
Montanismo
Herejía de tendencias
apocalípticas y semi-místicas, iniciada en la última mitad
del siglo II en la región de Frigia (Asia Menor) por Montanus.
Después de su
conversión al cristianismo, Montanus comenzó a predicar por Asia
Menor junto con dos discípulas Prisca y
Maximila. Decían tener revelaciones directas del Espíritu Santo.
Hablaban durante estado de éxtasis. Enseñaban una ascética intensa,
ayuno, pureza personal y deseo ardiente de sufrir el martirio. Tal estilo de vida era esencial en vistas al inminente
regreso de Cristo. Creía que la santa Jerusalén iba a descender pronto
sobre la villa de Pepuza.
Según la discípula
Prisca, Cristo se le apareció en forma de mujer. Cuando ella fue
excomulgada, exclamó: "Yo no soy un lobo: Soy palabra, espíritu y
poder"
No obstante la
oposición de muchos obispos en Asia Menor, el montanismo se expandió
a través de la región. Su mayor éxito fue la conversión de
Tertuliano en el año 207 quien había sido un importante padre de
la iglesia latina.
Sus enseñanzas se
difundieron hasta el Africa y la Galia. Fueron combatidas por
la Iglesia. El obispo Apolinario encontró la iglesia de Ancyra
dividida por las falsas profecías (Eusebius 5.16.5).
San Ireneo, al regresar de Roma,
encontró gran influencia del montanismo en Lion, por lo que escribió
en defensa de la ortodoxia su tratado Adversus Haereses.
El movimiento duró varias generaciones pronto comenzó su descenso
pero quedaron algunos montanistas siglos más en Frigia.
Algunas de las
creencias montanistas han vuelto a surgir en algunas sectas
Pentecostales (no todas).
Diferencias entre
Montanismo y el cristianismo ortodoxo:
-
Creer que los
mensajes que recibían directamente del Espíritu Santo suplantan
y cumplen las doctrinas de los Apóstoles. Estaban influenciados
por una interpretación gnóstica del Evangelio de San Juan: "Yo
les enviaré el abogado, el espíritu de verdad"
-
Creyéndose
poseído por Dios, pensaban que cuando profetizaban no podían
resistir. Montanus decía "Yo soy el Padre, la Palabra, el
Espíritu Santo" (Didymus, De Trinitate, III, xli)
-
Exagerada
importancia a las profecías recibidas en éxtasis y las lenguas.
-
Los cristianos
que perdían la gracia no podían ser redimidos.
-
Esperaban el
regreso inminente de Cristo.
-
Según San
Jerónimo y otros padres, los montanistas creían que la Trinidad
es una sola persona.