
El escapulario, un signo para un mundo flagelado por el mal
Juan Pablo II,
11 septiembre 2001
Ver también:
Escapulario
El pontífice había programado la audiencia general de este miércoles
como el gran momento para celebrar en la plaza de San Pedro los 750
años de la entrega del escapulario de María a san Simón Stock.
Las cosas tomaron un giro especial por los actos terroristas en EEUU.
El Papa dijo: «Aunque la fuerza de las
tinieblas parezca prevalecer, el creyente sabe que el mal y la muerte
no tienen la última palabra. Aquí encuentra su fundamento la esperanza
cristiana; aquí se alimenta, en este momento, nuestra confianza
orante».
«También yo llevo mi escapulario desde hace mucho tiempo, el
escapulario del Carmelo», reveló el pasado 25 de marzo, al escribir
una carta con motivo del aniversario del escapulario.
El Papa, tras leer en su juventud las obras de San
Juan de la Cruz, pensó entrar en el Carmelo.
Mas tarde basó su tesis doctoral en sus escritos místicos.
El escapulario fue el don que recibió por el general de la Orden
Carmelita, Simón Stock, en 1251, en una aparición de la Virgen, en la
que le aseguró la salvación eterna para todos los que lo llevaran con
devoción.
En esa misma carta, añadió en la mañana de este miércoles el obispo de
Roma, «he escrito que el escapulario es esencialmente un "hábito" que
evoca, por una parte la protección continua de la Virgen María en esta
vida y en el tránsito a la plenitud de la gloria eterna».
El escapulario es
un llamamiento a hacer de la devoción de María «un estilo de vida
cristiana, entretejido de oración y vida interior».