PROFETA

Ver también: Profecía 

Quien habla bajo la inspiración de Dios.

El término bíblico “nabi” significa uno que habló, actuó o escribió bajo la extraordinaria influencia de Dios para dar a conocer sus consejos y voluntad.  Como apoyo a su función primaria que es hablar en nombre de Dios, un profeta también puede ser inspirado por Dios para predecir eventos futuros y así hacer su proclamación creíble. 

Por los profetas, Dios forma a su pueblo en la esperanza de la salvación, en la espera de una Alianza nueva y eterna destinada a todos los hombres (cf. Is 2,2-4), y que será grabada en los corazones (cf. Jr 31,31-34; Hb 10,16). Los profetas anuncian una redención radical del pueblo de Dios, la purificación de todas sus infidelidades (cf. Ez 36), una salvación que incluirá a todas las naciones (cf. Is 49,5-6; 53,11). Serán sobre todo los pobres y los humildes del Señor (cf. So 2,3) quienes mantendrán esta esperanza. Las mujeres santas como Sara, Rebeca, Raquel, Miriam, Débora, Ana, Judit y Ester conservaron viva la esperanza de la salvación de Israel. De ellas la figura más pura es María (cf. Lc 1,38). -Catecismo #64

Los libros proféticos del Antiguo Testamento: Isaías, Jeremías, Baruc, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías. Algunos profetas no escribieron: Elías y Eliseo

Las Sagradas Escrituras también nos advierten sobre el peligro de ser engañados por falsos profetas, los cuales son mas numerosos que los auténticos.  

¿Pueden haber profetas en la actualidad?
Ya que Jesucristo es la plenitud de la revelación, ¿pueden haber aún profetas hoy?.

Juan Bautista es el último de los profetas. No hay otro después de El (Contrario a lo que enseñan otros, sea Mahoma, o John Smith).

Por el bautismo somos dotados de la gracia para ejercer el don profético, necesario para proclamar el Evangelio. Participamos así de la misión de Jesucristo Cf.CIC 1241. Esta misión profética es proclamar el cumplimiento de la promesa en Jesucristo, como lo hizo San Pedro en Pentecostés (Cf. Hechos 2:16-20). El profeta auténtico después de Cristo no revela una nueva verdad sino que proclama la verdad ya revelada por Cristo, pero muchas veces olvidada. El profeta desvela la confusión del mundo y descubre el verdadero curso de la historia en Jesucristo.

Los santos manifiestan con sus vidas la verdad de Cristo y por lo tanto son los verdaderos profetas.

La autenticidad de la profecía se mide por su fidelidad a Cristo y a su Iglesia. El Papa y los obispos tienen la autoridad final para reconocer el don profético.

Bibliografía: Modern Catholic Diccionary, John Hardon S.J.

 

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