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La verdad sin
caridad crea doctrinarios, ideólogos o propagandistas. Pero la
caridad sin verdad hace surgir al ingenuo defensor del “que cada
cual piense como quiera, con amar es suficiente”, y al charlatán
peligroso que se presenta como “humano” y “tolerante”.
-Vittorio Messori |
VERDAD
Ver también:
Relativismo
De la Veracidad de la Palabra,
Romano Guardini (para crecer en virtud)
La
Búsqueda de la Verdad, Jabier Garralda
La
Verdad como Acontecimiento,
Ignace de la Potterie
Verdad: "Conformidad de la mente con la
realidad".
La verdad lógica
en que la mente concuerda con cosas fuera de la mente, tanto
reconociendo lo que es como negando lo que no es. Lo opuesto es el
error.
En 1993 Juan Pablo II
publicó la encíclica «Veritatis Splendor» para
mostrar cómo la verdad debe penetrar al hombre en su pensamiento y su
actuar. Propone una visión objetiva de la verdad y de la moral.
Dios dotó al hombre de
razón y voluntad, pero estas son limitadas. Además son frágiles por la
herida del pecado.
Dios nos ofrece la gracia,
la cual ilumina y potencia la voluntad y la razón para que puedan actuar
conforme a la verdad y el bien. La gracia no es contraria a la
naturaleza, sino que la redime y perfecciona para que logre su noble
vocación. El alma de todo hombre busca la verdad, el bien y la belleza.
Estas se reflejan en las cosas creadas pero la gracia nos permite ver
que la fuente y la plenitud es solo Dios.
Para evitar el relativismo
el católico asiente por la fe a la enseña del Magisterio porque es
Cristo mismo quien nos enseña por medio de ella. Esta sumisión del
intelecto no es contraria a la libertad ni cancela la investigación. Mas
bien ofrece fundamentos para evitar caminos errados y poder penetrar mas
profundamente en la verdad.
S.S. Benedicto
XVI sobre la verdad
En la Pontificia Lateranense, 21 de octubre, 2006
El profesor universitario
no sólo tiene como misión investigar la verdad y suscitar perenne
asombro ante ella, sino también promover su conocimiento en todos los
aspectos y defenderla de interpretaciones reductivas y desviadas. Poner
en el centro el tema de la verdad no es un acto meramente especulativo,
restringido a un pequeño círculo de pensadores; al contrario, es una
cuestión vital para dar profunda identidad a la vida personal y suscitar
la responsabilidad en las relaciones sociales (cf. Ef 4, 25). De hecho,
si no se plantea el interrogante sobre la verdad y no se admite que cada
persona tiene la posibilidad concreta de alcanzarla, la vida acaba por
reducirse a un abanico de hipótesis sin referencias ciertas.
Como decía el famoso humanista Erasmo: "Las opiniones son fuente
de felicidad barata. Aprender la verdadera esencia de las cosas, aunque
se trate de cosas de mínima importancia, cuesta gran esfuerzo" (Elogio
de la locura XL, VII). Este es el esfuerzo que la Universidad debe
tratar de realizar; se lleva a cabo mediante el estudio y la
investigación, con espíritu de paciente perseverancia. En cualquier
caso, este esfuerzo permite entrar progresivamente en el núcleo de las
cuestiones y suscita la pasión por la verdad y la alegría por haberla
encontrado.
Siguen siendo muy actuales las palabras del santo obispo Anselmo de
Aosta: "Que yo te busque deseando; que te desee buscando; que te
encuentre amando; y que te ame encontrándote" (Proslogion, 1). Ojalá que
el espacio del silencio y de la contemplación, que son el escenario
indispensable donde se sitúan los interrogantes que la mente suscita,
encuentre entre estas paredes personas atentas que sepan valorar su
importancia, su eficacia y sus consecuencias tanto para la vida personal
como para la social.
Dios es la verdad última a la que toda razón tiende naturalmente,
impulsada por el deseo de recorrer a fondo el camino que se le ha
asignado. Dios no es una palabra vacía ni una hipótesis abstracta; al
contrario, es el fundamento sobre el que se ha de construir la propia
vida. Vivir en el mundo "veluti si Deus daretur" conlleva la aceptación
de la responsabilidad que impulsa a investigar todos los caminos con tal
de acercarse lo más posible a él, que es el fin hacia el cual tiende
todo (cf. 1 Co 15, 24).
El creyente sabe que este Dios tiene un rostro y que, una vez
para siempre, en Jesucristo se hizo cercano a cada hombre. Lo recordó
con agudeza el concilio Vaticano II: "El Hijo de Dios, con su
encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con
manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de
hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo
verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en
el pecado" (Gaudium et spes, 22). Conocerlo a él es conocer la verdad
plena, gracias a la cual se encuentra la libertad: "Conoceréis la verdad
y la verdad os hará libres" (Jn 8, 32
LA VERDAD Y LA RESPONSABILIDAD INTELECTUAL
Juan Pablo II a los intelectuales; Polonia, Junio 1997
"El hombre tiene una viva conciencia del hecho de que la verdad está más
allá y por encima de él mismo. El hombre no crea la verdad, ésta se
desvela ante él cuando la busca con perseverancia"
"deben constituirse en salvaguardas de la verdad.
"La vocación de toda universidad es el servicio a la verdad: descubrirla
y transmitirla a los demás", explicó el Papa. "El hombre tiene una viva
conciencia del hecho de que la verdad está más allá y por encima de él
mismo. El hombre no crea la verdad, ésta se desvela ante él cuando la
busca con perseverancia".
Exponiendo las responsabilidades de la persona entregada a la reflexión
y a la investigación, el Papa Juan Pablo II afirmó que "¡ser hombre de
ciencia obliga!..Obliga ante todo a poner un cuidado especial en el
desarrollo de la propia humanidad…El trabajo diario de un intelectual
requiere también una particular sensibilidad ética…Gracias a la
sensibilidad moral se conserva la ligazón entre la verdad y el bien,
esencial para la ciencia. ¡Estos dos problemas no pueden, de hecho,
separarse! El principio de libertad en la investigación científica no
puede desligarse de la responsabilidad ética de todo intelectual. El
relativismo ético y las actitudes puramente utilitaristas constituyen un
peligro no sólo para la ciencia, sino también, y directamente, para el
hombre y la sociedad".
El Santo Padre insistió en que el intelectual no podía desligar su
reflexión de la realidad de la persona concreta: "Otra condición para el
desarrollo correcto de la ciencia...es una concepción integral de la
persona humana... Hoy es necesaria una gran vigilancia en este campo...
Una visión del hombre deformada o incompleta hace que la ciencia se
transforme con facilidad de beneficio en seria amenaza para la
humanidad". El Papa Juan Pablo II recordó que "de ser sujeto y fin, el
hombre ha pasado a menudo a ser objeto, e incluso 'materia prima': baste
recordar los experimentos de la ingeniería genética que despiertan
grandes esperanzas, pero también grandes temores por el futuro del
género humano".
El Papa Juan Pablo II se refirió al difícil papel del maestro cuando
debe asumir la guarda de la verdad. Para ello rememoró su estrecho
vínculo con la Pontificia Academia de Teología de Cracovia, heredera de
la Facultad de Teología Jagellónica: "Fue aquí donde realicé mis
estudios de filosofía y teología durante la ocupación…Hoy vienen a mi
memoria, en primer lugar, los años de sus dramáticas luchas durante el
periodo de la dictadura comunista. Participé en ellas personalmente como
Arzobispo de Cracovia...La Iglesia nunca se resignó a aceptar la
liquidación unilateral e injusta de la Facultad por parte de las
autoridades del Estado de entonces", concluyó.