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La
Batalla de Lepanto
Esta pintura está
en S. Pedro Mártir,
Murano. Ver Marian
Solidarity

El Cristo de Lepanto
Catedral de Barcelona
Un cartel allí
dice: "San Cristo de Lepanto. Según la tradición oral esta
imagen
(Siglo XV) presidió la galera capitana del bando cristiano que en
el golfo de Lepanto hundió la flota otomana el 7 de octubre de
1571, durante el pontificado del Santo Padre Pío V."
Según un relato, una bala de cañón llevaba
dirección de impactar sobre él pero la figura, milagrosamente, se
ladeó ligeramente esquivando el proyectil. Así quedó.
Se le atribuyen muchos milagros.
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La batalla de
Lepanto
7 Octubre, 1571
La oración del rosario salva a la
cristiandad.
La oración es nuestra arma en la batalla actual
Para
el contexto de esta historia>>>
El
Santo Rosario
En 1571 la cristiandad era
amenazada por los turcos (musulmanes). El Papa San Pío V pidió
a todos que rezaran, particularmente el rosario, para
obtener la victoria. Una vez conseguida, instituyó la
fiesta de Nuestra Señora del
Rosario
Los musulmanes
ya habían
arrasado con la cristiandad en el norte de Africa, en el medio oriente
y otras regiones. España y Portugal se había librado después 8 siglos de
lucha. La amenaza se cernía una vez mas sobre toda Europa. Los turcos
se preparaban para dominarla y acabar con el
Cristianismo.
La situación para
los cristianos era desesperada. Italia se encontraba desolada por una
hambruna, el arsenal de Venecia estaba devastado por un incendio.
Aprovechando esa situación los turcos invadieron a Chipre con un
formidable ejército. Los defensores de Chipre fueron sometidos a las
mas crueles torturas.
El Papa San Pío V trató
de unificar a los cristianos para defender el
continente pero contó con muy poco apoyo.
Por fin se ratificó la alianza en mayo del
1571. La
responsabilidad de defender el cristianismo cayó principalmente en
Felipe II, rey de España, los venecianos
y genoveses. Para evitar rencillas, se declaró al Papa como jefe de la
liga, Marco Antonio Colonna como general de los galeones y Don Juan de
Austria, generalísimo. El ejército contaba con 20,000 buenos
soldados, además de marineros. La flota tenía 101 galeones y otros
barcos mas pequeños. El Papa envió su bendición apostólica y
predijo la victoria. Ordenó además que sacaran a cualquier
soldado cuyo comportamiento pudiese ofender al Señor.
San Pío V, miembro de la
Orden de Santo Domingo, y consciente del poder de la devoción
al Rosario, pidió a toda la Cristiandad que lo
rezara y que hiciera ayuno, suplicándole a la
Santísima Virgen su auxilio ante aquel peligro.
Poco antes del amanecer
del 7 de Octubre la Liga Cristiana encontró
a la flota
turca anclada en el puerto de Lepanto. Al ver los turcos a los
cristianos, fortalecieron sus tropas y salieron en orden de batalla.
Los turcos poseían la flota
mas poderosa del mundo, contaban con 300 galeras, además tenían miles
de cristianos esclavos de remeros. Los cristianos estaban en
gran desventaja siendo su flota mucho mas pequeña, pero poseían un
arma insuperable: el Santo Rosario. En la bandera de la nave
capitana de la escuadra cristiana ondeaban la Santa Cruz y el Santo
Rosario.
La
línea de combate era de 2 kilómetros y medio.
A la armada cristiana se le
dificultaban los movimientos por las rocas y escollos que
destacan de la costa y un viento fuerte que le
era contrario. La mas numerosa escuadra
turca, sin embargo tenía facilidad de
movimiento en el ancho golfo y el viento la favorecía
grandemente.
Mientras tanto, miles de cristianos
en todo el mundo dirigían su plegaria a la
Santísima Virgen con el rosario en mano, para
que ayudara a los cristianos en aquella batalla
decisiva.
Don Juan mantuvo el centro y tuvo por segundos a Colonna y al general
Veneciano, Venieri. Andrés Doria dirigía el ala derecha y Austin
Barbarigo la izquierda. Pedro Justiniani, quien comandaba los galeones
de Malta, y Pablo Jourdain estaban en cada extremo de la línea. El
Marques de Santa Cruz estaba en reserva con 60 barcos listo para
relevar a cualquier parte en peligro. Juan de Córdova con 8 barcos
avanzaba para espiar y proveer información y 6 barcos Venecianos
formaban la avanzada de la flota.
La flota
turca, con 330 barcos de todos tipos, tenía
casi
el mismo orden de batalla, pero según su costumbre, en forma de creciente. No utilizaban un escuadrón de reserva por lo que su
línea era mucho mas ancha y así tenían gran ventaja al comenzar la
batalla. Hali estaba en el centro, frente a Don Juan de Austria;
Petauch era su segundo; Louchali y Siroc capitaneaban las dos alas
contra Doria y Barbarigo.
Don Juan dio la señal de batalla
enarbolando la bandera enviada por el Papa con
la imagen de Cristo crucificado y de la Virgen
y se santiguó. Los generales cristianos
animaron a sus soldados y dieron la señal para rezar. Los soldados
cayeron de rodillas ante el crucifijo y continuaron en esa postura de
oración ferviente hasta que las flotas se aproximaron. Los turcos se
lanzaron sobre los cristianos con gran rapidez, pues el viento les era
muy favorable, especialmente siendo superiores en número y en el ancho
de su línea. Pero el viento que era muy fuerte, se calmó justo
al comenzar la batalla. Pronto el viento comenzó en la otra dirección,
ahora favorable a los cristianos. El humo y el fuego de la artillería
se iba sobre el enemigo, casi cegándolos y al fin agotándolos.
La batalla fue terrible y sangrienta. Después de tres horas de lucha, el ala
izquierda cristiana, bajo Barbarigo, logró hundir el galeón de Siroch. Su
pérdida desanimó a su escuadrón y, presionado por los venecianos,
se retiró hacia la costa. Don Juan, viendo esta ventaja, redobló el fuego, matando así a Hali, el general turco,
abordó su galeón, bajó su bandera y gritó: ¡victoria!. Los cristianos procedieron a devastar el centro.
Louchali, el turco, con gran ventaja
numérica y un frente mas ancho, mantenía a Doria y el ala derecha a
distancia hasta que el Marqués de Santa Cruz vino en su ayuda. El
turco entonces escapó con 30 galeones, el resto habiendo sido hundidos
o capturados.
La batalla duró
desde alrededor de las 6 de la mañana hasta la noche, cuando la
oscuridad y aguas picadas obligaron a los cristianos a buscar refugio.
El Papa Pío V, desde el Vaticano, no cesó de
pedirle a Dios, con manos elevadas como Moisés. Durante
la
batalla se hizo procesión del rosario en la iglesia de
Minerva en la que se pedía por la victoria. El Papa estaba
conversando con algunos cardenales pero, de repente los dejó, se quedó
algún tiempo con sus ojos fijos en el cielo, cerrando el marco de la
ventana dijo: "No es hora de hablar mas sino de dar gracias a Dios por
la victoria que ha concedido a las armas cristianas". Este hecho fue
cuidadosamente atestado y auténticamente inscrito en aquel momento y
después en el proceso de canonización de Pío V.
Las
autoridades después compararon el preciso momento de las palabras del
Papa Pio V con los registros de la batalla y encontraron que
concordaban de forma precisa. Pero la mayor razón de reconocer el
milagro de la victoria naval es por los testimonios de los prisioneros
capturados en la batalla. Ellos testificaron con una convicción
incuestionable de que habían visto a Jesucristo, San Pedro, San Pablo
y a una gran multitud de ángeles, espadas en manos, luchando contra Selim y los turcos, cegándolos con
humo.
En la batalla de Lepanto
murieron unos 30,000 turcos junto con su general, Hali. 5,000 fueron
tomados prisioneros, entre ellos oficiales de alto rango. 15,000
esclavos fueron encontrados encadenados en las galeras y fueron
liberados. Perdieron mas de 200 barcos y galeones. Los cristianos
recuperaron además un gran botín de tesoros que los turcos habían
pirateado.
Los turcos con su orgulloso emperador
fueron presa de la mayor consternación ante la derrota.
Dios, que en su justicia había permitido que parte de las naciones
cristianas cayeran bajo la opresión turca, impuso aquel día un límite
y no permitió que el cristianismo desapareciera. El Dios que pone
límites a las aguas y conoce cada grano de arena, escuchó la oración y
manifestó su poder salvador. Fue la última batalla entre
galeones de remos.
Los cristianos lograron una milagrosa victoria que cambió el
curso de la historia. Con este triunfo se
reforzó intensamente la devoción al Santo Rosario.
En gratitud perpetua a Dios por la victoria,
el Papa Pio V instituyó
la fiesta de la Virgen de las
Victorias, después conocida como la
fiesta del Rosario, para el primer domingo
de Octubre. A la letanía de
Nuestra Señora añadió "Auxilio
de los cristianos". El Papa Pío V murió el
primero de mayo de 1572, fue beatificado por Clemente X en 1672 y
canonizado por Clemente XI en 1712.
Sus restos mortales están en la basílica de Santa María la Mayor en
Roma.
En 1569, (dos años antes
de la batalla) el mismo Papa, en su Carta Apostólica
”Acostumbraron los Romanos Pontífices" ilustró
– y en cierto modo, definió – la forma tradicional del Rosario.
En 1573, el Papa Gregorio
XIII le cambió el nombre a la fiesta, por el de Nuestra Señora del
Rosario. El Papa Clemente XI extendió la fiesta
del Santo Rosario a toda la Iglesia de Occidente, en 1716 (El mismo Papa
canonizó
al Papa Pío V en 1712). El Papa Benedicto XIII la introdujo en el
Breviario Romano y San Pío X la fijó en el 7 de Octubre
y afirmó:
"Dénme un ejército que rece el Rosario y vencerá al mundo".
Lo acontecido en Lepanto
por intercesión de la Virgen y el rezo del rosario
se repitió:
-en Viena, liberada por Juan Sobinski
-en
Polonia, donde, en agradecimiento a Nuestra Señora por la victoria
obtenida, se estableció la fiesta del Dulce Nombre de María.
-En
Rumania.
Hoy los cristianos estamos
en situación similar, en una lucha entre la
cultura de la vida y la cultura de la muerte. Esta se refleja en
la destrucción de las familias y también en la crisis de los
gobiernos en todos los países. El enemigo parece muy superior en sus
fuerzas:
Ellos tienen la prensa, la TV, las universidades, el dinero.... La
mayoría de los cristianos están dormidos, arrastrados por el
paganismo imperante. Pero no podemos lamentarnos de no tener los recursos que tiene el enemigo.
Tampoco podemos esperar a que todos los católicos despierten del
letargo en que el mundo los tiene envueltos. Nosotros tenemos las
armas mas poderosas: La fe y el Santo Rosario. El Señor ganará la
batalla con la entrega total de unos pocos humildes y totalmente
fieles al Señor, a María y a la Iglesia. Hombres y mujeres que
no se avergüenzan de ser católicos y de luchar con todo el
corazón.
La victoria no será
fácil. Lepanto no fue fácil. La lucha fue sin cuartel, con enormes
sufrimientos. Hoy no será fácil. Pero no tengan miedo pues Dios da
la gracia. Hay que actuar YA,
poniendo la confianza en el Señor y sabiendo usar sus armas que son
espirituales y no según nuestra lógica. Hay que unirse al Papa
el Vicario de Cristo y seguir sus direcciones.
Lepanto y la Virgen
de Guadalupe
Uno de los tres
admirantes comandando las fuerzas católicas en Lepanto era Andrea
Doria. Él llevaba consigo una pequeña réplica
de la Virgen de
Guadalupe (Patrona de México). Está imagen
se encuentra en la iglesia de San Estéfano en Aveto, Italia.
Reliquias de la
victoria
La reliquia mas
importante es El Cristo de Lepanto
que se encuentra en la Catedral de Barcelona.
También en Barcelona, en el Museo Marítimo de Barcelona, en el
astillero medieval, se guarda una reproducción a escala real (60
metros de eslora total) de la nave La Real de Juan de Austria, Capitán
de la Santa Liga de Lepanto. -Agradecemos
a Neus Sans, Barcelona.
En el
Monasterio de Ntra Sra. de
Guadalupe en España podemos contemplar un
enorme farol capturado
de uno de los navíos de guerra musulmanes en la Batalla de
Lepanto.
En Roma, en el
techo de Santa Maria en Aracoeli podemos observar las decoraciones en
oro tomadas de las galeras turcas.
En el palacio Doges de
Venecia hay una gigantesca bandera islámica, trofeo de la victoria
sobre uno de los barcos turcos en la batalla de Lepanto.
En la Basílica Santa
María la Mayor, cerca de la tumba del Papa Pío V, había otra bandera
islámica de la batalla, pero fue devuelta a Estambul en 1965 como
gesto de concordia.