SCTJM
"Predicar
el Evangelio, como le sucedió al mismo Jesús, implica
dificultades y fracasos.
Cardenal Marco Cé, ejercicios espirituales, al papa y la
curia, marzo, 2006
El Evangelio de Marcos «no esconde ni mucho menos que Jesús,
después de un primer momento de entusiasmo y de éxito en
Galilea, tuvo que afrontar la indiferencia creciente, y la
lejanía de muchas personas, cada vez más numerosas».
«En varias ocasiones sale de los labios de Jesús el lamento por
el cansancio que experimenta al dar a comprender su mensaje»
«Por tanto, no tenemos que dejarnos turbar por nuestra pequeñez.
Dios es la fuerza que supera el abismo que existe entre nuestra
actividad y la eficacia sobrenatural de nuestro ministerio»
«Recordemos que en nuestro ministerio también tiene sentido la
cruz del cansancio, incluso el cansancio físico del servidor del
Evangelio, que con frecuencia no tiene horarios; también tiene
sentido el fracaso»
«María estaba convencida de su pequeñez. No era más que la
sierva del Señor, pero el Poderoso se sirvió precisamente de
ella, de su silencio y de su oración, para realizar en la
historia las cosas más grandes»
El pasaje del Evangelio de Marcos en el
que Jesús y los discípulos están en la barca en medio de una
fuerte tempestad.
Al miedo humanamente comprensible de los apóstoles, que estaban
a punto de hundirse, reconoció, se le contrapone una reprimenda
de Cristo que podría parecer exagerada.
Pero lo que quiere destacar el pasaje evangélico es el deseo de
Jesús de encontrar en el corazón de los apóstoles una fe que
permanezca firme incluso en la tormenta.
Este episodio es «una parábola de la vida de la Iglesia. Ésta
vive en la historia, está marcada por nuestra debilidad, en
ocasiones tienen que afrontar tempestades. En el siglo que se
acaba de concluir, la Iglesia atravesó terribles tempestades y
el siglo que acaba de comenzar se presenta muy amenazador».
«En los momentos de prueba, la Iglesia tiene que creer sobre
todo en su Señor, pero no se puede estar bajo la cruz sin la
fuerza de la gracia»
«La fe es una entrega total de nosotros mismos a Dios. Es un
don. Pero nosotros amamos a Dios» gracias a esta fe, cuando «no
veo nada, cuando no oigo nada».
Esta página
es obra de Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María
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