JUBILEO 2000
tomado de
-Incarnationis
Mysterium
La entrada en el nuevo milenio alienta a
la comunidad cristiana a extender su mirada de fe hacia nuevos horizontes en el anuncio
del Reino de Dios. Es obligado, en esta circunstancia especial, volver con una renovada
fidelidad a las enseñanzas del Concilio Vaticano II, que ha dado nueva luz a la tarea
misionera de la Iglesia ante las exigencias actuales de la evangelización. En el
Concilio, la Iglesia ha tomado conciencia más viva de su propio misterio y de la misión
apostólica que le encomendó el Señor. Esta conciencia compromete a la comunidad de los
creyentes a vivir en el mundo sabiendo que han de ser « fermento y el alma de la sociedad
humana, que debe ser renovada en Cristo y transformada en familia de Dios ». Para
corresponder eficazmente a este compromiso debe permanecer unida y crecer en su vida de
comunión. El inminente acontecimiento jubilar es un fuerte estímulo en este sentido. El
paso de los creyentes hacia el tercer milenio no se resiente absolutamente del cansancio
que el peso de dos mil años de historia podría llevar consigo; los cristianos se sienten
más bien alentados al ser conscientes de llevar al mundo la luz verdadera, Cristo Señor.
La Iglesia, al anunciar a Jesús de Nazaret, verdadero Dios y Hombre perfecto, abre a cada
ser humano la perspectiva de ser « divinizado » y, por tanto, de hacerse así más
hombre. Éste es el único medio por el cual el mundo puede descubrir la alta vocación a
la que está llamado y llevarla a cabo en la salvación realizada por Dios
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