
islam
MusulmanES
Mahoma
es el "profeta" fundador del Islam (622).
Al morir (632) tenía bajo su control a toda Arabia.
Ningún otro árabe lo había logrado. Fundó el Islam basado en
revelaciones que dijo haber recibido de Dios por medio del
ángel San Gabriel. Estableció un imperio militar donde el líder es la cabeza tanto del estado
político como de la estructura religiosa.
Expansión del Islam después de Mahoma:
El liderato político y espiritual pasó a los califas (sucesores) o
diputados del profeta. Estos gobernaron en todos los aspectos
excepto la función de profeta.
En una década habían tomado
posesión de Egipto, Palestina, Siria, Iraq, Iran y toda mesopotamia.
En 635 capturaron a Damasco, en 640 a Jerusalén, en 641 a El Cairo,
en 642 Alejandría. Después invadieron y controlaron todo el norte
del Africa. Invadieron también la India, Indonesia, Pakistán,
Afganistán y China. Cruzaron el estrecho de Gibraltar y conquistaron
a España y Portugal. Desde la península Ibérica invadieron a Francia pero fueron
repulsados
por Carlos Martel en 732 AD. La conquista continuó desde el
Oriente, contra el imperio bizantino. Conquistaron lo que hoy es Turquía y los Balcanes. Finalmente fueron
detenidos en las puertas de Viena cuando se proponían conquistar el
resto de Europa.
En el año 2000, por primera vez
en la historia, hay mas musulmanes que católicos.
El Islam no solo es árabe sino que
tiene seguidores entre las
principales razas y culturas.
En esta
página:
Islam y la Iglesia desde Vat. II
Ejemplo de S.S. Juan Pablo
II
"Guerra Santa"
El Fundamento Islámico
-Cardenal Ratzinger.
Matrimonio: Cristiano-Musulmán
El Islam, la mujer y los
ancianos
Ver también:
«Cristianos
y musulmanes, llamados a promover una cultura de paz»
-Santa Sede, IX, 2007
La Virgen María y el Islam
-Arzobispo Futon Sheen
Conversiones
Quienes se apartan del Islam son
perseguidos a muerte (lo mandó Mahoma) :
Un caso, 2007.
Por
qué me convierto del Islam al catolicismo -Magdi
Cristiano, bautizado por Benedicto XVI, 2008
Beata
María de Jesús: Testimonio de una conversa del Islam
Las Cruzadas
Referencias de Benedicto
XVI sobre el Islam causan furor, Sept, 2006
Las
viñetas ofensivas, Feb, 2006
11 de Sept, 2001
Instituto Pontificio de
estudio Arabe
Islam and Us Cardinal Pell
Religion-cults.com/Islam
Islam a
religion of peace?
Desde el Concilio Vaticano II la
Iglesia ha querido buscar el diálogo y establecer puntos de
entendimiento.
Concilio Vaticano II,
Nostra Aetate, n3:
La Iglesia
mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al
único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo
poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los
hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con
toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe
islámica mira con complacencia. Veneran a Jesús como
profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María,
su Madre virginal, y a veces también la invocan devotamente.
Esperan, además, el día del juicio, cuando Dios remunerará a
todos los hombres resucitados. Por ello, aprecian la vida
moral, y honran a Dios sobre todo con la oración, las
limosnas y el ayuno.
Si en el transcurso de los siglos surgieron no pocas
desavenencias y enemistades entre cristianos y musulmanes,
el Sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo
pasado, procuren y promuevan unidos la justicia social, los
bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres.
Testimonio de S.S. Juan Pablo II
Es con
sincero amor que se puede compartir la verdad sobre Dios.
Muchos
musulmanes han sabido responder al amor del Papa:
Durante la visita de S.S. Juan Pablo II a Baku, Azerbaiján,
la directora del Palacio de Deportes de Baku, musulmana, ha repetido
varias veces
al P. Daniel Pravda, superior de la misión de Azerbaiján. (Fides):
"Dios nos ama verdaderamente si nos envía el Papa".
Cuando allí celebró la misa el Papa el jueves 23 de mayo 2002 dijo el Padre Pravda: "Toda la población está en efervescencia
por esta visita tan esperada. Es un gran placer, un gran honor para
todos que el Papa venga aquí, y la gente, independientemente de su fe
religiosa, ve en este hecho una bendición divina".
"En nuestra diversidad, nos encontramos ante la fe en un solo Dios.
Que Dios nos ilumine y ayude a encontrar el camino de amor y paz"
-Benedicto XVI, Turquía, 2006.
"Guerra Santa"
Entre los musulmanes hay
diversas interpretaciones sobre el significado del
El Jihad o "guerra santa". ¿Es una lucha
espiritual por superarse o una declaración de guerra contra todos
los "infieles"?
En los
países cristianos siempre han existido guerras pero las motivaciones
verdaderas no han sido su religión sino intereses políticos. ¿Ocurre
así con el Islam? Es difícil de responder porque en el Islam no hay
un magisterio que interprete sus libros sagrados. Tampoco hay
consenso sobre lo que que enseña su fundador, a pesar de que
Mahoma, en sus últimos 10 años lanzó continuas
guerras y mataba a quienes le resistían. Decapitó a
cientos de judíos de la tribu de Beni Quraiza que no se pusieron de su
lado en la batalla.
Las leyes islámicas conciben un mundo divido en dos partes: : Dar
al-Harb (la tierra de la guerra) y Dar al-Islam (la tierra bajo el
Islam). Tanto Paúl Fregosi en "Jihad en el Occidente" y el judío Bat Ye'or en
"Declive del Cristianismo Oriental bajo el Islam"
documentan la realidad de las cruzadas musulmanas mucho antes de las
famosas cruzadas cristianas de la Edad Media que fueron concebidas
como un medio de defensa.
Hay pasajes donde claramente las escrituras del
Islam proponen "guerra santa" con
lenguaje extremo: En Sura 5:33, "El castigo de aquellos que hacen
guerra contra Dios y Su Mensajero... es ejecución, o crucifixión, o
amputación de las manos y pies de lados opuestos o exilio de la
tierra: esa es su desgracia en este mundo...".
Sin embargo un grupo de 18 líderes
musulmanes, en su carta abierta a Benedicto XVI, 2006
>>>,
aseguran que el Islam no permite la conversión forzada y que
la crueldad y la agresión son contrarias a la voluntad de Dios.
Según ellos, la comunidad musulmana original luchaba contra quienes
les habían sacado de sus casas y perseguido. Mas tarde las
conquistas islámicas eran de naturaleza política. Presentan varias
citas de sus sagradas escrituras a favor de su posición.
San Francisco de Asís
propuso un acercamiento con amor, no con armas, haciendo así posible
el testimonio del amor aun ante la hostilidad y el martirio. El mismo
se fue a entrevistarse con el Sultán de Egipto y le predicó el
Evangelio.
El Fundamentalismo
Islámico
Cardenal Joseph Ratzinger
En lo referente en lo que se ha dado en llamar "Mundo islámico" –cuyo
rostro multiforme no puede ser descrito aquí ni siquiera de manera
aproximada- quiero solo referirme de forma crítica de uno de los lemas
del debate contemporáneo, que se ofrece gustoso como la clave general
para el esclarecimiento de los procesos actuales: la expresión
"fundamentalismo".
Si, en primer lugar, nos aseguramos de forma muy breve acerca de las
bases sobre las cuales se apoya el renacimiento actual del mundo
islámico, saltan a la vista dos causas.
En primer término, se halla el fortalecimiento económico y, con éste,
también político y militar del mundo islámico, a partir del
significado que el petróleo ha adquirido en la política internacional.
Pero mientras que en Occidente el impulso económico ha conducido a un
debilitamiento de la sustancia religiosa, en el mundo islámico se
vincula al nuevo impulso económico una nueva conciencia religiosa, en
la cual se conjugan en indisoluble unidad la religión islámica, la
cultura y la política.
Esta nueva conciencia religiosa y las posturas que se desprenden de
ella se califican hoy en Occidente como fundamentalismo. Desde mi
punto de vista, se traspone un concepto del protestantismo
norteamericano, en forma inadecuada, a un mundo conformado de modo
distinto por completo, y esto no contribuye al verdadero conocimiento
de las circunstancias.
El fundamentalismo es, según su sentido originario, una corriente
surgida en el protestantismo norteamericano del siglo XIX, la cual se
pronunció contra el evolucionismo y la crítica bíblica y que, junto
con la defensa de la absoluta infalibilidad de la Escritura, intentó
proporcionar un sólido fundamento cristiano contra ambos. Sin duda
existen analogías con respecto a esta posición en otros universos
espirituales, pero si se convierte en identidad la analogía, se
incurre en una simplificación errónea.
De dicha fórmula se ha extraído una clave demasiado simplificada, a
través de la cual se pretende dividir el mundo en dos mitades, una
buena y otra mala. La línea del pretendido fundamentalismo se extiende
entonces desde el protestante y el católico, hasta el fundamentalismo
islámico y el marxista.
La diferencia de los contenidos no cuenta aquí para nada.
Fundamentalista es aquel que siempre tiene convicciones firmes, por
ello actúa como factor creador de conflictos y como enemigo del
progreso. Lo bueno sería, por el contrario, la duda, la lucha contra
antiguas convicciones, y con esto, todos los movimientos modernos no
dogmáticos o antidogmáticos.
Pero, como se desprende del contenido, a partir de un esquema
clasificatorio puramente formal no puede interpretarse realmente el
mundo. Según mi parecer, se debería dejar a un lado la expresión
«fundamentalismo islámico», porque oculta, bajo una misma etiqueta,
procesos muy diferentes en lugar de aclararlos. Habría que
diferenciar, según me parece, el punto de partida del nuevo despertar
islámico y sus diversas formas.
En lo que respecta al punto de partida, me parece muy significativo
que los primeros síntomas del viraje en Irán fueran atentados contra
los cines norteamericanos. El estilo de vida occidental, con su
permisividad moral, fue asumido como un ataque a la propia identidad y
a la dignidad de la propia forma de vida.
El mundo cristiano había generado, en los momentos de su mayor
despliegue de poder, un sentimiento negativo en torno al propio
subdesarrollo y dudas acerca de la propia identidad, al menos en los
círculos cultos del mundo islámico. De este modo, creció el desprecio
frente al confinamiento de lo moral y lo religioso en el ámbito
puramente privado, frente a una configuración de la vida pública, en
la cual sólo resultaba válido el agnosticismo religioso y moral.
El poder con el cual ese estilo de vida fue impuesto formalmente,
sobre todo mediante la exportación de la cultura norteamericana, un
estilo de vida que debía aparecer como el único normal, fue percibido
cada vez más como un ataque contra lo más profundo de la propia
esencia. El hecho de que no sea la atea Unión Soviética, sino los
Estados Unidos de Norteamérica, tolerantes en materia religiosa y al
mismo tiempo fuertemente marcados por la religión, los que son
combatidos y atacados depende de ese choque entre una cultura
moralmente agnóstica y un sistema de vida, choque en el cual la
nación, la cultura, la moral y la religión aparecían como una
totalidad indivisible.
Las configuraciones concretas de esa nueva autoconciencia son muy
variadas. El aferrarse fanáticamente a las tradiciones religiosas se
vincula en muchos sentidos al fanatismo político y militar, en el cual
la religión se considera de forma directa como un camino de poder
terrenal. La instrumentalización de las energías religiosas en función
de la política es algo muy cercano sin duda a la tradición islámica.
En consonancia con esto, se ha desarrollado, en relación con el
fenómeno de la resistencia palestina, una interpretación
revolucionaria del Islam que roza la teología cristiana de la
liberación, y que ha hecho con facilidad una mezcla del terrorismo
occidental, inspirado por el marxismo, y el islámico. Lo que de manera
superficial se denomina «fundamentalismo islámico» se podría vincular
sin dificultad con las ideas socialistas acerca de la liberación: el
Islam es presentado como el verdadero conducto de la lucha por la
liberación de los pueblos oprimidos. Por esta vía, por ejemplo, ha
encontrado Roger Garaudy su camino del marxismo al Islam. Ve en este
último el portador de las fuerzas revolucionarias contra el
capitalismo dominante.
En contraposición con esto, un mandatario fuertemente marcado por la
religión como es el rey Hassam de Marruecos ha expresado su profunda
preocupación por el futuro del Islam: una interpretación del Islam que
considere como su núcleo la entrega a Dios está reñida con una
interpretación político-revolucionaria, en la cual la cuestión
religiosa se convierte en parte de un chauvinismo cultural y con ello
se subordina a lo político. No deberíamos disponernos con tanta
ligereza al análisis de un fenómeno tan completo como éste.
El Islam, tan seguro de sí mismo, actúa desde lejos sobre el Tercer
Mundo como algo más fascinante que un cristianismo dividido consigo
mismo.
La
ley islámica y el
matrimonio entre un musulmán y una cristiana
Ver también:
Disparidad de culto
Fuente:
Zenit
Según la tradición islámica («Hadit»), a un cristiano le está prohibido
casarse con una musulmana si él no se convierte antes al islam. De hecho
este caso se da muy raramente. Sólo en familias muy liberales y no
condicionadas por la religión. La familia, en este caso, no es un
impedimento. A una mujer musulmana, según la jurisprudencia islámica
aceptada por la Comunidad musulmana, le está prohibido absolutamente
casarse con un hombre de otra religión, ya que se pone en peligro de
abrazar la religión del marido. Las consecuencias, si lo hace, pueden
ser muy graves, incluso la muerte, causada por sus familiares, o por
fanáticos o también por las autoridades del Estado, si esté tiene como
ley fundamental la «Sharia», que es considerada por los musulmanes como
una ley divina.
El caso es diverso cuando un musulmán se casa con una cristiana. El
Corán pone como impedimento mayor para el matrimonio la disparidad de
religión y prohibe a los musulmanes casarse con mujeres infieles o
paganas. Un versículo perteneciente al comienzo de la «revelación
medinesa» dice: «no os caséis con mujeres asociadoras (infieles,
paganas) hasta que crean. Una esclava creyente es mejor que una
asociadora, aunque ésta os guste más» (Sura II, 2,21). Permite, sin
embargo, casarse con «las mujeres del Libro» (judías o cristianas). Dice
otra Sura: «De hoy en adelante... se os permite (a los musulmanes)
casaros con judías o con cristianas» (Sura V,5). La tradición musulmana
va más allá y considera loable que un musulmán se case con una
cristiana. Y la razón es fácil de comprender: el hombre conseguirá, por
las buenas o por las malas, que la mujer se haga musulmana, con lo cual
adquirirá méritos ante Dios. En teoría la mujer cristiana no está
obligada a abrazar el islam, pero será tanta la presión que deberá
sufrir por parte de la familia, del ambiente u otro, que será muy
difícil que pueda continuar siendo cristiana. En todo caso lo hijos
nacidos de este matrimonio serán siempre musulmanes, a pesar de que el
Código de Derecho Canónico insiste en la necesidad de que los hijos
nacidos de estos matrimonios – que son válidos para la Iglesia - sean
educados en la fe católica (cc. 1125-1229).
Hay también otro problema importante, que va contra la mujer y muy
especialmente contra la mujer cristiana: es el divorcio y el repudio.
Tanto en la sociedad judía como en la musulmana – la legislación es muy
similar -, existe el divorcio, que es concedido por los tribunales
religiosos. En ambas religiones sólo el hombre puede pedir el divorcio;
a la mujer no le está permitido hacerlo. Y menos, claro está, si ésta es
cristiana. A esto se añaden motivos económicos que empujarán a la mujer
cristiana a abrazar la fe musulmana. Según la ley islámica un cristiano,
por ejemplo, no puede heredar de un musulmán y, en el caso de divorcio o
de repudio, el musulmán no está obligado a pagar «los alimentos» («nafaqa»)
a una mujer no musulmana.
¿Por
qué una cristiana se casa con un musulmán?
Es una pregunta que se pueden hacer también los hombres y mujeres de
nuestras naciones, en donde la presencia de tantos emigrantes
musulmanes puede ser una ocasión de que una mujer conozca y se
enamore del hombre que considera su amor y su futuro. De hecho,
conocemos muchas mujeres españolas y de otras naciones casadas con
musulmanes y que viven en Tierra Santa y en otros países de Oriente
Medio. En Occidente hay un ambiente diverso, existe el matrimonio
civil, el divorcio y la cultura permiten una mayor libertad. Y sobre
todo no se conoce bien la situación en la que se encontrará la
futura esposa si viene a vivir a un país musulmán.
Una mujer cristiana de Belén o de Jerusalén, que conoce bien las
implicaciones de un matrimonio con un musulmán, ¿por qué lo hace?
Las razones pueden ser muy diversas:
En primer lugar – y esto no es una novedad – por amor. En una
sociedad abierta como es Israel, ya no están separadas las
comunidades religiosas como antes. Es normal que, especialmente en
la universidad, chicos y chicas de diversas religiones se
relacionen, se enamoren y quieran afrontar un futuro juntos en el
matrimonio. En estos casos será muy difícil convencer a la mujer de
las consecuencias de su decisión. «El amor lo supera todo», pensará,
y estará convencida de ello. Más aún: verá en la oposición de su
familia un intento de estropearle la propia vida y la felicidad.
Sucede también que la relación de la pareja se lleva a escondidas y
la mujer se encuentra sola, sin que nadie le explique las
consecuencias de su decisión. O que los mismos padres no se atrevan
a contrariar a su hija.
En segundo lugar, porque faltan jóvenes cristianos para casarse.
Muchos cristianos palestinos han abandonado Tierra Santa porque aquí
no encuentran las condiciones mínimas y elementales como son la
vivienda, el trabajo, la seguridad, la educación, las ayudas
sociales, etc., para llevar una vida digna y esperar en un futuro
que merezca la pena. En busca de un futuro mejor, los chicos jóvenes
se van de Tierra Santa. De los casi 2000 cristianos palestinos que
han emigrado en estos últimos dos años, la mayor parte de ellos eran
varones en edad núbil. Es muy difícil – en la cultura y en la
mentalidad de Oriente Medio, incluida la religión – que una chica
joven se aventure a afrontar una vida, la de la emigración, que
comporta hoy tantas incógnitas y dificultades. Pero los chicos lo
hacen.
¿Qué solución dar a este problema?
Es difícil dar una solución a un problema tan complicado. Pero,
creemos, que hay algunas medidas a tomar que serían importantes:
En primer lugar, es necesaria una formación religiosa más profunda.
Y esto es responsabilidad de los pastores, especialmente los
párrocos. La catequesis cristiana y matrimonial debe ahondar no sólo
en los contenidos de la fe, sino también en las consecuencias a las
que se puede llegar en un matrimonio mixto. La ignorancia en estos
temas puede ser muy peligrosa para la mujer.
En segundo lugar, debe haber un mayor esfuerzo por parte de los
cristianos palestinos y también por parte de los gobiernos
occidentales en la democratización de las estructuras políticas de
los estados musulmanes. Ello vale de un modo especial en estos
momentos en los que prepara el proyecto de la Constitución del
futuro Estado palestino. No es comprensible que, con la colaboración
política y económica de Europa, se cree un Estado palestino no
respetuoso con los derechos fundamentales del hombre,
particularmente el derecho a la libertad religiosa y a la libertad
de conciencia.
En tercer lugar, es necesaria una mayor ayuda a los cristianos. Los
cristianos se sienten abandonados por los gobiernos de Occidente y
por las sociedades de beneficencia cristiana. La frase tantas veces
repetida por los políticos: «Nosotros no ayudamos a los cristianos;
ayudamos a los palestinos», puede tener, y tiene, un sentido en
Occidente. Aquí no se entiende. La religión invade todos los
aspectos de la vida de cada grupo y el conflicto que se vive en
Tierra Santa es ante todo religioso. Los cristianos se sienten
traicionados por sus hermanos de Occidente, lo cual no sucede con
los judíos y con los musulmanes. Al no tener esta perspectiva, las
ayudas del mundo cristiano van a parar tanto a los musulmanes como a
los judíos. Y se da la amarga paradoja que, con la ayuda de los
cristianos, las mayorías se hacen más fuertes, dejando a un lado a
la minoría cristiana que se ve así obligada a emigrar. Todos tenemos
una obligación con nuestros hermanos los cristianos de Tierra Santa.
En último lugar, pero es quizás lo más importante, es urgente que
las religiones y las culturas reconozcan la dignidad de la mujer y
sus derechos inalienables dentro de la sociedad. Es éste un capítulo
de la historia que no termina por escribirse, especialmente en
Oriente Medio.
Fuente: Zenit ZSI04121103
El Islam, la mujer y los
ancianos
En
relación a la mujer:
Ver también:
La Mujer y el Islam
-Hna María
de Cristo de la Quebrada
En
la religión islámica el matrimonio no es concebido como un sacramento.
Se trata de un contrato cuyo contenido fijan los futuros esposos
dentro de los límites del orden público religioso (por ejemplo, puede
pactarse una cláusula anti-poligamia, que limite este privilegio del
marido musulmán, pero no puede pactarse una cláusula que le prohíba la
facultad de repudiar a la esposa).
El repudio islámico:
Según el derecho islámico, el repudio es
el privilegio que se concede al marido musulmán de poner fin a su
matrimonio unilateral y discrecionalmente. Es decir por la sola
voluntad del marido y sin necesidad de motivo alguno. No obstante, la
mujer puede reservarse en el contrato de matrimonio la posibilidad de
solicitar que el marido la repudie pagando al mismo una indemnización
(repudio, «khol»). Esta medida, al igual que la
cláusula anti-poligamia, sólo la suelen adoptar las mujeres con
recursos.
Algunos ejemplos de la ley islámica en cuanto
aplica a la mujer: La mujer musulmana no puede
casarse con un hombre no musulmán, la poligamia
es aceptada, el repudio marital, la patria potestad sobre los
hijos corresponde al padre, las hijas reciben
un caudal hereditario consistente en la mitad de lo que reciben los
hijos varones.
En relación a los ancianos
Los musulmanes mantienen el concepto de la
familia amplia y cuidan de sus padres y abuelos.
Fuente: «Derecho e inmigración: el
repudio islámico en Europa», Profesora Ana
Quiñones, Profesora de la Facultad de
Derecho de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.
Occidente visto desde la Península Arábiga:
entre la
dependencia y la oposición
Entrevista con monseñor Giuseppe De Andrea, nuncio en Kuwait.
KUWAIT CITY, 9 abril 2003 (www.ZENIT.org
- Avvenire).- Los países de la Península Arábiga tienen un arraigado
rechazo hacia el mundo occidental, al que ven como un invasor. La
incomprensión mutua podría salvarse desde la educación y eliminando el
fundamentalismo de la región, según explicó el nuncio apostólico en
Kuwait.
Desde hace tres años, el arzobispo piamontés Giuseppe De Andrea,
nuncio apostólico en Kuwait, Bahrein y Yemen, con larga experiencia en
la ONU, reside en estos territorios donde los infieles, para sus
habitantes, «somos nosotros».
--¿Qué amplitud tiene la comunidad católica en Kuwait?
--Monseñor De Andrea: Al menos cien mil personas, cien mil
«expatriates».
--¿Qué quiere decir?
--Monseñor De Andrea: Les llaman así a los católicos: expatriados o
inmigrantes. Porque de hecho lo son.
--¿De dónde proceden?
--Monseñor De Andrea: De la India, Filipinas, Pakistán, Sri Lanka,
Egipto. En Arabia Saudita hay un millón, en Qatar al menos cuarenta
mil.
--¿Ningún kuwaití?
--Monseñor De Andrea: Imposible. Si se convirtiera, perdería gran
parte de los derechos civiles. Los «expatriates» no pueden obtener la
ciudadanía, ni tener propiedades, ni aunque pasaran aquí toda la vida.
Hay alguno que se convierte, pero lo hace en secreto, salva las
apariencias.
--¿Cómo se trata a los cristianos? ¿Se les persigue?
--Monseñor De Andrea: No. En Kuwait City hay un vicariado apostólico
con un obispo --el maltés Mikallef-- y una catedral, la de la Sagrada
Familia. Una hermosa iglesia, pero se ha quedado muy pequeña: los
fieles no caben; hay problemas en la comunión porque quien está dentro
debe salir para permitir el acceso a los que se han quedado fuera.
He pasado la Pascua en Dubai. El Viernes Santo había de ocho a diez
mil personas en la iglesia. Lo mismo ocurre aquí. Una vez al mes, se
reúnen en una vigilia de oración que empieza a las 9 de la noche y
acaba a las 5 de la mañana. La misa del domingo se celebra el viernes,
que es día festivo. El domingo aquí se trabaja. La fe existe, como ve;
el problema está donde no podemos llegar, como Arabia Saudita.
--¿Son muchas las limitaciones?
--Monseñor De Andrea: Es difícil evangelizar. Es difícil incluso
difundir libros litúrgicos o de pensamiento cristiano. Para
importarlos hace falta el permiso del gobierno. De vez en cuando los
gobiernos dan algún paso. En Qatar nos han concedido terreno, y
también a los protestantes y ortodoxos. Construiremos iglesias,
centros, locales.
Desde que estoy aquí, he consagrado dos iglesias, una en Dubai y otra
en los Emiratos. En Yemen va un poco mejor porque el gobierno ha
acogido cuatro centros de las religiosas de la Madre Teresa y un grupo
de salesianos.
--¿Qué piensan de los occidentales en la Península Arábiga?
--Monseñor De Andrea: Tienen una memoria de elefante. Para ellos la
palabra «cruzada» tiene de verdad un sentido. Occidente es por
antonomasia un intruso, un invasor. Ha sucedido incluso en un estado
laico como Irak. Me sorprende que Estados Unidos no lo hubiera tenido
en cuenta: estaban convencidos de que serían acogidos como los
liberadores y en cambio la realidad se está revelando muy diferente.
--¿Existe el peligro del choque de civilizaciones del que habla el
historiador Huntington y que la Santa Sede teme que pueda degenerar en
un conflicto de religiones?
--Monseñor De Andrea: El peligro existe y ha sido en gran manera
infravalorado. Temo, más que un conflicto, una hostilidad sorda.
Occidente ha encontrado alianzas en aquel 2-3% de la Península Arábiga
que detenta el poder político y financiero, pero esto no quiere decir
que estos sean países aliados, son poderes aliados. La gente corriente
no piensa así.
--¿Cómo piensa?
--Monseñor De Andrea: Como se le enseña en la mezquita. Aquí hay un
gran fundamentalismo, la escuela coránica walhabi es la predominante.
Un niño de cinco años aprende desde muy pequeño que el occidental es
un enemigo, no tiene los instrumentos para considerarlo de otra
manera.
--¿Qué es lo que no toleran de Occidente?
--Monseñor De Andrea: Hay una oposición profunda, diría étnica, a la
que se añade el sutil velo islámico, pero el fenómeno está mucho más
arraigado de lo que se pueda pensar. La superioridad tecnológica
occidental ha sido desde siempre vivida como una amenaza, aunque todos
sepan bien que sin la tecnología de Occidente, en pocos años volverían
a estar con los camellos en la arena.
Por lo tanto, necesitan de Occidente para conservar su prosperidad,
sobre todo en Kuwait, en los Emiratos, en Qatar, pero al mismo tiempo
lo temen y lo detestan, sobre todo la gente corriente. En algunas
mezquitas --no en las kuwaitíes, porque aquí las predicaciones están
reguladas y controladas por el Estado--, los imanes pintan a Occidente
como el reino de la pornografía, de la música, de la corrupción, el
reino de Satanás que amenaza directamente a su identidad.
--No he visto sin embargo manifestaciones anti-estadounidenses en
Kuwait, como las que en cambio hay en Egipto, Jordania o Pakistán.
--Monseñor De Andrea: No las permitirían. Este es un Estado
paternalista, con un gobierno familiar que distribuye la riqueza. No
hay peligro de revolución en Kuwait porque el Estado proporciona luz,
teléfono y gas gratuitamente, paga la escuela, la sanidad y a los 40
años se puede uno jubilar. El gobierno es favorable a la guerra, como
muchos estados de la Liga Árabe, a cambio de que la hagan otros.
Saddam Hussein es un enemigo, les ha invadido, pero no sé si todos los
kuwaitíes están contra él.
--¿Cómo es posible que los estadounidenses no lo hayan entendido?
--Monseñor De Andrea: He pasado 41 años en Estados Unidos. Amo aquel
pueblo y sé que es ingenuo. No es arrogante como se piensa, pero quizá
se fía excesivamente de su pragmatismo. Desde hace algunas décadas ya
nadie se pregunta en Estados Unidos si una cosa es buena o justa, sino
si es útil, si funciona. No son así en cambio los ingleses o los
franceses, que gozan de antiguas tradiciones, han tenido las colonias,
saben comprender, mediar. Y luego está el beneficio, que ha hecho
cerrar cien ojos a todos desde tiempos del Imperio Otomano. Gran parte
del mundo árabe ha sido diseñado por los occidentales con líneas
rectas en los mapas.
--El beneficio lo han hecho también los señores del petróleo, el
valiosísimo «Arabian Light» que corre como un océano bajo el Golfo...
--Monseñor De Andrea: Ciertamente también los árabes aprecian el
beneficio. Veo una juventud kuwaití llena de automóviles, relojes
rolex, privilegios, casas en Suiza. Y sin una sola idea, sin un
verdadero futuro. Es una pena, porque es una hermosa juventud.
--¿Cómo superar esta incomprensión entre los dos mundos?
--Monseñor De Andrea: Partiendo desde cero, de la educación. Apagando
el fuego del fundamentalismo, donde quiera que esté, aprendiendo a
mirar las cosas desde la otra orilla, tratando de comprender las
razones del otro, del infiel.
--¿Qué piensa de la guerra en curso?
--Monseñor De Andrea: Que hay una orgía de sangre en la televisión,
que habría que verla menos, porque se convierte en una droga, crea
dependencia, quita valor a la vida. Estoy muy preocupado por el efecto
que una dosis tan fuerte de horror cotidiano puede producir en todos.
Por no hablar de la información, que me parece demasiado partidista,
tanto la occidental como la árabe.
ZS03040909

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