
Salud
Ver también:
Enfermos >>>
La
salud se debe cuidar pero sin excesos
Los Padres de la Iglesia, San Ambrosio, San Basilio y San Bernardo advirtieron en contra
de un excesivo cuidado por conservar la salud. Puede llegar a ser una señal de egoísmo y
falta de confianza en Dios. Sin embargo, debemos cuidar el cuerpo razonablemente pues es
templo del Espíritu Santo. El hombre no es dueño de su vida ni de su salud y
perjudicarlas por negligencia ofendería a Dios. No debemos hacer caso omiso de los
síntomas de peligro y de los remedios comunes que se nos brindan.
En el Catecismo
El hombre debe cuidarla como don de Dios. El estado debe contribuir
con todos los medios necesarios para fomentarla y preservarla en lo
individual y en el terreno social
La vida y la salud física
son bienes preciosos confiados por Dios. Debemos cuidar de ellos
racionalmente teniendo en cuenta las
necesidades de los demás y el bien común.
El cuidado de la salud de
los ciudadanos requiere la ayuda de la sociedad para lograr las
condiciones de existencia que permiten crecer y llegar a la madurez:
alimento y vestido, vivienda, cuidados de la salud, enseñanza básica,
empleo y asistencia social (Catecismo I.C. 2288).
En bien y obligación de la
salud, el hombre deberá evitar cuantos excesos contribuyan a
deteriorarla: comida, alcohol, tabaco, inmoderación en la conducción,
etc.
La virtud de la templanza
conduce a evitar toda clase de exceso, el abuso de la comida, del
alcohol, del tabaco y de las medicinas. Quienes en estado de
embriaguez, o por aficción inmoderada de velocidad, ponen en peligro
la seguridad de los demás y la suya propia en las carreteras, en el
mar o en el aire, se hacen gravemente culpables (Catecismo
I.C. 2290).