Fotos y plano del web franciscano
Santo
Sepulcro
Desde el 1347 los franciscanos han custodiado el lugar que desde la
antigüedad se
conoce como el Santo Sepulcro de Jesucristo,
en
la Iglesia de la
Resurrección en Jerusalén.
Las investigaciones históricas, arqueológicas y
teológicas coinciden perfectamente dando credibilidad a este
lugar.
Ya en el año 44 dC "La Iglesia Madre de Jerusalén tenía
su sede en Sión, visitaba el Jardín del Gólgota y allí celebraba
el "Recuerdo" de los grandes eventos de la Crucifixión, Muerte y
Resurrección del Señor" Ver:
Santo
Sepulcro.
La
resurrección de Jesus fue un hecho
físico.
Muchos fueron testigos de ello. La
transformación de los discípulos y el poder de la verdad que
ellos comunicaron, acompañada por signos y milagros, sería
inexplicable sin la resurrección. Es el mismo poder
transformador de la gracia que hoy también experimentan los
creyentes. Cristo resucitado continua perdonando, sanando y
salvando a quienes le abren el corazón.
Eusebio de Cesarea (265-340), nacido en
Palestina, describe en su "Vida de Constantino", los esfuerzos
del emperador Adriano por hacer desaparecer el Santo Sepulcro,
junto con todos los lugares sagrados de Jerusalén, poniendo
sobre ellos templos paganos:
"En esta cueva sagrada, sucedió entonces que algunas personas
impías y ateas, habían pensado retirarla por completo de la
vista de los hombres. Suponían dentro de su locura que así
podrían ser capaces de obscurecer la verdad de manera efectiva.
Con ese fin trajeron una cantidad de desechos desde lejos y con
mucho esfuerzo recubrieron totalmente el lugar; luego, habiendo
llevado esto a una altura moderada, lo pavimentaron con piedras,
escondiendo la cueva sagrada bajo el masivo montón. Después,
como si su intento se hubiera llevado exitosamente a cabo,
prepararon sobre esta base, un verdadero y truculento sepulcro
de almas, mediante la construcción de un tenebroso altar de
ídolos sin vida para el espíritu impuro al cual llaman Venus y
ofreciendo allí detestables oblaciones en esos profanos y
malditos altares. Porque ellos suponían que su objeto no podía
ser de otra forma totalmente alcanzado, más que enterrando así
la cueva sagrada bajo esas nocivas contaminaciones." (III, XXVI
– véase también el informe de Eusebio sobre el Santo Sepulcro)
Los esfuerzos del emperador Adriano solo
sirvieron para señalar el lugar preciso de los santos lugares
que pretendía eliminar. Mas tarde el Templo Pagano fue removido, el Santo
Sepulcro fue excavado y la Basílica de la Resurrección fue
construida sobre el. Todo esto está abalado por la arqueología.
En pleno siglo XXI, los medios de
comunicación, como nuevos emperadores, se afanan por lograr con
sus artes mediáticas lo que Adriano no pudo hacer a pesar de su
titánico esfuerzo. Ver
Falsa Tumba de Jesús.