Historias Vocacionales

 

Hna. Cristina del Sagrado Corazón del Niño Jesús y de la Santa Cruz

_________________________________________

Me llamo Hermana Cristina Mongelós. Nací en Asunción, Paraguay. Aunque la semilla de la vocación está puesta en nuestros corazones desde antes de nuestro nacimiento, la fui descubriendo con los años, en un proceso que requirió silencio, escucha y continua comunión con la fuente que son los Sacramentos, especialmente la Eucaristía.
Recuerdo que desde pequeña me impactaban mucho los consagrados. Admiraba sobre todo a los sacerdotes, y a menudo pensaba en qué hermosa es la vida consagrada a Dios. Con religiosas no tuve mucho contacto, pues desde el Kindergarten hasta finalizar la secundaria estuve en una escuela alemana donde los alumnos eran católicos o protestantes, y la mayoría de las celebraciones ecuménicas.
Mi familia era católica e íbamos a Misa todos los domingos. Recibí todos los Sacramentos: el Bautismo, en la Iglesia de San Francisco de Asís, donde cuarenta días después de mi nacimiento también fui presentada en el Templo como ofrenda al Señor (inspirada mi madre por la presentación del Niño Jesús); la Primera Comunión y la Confirmación, en la Iglesia de las Mercedes, donde transcurrió toda mi formación en la catequesis. No quiero dejar de mencionar a la persona que más influyó en mi formación y crecimiento espiritual, no tanto por sus palabras como por su gran ejemplo de virtud hasta la muerte; y ésa fue mi abuelita Juana, cuya vida silenciosa, de oración, sacrificio y penitencia, siempre ofrecida en amor y total conformidad con la voluntad Divina, dejó profundas huellas, no sólo en mi corazón, sino en el corazón de todos los que a través de ella conocieron al Señor.
De adolescente fui más bien silenciosa. Me gustaba mucho leer, y aprendí  disciplina, dedicación y sacrificio en los deportes y en el ballet, que formaron una parte importante de mi formación humana, y que me acompañaron, desde pequeña casi hasta la entrada en el Convento.
Durante mi juventud, influyeron en mi formación espiritual los “Retiros de Convivencia”, organizados por la Renovación Carismática, a los que asistía cada año durante una semana. Allí formábamos parte de un grupo que convivía primero con Cristo, luego con San Pablo, luego con San Pedro y así sucesivamente. A medida que me adentraba en la obediencia de Jesús a los designios del Padre y en la respuesta generosa de los discípulos que dejaban todo para seguir a Jesús, también yo meditaba en cómo debía ser mi respuesta ante lo que el Señor deseaba de mí.
Saliendo del retiro volvía a la vida cotidiana, grupo de oración, estudio, trabajo, amigos, con la diferencia de que ahora sí que sabía que el Señor tiene para cada alma diferentes caminos, y que el vacío interior ante todo lo que ofrecía el mundo, era un signo de que tal vez el Señor tenía un camino diferente del que yo me había imaginado. Ya no me separaba de la fuente. Todos los días, a las 6:30 de la mañana, estaba en silencio junto a Jesús Eucarístico, esperando oír su Palabra y recibir su Cuerpo y Sangre en la Santa Misa, para luego seguir con mis deberes. También participé en retiros de silencio y de discernimiento vocacional, que con tanta generosidad me brindaban las religiosas de la Visitación de Santa María de Ciudad del Este, las cuales me confirmaron la llamada a la vida religiosa, que había sentido en el corazón.
Muchas cosas quedan luego por delante, como responder a estas preguntas: ¿será éste el camino que Dios desea para mí?, ¿quién es la persona adecuada para ayudarme a hacer este discernimiento?, ¿dónde me querrá el Señor?; yo tengo mis inclinaciones, pero, ¿será  ésta la Congregación a la que Dios me llama? Luego en oración, pidiendo que nos dé fortaleza para vencer lo que pueda interponerse en nuestro camino, sea la desaprobación de la familia, sea el trabajo, sea la opinión de los demás, sean los temores o la inseguridad de que “¿será posible que Dios me elija para ser su esposa?”, responder con prontitud y diligencia, como lo haría María.
Cuando un corazón pregunta, Dios responde a su tiempo. Por eso, hay que “velar y orar”. A mí me respondió a través de unos amigos del “Florida Center for Peace”, que me hablaron de la Madre Adela y que, estando en Perú, me dijeron que no podría volver al Paraguay sin antes hablar con la Madre. Efectivamente, la Reina de la Paz, devuelve la paz a un corazón que buscaba la voluntad del Señor y que poco a poco la va descubriendo en las palabras de la Madre. Pero ese no es el fin de la historia, es sólo el comienzo, pues después de la cita volví al Paraguay donde no faltaron las luchas contra el demonio, el mundo, la carne, donde no faltaron las tentaciones, donde no faltó la comunicación con las “Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María”, aunque haya sido sólo por internet, donde no faltó la presencia materna de la Virgen Santísima, que lleva a buen puerto a todas las almas que, a pesar de las tempestades, le confían su vocación a Ella.
Pasado un tiempo de más o menos un año, les pregunté si podría visitar su Congregación. Apenas me dijeron que sí, comencé a hacer los tramites para viajar. Cuando salí, pensé: pronto volveré, pero ya no volví.
Dios tiene sus caminos, que no son los nuestros. Él dijo: “... Adonde Yo voy, sabéis el camino...Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn. 14,4-6). Qué lindo es caminar en Él. El que camina en Él, camina en la verdad, hace su voluntad y agradece con su vida al Padre Celestial, que envió a su único Hijo para darnos vida, y vida en abundancia.
Estando en Miami, recibí confirmaciones, sobre todo escuchando la Historia de nuestra Madre Fundadora y de nuestro carisma. Vi en ella tantos signos, que antes nunca  había notado. Qué alegría Esa fue una de las noches más felices de mi vida.
El 24 de Enero de 2003, día de San Francisco de Sales fue mi profesión. Ahora soy una “Sierva de los Corazones Traspasados de Jesús y María”, que a todos invita a escuchar las palabras del Señor, que dice: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo. Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono” (Ap. 3,20-21).
 
siervas_logo_color.jpg (14049 bytes) 
Regreso a la página principal
www.corazones.org
Esta página es obra de Las  Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María
Copyright © 2004 SCTJM