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SANTIDAD
Etim.: del latín:
sanctitas, -atis.
Ver
también: Santos
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"La santidad
consiste en una disposición del corazón que
nos hace humildes y pequeños en los brazos de Dios, y
confiados -aun con nuestro cuerpo- en su bondad paternal"
Sta. Teresita de Lesieux |
En el Antiguo Testamento el hebreo
Kadosch (santo) significaba
estar separado de lo secular o profano y dedicado al servicio de Dios. El pueblo de Israel
se conocía como santo por ser el pueblo de Dios.
La santidad de las
criaturas es subjetiva, objetiva o ambas. Es subjetiva en esencia
por la posesión de la gracia divina y moralmente por la práctica de
la virtud. La santidad objetiva en las criaturas denota su
consagración exclusiva al servicio de Dios: sacerdotes por su
ordenación; religiosos y religiosas por sus votos; lugares sagrados,
vasos y vestimentas por la bendición que reciben y por el sagrado
propósito para el cual han sido reservados.
La santidad de Dios identificaba su separación de todo lo malo.
Los seres humanos son santos cuando se apartan del pecado y viven
según la voluntad de Dios.
Jesús es EL SANTO
que santifica a todos quienes a El se acercan
“El divino Maestro y Modelo de toda perfección, el Señor Jesús,
predicó a todos y cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuese
su condición, la santidad de vida, de la que Él es iniciador y
consumador: Sed, pues, perfectos, como vuestro Padre celestial es
perfecto (Mt 5, 48)
... Quedan, pues, invitados y aun obligados
todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la santidad y
la perfección dentro de su estado”
.-Vat II, Lumen gentium, 40.42
Por el Bautismo todos somos llamados a la santidad.
La santidad es la presencia de Dios reinando en el corazón del
creyente. La Iglesia
comunica las gracias necesarias que proceden de los méritos de Jesucristo.
Amar a Dios sobre todo
El le dijo: «Amarás
al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda
tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. Mateo
22:37-38
Querer ser
santos:
La Santidad es obra de Jesús pero El no se impone. Requiere
la respuesta libre del hombre. Quien ama a Dios desea responderle con todo el corazón,
se
esfuerza y persevera con la ayuda de la gracia para vencer la
tendencia de la carne (pecados
capitales)
Hay ambiciones que son pecaminosas y otras que son necesarias
para la santidad. San Pablo dice: "¡Aspirad a
los carismas superiores! Y aun os voy a mostrar un camino más
excelente" I Corintios 12:31. Ese camino es el amor a
Dios y al prójimo puesto en práctica, imitando el amor perfecto
que es Jesús. No desear otra cosa que agradarle en todo. Cuando
agradarle requiere abrazar la cruz, bendita sea. Todo por por El y para El.
Aspirar a la santidad es vivir humildemente para Dios: "¿Acaso
tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado?
De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue
mandado, decid: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que
debíamos hacer." Lucas 17,9-10
“Es propio de un
alma cobarde y que no tiene la virtud vigorosa de confiar en las
promesas del Señor, el abatirse demasiado y sucumbir ante las
adversidades” -San
Basilio, Homilía sobre la alegría
“El alma que ama
a Dios de veras no deja por pereza de hacer lo que pueda para
encontrar al Hijo de Dios, su Amado. Y después que ha hecho todo
lo que puede, no se queda satisfecha, pues piensa que no ha
hecho nada” -San
Juan de la Cruz, Cántico espiritual, 3, 1.
Mi alma tiene
sed de Dios, del Dios vivo. Como el ciervo desea las fuentes de
las aguas, así te desea mi alma, oh Dios... ¿Cuándo vendré y
apareceré ante la cara de Dios? -Sal. 41.
Un deseo concreto, que se
aplica cada día.
¡Perseverancia!
Muchos se
entusiasman por Cristo, pero como la semilla que cae en mala tierra, no
perseveran, se dan así mismos "permiso" para aflojarse y pronto
se quedan atados a los gustos y preocupaciones que desplazan a
Dios del centro de sus vidas.
“Me dices
que sí, que quieres. -Bien, pero ¿quieres como un avaro quiere
su oro, como una madre quiere a su hijo, como un ambicioso
quiere los honores o como un pobrecito sensual su placer?
“-¿No? -Entonces no quieres”
J. Escriva de
Balaguer, Camino, n. 316
Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si
arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?
Mateo 16:26
No esperar frutos fáciles. Es lucha de toda una vida
“Aunque
me canse, aunque no pueda, aunque reviente, aunque me muera”
-Santa Teresa,
Camino de
perfección, 21, 2
“Hay, pues, que
tener paciencia, y no pretender desterrar en un solo día tantos
malos hábitos como hemos adquirido, por el poco cuidado que
tuvimos de nuestra salud espiritual” - J. Tissot, El arte de
aprovechar nuestras faltas, p. 14.
Tener esperanza. Si
esta faltara, no seguiremos en la lucha. Creer que la santidad
es inalcanzable es una gran tentación. ¡Es mentira!. Es
escapismo. Si. Podemos ser santos porque Dios da la gracia y los
medios. Dios no falla. Muchos han sido los grandes pecadores que
llegaron a ser santos. Leamos la vida de San Pablo y San Pedro.
Leamos los Hechos de los Apóstoles para ver la obra del
Espíritu.
LOS SANTOS Y NOSOTROS Según el Concilio Vaticano II
En la vida de aquellos que siendo hombres como nosotros, se
transformaron con mayor perfección en imagen de Cristo (2 Cor 3,18) Dios
manifiesta al vivo entre los hombres su presencia y su rostro.
Veneramos la memoria de los Santos del cielo, con la unión de toda la
iglesia por su ejemplaridad; pero en el espíritu se vigorice por el
ejercicio de la caridad fraterna (Eph, 4 1-6). Porque así como la
comunión cristiana entre los viadores nos acerca más a Cristo, así el
consorcio con los Santos nos une a Cristo de quién, como de fuente y
cabeza, dimana toda la gracia y la vida del pueblo de Dios. Es, por
tanto, sumamente conveniente que amemos, a estos amigos y coherederos de
Cristo, hermanos también y eximios bienhechores nuestros; que rindamos a
Dios las gracias que les brindemos por ellos, los invoquemos
humildemente, y que para impetrar de Dios beneficios por medio de su
Hijo Jesucristo, nuestro Señor que es el único Redentor y Salvador
nuestro, acudamos a sus oraciones, protección y socorro “ Todo genuino
testimonio de amor que ofrezcamos a los bienaventurados se dirige, por
su propia naturaleza, a Cristo y termina en EL, que es la Corona de
todos los Santos, Por EL va a Dios que es admirable en sus Santos y en
ellos es glorificado. (L.G. N. 50).

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los Corazones Traspasados de Jesús y María
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