
San
Arsenio, monje
Año 450
Arsenio: fuerte, valeroso, valiente.
En el antiguo santoral su fiesta era el 19 de julio.
San Arsenio, monje anacoreta del siglo V, es famoso por sus
refranes. Muchos acudían a el caminando desde muy lejos para
escuchar sus consejos.
Cuando el emperador Teodosio el Grande buscaba un tutor para sus dos
hijos, el Papa San Dámaso le recomendó a Arsenio quien era miembro
de una noble familia romana y muy instruido. Llegó al palacio
imperial en Constantinopla el 383. Durante unos once años vivió en
el palacio imperial como educador de los dos hijos del emperador,
Arcadio y Honorio. Pero allí sentía cada vez mas que Dios lo llamaba
a dejarlo todo para dedicarse a la oración. Oyó una voz que le
decía: "Apártate del trato con la gente y ve a la soledad"
Tenía unos 40 años cuando se
embarcó secretamente para Alejandría y fue al desierto de Scetis.
Los monjes del monasterio, sabiendo que Arsenio había vivido mucho
tiempo en palacio, le pusieron a prueba. El superior lo recibió
fríamente y a la hora de comer lo tuvo de pie, junto a su mesa. En
vez de pasarle un plato de comida, le lanzó una tajada de pan al
piso y le dijo secamente: "Si quiere comer algo recoja eso". Arsenio
se inclinó humildemente recogió la tajada de pan y se sentó en el
suelo a comer. El superior, al observar este comportamiento
admirable, comprendió que tenía la humildad requerida para un monje.
A pesar de su humildad, Arsenio conservaba algunas pequeñas
costumbres mundanas pero con prontitud aprendió a corregirse.
San Arsenio hacía penitencias extraordinarias. En una ocasión le
comunicaron que un senador riquísimo le dejaba en herencia una gran
fortuna. El santo renunció a todo a favor de los pobres y exclamó:
"Antes de que él muriera en su cuerpo, yo morí en mis ambiciones y
avaricias. No quiero riquezas mundanas que me impidan adquirir las
riquezas del cielo".
Con frecuencia pasaba toda la noche en oración. Hacía estrictos
ayunos y penitencias por su propia conversión, por los pecadores y
la extensión del reino de Dios.
Aún mientras trabajaba no dejaba la
oración. Tal era su devoción que derramaba lágrimas.
Aunque tenía la
tendencia de ser conversador, prefirió el silencio y la oración. Un
día su superior le amonestó por no tratar mas con las muchas
personas que acudían a consultarle. El respondió: "Dios sabe que los
quiero con toda mi alma y que gozo inmensamente charlando con ellos,
pero como penitencia tengo que abstenerme lo más posible de las
charlatanerías. El Señor me ha dicho que si quiero santificarme
tengo que hacer la mortificación de apartarme del trato con las
gentes".
Algunos de sus
dichos:
"Siempre he sentido temor a presentarme al juicio de Dios, porque
soy un pecador".
El religioso debe preguntarse frecuentemente: "¿Para qué abandoné el
mundo y me hice religioso? y responderse: Me hice religioso porque
quiero santificarme y salvar mi alma. Si esto no lo consigo, he
perdido totalmente mi tiempo". San Bernardo tenía esta frase
escrita en su habitación: "Bernardo: ¿a qué viniste a la vida
religiosa? - Quiero salvar mi alma y santificarme".
San Arsenio pedía consejos espirituales a monjes con menos formación
que el. Le preguntaron por qué lo hacía y respondió: "Yo sé idiomas,
literatura, filosofía y política, pero en lo espiritual soy un
analfabeto. En cambio estos religiosos que no hicieron estudios
especiales son unos especialistas en espiritualidad y de ello saben
mucho más que yo".
Un religioso le preguntó por qué los sabios del mundo que conocen
tantas ciencias y han leído muchos libros son tan ignorantes en lo
que se refiere a la santidad y en cambio tanta gentecita ignorante
progresa tan admirablemente en lo espiritual. El santo respondió:
"Es que la ciencia infla y llena de orgullo, y en un corazón
orgulloso Dios no hace obras de arte en santidad. En cambio los
humildes conocen su debilidad, su ignorancia y su insuficiencia y
ponen toda su confianza en Dios, y en ellos sí hace prodigios de
santificación Nuestro Señor".
Murió en el año 450
con mas de 90 años de edad, en Troe, Egipto.
-BUTLER, Vida de los Santos y otras
fuentes
Esta página
es obra de Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María
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