
LAS MANIFESTACIONES
SOBRENATURALES REQUIEREN UNA RESPUESTA
Padre Jordi Rivero
Ver también:
Milagros
Dios habla hoy
Con
Jesucristo la Revelación pública llegó a su plenitud. Ninguna
revelación puede añadir a lo que de Jesús recibimos en las Escrituras
y la Tradición. Sin embargo, Dios continuará hablando y manifestándose
a Su Pueblo hasta el fin del tiempo, no añadiendo nuevas verdades a la
Revelación pero si ayudándonos a entender, profundizar y avivar en
nuestros corazones los misterios de fe. Si no nos abrimos a esta
gracia de Dios, La Palabra se convierte en letra muerta, incapaz de
transformar nuestras vidas.
Dios se
comunica de muchas maneras, tanto sutilmente en la oración como
enviando su madre en una aparición. El gran maestro del
discernimiento, San Ignacio de Loyola, presupone en sus Ejercicios
Espirituales que el Espíritu Santo guía a cada persona que se dispone
a escucharle, de manera que cada cual puede llegar a conocer y
responder a la voluntad de Dios.
Esta confianza en Dios vivo, que nos habla, es
fundamental para la fe. ¿Tendría sentido rezar si Dios no se comunica
con nosotros?
Por eso Dios se nos revela, no solo a nivel privado,
sino también por medio de
mensajes importantes para toda la humanidad, milagros y apariciones de
Jesucristo, la Virgen Santísima, los santos. Es por eso que la
Iglesia investiga las apariciones y finalmente aprueba algunas
apariciones.
En la vida de los santos también vemos la acción de
Dios actuando soberanamente en todos los tiempos. Es cierto que la
santidad se adquiere por la fe heroica, pero la fe no sería posible
sin la revelación de Dios que se comunica hoy. Los santos hablaban con
Dios íntimamente y no pocos tenían apariciones u otras experiencias
místicas. Además la Iglesia no canoniza sin que se de algún milagro
atribuido a la persona en el proceso de
canonización. La Iglesia
no solo cree en milagros sino que depende de ellos para su
discernimiento.
Algunos quieren descartar las apariciones actuales
apelando a la enseñanza de la Iglesia de que estas no revelan verdades nuevas
y que estas apariciones no son necesarias para la fe. ¿Como interpreta
esta posición la Iglesia?
La Congregación para la Doctrina de la Fe es la
encargada por el Santo Padre de interpretar y proteger la autenticidad
de la doctrina. El juicio de las apariciones marianas
corresponde a la sección disciplinar de esta congregación. Su
prefecto, el Cardenal Ratzinger, fue entrevistado por Vittorio Messori.
Sobre las
apariciones de Fátima el cardenal dijo
1:
"Desde
aquel lugar se lanzó al mundo una severa advertencia que va en contra
de la facilonería imperante; una llamada a la seriedad de la vida, de
la historia, ante los peligros que se ciernen sobre la humanidad. Es
los mismo que Jesús recuerda con harta frecuencia; no tuvo reparo en
decir: "Si no os convertís, todos pereceréis" (Lc. 13, 3). La
conversión -y Fátima nos lo recuerda sin ambages- es una exigencia
constante de la vida cristiana. Deberíamos saberlo por la Escritura
entera."
¿Quiere
decir que no habrá publicación, al menos por ahora? (se
refiere al "tercer secreto"; la entrevista fue antes de que este se
diera a conocer).
"El Santo
Padre juzga que no añadiría nada a lo que un cristiano debe saber por
la Revelación y, también, por las apariciones marianas aprobadas por
la Iglesia, que no hacen sino confirmar la necesidad urgentes de la
penitencia, de conversión, de perdón de ayuno."
El Papa y
el Cardenal Ratzinger interpretan el hecho de que las apariciones no
digan nada nuevo como un signo importante de autenticidad. Eso que
repiten- el Evangelio- es lo que hace falta escuchar y tomar en serio
para nuestra salvación. ¡Es esta precisamente la importancia de las
apariciones!
El
cardenal, en la misma entrevista:
Ninguna
aparición es indispensable para la fe; la Revelación ha llegado a su
plenitud con Jesucristo: El mismo es la Revelación. Pero no podemos
ciertamente impedir que Dios hable a nuestro tiempo a través de
personas sencillas y valiéndose de signos extraordinarios que
denuncian la insuficiencia de las culturas que nos dominan,
contaminadas de racionalismo y de positivismo. Las apariciones que la
Iglesia ha aprobado oficialmente -Lourdes, ante todo, y posteriormente
Fátima- ocupan un lugar preciso en el desarrollo de la vida de la
Iglesia en el último siglo. Muestran, entre otras cosas, que la
revelación -aun siendo única, plena y, por consiguiente, insuperable-
no es algo muerto: es viva y vital
2
Debemos escucharle
Si comprendemos que Dios nos ama y quiere llevarnos al
cielo, si creemos que los milagros ocurren hoy día (como enseña la Iglesia),
aceptaremos que atender a los signos de Dios no solo es un derecho sino
un deber. Sería reprensible si Dios nos hablara y no pusiéramos
atención. Dios continúa enviándonos profetas y sería injusto tildar a priori a alguien de
mentiroso o loco por decirnos que recibió un
mensaje del cielo.
Podríamos estar rechazando un mensajero de Dios.
“¡Ay de vosotros, maestros de la Ley, que os habéis apoderado de la
llave de la ciencia; y ni entráis vosotros ni
dejáis entrar!...” ( Lc 11,52)
San Pablo
sabía muy bien el peligro de los falsos profetas y de los numerosos
engaños que el demonio siembra en el campo del misticismo, pero
también defiende la obra de Dios:
"cada uno puede tener una revelación” ( 1 Cor.
14,26 )
“Todos pueden profetizar...” (1 Cor. 14,
31)
“si otro recibe una revelación, que aquél que
estuviese hablando se calle” ( 1 Cor. 14, 30; Cf.
1 Cor. 14, 26-31)
Prudencia y fe
Claro que debemos ser prudentes para evitar los engaños.
Son mas los falsos profetas que los verdaderos. Pero quien rechaza
todo mensaje sin discernir no es prudente, mas bien demuestra tener
poca fe en que Dios todavía nos hable. El peligro de errores y abusos
no deben cerrar nuestro corazón sino hacernos mas prudentes para
ejercer discernimiento con humildad, sometidos al juicio de la
Iglesia.
"examinadlo todo y quedaos con lo bueno". (I Tesalonicenses 5,21)
"Por
sus frutos los conoceréis" (Mt
7, 16-20)
Examinemos el motivo de nuestro interés en
los signos y las apariciones. No solo hay peligro de
rechazar los signos de Dios. También debemos saber que no todo interés en lo sobrenatural es bueno.
El demonio imita los signos para distraer, engañar y llevar a la
perdición.
Aun cuando
los signos son de Dios, de nada aprovechan a un corazón que no busca
la verdad y la conversión. Muchas personas iban detrás de Jesús solo
para ver milagros pero sin buscar la conversión. Pocos, muy pocos
estaban de su parte al pie de la cruz. Los signos de nada sirven si no
nos convencen de la grandeza de Dios y si no nos comprometemos a serle
fiel en las pruebas y sufrimientos, aun cuando no vemos ya ningún
signo que nos consuele. Los milagros apuntan al Dios de los
milagros. No es necesario que buscamos ya mas señales, pero si aceptamos la que el
soberanamente quiera darnos.
Hoy día es
igual. Mientras que unos rechazan las apariciones de la Virgen, otros
se fascinan con toda clase de
manifestaciones y son fácilmente engañados. Es por eso necesario
examinar la motivación de nuestro corazón y cuidar que Jesús y María
reinen en el. Entonces estaremos abiertos a sus mensajes pero sin
dejarnos engañar.
"examinadlo todo y quedaos con lo bueno". (I Tesalonicenses 5,21)
El magisterio de la Iglesia reconoce el derecho, tanto
del clero como de los fieles en general, de interesarse por las
manifestaciones sobrenaturales de carácter privado,
incluso por aquellas aun no reconocidas oficialmente. Es mas, el
interés de los fieles es generalmente un requisito antes que la
Iglesia examine un acontecimiento.
Los Papas Pablo VI y Juan Pablo
II facilitaron la
comunicación de los eventos sobrenaturales.
El Papa Pablo VI derogó
los artículos 1399 y 2318 del antiguo derecho canónico. (29 de
diciembre, 1966,Acta
Apostolicae Sedis (AAS) 58; AAS 56, pág. 1186).
Este decreto permite publicar y difundir, sin
imprimátur y sin nihil obstat, textos sobre
nuevas revelaciones, apariciones, locuciones, profecías o milagros,
sin que ello comprometa a la Santa Iglesia Católica Romana.
Es por eso que en muchos libros aparece el mensaje:
Declaración: Por decreto de la Santa Congregación
para la Doctrina de la Fe aprobado por el Papa Paulo VI el 14 de
Octubre de 1966, ya no es más necesario el
Nihil Obstat ni el Imprimatur para publicaciones que tratan de
revelaciones privadas en tanto no contengan nada contrario a la fe y
la moral.
S.S. Juan Pablo II ha
reconocido la gran importancia de las apariciones y mensajes del
cielo, tanto con su testimonio personal como con sus enseñanzas.
Juan Pablo II promulgó el nuevo Código de
Derecho Canónico el 25 de enero
de 1983, donde dice: "Los fieles tienen el derecho
de practicar su forma de vida espiritual, siempre que sea en
conformidad con la Doctrina de la Iglesia” (Canon 214); “los fieles
tienen el derecho a no ser sancionados con penas canónicas, si no es
conforme a la norma legal.” (Canon 221.3)
A los obispos se les pide prudencia y no lanzarse
prematuramente a tomar decisiones ni a favor ni en contra.
En sus viajes apostólicos por todo
el mundo,
el
Papa tiene la costumbre de visitar los santuarios marianos.
Muchos de estos santuarios se
edificaron en torno a una aparición de la Virgen. El Papa ha
visitado a Fátima
tres veces. En el año jubilar 2000 beatificó allí a los dos
pastorcitos videntes. Reconoció que el mensaje que ellos recibieron
(tercera parte del secreto de Fátima) se refiere a su persona,
reconoció además que la Virgen de Fátima le salvó la vida, y le
agradeció a Jacinta, la pequeña vidente, haber respondido a la Virgen,
entregándose a la misión de interceder por el Papa. También ha llevado
a la Virgen de Fátima a Roma para renovar la consagración del mundo
que ella pidió.
El Papa ha sido también el gran promotor de los mensajes de la
Divina Misericordia.
Canonizó a la vidente Santa Faustina el 30 de abril del año 2000, aunque fue necesario imponerse a
una fuerte resistencia dentro de muchos en la Iglesia. Lo mismo ha
ocurrido con San Padre
Pío, canonizado el 16 de junio del 2002. Es difícil de entender
el rechazo y la persecución contra este santo sacerdote tan solo
porque en el se manifestaba Dios de manera milagrosa. Pero en
estos tiempos de crisis sacerdotal Dios nos lo presenta como ejemplo
elevándolo a los altares. Su tumba se ha convertido en uno de los
lugares de peregrinación mas populares del mundo. También el Papa canoniza
en el 2002 a
San Juan Diego, quien
vio a la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac, iniciando la gran epopeya
de la evangelización de América. La canonización de Juan Diego
también sufrió gran oposición y no faltan los que llegan hasta a negar
que el santo haya existido (Ver:
Juan Diego,
historicidad). El Papa, no se ha dejado presionar por las fuertes
corrientes que anti-aparicionistas. La Iglesia es sumamente prudente
para evitar los engaños y sabe esperar. Pero cuando llega el momento,
reconoce la realidad de las apariciones. Con su reconocimiento la
Iglesia nos alerta a la importancia y el respeto que debemos a los
mensajes del cielo. Si bien no hay obligación de creer, sería
temerario no hacerlo, una vez que la Iglesia aprueba.
Con frecuencia la Iglesia nos
recuerda mensajes de las apariciones para inspirar nuestra
respuesta al Evangelio.
El cardenal Castrillón, por
ejemplo, ha propuesto (Junio 2002) a todos los sacerdotes del mundo
transformar sus vidas a través de la experiencia de la divina
misericordia, según el mensaje
recibido por
Santa
Faustina Kowalska.
Entonces, ¿porque tanta resistencia aun entre algunos católicos? Queda de manifiesto que a los hombres nos cuesta
permitirle a Dios actuar. Por un lado está el peligro de
buscar lo sensacional (cosa que los auténticos santos cuidan de
evitar) y por el otro el peligro de los escépticos que se afanan por
tener una religión en la que no hay espacio para que Dios se
manifieste soberanamente. El pontificado de Juan Pablo II ha sido una
corrección para ambos peligros. Nos ha fundamentado sólidamente en la
doctrina, pero no teme expresar su confianza en la presencia del
Espíritu en la Iglesia, y de Jesús, María y los santos que avivan esa
doctrina en la actualidad , manifestándose en apariciones.
¡No
tengamos miedo de confiar en las apariciones que la Iglesia reconoce!, ¡Ven Señor Jesús!,
¡Ven Madre Santísima, tus hijos te escuchamos con agradecimiento! ¡Te
necesitamos mas que nunca!
1 Vittorio Messori, Informe Sobre la Fe,
pag 114-115; BAC, Madrid, 1985.
2 Ibid, pag. 121