
El Pecado
Original
El pecado original es una doctrina fundamental para comprender
nuestra fe.
Ver También:
El Catecismo sobre el Pecado
Original (385-409)
Comprender
el pecado original es comprender la grandeza del amor de Dios
Según el secretario de la Congregación para la Doctrina de la
Fe
3 marzo 2005 (ZENIT.org).
Comprender el pecado original
significa también comprender el inmenso amor de Dios por cada
persona, considera el secretario de la Congregación para al Doctrina
de la Fe.
El arzobispo Angelo Amato afrontó el argumento al inaugurar este
jueves un congreso celebrado en el Ateneo Pontificio «Regina
Apostolorum» de Roma sobre «El pecado original: una perspectiva
interdisciplinar»
El prelado italiano ilustró la visión cristiana del pecado original
citando el número 400 del Catecismo de la Iglesia Católica en el que
se explica que por su causa «la armonía con la creación se rompe».
«La consecuencia anunciada por la desobediencia es la muerte, que
entra en la historia de la humanidad. De este modo, la creación
visible se hace para el hombre extraña y hostil», explicó el
prelado, respondiendo a muchas de las preguntas que, por ejemplo,
plantean catástrofes naturales como el «tsunami» del sudeste
asiático.
Pero, ¿qué es el pecado original? ¿Cómo es posible que también nos
afecte a nosotros? Amato respondió a estos interrogantes
reconociendo que «hay que aprender a comprender el hombre», que
«vive en aquellos en los que ama, en aquellos por los que vive y por
los que existe: el hombre es relación».
El pecado, añadió, es la pérdida de la relación con Dios, y este
pecado transforma y perturba la relación con el mundo.
«La doctrina católica sobre el pecado, en último término, se resume
en la solidaridad de los hombres en Adán, contrapuesta a la
solidaridad de los hombres en Cristo», reconoció el arzobispo,
perteneciente a la familia salesiana.
«En Cristo se alcanza la salvación, que excluye la autosalvación
como imposibilidad teológica y como arrogancia antropológica»,
insistió este teólogo, colaborador en la redacción de la declaración
«Dominus Iesus» (agosto de 2000) de la Congregación para la Doctrina
de la Fe, cuando todavía no era secretario de este dicasterio
vaticano.
De este modo, reconoció, «hoy más que nunca se revela que al
principio no está el pecado, sino la gracia».
«Dios ama antes de ser amado y permanece fiel a este proyecto a
pesar incluso de la infidelidad y la desobediencia», indicó el
teólogo.
Monseñor Amato concluyó citando a san Pablo: «donde abundó el
pecado, sobreabundó la gracia» (Romanos 5, 20).
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