Longanimidad
Etim. Latín longus, largo + animus, alma. largo sufrimiento)

Uno de los Frutos del Espíritu Santo

La longanimidad o perseverancia nos ayudan a mantenernos fieles al Señor a largo plazo. Impide el aburrimiento y la pena que provienen del deseo del bien que se espera, o de la lentitud y duración del bien que se hace, o del mal que se sufre y no de la grandeza de la cosa misma o de las demás circunstancias. La longanimidad hace, por ejemplo, que al final de un año consagrado a la virtud seamos más fervorosos que al principio. -Fuene: Royo Marín, Teología de la Perfección Cristiana.

Requiere paciencia extraordinaria bajo provocación o prueba. Incluye dominio de si. Sugiere tolerancia movida por amor y el deseo de paz.

¿desprecias, tal vez, sus riquezas de bondad, de paciencia y de longanimidad, sin reconocer que esa bondad de Dios te impulsa a la conversión? -Romanos 2:4

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