo la acción del Espíritu Santo ».6 En la vida, muerte y
resurrección de Cristo, el fundamento último y el primer modelo de la
« comunicación entre los hombres lo encontramos en Dios que se ha
hecho hombre y hermano ».7
Los medios modernos de comunicación social son una parte importante de
esta historia. Como dice el Concilio Vaticano II « aunque hay que
distinguir cuidadosamente el progreso terreno del crecimiento del
Reino de Cristo, sin embargo, el primero, en la medida en que puede
contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa mucho al Reino
de Dios ».8 Viendo a esta luz los medios de comunicación social,
descubrimos que « contribuyen eficazmente a descansar y cultivar el
espíritu y a propagar y fortalecer el reino de Dios ».9
Hoy esto se aplica de modo especial a Internet, que está contribuyendo
a realizar cambios revolucionarios en el comercio, la educación, la
política, el periodismo, las relaciones entre las naciones y entre las
culturas, cambios no sólo en el modo como la gente se comunica, sino
también en el modo como comprende su vida. Discutimos la dimensión
ética de estos temas en otro documento sobre cuestiones análogas.10
Aquí consideramos las implicaciones que tiene Internet para la
religión y especialmente para la Iglesia católica.
3. La Iglesia tiene un doble objetivo con respecto a los medios de
comunicación. Uno de ellos consiste en fomentar su correcto desarrollo
y uso con vistas al progreso humano, la justicia y la paz, para la
construcción de la sociedad en los ámbitos local, nacional y
comunitario a la luz del bien común y con espíritu de solidaridad. Al
considerar la gran importancia de las comunicaciones sociales, la
Iglesia « desea poder entablar un diálogo honrado y respetuoso con los
responsables de los medios de comunicación »,11 un diálogo que atañe
principalmente a la programación de dichos medios. « Este diálogo
implica que la Iglesia se esfuerce en comprender los medios de
comunicación —sus objetivos, sus estructuras internas y sus
modalidades— y que sostenga y anime a los que trabajan en ellos.
Basándose en esta comprensión y este apoyo, se pueden hacer propuestas
significativas con vistas a la eliminación de los obstáculos que se
oponen al progreso humano y a la proclamación del Evangelio ».12
Pero la preocupación de la Iglesia también se refiere a la
comunicación en y por la Iglesia misma. Esta comunicación es más que
un ejercicio de técnica, pues « se basa en la comunicación entre el
Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y en su comunicación con nosotros
»; y la realización de esta comunicación trinitaria « llega hasta la
humanidad: el Hijo es la Palabra, pronunciada eternamente por el
Padre; y en Jesucristo y por Jesucristo, Hijo y Palabra hecha carne,
Dios se comunica a sí mismo y comunica su salvación a los hombres y
mujeres ».13
Dios sigue comunicándose con la humanidad a través de la Iglesia,
portadora y depositaria de su revelación, a cuyo ministerio de
enseñanza viva ha confiado la tarea de interpretar de modo auténtico
su palabra14. Además, la Iglesia misma es communio, una comunión de
personas y comunidades eucarísticas que nacen de la comunión de la
Trinidad y se reflejan en ella;15 por tanto, la comunicación es la
esencia de la Iglesia. Por esta razón, más que por cualquier otra, «
el ejercicio de la comunicación por parte de la Iglesia debería ser
ejemplar, reflejando los elevados modelos de verdad, responsabilidad y
sensibilidad con respecto a los derechos humanos, así como otros
importantes principios y normas ».16
4. Hace tres décadas la Communio et progressio señalaba que « los
medios modernos de comunicación ofrecen nuevos instrumentos para que
la gente se confronte con el mensaje del Evangelio ».17 El Papa Pablo
VI afirmó que la Iglesia « se sentiría culpable ante Dios », si dejara
de usar los medios de comunicación para la evangelización.18 El Papa
Juan Pablo II definió los medios de comunicación como « el primer
areópago de la edad moderna », y declaró que « no basta usarlos para
difundir el mensaje cristiano y el Magisterio auténtico de la Iglesia,
sino que conviene integrar el mensaje mismo en esta ‘nueva cultura'
creada por la comunicación moderna ».19 Hacer esto es muy importante
hoy en día, no sólo porque los medios de comunicación ejercen una
fuerte influencia en lo que la gente piensa sobre la vida, sino
también porque en gran parte « la experiencia humana como tal ha
llegado a ser una experiencia de los medios de comunicación ».20
Todo esto se aplica a Internet. Y aunque el mundo de las
comunicaciones sociales « puede dar la impresión de oponerse al
mensaje cristiano, también ofrece oportunidades únicas para proclamar
la verdad salvífica de Cristo a la entera familia humana. (...)
Pensemos (...) en las grandes posibilidades que brinda Internet para
difundir información y enseñanza de carácter religioso, superando
obstáculos y fronteras. Los que han predicado el Evangelio antes que
nosotros jamás hubieran podido imaginar una audiencia tan vasta. (...)
Los católicos no deberían tener miedo de abrir las puertas de los
medios de comunicación social a Cristo, para que la buena nueva pueda
ser oída desde las azoteas del mundo ».21
II
OPORTUNIDADES Y DESAFÍOS
5. « Las comunicaciones que se hacen en la Iglesia y por la Iglesia
consisten esencialmente en el anuncio de la buena nueva de Jesucristo.
Es la proclamación del Evangelio como palabra profética y liberadora
dirigida a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo; es el
testimonio dado de la verdad divina y el destino trascendente de la
persona humana, frente a una secularización radical; es ponerse de
parte de la justicia, en solidaridad con todos los creyentes, al
servicio de la comunión de los pueblos, las naciones y las culturas,
frente a los conflictos y las divisiones ».22
Dado que anunciar la buena nueva a la gente formada por una cultura de
los medios de comunicación requiere considerar atentamente las
características especiales de los medios mismos, la Iglesia necesita
ahora comprender Internet. Esto es preciso para comunicarse
eficazmente con la gente, de manera especial con los jóvenes, que
están sumergidos en la experiencia de esta nueva tecnología, y también
para usarla bien.
Los medios de comunicación ofrecen importantes beneficios y ventajas
desde una perspectiva religiosa: « Transmiten noticias e información
de acontecimientos, ideas y personalidades del ámbito religioso, y
sirven como vehículos para la evangelización y la catequesis.
Diariamente proporcionan inspiración, aliento y oportunidades de
participar en funciones litúrgicas a personas obligadas a permanecer
en sus hogares o en instituciones ».23 Además de estos beneficios, hay
otros que son peculiares de Internet. Esta proporciona al público un
acceso directo e inmediato a importantes recursos religiosos y
espirituales: grandes bibliotecas, museos y lugares de culto,
documentos del Magisterio, y escritos de los Padres y Doctores de la
Iglesia, y la sabiduría religiosa de todos los tiempos. Posee una
notable capacidad de superar las distancias y el aislamiento, poniendo
en contacto a personas animadas por sentimientos de buena voluntad que
participan en comunidades virtuales de fe para alentarse y apoyarse
recíprocamente. La Iglesia puede prestar un servicio importante tanto
a los católicos como a los no católicos mediante la selección y la
transmisión de datos útiles en este medio.
Internet es importante para muchas actividades y programas de la
Iglesia: la evangelización, que incluye tanto la re-evangelización
como la nueva evangelización y la tradicional labor misionera ad
gentes; la catequesis y otros tipos de educación; las noticias y la
información; la apologética, el gobierno y la administración; y
algunas formas de asesoría pastoral y dirección espiritual. Aunque la
realidad virtual del ciberespacio no puede sustituir a la comunidad
real e interpersonal o a la realidad encarnada de los sacramentos y la
liturgia, o la proclamación inmediata y directa del Evangelio, puede
complementarlas, atraer a la gente hacia una experiencia más plena de
la vida de fe y enriquecer la vida religiosa de los usuarios, a la vez
que les brinda sus experiencias religiosas. También proporciona a la
Iglesia medios para comunicarse con grupos particulares —jóvenes y
adultos, ancianos e impedidos, personas que viven en zonas remotas,
miembros de otras comunidades religiosas— a los que de otra manera
difícilmente podría llegar.
Un número creciente de parroquias, diócesis, congregaciones
religiosas, instituciones relacionadas con la Iglesia, programas y
todo tipo de organizaciones hacen ahora uso efectivo de Internet con
estas y otras finalidades. En algunos lugares, tanto a nivel nacional
como regional, han existido proyectos creativos patrocinados por la
Iglesia. La Santa Sede ha estado activa en esta área durante muchos
años, y sigue difundiendo y desarrollado su presencia en Internet. A
los grupos vinculados a la Iglesia que todavía no han dado este paso
se les anima a considerar la posibilidad de hacerlo cuanto antes.
Recomendamos encarecidamente el intercambio de ideas e información
sobre Internet entre quienes ya tienen experiencia en este campo y
quienes son principiantes.
6. La Iglesia también necesita comprender y usar Internet como un
medio de comunicaciones internas. Esto requiere tener claramente en
cuenta su carácter especial de medio directo, inmediato, interactivo y
participativo.
El doble canal de interactividad de Internet ya está borrando la
antigua distinción entre quienes comunican y quienes reciben lo que se
comunica,24 y está creando una situación en la que, al menos
potencialmente, todos pueden hacer ambas cosas. Esta no es la
comunicación del pasado en una única dirección, de arriba a abajo. A
medida que la gente se familiarice con esta característica de Internet
en otros ámbitos de su vida, se puede esperar que lo utilice también
por lo que respecta a la religión y a la Iglesia.
La tecnología es nueva, pero los criterios no. El Concilio Vaticano II
afirmó que los miembros de la Iglesia deberían manifestar a sus
pastores « sus necesidades y deseos con la libertad y confianza que
deben tener los hijos de Dios y hermanos en Cristo »; de hecho, de
acuerdo con su conocimiento, competencia o posición, los fieles «
tienen el derecho, e incluso algunas veces el deber, de expresar sus
opiniones sobre lo que se refiere al bien de la Iglesia ».25 La
Communio et progressio subrayó que, como « cuerpo vivo », la Iglesia «
necesita el intercambio de las legítimas opiniones de sus miembros
».26 Aun cuando las verdades de fe « no dejan espacio a
interpretaciones arbitrarias », la constitución pastoral observa que
existe « una enorme área donde los miembros de la Iglesia pueden
expresar sus puntos de vista ».27
Ideas similares se expresan en el Código de derecho canónico,28 así
como en los documentos más recientes del Consejo Pontificio para las
Comunicaciones Sociales.29 La Aetatis novae define la comunicación de
dos direcciones y la opinión pública como « una forma concreta de
llevar a la práctica el carácter de communio de la Iglesia ».30 Ética
en las comunicaciones sociales afirma: « Un flujo recíproco de
información y puntos de vista entre los pastores y los fieles, una
libertad de expresión que tenga en cuenta el bien de la comunidad y el
papel del Magisterio al promoverla, y una opinión pública responsable,
son expresiones importantes del ‘derecho fundamental al diálogo y a la
información en el seno de la Iglesia' ».31 Internet proporciona un
medio tecnológico eficaz para realizar esta perspectiva.
Así pues, aquí tenemos un instrumento que se puede usar creativamente
para varios aspectos de administración y gobierno. Además de abrir
canales para la expresión de la opinión pública, pensamos en otros
elementos, como consultar expertos, preparar encuentros y practicar la
colaboración en las Iglesias e institutos religiosos, a nivel local,
nacional e internacional, así como entre ellos.
7. La educación y la formación son otras áreas oportunas y necesarias.
« Hoy todos necesitan alguna forma de formación permanente acerca de
los medios de comunicación social, sea mediante el estudio personal,
sea mediante la participación en un programa organizado, sea con
ambos. La educación para el uso de los medios de comunicación social,
más que enseñar algo acerca de las técnicas, ayuda a la gente a
formarse criterios de buen gusto y juicios morales verdaderos; se
trata de un aspecto de la formación de la conciencia. A través de sus
escuelas y de sus programas de formación, la Iglesia debería
proporcionar este tipo de educación para el uso de los medios de
comunicación social ».32
La educación y la formación relativas a Internet pueden integrar
programas globales de educación en los medios de comunicación
accesibles a los miembros de la Iglesia. En la medida de lo posible la
planificación pastoral de los medios de comunicación debería prever
esta formación para los seminaristas, los sacerdotes, los religiosos y
el personal pastoral laico como maestros, padres y estudiantes.33
Los jóvenes, en particular, necesitan que se les enseñe « no sólo a
ser buenos cristianos cuando son receptores, sino también cuando son
activos al usar todas las ayudas para la comunicación que ofrecen los
medios de comunicación. (...) Así, los jóvenes se convertirán en
auténticos ciudadanos de la era de las comunicaciones sociales que
parece iniciarse en este tiempo »,34 era en que se considera a los
medios de comunicación como « parte integrante de una cultura aún
inacabada cuyas plenas implicaciones todavía no se entienden
perfectamente ».35 Así, la enseñanza sobre Internet y las nuevas
tecnologías implica mucho más que meras enseñanzas técnicas; los
jóvenes necesitan aprender cómo funcionar bien en el mundo del
ciberespacio, cómo hacer juicios maduros, según sólidos criterios
morales, sobre lo que encuentran en él, y cómo usar la nueva
tecnología para su desarrollo integral y en beneficio de los demás.
8. Internet también plantea algunos problemas especiales a la Iglesia,
además de los de índole general discutidos en el documento adjunto a
este.36 A la vez que se destaca lo que es positivo en relación con
Internet, es importante aclarar lo que no lo es.
En un nivel muy profundo, « a veces el mundo de los medios de
comunicación puede parecer indiferente e incluso hostil a la fe y a la
moral cristiana. En parte esto se debe a que la cultura de los medios
de comunicación se ha ido impregnando progresivamente de una
mentalidad típicamente posmoderna, según la cual la única verdad
absoluta es que no existen verdades absolutas o, en caso de que
existieran, serían inaccesibles a la razón humana y, por tanto,
irrelevantes ».37
Entre los problemas específicos creados por Internet figura la
presencia de sitios llenos de odio dedicados a difamar y atacar a los
grupos religiosos y étnicos. Algunos de ellos toman como blanco a la
Iglesia católica. Como la pornografía y la violencia en los medios de
comunicación, estos sitios de Internet « evidencian la componente más
turbia de la naturaleza humana, dañada por el pecado ».38 Y aunque el
respeto a la libertad de expresión exige a veces tolerar hasta cierto
punto incluso las voces de lo negativo, la aplicación de la
autorregulación y, cuando sea necesario, la intervención de la
autoridad pública, deberían establecer y hacer respetar algunos
límites razonables acerca de lo que se puede decir.
La proliferación de sitios web que se autodefinen católicos plantea un
problema de tipo diferente. Como hemos dicho, los grupos vinculados a
la Iglesia deberían estar creativamente presentes en Internet; y las
personas bien motivadas e informadas, así como los grupos no oficiales
que actúan por su propia iniciativa, también tienen derecho a estar en
él. Pero origina confusión, por lo menos, no distinguir
interpretaciones doctrinales desviadas, prácticas arbitrarias de
devoción y posturas ideológicas que se autocalifican de « católicas »,
de las posiciones auténticas de la Iglesia. Sugerimos un enfoque de
esta cuestión más adelante.
9. Algunas otras cuestiones requieren mucha reflexión. Con respecto a
ellas, instamos a proseguir la investigación y el estudio continuos,
incluyendo « la elaboración de una antropología y una verdadera
teología de la comunicación »,39 con referencia específica a Internet.
Desde luego, además del estudio y la investigación, se puede y se debe
proponer una programación pastoral positiva para el uso de Internet.40
Un área de investigación podría responder a la sugerencia según la
cual la amplia gama de opciones relativas a los productos y servicios
destinados al consumidor disponibles en Internet tiene un efecto
indirecto por lo que atañe a la religión, y favorece un enfoque de «
consumidor » sobre cuestiones de fe. Los datos sugieren que algunos
visitantes de los sitios web religiosos pueden hacer compras,
seleccionar y escoger elementos de paquetes religiosos a medida del
usuario para adaptarlos a sus gustos personales. La « tendencia, por
parte de algunos católicos, de matizar el grado de adhesión » 41 a la
enseñanza de la Iglesia es un problema conocido en otros contextos; se
necesita más información para saber si, y hasta qué punto, Internet
agrava este problema.
De modo análogo, como observamos antes, la realidad virtual del
ciberespacio tiene algunas implicaciones preocupantes tanto para la
religión como para otras áreas de la vida. La realidad virtual no
sustituye la presencia real de Cristo en la Eucaristía, ni la realidad
sacramental de los otros sacramentos, ni tampoco el culto compartido
en una comunidad humana de carne y hueso. No existen los sacramentos
en Internet; e incluso las experiencias religiosas posibles ahí por la
gracia de Dios son insuficientes si están separadas de la interacción
del mundo real con otras personas de fe. Este es otro aspecto de
Internet que requiere estudio y reflexión. Al mismo tiempo, la
programación pastoral debería considerar cómo llevar a las personas
desde el ciberespacio hasta una auténtica comunidad y cómo podría
luego usarse Internet, mediante la enseñanza y la catequesis, para
apoyarlos y enriquecerlos en su compromiso cristiano.
III
RECOMENDACIONES Y CONCLUSIÓN
10. Los creyentes, presentes también en Internet con sus legitimas
inquietudes, desean una presencia activa de cara al futuro de este
nuevo medio. Por supuesto que esto conlleva una adaptación de la
mentalidad a las características y estilo del mismo.
Es importante, además, que la gente en todos los sectores de la
Iglesia use Internet de modo creativo para asumir sus
responsabilidades y realizar la obra de la Iglesia. No es aceptable
quedarse atrás tímidamente por miedo a la tecnología o por cualquier
otra razón, considerando las numerosas posibilidades positivas que
ofrece Internet. « Métodos para facilitar la comunicación y el diálogo
entre sus propios miembros pueden fortalecer los vínculos de unidad
entre los mismos. El acceso inmediato a la información le da a la
Iglesia la posibilidad de ahondar en su diálogo con el mundo
contemporáneo. (...) La Iglesia tiene más facilidades para informar al
mundo acerca de sus creencias y explicar los motivos de su actitud
sobre cualquier problema o acontecimiento concretos. También puede
escuchar con más claridad la voz de la opinión pública y estar en el
centro de un debate continuo con el mundo, comprometiéndose así más a
fondo en la búsqueda común por resolver los problemas más urgentes de
la humanidad ».42
11. Por tanto, al concluir estas reflexiones, ofrecemos palabras de
aliento a algunos grupos en particular: a los dirigentes de la
Iglesia, a los agentes pastorales, a los educadores, a los padres y,
de modo especial, a los jóvenes.
A los dirigentes de la Iglesia. Los responsables de los diversos
ámbito de la Iglesia necesitan conocer las características de los
medios de cominicación social de cara a un uso adecuado de los mismos
en la elaboración de planes pastorales en general y referentes al
sector mismo de la comunicación.43 En muchos se hace necesaria una
formación específica para ello; de hecho, « sería un gran bien para la
Iglesia que un mayor número de personas que tienen cargos y cumplen
funciones en su nombre se formaran en el uso de los medios de
comunicación social ».44
Esto se aplica tanto a Internet como a los medios de comunicación
tradicionales. Los dirigentes de la Iglesia están obligados a usar «
las potencialidades de esta ‘edad informática', con el fin de servir a
la vocación humana y trascendente de cada ser humano, y así glorificar
al Padre, de quien viene todo bien ».45 Pueden emplear esta notable
tecnología en muchos y diferentes aspectos de la misión de la Iglesia,
al mismo tiempo que aprovechan también las oportunidades que ofrecen
para la cooperación ecuménica e interreligiosa.
Como hemos visto, un aspecto especial de Internet concierne a la
proliferación, a veces confusa, de sitios web no oficiales que se
definen « católicos ». Con respecto al material de índole catequética
o específicamente doctrinal, podría ser útil un sistema de
certificación voluntaria a nivel local y nacional bajo la supervisión
de representantes del Magisterio. No se trata de censura, sino de
ofrecer a los usuarios de Internet una guía segura sobre lo que
expresa la posición auténtica de la Iglesia.
A los agentes pastorales. Sacerdotes, diáconos, religiosos y agentes
pastorales laicos deberían procurar formarse en los medios de
comunicación para saber hacen buen uso de las posibilidades de las
comunicaciones sociales sobre las personas y la sociedad, de modo que
les ayude a adquirir un estilo de comunicación que hable a las
sensibilidades y a los intereses de la gente que vive inmersa en una
cultura mediática. Hoy esto les exige claramente el aprendizaje de
Internet, incluyendo cómo usarlo en su trabajo. También pueden
beneficiarse de los sitios web que posibilitan una actualización
teológica y pastoral.
Con respecto al personal de la Iglesia implicado directamente en los
medios de comunicación, no es necesario decir que debe contar con
formación profesional. Pero también precisa formación doctrinal y
espiritual, puesto que « para testimoniar a Cristo es necesario
encontrarse personalmente con él y cultivar esa relación a través de
la oración, la Eucaristía y el sacramento de la reconciliación,
leyendo y meditando la palabra de Dios, estudiando la doctrina
cristiana y sirviendo a los demás ».46
A los educadores y a los catequistas. La instrucción pastoral Communio
et progressio habla de la « obligación urgente » que tienen las
escuelas católicas de formar a comunicadores y receptores de las
comunicaciones sociales en los principios cristianos pertinentes.47
Este mismo mensaje ha sido repetido muchas veces. En la era de
Internet, con su enorme alcance e impacto, esta necesidad es más
urgente que nunca.
Las universidades, los colegios y las escuelas católicos, así como los
programas educativos en todos los niveles, deberían ofrecer cursos
para varios grupos —« seminaristas, sacerdotes, religiosos y
religiosas o animadores laicos; (...) profesores, padres y estudiantes
»,48— así como una formación más esmerada en cuestiones de tecnología,
administración, ética y política de las comunicaciones destinada a las
personas que se preparan para trabajar profesionalmente en los medios
de comunicación o para desempeñar funciones directivas, incluyendo a
quienes trabajan para la Iglesia en las comunicaciones sociales.
Además, confiamos los problemas y las cuestiones antes mencionados a
la atención de alumnos e investigadores de las disciplinas pertinentes
en las instituciones católicas de estudios superiores.
A los padres. Por el bien de sus hijos, así como por el suyo propio,
los padres deben « aprender y poner en práctica su capacidad de
discernimiento como telespectadores, oyentes y lectores, dando ejemplo
en sus hogares de un uso prudente de los medios de comunicación social
».49 En lo que a Internet se refiere, a menudo los niños y los jóvenes
están más familiarizados con él que sus padres, pero éstos tienen la
grave obligación de guiar y supervisar a sus hijos en su uso.50 Si
esto implica aprender más sobre Internet de lo que han aprendido hasta
ahora, será algo muy positivo.
La supervisión de los padres debería incluir el uso de un filtro
tecnológico en los ordenadores accesibles a los niños, cuando sea
económica y técnicamente factible, para protegerlos lo más posible de
la pornografía, de los depredadores sexuales y de otras amenazas. No
debería permitírseles la exposición sin supervisión a Internet. Los
padres y los hijos deberían discutir juntos lo que se ve y experimenta
en el ciberespacio. También es útil compartir con otras familias que
tienen los mismos valores y preocupaciones. Aquí, el deber fundamental
de los padres consiste en ayudar a sus hijos a llegar a ser usuarios
juiciosos y responsables de Internet, y no adictos a ella, que se
alejan del contacto con sus coetáneos y con la naturaleza.
A los niños y a los jóvenes. Internet es una puerta abierta a un mundo
atractivo y fascinante, con una fuerte influencia formativa; pero no
todo lo que está al otro lado de la puerta es saludable, sano y
verdadero. « Los niños y los jóvenes deberían ser introducidos en la
formación respecto a los medios de comunicación, evitando el camino
fácil de la pasividad carente de espíritu crítico, la presión de sus
coetáneos y la explotación comercial ».51 Los jóvenes tienen consigo
mismos, con sus padres, familias y amigos, con sus pastores y maestros
y, por último, con Dios, el deber de usar Internet correctamente.
Internet pone al alcance de los jóvenes en una edad inusualmente
temprana una inmensa capacidad de hacer el bien o el mal, a sí mismos
y a los demás. Puede enriquecer su vida más allá de los sueños de las
generaciones anteriores, y capacitarlos para que, a su vez,
enriquezcan la vida de los demás. También puede arrastrarlos al
consumismo, a la pornografía, a fantasías violentas y a un aislamiento
patológico.
Los jóvenes, como se ha dicho repetidamente, son el futuro de la
sociedad y de la Iglesia. Un uso correcto de Internet puede ayudar a
prepararlos para sus responsabilidades en ambas. Pero esto no sucederá
automáticamente. Internet no es sólo un medio de entretenimiento y
gratificación del usuario. Es un instrumento para realizar un trabajo
útil, y los jóvenes deben aprender a verlo y usarlo así. En el
ciberespacio, al menos como en cualquier otro lugar, pueden estar
llamados a ir contra corriente, ejercer la contracultura e, incluso,
sufrir persecución por estar a favor de lo verdadero y bueno.
12. A todas las personas de buena voluntad. Por último, queremos
sugerir algunas virtudes que debe cultivar todo el que quiera hacer
buen uso de Internet; su práctica se ha de basar y guiar por una
valoración realista de sus contenidos.
Se necesita prudencia para ver claramente las implicaciones —el
potencial para el bien y para el mal— de este nuevo medio y responder
creativamente a sus desafíos y oportunidades.
Se necesita justicia, especialmente justicia en el trabajo de cerrar
la brecha digital, la separación entre ricos y pobres en información
en el mundo actual.52 Esto requiere un compromiso en favor del bien
común internacional, así como la « globalización de la solidaridad
».53
Se necesita fortaleza y valentía. Esto implica defender la verdad
frente al relativismo religioso y moral, el altruismo y la generosidad
frente al consumismo individualista, y la decencia frente a la
sensualidad y el pecado.
Se necesita templanza, autodisciplina ante este formidable instrumento
tecnológico que es Internet, para usarlo con sabiduría y
exclusivamente para el bien.
Al reflexionar sobre Internet, como sobre todos los otros medios de
comunicación social, recordamos que Cristo es « el perfecto
comunicador »,54 la norma y el modelo de la Iglesia del enfoque sobre
la comunicación, así como del contenido que debe comunicar. « Ojalá
que los católicos comprometidos en el mundo de las comunicaciones
sociales prediquen desde las azoteas la verdad de Jesús con mucho más
valor y alegría, de forma que todos los hombres y mujeres puedan oír
hablar del amor que es el centro de la autocomunicación de Dios en
Jesucristo, el mismo ayer, hoy y siempre ».55
Ciudad del Vaticano, 22 de febrero de 2002, Fiesta de la Cátedra de
San Pedro Apóstol.
John P. Foley
Presidente
Pierfranco Pastore
Secretario
--------------------------------------------------------------------------------
(1) Juan Pablo II, Carta encíclica Laborem exercens, n. 25; cf.
Concilio Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el
mundo actual Gaudium et spes, n. 34.
(2) Concilio Vaticano II, Decreto sobre los medios de Comunicación
Social Inter mirifica, n. 1.
(3) Véanse, por ejemplo, Inter mirifica; los mensajes de los
Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II con ocasión de las Jornadas
mundiales de las comunicaciones sociales; Consejo Pontificio para las
Comunicaciones Sociales, Instrucción pastoral Communio et progressio,
Pornografía y Violencia en las Comunicaciones Sociales: una Respuesta
Pastoral; instrucción pastoral Aetatis novae; Ética en la Publicidad,
Ética en las Comunicaciones.
(4) Pornografía y Violencia en las Comunicaciones Sociales: una
Respuesta Pastoral, n. 30.
(5) Communio et progressio, n. 2.
(6) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXIV Jornada Mundial de las
Comunicaciones Sociales, 4 de junio de 2000.
(7) Communio et progressio, n. 10.
(8) Concilio Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el
Mundo Actual Gaudium et spes, n. 39.
(9) Inter mirifica, n. 2.
(10) Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, Etica en
Internet.
(11) Aetatis novae, n. 8.
(12) Ib.
(13) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 3.
(14) Cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Divina
Revelación Dei Verbum, n. 10.
(15) Cf. Aetatis novae, n. 10.
(16) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 26.
(17) Communio et progressio, n. 128.
(18) Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 45.
(19) Encíclica Redemptoris missio, n. 37.
(20) Aetatis novae, 2.
(21) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXV Jornada Mundial de las
Comunicaciones Sociales, 27 de mayo de 2001, n. 3.
(22) Aetatis novae, n. 9.
(23) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 11.
(24) Cf. Communio et progressio, n. 15.
(25) Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, n. 37.
(26) Communio et progressio, n. 116.
(27) Ib., n. 117.
(28) Cf. canon 212, § 2 y 3.
(29) Cf. Aetatis novae, n. 10; Ética en las Comunicaciones Sociales,
n. 26.
(30) Aetatis novae, n. 10.
(31) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 26.
(32) Ib., n. 25.
(33) Cf. Aetatis novae, n. 28.
(34) Communio et progressio, n. 107.
(35) Juan Pablo II, Mensaje para la XXIV Jornada mundial de las
comunicaciones sociales, 1990.
(36) Cf. Ética en Internet.
(37) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXV Jornada Mundial de las
Comunicaciones Sociales, n. 3.
(38) Pornografía y Violencia en las Comunicaciones Sociales: una
Respuesta Pastoral, n. 6.
(39) Aetatis novae, n. 8.
(40) Cf. Juan Pablo II, Carta apostólica Novo millennio ineunte, n.
39.
(41) Cf. Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Estados Unidos, n.
5, Los Ángeles, 16 de septiembre de 1987.
(42) Juan Pablo II, Mensaje para la XXIV Jornada Mundial de las
Comunicaciones Sociales, 1990.
(43) Cf. Aetatis novae, nn. 23-33.
(44) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 26.
(45) Juan Pablo II, Mensaje para la XXIV Jornada Mundial de las
Comunicaciones Sociales.
(46) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXIV Jornada Mundial de las
Comunicaciones Sociales.
(47) Cf. Communio et progressio, n. 107.
(48) Aetatis novae, n. 28.
(49) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 25.
(50) Cf. Juan Pablo II, exhortación apostólica postsinodal Familiaris
consortio, n. 76.
(51) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 25.
(52) Cf. Solidaridad en el Ciberespacio: Reflexiones sobre Etica e
Internet, nn. 10 y 17.
(53) Juan Pablo II, Discurso al Secretario General y al Comité
Administrativo de Coordinación de la ONU, n. 2, 7 de abril de 2000.
(54) Communio et progressio, n. 11.
(55) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXV Jornada Mundial de las
Comunicaciones Sociales, n. 4.
«Internet: un nuevo foro para la proclamación del Evangelio»
Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial
de las Comunicaciones sociales
22 enero 2002,
www.zenit.org
Queridos hermanos y hermanas:
1. La Iglesia prosigue en todas las épocas la tarea comenzada el día
de Pentecostés, cuando los Apóstoles, con el poder del Espíritu Santo,
salieron a las calles de Jerusalén a anunciar el Evangelio de
Jesucristo en diversas lenguas (cf. Hch 2, 5-11). A lo largo de los
siglos sucesivos, esta misión evangelizadora se extendió a todos los
rincones de la tierra, a medida que el cristianismo arraigaba en
muchos lugares y aprendía a hablar las diferentes lenguas del mundo,
obedeciendo siempre al mandato de Cristo de anunciar el Evangelio a
todas las naciones (cf. Mt 28, 19-20).
Pero la historia de la evangelización no es sólo una cuestión de
expansión geográfica, ya que la Iglesia también ha tenido que cruzar
muchos umbrales culturales, cada uno de los cuales requiere nuevas
energías e imaginación para proclamar el único Evangelio de
Jesucristo. La era de los grandes descubrimientos, el Renacimiento y
la invención de la imprenta, la Revolución industrial y el nacimiento
del mundo moderno: estos fueron también momentos críticos, que
exigieron nuevas formas de evangelización. Ahora, con la revolución de
las comunicaciones y la información en plena transformación, la
Iglesia se encuentra indudablemente ante otro camino decisivo. Por
tanto, es conveniente que en esta Jornada mundial de las
comunicaciones de 2002 reflexionemos en el tema: «Internet: un nuevo
foro para la proclamación del Evangelio».
2. Internet es ciertamente un nuevo «foro», entendido en el antiguo
sentido romano de lugar público donde se trataba de política y
negocios, se cumplían los deberes religiosos, se desarrollaba gran
parte de la vida social de la ciudad, y se manifestaba lo mejor y lo
peor de la naturaleza humana. Era un lugar de la ciudad muy concurrido
y animado, que no sólo reflejaba la cultura del ambiente, sino que
también creaba una cultura propia. Esto mismo sucede con el
ciberespacio, que es, por decirlo así, una nueva frontera que se abre
al inicio de este nuevo milenio. Como en las nuevas fronteras de otros
tiempos, ésta entraña también peligros y promesas, con el mismo
sentido de aventura que caracterizó otros grandes períodos de cambio.
Para la Iglesia, el nuevo mundo del ciberespacio es una llamada a la
gran aventura de usar su potencial para proclamar el mensaje
evangélico. Este desafío está en el centro de lo que significa, al
comienzo del milenio, seguir el mandato del Señor de «remar mar
adentro»: «Duc in altum» (Lc 5, 4).
3. La Iglesia afronta este nuevo medio con realismo y confianza. Como
otros medios de comunicación, se trata de un medio, no de un fin en sí
mismo. Internet puede ofrecer magníficas oportunidades para la
evangelización si se usa con competencia y con una clara conciencia de
sus fuerzas y sus debilidades. Sobre todo, al proporcionar información
y suscitar interés, hace posible un encuentro inicial con el mensaje
cristiano, especialmente entre los jóvenes, que se dirigen cada vez
más al mundo del ciberespacio como una ventana abierta al mundo. Por
esta razón, es importante que las comunidades cristianas piensen en
medios muy prácticos de ayudar a los que se ponen en contacto por
primera vez a través de Internet, para pasar del mundo virtual del
ciberespacio al mundo real de la comunidad cristiana.
En una etapa posterior, Internet también puede facilitar el tipo de
seguimiento que requiere la evangelización. Especialmente en una
cultura que carece de bases firmes, la vida cristiana requiere una
instrucción y una catequesis continuas, y esta es tal vez el área en
que Internet puede brindar una excelente ayuda. Ya existen en la red
innumerables fuentes de información, documentación y educación sobre
la Iglesia, su historia y su tradición, su doctrina y su compromiso en
todos los campos en todas las partes del mundo. Por tanto, es evidente
que aunque Internet no puede suplir nunca la profunda experiencia de
Dios que sólo puede brindar la vida litúrgica y sacramental de la
Iglesia, sí puede proporcionar un suplemento y un apoyo únicos para
preparar el encuentro con Cristo en la comunidad y sostener a los
nuevos creyentes en el camino de fe que comienza entonces.
4. Sin embargo, hay ciertas cuestiones necesarias, incluso obvias, que
se plantean al usar Internet para la causa de la evangelización. De
hecho, la esencia de Internet consiste en suministrar un flujo casi
continuo de información, gran parte de la cual pasa en un momento. En
una cultura que se alimenta de lo efímero puede existir fácilmente el
riesgo de considerar que lo que importa son los datos, más que los
valores. Internet ofrece amplios conocimientos, pero no enseña
valores; y cuando se descuidan los valores, se degrada nuestra misma
humanidad, y el hombre con facilidad pierde de vista su dignidad
trascendente. A pesar de su enorme potencial benéfico, ya resultan
evidentes para todos algunos modos degradantes y perjudiciales de usar
Internet, y las autoridades públicas tienen seguramente la
responsabilidad de garantizar que este maravilloso instrumento
contribuya al bien común y no se convierta en una fuente de daño.
Además, Internet redefine radicalmente la relación psicológica de la
persona con el tiempo y el espacio. La atención se concentra en lo que
es tangible, útil e inmediatamente asequible; puede faltar el estímulo
a profundizar más el pensamiento y la reflexión. Pero los seres
humanos tienen necesidad vital de tiempo y serenidad interior para
ponderar y examinar la vida y sus misterios, y para llegar
gradualmente a un dominio maduro de sí mismos y del mundo que los
rodea. El entendimiento y la sabiduría son fruto de una mirada
contemplativa sobre el mundo, y no derivan de una mera acumulación de
datos, por interesantes que sean. Son el resultado de una visión que
penetra el significado más profundo de las cosas en su relación
recíproca y con la totalidad de la realidad. Además, como foro en el
que prácticamente todo se acepta y casi nada perdura, Internet
favorece un medio relativista de pensar y a veces fomenta la evasión
de la responsabilidad y del compromiso personales.
En este contexto, ¿cómo hemos de cultivar la sabiduría que no viene
precisamente de la información, sino de la visión profunda, la
sabiduría que comprende la diferencia entre lo correcto y lo
incorrecto, y sostiene la escala de valores que surge de esta
diferencia?
5. El hecho de que a través de Internet la gente multiplique sus
contactos de modos hasta ahora impensables abre maravillosas
posibilidades de difundir el Evangelio. Pero también es verdad que las
relaciones establecidas mediante la electrónica jamás pueden tomar el
lugar de los contactos humanos directos, necesarios para una auténtica
evangelización, pues la evangelización depende siempre del testimonio
personal del que ha sido enviado a evangelizar (cf. Rm 10, 14-15).
¿Cómo guía la Iglesia, desde el tipo de contacto que permite Internet,
a la comunicación más profunda que exige el anuncio cristiano? ¿Cómo
entablamos el primer contacto y el intercambio de información que
permite Internet?
No cabe duda de que la revolución electrónica entraña la promesa de
grandes y positivos avances con vistas al desarrollo mundial; pero
existe también la posibilidad de que agrave efectivamente las
desigualdades existentes al ensanchar la brecha de la información y
las comunicaciones. ¿Cómo podemos asegurar que la revolución de la
información y las comunicaciones, que tiene en Internet su primer
motor, promueva la globalización del desarrollo y de la solidaridad
del hombre, objetivos vinculados íntimamente con la misión
evangelizadora de la Iglesia?
Por último, en estos tiempos tan agitados, permitidme preguntar: ¿cómo
podemos garantizar que este magnífico instrumento, concebido primero
en el ámbito de operaciones militares, contribuya ahora a la causa de
la paz? ¿Puede fomentar la cultura del diálogo, de la participación,
de la solidaridad y de la reconciliación, sin la cual la paz no puede
florecer? La Iglesia cree que sí; y para lograr que esto suceda, está
decidida a entrar en este nuevo foro, armada con el Evangelio de
Cristo, el Príncipe de la paz.
6. Internet produce un número incalculable de imágenes que aparecen en
millones de pantallas de ordenadores en todo el planeta. En esta
galaxia de imágenes y sonidos, ¿aparecerá el rostro de Cristo y se
oirá su voz? Porque sólo cuando se vea su rostro y se oiga su voz el
mundo conocerá la buena nueva de nuestra redención. Esta es la
finalidad de la evangelización. Y esto es lo que convertirá Internet
en un espacio auténticamente humano, puesto que si no hay lugar para
Cristo, tampoco hay lugar para el hombre. Por tanto, en esta Jornada
mundial de las comunicaciones, quiero exhortar a toda la Iglesia a
cruzar intrépidamente este nuevo umbral, para entrar en lo más
profundo de la red, de modo que ahora, como en el pasado, el gran
compromiso del Evangelio y la cultura muestre al mundo «la gloria de
Dios que está en la faz de Cristo» (2 Co 4, 6). Que el Señor bendiga a
todos lo que trabajan con este propósito.
Vaticano, 24 de enero de 2002, fiesta de San Francisco de Sales
IOANNES PAULUS II
[Traducción del original en inglés distribuida por la Sala de Prensa
de la Santa Sede]
ZS02012207