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Es costumbre en Polonia que los niños, después de su primera
comunión, van a visitar algún santuario.
Aquí esperan para visitar la casa natal de Juan Pablo II en
Wadowice
Foto: Padre Jordi Rivero |
LOS NIÑOS
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Lucas 18:16
Mas Jesús llamó a los niños, diciendo: «Dejad que los niños
vengan a mí y no se lo impidáis; porque de los que son como
éstos es el Reino de Dios.
Abuso contra los niños:
Hay 250 mil niños y
niñas que son soldados; 275 millones de niños que
cada año son testigos de violencia doméstica que
puede marcarles de por vida; 218 millones de niños
obligados a trabajar (sin poder asistir a la
escuela); más de 126 millones utilizados en
actividades peligrosas; en particular 5,7 millones
de niños forzados a trabajar como pago de deudas,
1,8 millones involucrados en prostitución y
pornografía, y 1,2 millones víctimas del tráfico de
menores con tal fin.
No te olvides de
ellos.
S.O.S. desde la Santa Sede por millones de niños
bajo violencia, 2007
La Iglesia defiende a los niños ante la ONU
Cardenal ALFONSO LÓPEZ TRUJILLO
9 de mayo de 2002
Señor Presidente:
La Santa Sede quiere ser siempre fiel al amor de especial predilección
y ternura del Señor por los niños, en el reconocimiento y respeto
pleno que les es debido. Son don maravilloso de Dios.
A lo largo de los siglos han surgido en el seno de las comunidades
cristianas incontables instituciones y obras en favor de la niñez, y
han brindado, en las más diversas dimensiones, un servicio generoso:
en la familia, en la educación, en la salud, con especial énfasis en
los más pobres y necesitados. La lucha contra la pobreza, que flagela
a la infancia cruelmente y cobra tantas víctimas, es una exigencia
fundamental.
Su Santidad Juan Pablo II ha escrito durante el Año Internacional de
la Familia (1994) una significativa Carta a los Niños. Estos son
fuente de alegría y esperanza para los padres y para la sociedad, y
son amados por Dios en Jesús Niño, que se presenta en Belén como un
recién nacido.
En ella denuncia los sufrimientos, amenazas y atentados de que son
víctimas los niños: "padecen hambre y miseria, mueren a causa de las
enfermedades y la desnutrición, perecen víctimas de las guerras, son
abandonados por sus padres y condenados a vivir sin hogar, privados
del calor de una familia propia, soportan muchas formas de violencia y
abuso por parte de los adultos" (Carta a los Niños). No se puede
permanecer indiferentes, advierte el Papa, ante el sufrimiento de
tantos niños.
Además de las múltiples formas de violencia indicadas, hay otras que
proliferan, con drásticos efectos, como es la polución moral del
ambiente, que les impide respirar espiritualmente un oxígeno puro. Las
familias y los Estados no pueden evadir las exigencias de una
"ecología humana" (Centesimus annus, 30). Cuando los valores morales
son impunemente conculcados, cuando la atmósfera es cargada
artificiosamente de erotismo, y se vacía y se banaliza el significado
de la sexualidad humana, e incluso se les induce a "estilos de vida",
de comportamientos incalificables, en un clima de alarmante
permisivismo, los riesgos de violencia crecen. Aunque con notable
retraso, porque son ya muy numerosas las víctimas, muchos parece que
comienzan a reaccionar y a revisar actitudes y a fortalecer las normas
legales para evitar sus consecuencias devastadoras.
En diversas ocasiones el Pontificio Consejo para la Familia ha
celebrado congresos internacionales sobre la niñez:
- La dignidad del niño y sus derechos (Roma, 18-20 de junio de 1992).
- La explotación sexual del niño en la prostitución y la pornografía
(Bangkok, 9-11 de septiembre de 1992).
- La familia y el trabajo de los menores (Manila, 1-3 de julio de
1993).
- Los niños de la calle (Río de Janeiro, 27-29 de julio de 1993).
- La adopción internacional (Sevilla, 25-27 de febrero de 1994).
Más recientemente, en ocasión del Gran Jubileo, llevamos a cabo un
congreso mundial con el título: "Los niños, primavera de la familia y
de la sociedad" (Roma, 11-13 de octubre de 2000), y, el 5 de junio del
año pasado, aquí en las Naciones Unidas, se efectuó un simposio sobre
"Los niños en los conflictos armados: responsabilidad de cada uno",
organizado por la Misión Permanente de observación de la Santa Sede,
en unión con la Oficina del representante del secretario general de
las Naciones Unidas para los niños en situación de conflicto. Sería
una información demasiado amplia la que requeriría recordar los
congresos, encuentros y otras actividades llevadas a cabo por la
Iglesia a lo largo y ancho del mundo.
El reconocimiento pleno de la dignidad humana del niño, de todos los
niños, imágenes de Dios, desde el momento de su concepción, parece que
se ha perdido y tiene que ser renovado. La verdadera medida de
grandeza de una sociedad es aquella con la que se reconoce y protege
la dignidad y los derechos humanos, y asegura el bienestar de todos
sus miembros, especialmente los niños. Una sociedad sana, de genuino
rostro humano, es aquella en la cual los individuos reconocen a la
familia como la célula básica de la sociedad y la más importante
proveedora y educadora del niño, así como está proclamado en la
Convención sobre los derechos del niño (de 1989).
Es muy importante observar el criterio central, varias veces subrayado
en la misma Convención, según el cual debe prevalecer "el bien
superior del niño". Este criterio iluminador no debe ser sofocado o
burlado por leyes injustas. "El bien superior del niño" es un precioso
criterio que hunde sus raíces en su dignidad personal: el niño es fin,
no instrumento, medio, objeto (cf. Gaudium et spes, 24); es sujeto de
derechos, comenzando por el derecho fundamental a la vida, desde su
concepción, que nada ni nadie puede negar, así como lo afirma el
párrafo 9 del preámbulo de la Convención.
El proceso del desarrollo humano en todos sus aspectos, físico,
emocional, espiritual, intelectual y social, es el resultado de una
sinergia entre la familia y la sociedad. Sólo por medio de una
colaboración eficaz el niño podrá ser protegido de toda injuria, abuso
y opresión, y ser capacitado para compartir y contribuir al bien común
de la humanidad. Lograr este desarrollo es una gran empresa, siempre
en construcción, que a la vez pone de manifiesto el genuino espíritu y
el estado de salud de las sociedades y aportará remedios oportunos
contra las injurias y las necesidades.
"El bien superior del niño" exige su adecuada relación con la familia,
fundada sobre el matrimonio, cuna y santuario de la vida, lugar del
crecimiento personal, de afectos, de solidaridad, lugar del derecho y
de la transmisión intergeneracional de la cultura. Al servicio del
niño la comunidad internacional debe "defender el valor de la familia
y el respeto a la vida humana, desde el momento de la concepción. Se
trata de valores que pertenecen a la "gramática" fundamental del
diálogo y de la convivencia humana entre los pueblos" (Discurso de
Juan Pablo II en el Jubileo de las Familias, 14 de octubre de 2000).
La Santa Sede, por tanto, mantiene que deben ser articulados los
derechos del niño con los derechos de la familia. Como institución
fundamental para la vida de toda sociedad, la familia, fundada sobre
el matrimonio, ha de ser entendida como pacto por el cual "el hombre y
la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado
por su misma índole al bien de los cónyuges y a la generación y
educación de la prole" (Juan Pablo II, Carta a las Familias
Gratissimam sane, 1994, n. 17; cf. Código de Derecho Canónico, can.
1055; Santa Sede, Carta de los Derechos de la Familia, 1983, art. 1-3;
Declaración universal de los Derechos Humanos, art. 16).
El niño, todos los niños, en cualesquiera situación o circunstancia,
han de ser amados, acogidos, protegidos y educados, con especial
dedicación y ternura, incluso mayor cuando más duras y pesadas sean
sus limitaciones y dificultades.
Debe hacerse todo lo posible porque sean concebidos, nazcan, crezcan y
sean formados en una familia, capaz de brindar, de forma positiva y
permanente, protección y ejemplo como elementos irreemplazables de su
educación.
El niño ha de ser considerado como miembro de la familia, de tal
manera que los progenitores, abiertos al don de la vida, con una bien
concebida paternidad y maternidad responsables, cumplan con sus
deberes irrenunciables y sean ayudados por la sociedad, y no
obstaculizados en su misión (cf. Carta de los Derechos de la Familia,
art. 1b, 3c).
Sólo cuando falta la familia, la sociedad y el Estado han de brindar
lo que al niño le es necesario, ojalá en un ambiente que ofrezca la
calidad como de una familia, por su acogida, dedicación, respeto y
ternura. "Todos los niños, nacidos dentro o fuera del matrimonio,
gozan del mismo derecho a la protección social para su desarrollo
personal e integral" (Carta de los Derechos de la Familia, art. 4e).
Señor Presidente:
Mi Delegación sostiene que ha de obtenerse una legislación de
protección de la niñez que preserve a los niños de todas las formas de
explotación y abuso, como por ejemplo el incesto y la pedofilia, ya
sea en el trabajo, en la esclavitud, en los delitos abominables de la
prostitución y la pornografía, en los secuestros o su utilización como
soldados o guerrilleros, ya sea como víctimas de conflictos armados o
de las sanciones internacionales o unilaterales impuestas a algunos
países; plagas todas ellas que afrentan y escandalizan a la humanidad.
Estas variadas formas de violencia no deben quedar impunes.
Es preciso vigilar cuidadosamente para que las adopciones, nacionales
o internacionales, cuando sean realmente aconsejables, observado el
principio del "bien superior del niño", sean hechas por matrimonio que
ofrezcan verdaderas garantías por su estabilidad, solvencia moral,
capacidad de acompañamiento y ejemplaridad, de tal forma que los niños
puedan ser adecuadamente educados, no entorpecidos, cuando no
destruidos, en su misma personalidad. Forma parte del interés del niño
para su desarrollo integral y armónico que, como la misma ciencia lo
enseña, tengan un padre y una madre.
Señor Presidente:
Mi Delegación está convencida de que no se reconoce el bien superior
del niño cuando, condicionados por el mito de la sobrepoblación - mito
que los datos y tendencias demográficas recientemente reconocidos
muestran como infundado - se imponen políticas de población contra los
derechos de la familia y de los niños. Debe ser reconocido, en primer
lugar, el derecho fundamental a la vida.
Los niños constituyen una riqueza y una esperanza para la familia
humana. Por eso la Delegación de la Santa Sede hace votos para que
esta sesión especial de la Asamblea general de las Naciones Unidas
tenga muchos y valiosos frutos para asegurar que los niños de todo el
mundo sean "primavera de la familia y de la sociedad".