(SANTA MARIA DEGLI ANGELI)
Conocida también como: porciúncula (pequeña porción)
LA PORCIUNCULAA 5 km de Asís, en el valle, se encuentra Santa María de los Angeles, hermosa basílica construida sobre
La pequeña Porciúncula fue la primera comunidad franciscana y donde murió San Francisco.
Entre las reliquias que se encuentran
allí:
- el cordón de San Francisco,
-la estatua
del santo con las palomas que siempre allí anidan,
-las rosas sin espinas fruto del milagro cuando el santo se tiró sobre ellas
para rechazar una tentación,
- la capilla de las lágrimas donde San Francisco rezaba por la Pasión de Cristo
y por los pecadores...

Nuestra Señora de los Angeles
bajada del techo de la basílica por daño del terremoto.1998
EL PERDON DE ASIS
SAN FRANCISCO y LAS
indulgencias de la
PORCIÚNCULA
En una noche de Julio del año 1216, un fraile oraba
fervientemente en su pequeña cueva del bosque. Pedía a Dios
la virtud de la humanidad. Le llamaban hermano
Francisco y, aunque tenía solamente 34 años, ya era conocido y amado
por miles de personas. Doce años mas tardes y solo 22 meses después de
su muerte, la Santa Madre Iglesia lo proclamaría santo. Pero el "poverelo"
se consideró siempre el jefe de los pecadores. En el silencio de la
noche, imploraba a Dios todopoderoso que tuviese misericordia de los
pobres pecadores, recordando las palabras del Señor: "a menos que
hagan penitencia, todos perecerán". Pensaba en su propia juventud,
solo doce años antes había sido inquieto, frívolo, ambicioso,
mujeriego, y por último, soldado. Difícilmente le daba algún momento
de su atención a Dios.
Aquella noche el Señor le dijo
al poverelo: "Francisco, ¿quien puede
hacerte mayor bien, el amo o el siervo?" Francisco
guardó esta lección a su corazón y decidió poner de primero lo
primero. Le preguntó al
amo como podría servirle, y
Jesús, el amado
salvador que abrazó la agonía
de la cruz por todos los hombres, le miró con
ternura y afecto y le dijo: "Repara mi Iglesia". Desde entonces,
cuando Francisco pensaba en lo delicado, bueno, y amoroso que era Jesús,
rompía en llanto y exclamaba: "¡El amor no es
amado!".
Primero Francisco tomó
las palabras del Señor literalmente y con gozo reparó
la capilla donde había recibido
la visión del Señor. Después bajó
al bosque en el valle de Asís y reparó la vieja
capilla de Nuestra Señora de los Angeles,
llamada Porciúncula (pequeña porción).
Por su devoción a la Santísima Virgen y
por su reverencia a los ángeles,
tomó la porciúncula como lugar de vivienda. Los
campesinos insistían que ellos muchas veces escuchaban
ángeles cantando en la Porciúncula. Ahí fue donde los primeros
hermanos se unieron a El, en la vida nueva de santa pobreza, trabajo
manual, cuidando a los leprosos, mendigando y predicando el amor de
Cristo. Siendo los benedictinos propietarios de aquel
lugar, Francisco pagaba como renta anual
una canasta de pescado.
Oprimido por el pensamiento de ser indigno ante la misión
de fundar la orden religiosa, subió a una cueva
en las montañas. Ahí,
durante una tormenta se echó al piso y,
con una perfecta contricción, rogó
a su Salvador que le perdonara los pecados de
su vida pasada. En la angustia de su alma el gritaba: "¿Quien
eres tu mi querido Señor y Dios, y quien soy yo vuestro miserable
gusano de siervo? Mi querido Señor quiero amarte. Mi Señor y mi Dios,
te entrego mi corazón y mi cuerpo y yo
quisiera, si tan solo supiera como, hacer mas por amor a ti!.
Repetía: "Señor ten misericordia de mi que soy un pobre
pecador."
Luego, una dulce y gentil paz, la maravillosa paz del Señor llegó
a su pura y penitente alma y le dijo: "Francisco, tus pecados has sido
borrados." Desde entonces, por la gratitud que sentía,
ardía en un deseo apasionado de obtener el
mismo favor celestial por todos los pecadores arrepentidos. Y
por eso oraba y pedía
fervientemente esa noche en la cueva del bosque.
De repente el sintió un impulso irresistible de
ir a la pequeña Iglesia, la Porciúncula. En cuanto entró,
como siempre, se arrodillo, inclinó
su cabeza y dijo esta oración:"Te alabamos,
Señor Jesucristo, Hache en todas las iglesias
del mundo entero. Y te bendecimos porque por tu santa cruz
redimiste al mundo." Luego al alzar su mirada,
en su asombro Francisco vio una luz brillante arriba del pequeño
altar y en unos rayos misteriosos el vio al Señor con su Santísima
Madre con muchos ángeles.
Con pleno gozo y profunda reverencia, Francisco se postró
en el piso ante esta gloriosa visión y
Jesús le dijo: "Francisco pide lo que quieras
para la salvación de los hombres". Sobrecogido
al escuchar estas palabras inesperadas y
consumido por un amor angelical por su misericordioso
Salvador y por su Santísima Madre, Francisco exclamo: "Aunque
yo soy un miserable pecador, yo te ruego querido Jesús,
que le des esta gracia a la humanidad: dale a cada uno de los que
vengan a esta Iglesia con verdadera contricción
y confiesen sus pecados, el perdón completo e
indulgencias de todos sus pecados".
Viendo que el Señor se mantenía en silencio,
Francisco se dirigio con un confiado amor a Maria, refugio de los
pecadores, y le suplicó: "Te ruego, a Ti,
Santísima Madre, la abogada de la raza humana, que intercedas conmigo,
por esta petición". Entoces Jesús miro a Maria,
y Francisco se alegro al ver a Ella sonreir a su Divino Hijo, como que
si dijera: "por favor, concedele a Francisco lo
que te pide, ya que esa petición me hace feliz a mi".
Inmediatamente Nuestro Señor le dijo a Francisco: "Te concedo lo que
pides, pero debes de ir a mi Vicario, el Papa, y pídele
que apruebe esta indulgencia". La visión, entonces, se desvaneció
dejando a Francisco en el piso de la capilla, llorando de alegría, con
profundo amor y agradecimiento.
Temprano en la mañana, Francisco salio con el Hermano Maceo, a la
cercana ciudad de Perugia, donde un nuevo Papa había sido electo,
Honorio III. En el camino, Francisco empezó a preocuparse, ya que iba
a pedirle al Papa, un privilegio muy grande para una capilla
desconocida. Ese tipo de indulgencia solo se le había concedido a la
tumba de Cristo, a la de San Pedro y San Pablo
y a los que participaban en las cruzadas.
Entonces Francisco oró arduamente a Nuestra
Señora de los Angeles.
Cuando llegó el turno de hablar con el Papa,
Francisco se dirigió con gran humildad: "Su santidad, unos años
atrás reparé una pequeña
Iglesia en honor a la Santísima Virgen. Le suplico le conceda recibir
indulgencias, pero sin tener que dar ninguna
ofrenda" (Francisco pensaba en los pobres).
-El Papa replicó:"No es
muy razonable lo que pides, pues quien desea una indulgencia debe
hacer un sacrificio. Pero, bueno, ¿de cuantos años
quieres que sea esta indulgencia?
-Francisco respondió: "Santo Padre, podría
usted no darle años específicos, sino almas?
-¿Que significa eso de almas, Francisco?
Ahora Francisco tuvo que elevar una oración
ferviente a Nuestra Señora, ya que debía
explicarle al Papa lo que significaba su petición. Con mucha humildad
pero con firmeza hizo su extraordinaria petición, la que ha sido
conocida como la indulgencia de la Porciúncula.
-"Yo deseo, si le parece a su Santidad, por las
gracias que Dios concede en esa pequeña Iglesia, que todo el que entre
en ella, habiéndose arrepentido sinceramente,
confesado y habiendo recibido la absolución, que se le borren todos
los pecados y las penas temporales de ellos en este mundo y en el
purgatorio, desde el día de su Bautismo hasta la hora en que entren en
esa iglesia."
Impresionado por esta firme y sincera petición, el Papa exclamo:
"Estas pidiendo algo muy grande Francisco, ya que no es la costumbre
de la Corte Romana conceder ese tipo de indulgencia"
Reconociendo que esta oportunidad de traer gracias a la humanidad,
podía desvanecerse en aquel instante, Francisco
añadió con fervor y
vehemencia, y con una serenidad devastadora:
"Reverendísimo Santo Padre, yo no le pido esto
por mi mismo,lo pido en nombre de Aquel que me ha enviado, Nuestro
Señor Jesucristo".
En ese momento el Papa recordó que su gran predecesor Inocencio III,
estaba convencido que Cristo se le aparecía y guiaba de manera
especial a este pequeño y santo poverelo. Movido, por el ES el vicario
de Cristo solemnemente declaro tres veces: es mi deseo que se te sea
concedida tu petición. Pero los cardenales que estaban presente al
escuchar esta innovación revolucionaria, protestaron y reclamaron al
Papa que esta rica y nueva indulgencia debilitaría las cruzadas. En
términos fuertísimos le exigieron que la cancelara. Pero el Papa les
dijo, "yo no cancelo lo que he concedido".
-"Entonces restríngela
lo mas posible".
El Santo Padre llamó a Francisco y le dijo:
"nosotros te concedemos esta indulgencia y debe ser válida
perpetuamente, pero solo en un día cada año,
desde las vísperas, a través de la noche, hasta las vísperas del
siguiente día."
Francisco sumisamente bajo la cabeza y después de agradecer al Papa,
se levanto y comenzó a salir. Pero el Papa le llamo:" Adonde vas, tu
pequeño poverelo? No tienes garantía sobre esta indulgencia".
Francisco se volvió hacia el y con su simpática y confiada
sonrisa le dijo: "Santo Padre su Palabra es suficiente para mi, si
esta es la obra de Dios es El quien hará su obra manifiesta. No
necesito ningún otro documento. La Santísima Virgen María habrá de ser
la garantía, Cristo el notario, y los ángeles
los testigos." (recordando la visión)
Francisco escucho estas palabras en su oración:
"Francisco quiero que sepas que esta indulgencia, que ha sido
concedida a ti en la tierra, ha sido confirmada en el cielo".
Con gran gozo compartió esta revelación al hno. Maceo, y juntos
aligeraron el paso para ir a darle gracias a Nuestra Señora de los
Angeles en la Porciúncula.
Para la solemne inauguración de este perdón en la Porciúncula,
Francisco escogió Agosto 2, porque fue el primer aniversario de la
consagración de esta santa capilla, y porque Agosto 1, era la fiesta
de la liberación de Sn. Pedro de las cadenas que tenía en la cárcel.
(Agosto 2, es el día de Nuestra Señora de los Angeles)
Mas tarde los obispos de Asis y otros Papas promulgaron documentos
confirmando "El gran Perdón de la Porciúncula". Y la pequeña
iglesia dedicada a la Santísima Virgen se
convirtió en uno de los mas famosos santuarios de peregrinación de
toda Europa. Mas tarde la indulgencia fue
extendida a todas las Iglesias Franciscanas del mundo. Y en 1921, el
Papa Benedicto XV canceló la restricción
de manera que se pueda obtener indulgencias cualquier
día.
Jesús y María confirmaron su aprobación del Gran Perdón de la
Porciúncula. Una vez a un santo fraile franciscano, Beato Conrado de
Ofida, la Virgen Santísima se le apareció envuelta en
un rallo de luz, con el niño Jesús en sus brazos, en la puerta
de la Porciúncula. El niño bendecía
a todos los peregrinos que entraban en la capilla de su Madre
para adquirir el perdón de los pecados.
