
RELATIVISMO
Relativismo: La idea
de que todo es igual, lo verdadero y lo falso, lo bello y lo
feo, lo sagrado y lo vulgar; lo admirable
y lo dañino; que el alumno
sabe tanto como el
maestro; que
no hay que poner notas para no traumatizar a los malos
estudiantes; que
la víctima es tan
culpable como el delincuente;
que no hay nada sagrado ni profano; que Dios jamás ha revelado
nada y por eso cualquier religión es lo mismo: opiniones
humanas.
Pluralismo Teológico vs Relativismo: El
primero busca la verdad y la libertad, mientras que el segundo somete
toda verdad a cualquier libertad. -Teólogo Pablo
Blanco
Pablo VI: "El arte del apostolado es arriesgado. La solicitud por
acercarse a los hermanos no debe traducirse en una disminución de la
verdad .... Sólo el que es totalmente fiel a la doctrina de Cristo puede
ser eficazmente apóstol. Y sólo el que vive con plenitud la vocación
cristiana puede estar inmunizado de los errores con los que se pone en
contacto".
El relativismo, nuevo rostro de la intolerancia
Cardenal Ratzinger, Murcia, 1 diciembre, 2002. Fuente:
Zenit
El relativismo se ha convertido
en la nueva expresión de la intolerancia, según considera el cardenal
Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación vaticana para la Doctrina
de la Fe.
El purpurado alemán expuso su opinión de manera espontánea sobre algunos
de los argumentos más candentes de la actualidad eclesial al encontrarse
con un grupo de periodistas, entre los que se encontraba el
corresponsal de Zenit, en la ciudad española de Murcia.
--Algunos interpretan en muchas ocasiones el hecho de anunciar a Cristo
como una ruptura en el diálogo con las demás religiones ¿Cómo es posible
anunciar a Cristo y dialogar al mismo tiempo?
--Cardenal Ratzinger: Diría que hoy realmente se da una dominación del
relativismo. Quien nos es relativista parecería que es alguien
intolerante. Pensar que se puede comprender la verdad esencial es visto
ya como algo intolerante. Pero en realidad esta exclusión de la verdad
es un tipo de intolerancia muy grave y reduce las cosas esenciales de la
vida humana al subjetivismo. De este modo, en las cosas esenciales ya no
tendremos una visión común. Cada uno podría y debería decidir como
puede. Perdemos así los fundamentos éticos de nuestra vida común.
Cristo es totalmente diferente a todos los fundadores de otras
religiones, y no puede ser reducido a un Buda, o a un Sócrates, o un
Confucio. Es realmente el puente entre el cielo y la tierra, la luz de
la verdad que se nos ha aparecido. El don de conocer a Jesús no
significa que no haya fragmentos importantes de verdad en otras
religiones. A la luz de Cristo, podemos instaurar un diálogo fecundo con
un punto de referencia en el que podemos ver cómo todos estos fragmentos
de verdad contribuyen a una profundización de nuestra propia fe y a una
auténtica comunión espiritual de la humanidad.
--¿Qué le diría usted a un joven teólogo? ¿Qué aspectos de la
cristología le aconsejaría estudiar?
--Cardenal Ratzinger: Es importante, ante todo, conocer la Sagrada
Escritura, el testimonio vivo de los Evangelios, tanto de los sinópticos
como del Evangelio de san Juan, para escuchar la auténtica voz. En
segundo lugar, son muy importantes los grandes concilios, sobre todo el
Concilio de Calcedonia, así como los sucesivos Concilios que aclararon
el significado de esa gran fórmula sobre Cristo, verdadero Dios y
verdadero hombre. La novedad de que es realmente es Hijo de Dios, y
realmente hombre, no es una apariencia, por el contrario une Dios al
hombre. En tercer lugar, le sugiero profundizar en el misterio pascual:
conocer este misterio del sufrimiento y de la resurrección del Señor y
de este modo conocer qué es la Redención. La novedad de que Dios, en la
persona de Jesús, sufre, lleva nuestros sufrimientos, comparte nuestra
vida, y de este modo crea el paso a la auténtica vida en la
Resurrección. Se trata de todo el problema de la liberación de la vida
humana, que hoy está comprendida en el misterio pascual, por una parte
se relaciona con la vida concreta de nuestro tiempo y, por otra, se
representa en la liturgia. Me parece central precisamente este nexo
entre liturgia y vida, ambas fundadas en el misterio pascual.
--¿Qué ha aprendido el cardenal Ratzinger que no supiera ya el teólogo
Ratzinger?
--Cardenal Ratzinger: La substancia de mi fe en Cristo ha seguido siendo
siempre la misma: conocer a este hombre que es Dios que me conoce, que
--como dice san Pablo-- se ha entregado por mí. Está presente para
ayudarme y guiarme. Esta substancia ha seguido siendo siempre igual. En
el transcurso de mi vida he leído a los Padres de la Iglesia, a los
grandes teólogos, así como la teología presente. Cuando yo era joven era
determinante en Alemania la teología de Bultmann, la teología
existencialista; después fue más determinante la teología de Moltmann,
teología de influencia marxista, por así decir. Diría que en el momento
actual el diálogo con las demás religiones es el punto más importante:
comprender cómo por una parte Cristo es único, y por otra parte cómo
responde a todos los demás, que son precursores de Cristo, y que están
en diálogo con Cristo.
--¿Qué debe hacer una Universidad católica, portadora de la verdad de
Cristo, para hacer presente la misión evangelizadora del cristianismo?
--Cardenal Ratzinger: Es importante que en una Universidad católica no
se aprenda sólo la preparación para una cierta profesión. Una
Universidad es algo más que una escuela profesional, en la que aprendo
física, sociología, química.... Es muy importante una buena formación
profesional, pero si fuera sólo esto no sería más que un techo de
escuelas profesionales diferentes. Una Universidad tiene que tener como
fundamento la construcción de una interpretación válida de la existencia
humana. A la luz de este fundamento podemos ver el lugar que ocupan cada
una de las ciencias, así como nuestra fe cristiana, que debe estar
presente a un alto nivel intelectual.
Por este motivo, en la escuela católica tiene que darse una formación
fundamental en las cuestiones de la fe y sobre todo un diálogo
interdisciplinar entre profesores y estudiantes para que juntos puedan
comprender la misión de un intelectual católico en nuestro mundo.
--Ante la búsqueda actual de espiritualidad, mucha gente recurre a la
meditación trascendental. ¿Qué diferencia hay entre la meditación
trascendental y la meditación cristiana?
--Cardenal Ratzinger: En pocas palabras, diría que lo esencial de la
meditación trascendental es que el hombre se expropia del propio yo, se
une con la universal esencia del mundo; por tanto, queda un poco
despersonalizado. Por el contrario, en la meditación cristiana no pierdo
mi personalidad, entro en una relación personal con la persona de
Cristo, entro en relación con el «Tú» de Cristo, y de este modo este
«yo» no se pierde, mantiene su identidad y responsabilidad. Al mismo
tiempo se abre, entra en una unidad más profunda, que es la unidad del
amor que no destruye. Por tanto, diría en pocas palabras, simplificando
un poco, que la meditación trascendental es impersonal, y en este
sentido «despersonalizante». Mientras que la meditación cristiana es «personalizante»
y abre a una unidad profunda que nace del amor y no de la disolución del
yo.
--Usted es prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo
que antes se llamaba la Inquisición. Mucha gente desconoce los
dicasterios vaticanos. Creen que es un lugar de condena. ¿En qué
consiste su trabajo?
--Cardenal Ratzinger: Es difícil responder a esto en dos palabras.
Tenemos dos secciones principales: una disciplinar y otra doctrina.
La disciplinar tiene que ocuparse de problemas de delitos de sacerdotes,
que por desgracia existen en la Iglesia. Ahora tenemos el gran problema
de la pederastia, como sabéis. En este caso, debemos sobre todo ayudar a
los obispos a encontrar los procedimientos adecuados y somos una especie
de tribunal de apelación: si uno se siente tratado injustamente por el
obispo, puede recurrir a nosotros.
La otra sección, más conocida, es doctrinal. En este sentido, Pablo VI
definió nuestra tarea como «promover» y «defender» la fe. Promover, es
decir, ayudar el diálogo en la familia de los teólogos del mundo, seguir
este diálogo, y alentar las corrientes positivas, así como ayudar a las
tendencias menos positivas a conformarse con las tendencias más
positivas. La otra dimensión es defender: en el contexto del mondo de
hoy, con su relativismo, con una oposición profunda a la fe de la
Iglesia en muchas partes del mundo, con ideología agnóstica, atea, etc.,
la pérdida de la identidad de la fe tiene lugar con facilidad. Tenemos
que ayudar a distinguir auténticas novedades, auténticos progresos, de
otros pasos que implican una pérdida de identidad de la fe.
Tenemos a disposición dos instrumentos muy importantes para este
trabajo, la Comisión Teológica Internacional, con 30 teólogos propuestos
por cinco años a propuesta de los obispos; y la Comisión Bíblica, con 30
exegetas, también ellos propuestos por los obispos. Son foros de
discusión para los teólogos para encontrar por así decir un
entendimiento internacional incluso entre las diferentes escuelas de
teología, y un diálogo con el Magisterio.
Para nosotros es fundamental la colaboración con los obispos. Si es
posible, deben resolver los problemas los obispos. Pero con frecuencia
se trata de teólogos que tienen fama internacional y, por tanto, el
problema supera las posibilidades de un obispo, de modo que es llevado a
la Congregación. Aquí promovemos el diálogo con estos teólogos para
llegar, si es posible, a una solución pacífica. Sólo en poquísimos casos
se da una solución negativa.
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