POBLACION MUNDIAL

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Los datos de la ONU sobre la población mundial son falsos.
Dura denuncia de un documento publicado por el Consejo Pontificio para la Familia
 
CIUDAD DEL VATICANO, 26 mar. 1998 (Zenit).- La caída de la tasa de fecundidad se extiende a un número creciente de países en vías de desarrollo, de tal manera que en la actualidad 51 países (de un total de 185), que representan el 44 por 100 de población mundial están por debajo del umbral de reemplazo de generaciones. En otros 15 países el número de defunciones es superior al de nacimientos.

La voz de alarma sobre el futuro demográfico la acaba de dar el Consejo Pontificio para la Familia en una declaración de siete páginas sobre el estado de la población mundial.

La declaración, redactada tras un encuentro entre organismos de la Santa Sede, celebrado en el Consejo presidido por el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo el pasado 27 de febrero, afirma que «desde hace demasiado tiempo, la mayor parte de los discursos sobre la población difunden un tópico global y erróneo, según el cual el mundo sería prisionero de un crecimiento demográfico "exponencial", es decir galopante, que conduciría a una "explosión demográfica"». El Consejo Pontificio, que siempre contradijo estas previsiones alarmistas, se complace en constatar, que después de mantener durante treinta años tales augurios, ciertas agencias de la ONU empiezan a reconocer la verdad de los hechos demográficos.

Afirma el Consejo que «sobre esta base alarmista, diferentes agencias de la ONU habían invertido, y siguen invirtiendo, medios financieros considerables con el fin de obligar a muchos países a poner en práctica políticas maltusianas». Denuncia que muchos de estos programas, siempre vigilados desde el exterior, tienen medidas coercitivas de control de la natalidad. Incluso, la ayuda al desarrollo es regularmente condicionada a la puesta en marcha de programas de control de la población, incluyendo la esterilización forzada, o realizada sin conocimiento de las víctimas. «Estas acciones maltusianas --afirma el documento-­ son seguidas por los gobiernos nacionales y amplificadas con el aporte de organizaciones no gubernamentales (ONG), de las que la más conocida es la Federación Internacional para la Planificación Familiar (IPPF)».

El Consejo Pontificio afirma que estas políticas desastrosas están en contradicción total con la evolución demográfica real, tal como revelan las estadísticas y resulta del análisis de los datos. Desde hace treinta años, la tasa de crecimiento de la población mundial no cesa de disminuir a un ritmo regular y significativo. Esta situación se da en casi todos los continentes. Tienen una fecundidad inferior al umbral de reemplazo, en América, Estados Unidos, Canadá, Cuba y la mayor parte de las islas caribeñas; en Asia, Georgia, Tailandia, China, Japón y Corea del Sur; en Oceanía, Australia; y la casi totalidad de los países de Europa. En este último continente, el agravamiento de los efectos del envejecimiento conduce a una despoblación, con un número de fallecimientos superior al de nacimientos. Este saldo negativo es ya un hecho en trece países, entre ellos Estonia, Letonia. Alemania, Bielorrusia, Bulgaria, Hungría, Rusia, España e Italia. Y esta tendencia tiende a afectar a otros muchos países.

«La percepción de estas realidades, desde hace mucho conocida por los demógrafos atentos, es casi desconocida para los medios de comunicación, la opinión pública y quienes deciden. Ha pasado prácticamente en silencio en las conferencias internacionales, como se pudo constatar, por ejemplo, en la Conferencia del Cairo, en 1994, y en la de Pekín, en 1995», afirma el documento del consejo pontificio.

Causas complejas

Según la Declaración, las causas de esta situación son complejas. Cita entre ellas el descenso de la nupcialidad en un ambiente que no le es favorable, lo que significa que la gente se casa menos que antes. La edad media de la maternidad ha aumentado y sigue creciendo. Las normativas laborales no facilitan el deseo de las mujeres de conciliar armoniosamente la vida familiar y la profesional. La ausencia de una auténtica política familiar, hace que las familias no tengan los hijos que realmente desean. Según el profesor Jean Claude Chesnais, del Instituto Nacional de Estudios Demográficos de París, citado por el documento pontificio, se estima en 0,6 niños por mujer la diferencia entre el número de niños que las mujeres europeas desean y los que efectivamente tienen. Para invertir la tendencia, el profesor Chesnais sostiene que es preciso luchar contra el pesimismo y recrear, sobre todo en los países en vías de desarrollo, las condiciones de esperanza y confianza que caracterizaron el estado de ánimo de la población europea en la post-guerra cuando se verificó el «baby boom» de los años cincuenta.

El Consejo Pontificio, aunque tiene en cuenta los cambios socio-culturales, denuncia la voluntad del hombre y su responsabilidad. Apunta a las políticas de limitación voluntaria de los nacimientos, la difusión de técnicas químicas de contracepción, y a menudo la legislación del aborto, como factores que han contribuido al decrecimiento demográfico.

«Esterilizaciones en masa»

Usa una palabra verdaderamente fuerte para denunciar literalmente «la esterilización en masa» que se está realizando en algunos países en vías de desarrollo. Afirma que tras las campañas masivas de esterilización en la India, de 1954 a 1976, con todos los escándalos a los que dieron lugar, conduciendo a la caída del Gobierno de la señora Gandhi, hoy día en Brasil «entre las mujeres que usan un método de control de natalidad, alrededor de un 40% son esterilizadas». Y recientemente, en 1977, en Perú, 100 mil mujeres han sido esterilizadas bajo la égida del Ministerio de Sanidad Pública, lo que, afirma la Declaración, «ha suscitado un movimiento general y mundial de reprobación» y que un grupo de parlamentarios haya pedido al Congreso Peruano que examine en qué condiciones sanitarias y morales se han efectuado las esterilizaciones citadas para verificar si se han producido violaciones de los derechos humanos.

La tentación de la eutanasia

La Declaración subraya además los graves desequilibrios que la crisis demográfica provoca en algunos países. «La proporción de jóvenes disminuye fuertemente. Se produce una inversión de la pirámide de edades, con un descenso de la población de adultos jóvenes que deben asegurar la producción del país y sostener el peso muerto de una gran población de personas mayores, inactivas, y consumidoras cada vez más de cuidados y material médico». Señala el impacto que esto puede producir en el sistema educativo, con la tentación de reducir el presupuesto educativo para hacer frente al gasto de los mayores. Esto entraña, añade, el riesgo considerable de la pérdida de la memoria colectiva, ya que se ve hipotecada la transmisión de los logros culturales, científicos, técnicos, artísticos, morales y religiosos.

Asimismo esto da lugar a un cambio del perfil psicológico de la población, con una morosidad y falta de dinamismo intelectual, económico, científico y social. Las dificultades que soportan los sistemas de seguridad social, por la carga de las personas mayores, indica el documento, conducen a la «gran tentación de recurrir a la eutanasia».

La caída de la fecundidad tiene otras consecuencias, según la Declaración, como son los desequilibrios violentos, previsibles entre países con estructuras de población muy diferentes. Esto hace imposible a los países ricos limitar de manera efectiva la inmigración clandestina desde los países más pobres.

Dar a conocer la verdad

Recordando que 1998 es el año en el que se celebra el cincuentenario de la Declaración de los Derechos Humanos, el Pontificio Consejo para la Familia concluye con una llamada: Es urgente que las opiniones públicas y quienes tienen poder de decisión sean informados de estas evoluciones. Y no es menos urgente descartar los datos falsos, cuando no los sofismas puramente ideológicos o no se diga ya el falseamiento de los datos estadísticos. El Consejo pide asimismo que la División de Población y el Departamento de Asuntos Sociales de Naciones Unidas convoquen cuanto antes una reunión de expertos para discutir actuaciones encaminadas a frenar la caída de la población. El Pontifico Consejo invita a «todas las personas de buena voluntad y en particular a las asociaciones cristianas a dar a conocer las realidades objetivas de la evolución demográfica». Y les invita «a condenar con valentía los programas maltusianos perfectamente injustificados y totalmente contrarios a los derechos humanos».

Zenit ZE980326-3


Demografía: los peligros del envejecimiento. 13 febrero 1999 Zenit
En el número de enero-febrero de la prestigiosa revista norteamericana «Foreign Affairs», el experto en finanzas y presidente de un banco en Nueva York, Peter Peterson, publicó un artículo sobre la crisis que pronto tendrá lugar debido al envejecimien-to de la población mundial. Mientras los "expertos" de la ONU en La Haya esta semana han insistido una vez más en la absoluta necesidad de reforzar los programas de planificación familiar, Peterson ofrece un análisis serio de los problemas que dentro de pocos años afligirán a muchos países por la caída demasiado abrupta de las tasas de fertilidad. A continuación mencionamos algunos de los puntos del artículo.
* Hasta la Revolución Industrial sólo el 2 o el 3% de la población superaba los 65 años de edad. Hoy en día la cifra para el mundo desarrollado gira en torno del 14%. Por el año 2030 llegará al 23% y en algunos lugares al 30%.
* En los países ricos actualmente hay tres trabajadores para cada jubilado. Por el año 2030 sólo habrá uno y medio para cada persona que recibe una pensión y en países como Italia y Alemania sólo 1,1.
* La población total de Europa occidental y Japón disminuirá a alrededor de la mitad de su nivel actual a fines del próximo siglo.
* Durante los próximos treinta años los países desarrollados tendrán que encontrar los fondos equivalentes al 9 a 16% de su Producto Interior Bruto para financiar las pensiones para las personas jubiladas.

Como Peterson observa, esos cambios implicarán no sólo graves retos económicos, sino también dificultades políticas y culturales. La inmigración de trabajadores a los países de Europa, para llenar el hueco, podrá crear muchos conflictos religiosos y culturales. Además, la crisis económica en Occidente causada por el aumento en los gastos sociales podrá poner en peligro la capacidad de mantener los compromisos en mantener la seguridad mundial. A pesar de este escenario preocupante los líderes políticos no han emprendido acciones para afrontar la crisis que viene. Peterson los acusa de no ser capaces de considerar algo que va más allá de su próxima reelección. Como remedio Peterson propone una cumbre mundial para enfocar la atención en el envejecimiento. Ciertamente su propuesta tiene más sentido que las reuniones de la ONU para estimular el control de población.
Zenit

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